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PARADORES

Vanguardia, naturaleza y ADN 100% gallego: así es el nuevo emblema de Costa da Morte

Allá por 2002 cuando las playas gallegas se teñían del negro del chapapote del Prestige se prometió la apertura de un Parador para dinamizar el turismo y el empleo de la Costa da Morte. Hoy, con solo dos temporadas abierto es el más demandado de la red y está considerado uno de los mejores según las opiniones de los clientes, el Parador presume de entorno sobre la playa de Lourido, de raíces gallegas y de haber revitalizado la zona

Prado Campos

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Parador Costa da Morte

Se dice que la Costa da Morte se llama así porque es el último lugar del continente donde muere el sol cada día (esos bellos atardeceres a los que los gallegos llaman solpor), pero también porque es uno de los lugares del mundo con más pecios hundidos y marinos fallecidos por el rigor de las aguas atlánticas. También, y esto lo ha dejado la historia reciente, porque hace dos décadas sus aguas se tiñeron del negro del chapapote del Prestige en una de las peores catástrofes medioambientales de nuestro país. Hoy ese negro del petróleo es pasado y se imponen verdes y azules exultantes. En enero de 2003, dos meses después, el Gobierno prometió un parador en Costa da Morte para paliar los estragos que iba a provocar en la economía, el empleo y el turismo el hundimiento del Prestige. En junio de 2020 abrió sus puertas en Muxía (A Coruña), un sueño hecho realidad que en tan solo dos temporadas ya ha cambiado la vida y el turismo de la zona. Tanto es así que ha sido el Parador más demandado de la red con índices de ocupación medial anual superiores al 90% y está considerado uno de los mejores según las opiniones de los clientes.

El Parador de Costa da Morte respira Galicia por sus cuatro costados. Lo hace en el exterior enclavado en la ladera de una montaña sobre la playa de Lourido y con unas vistas imponentes a Muxía y al Atlántico, pero lo hace también en un interior plagado de referencias pensadas con un mimo exquisito para homenajear a la tierra en la que se asienta. Y, sobre todo, lo hace a través de la hospitalidad y cercanía de su personal, mayoritariamente de la zona. “El éxito del Parador es el éxito del entorno y de su personal. Muchos puestos de trabajo son de gente del entorno y están plenamente identificados con el Parador”, resume su director, Julio Castro, vecino también de la cercana Sardiñeiro y el primer enamorado de la nueva vida que el Parador ha insuflado a este lugar.

Lo primero que llama la atención del Parador es que está plenamente integrado y mimetizado en el paisaje. Tanto es así que el proyecto, obra del pontevedrés Alfonso Penela, entiende el edificio como una prolongación del paisaje. Este fue el primer reto: no afectar negativamente al entorno. Para ello, se ha concebido un edificio de seis plantas escalonadas que están “enterradas” para salvar los 45º de pendiente de la ladera de la montaña y que se compone a base de terrazas con cubiertas vegetales. “Todo aquí tiene un por qué”, afirma Castro para explicar cómo se ha concebido este magnífico (y sostenible) edificio, con una superficie construida de 15.000 metros cuadrados sobre una parcela de 13 hectáreas, que mira por completo al océano. De hecho, sus 63 habitaciones tienen unas vistas imponentes al mar. Una suerte de balcón sobre el Atlántico que, además, tiene una salida directa a la playa de Lourido y está atravesado por la senda del Camiño dos Faros.

Una vez dentro, añade el director, “el interior habla del exterior”. Si fuera materiales como el zinc, el cristal y la madera se funden con el paisaje a simple vista, desde dentro los colores del mobiliario recuerdan a la vegetación de la zona, los cabeceros de las camas aluden a la costa, las alfombras y las lámparas al mar… Basta con detenerse en la planta cero, donde se ubica la recepción, para darse cuenta. Aquí, por ejemplo, las lámparas recuerdan a las redes de pesca, el mostrador tiene forma de rompeolas, el sofá adopta el perfil de la turística (y mágica) Pedra de Abalar del cercano Santuario de la Virgen de A Barca y la zona de descanso recrea los secaderos de congrios de Muxía. Por cierto, los dos únicos del mundo que quedan activos están en esta localidad marinera.

Un ascensor oblicuo… a la gallega

“Es un ascensor gallego. Nunca sabes si sube o si baja”, dice tirando de sentido del humor el director del Parador de Muxía para explicar una de las curiosidades que alberga este precioso edificio. Probablemente, con permiso del entorno por supuesto, es lo primero que llama la atención del Parador ya que se trata de un ascensor oblicuo que recuerda a un pequeño funicular. Esta fue la solución que encontró la empresa viguesa de ascensores Enor para comunicar las cinco plantas de este singular edificio. Todas están enterradas en la ladera de la montaña y su numeración va al revés de lo que cualquiera está acostumbrado, es decir la planta quinta es la más baja con acceso directo a los jardines y la playa y la cero, donde se ubica la recepción, la que está a pie de calle. Blanco de las miradas y los comentarios, este ascensor “al revés” es tan particular que fue diseñado ex profeso para este establecimiento.

Migrantes, marineros y vecinos: el pasado gallego en fotos

Si el Parador homenajea a Galicia y a la Costa da Morte desde su concepción, lo hace si cabe más a través de la interesantísima colección de escultura y fotografía que se puede ver en todo el edificio. El empeño personal de su director, junto a la labor del Departamento de Arte de Paradores, ha dado lugar a una exposición de autores de la zona tan célebres como Francisco Leiro y Álvaro de la Vega, en escultura, y Ramón Caamaño, José Vidal, José Suárez o Virxilio Viéitez, en fotografía, que recorre la vida marinera, el día a día de los vecinos y la emigración gallega de los años veinte en adelante. De hecho, dos fotografías captan sobremanera la atención. La primera (sobre estas líneas) se titula Emigración, es de Manuel Ferrol y es un icono mundial de la migración española con ese padre e hijo rotos ante la despedida de su mujer y madre en el puerto de A Coruña en 1957. La segunda la firma Xurxo Lobato y es la última instantánea tomada segundos antes de que el Atlántico engullera al Prestige.

En esta primera planta a pie de calle encontramos también un magnífico spa con zona de tratamientos y de aguas. Ver las olas romper sobre la playa y, al fondo, el faro de Cabo Vilán desde una de sus camas de piedra es uno de esos placeres difíciles de describir. Al igual que darse un chapuzón en la infinity pool, ubicada en la tercera planta y climatizada gracias a un sistema de aerotermia, mientras se admira la playa de Lourido. Otra de las joyas del lugar es la biblioteca (en la cuarta planta). Con un magnífico ventanal sobre el mar y una interesante colección de obras literarias del llamado Batallón Literario da Costa da Morte y mucha biografía gallega, confiesa Julio Castro que uno de sus lugares favoritos especialmente “cuando hace mal tiempo, las olas rompen furiosas y parece que estás encima del mar”.

“El éxito del Parador es el éxito del entorno y de su personal”

“Lo que más destacan los clientes es el paisaje salvaje que se ve desde el Parador”, añade Antonio Medaña, camarero del establecimiento y vecino de Finisterre. Porque si el Parador es un espectáculo para los sentidos en su interior, el entorno que lo rodea sobrecoge por su belleza abrupta. Buena cuenta de esa ferocidad se recoge en otro de los lugares más visitados del Parador: la exposición de cartas de navegación de la segunda planta. José López Redonda, más conocido como Pepe Olegario, lleva toda su vida saliendo a la mar a pescar a mano y conoce a la perfección, por la ubicación de los bancos de peces, donde están los pecios hundidos en estas costas. A partir de ahí empezó a investigar su historia y la ha plasmado en 11 cartas naúticas, desde la ría de Viveiro a la desembocadura del Miño, hechas a mano con minuciosidad y esmero. A ellas se suma una más con el minuto a minuto vivido del 13 al 19 de noviembre de 2002 durante el hundimiento del Prestige.

La revolución de Costa da Morte

“Hay mucho por descubrir en la Costa da Morte. Yo siempre recomiendo preguntar a los que somos de aquí”, responde Medaña al ser preguntado por el efecto Parador. “Creo que la gente no sabe exactamente cómo es Costa da Morte. Es muy famosa por el nombre y el Prestige, pero piensan que es una zona pequeña que se ve en dos días y necesitas mucho más para descubrir toda su riqueza”, agrega en su primer día como ayudante de recepción Lara Sambad, vecina de Muxía.

Las recomendaciones de los que más saben...

COCINERA

Paloma Riveiro

Dos años en el Parador de Muxía

CAMARERO

Antonio Medaña

Dos años en el Parador de Muxía

AYUDANTE DE RECEPCIÓN

Lara Sambad

Un mes en el Parador de Muxía

“Ha cambiado muchísimo la zona. Antes era un sitio menos turístico y ahora la gente se está animando a descubrirla”, confirma Julio Castro. A pesar de los recelos iniciales de algunos hosteleros, hoy todo el sector y los vecinos celebran la apertura del Parador como un revitalizador turístico y económico de la zona. “Yo les decía que estuvieran tranquilos. Paradores llegaba a cumplir su misión de llevar la iniciativa pública allí donde la privada no llegaba para fijar la población, crear puestos de trabajo e impulsar el turismo. Y, sin duda, se ha notado el efecto del Parador desde los primeros meses: la ocupación siempre ha estado por encima del 90%, el tipo de visitante y turista de la Costa da Morte está cambiando y la actividad turística en la zona, incluso en plena pandemia, no ha dejado de crecer. Miles de clientes alojados en el Parador han visitado esta zona por primera vez y se han convertido ya en los más fieles prescriptores de este destino”, explica su director.

Vistas del spa del Parador Costa da Morte

Detalle de las terrazas del Parador Costa da Morte

Vistas de Muxía desde el Parador Costa da Morte

Habitación del Parador Costa da Morte

Vistas desde una suite del Parador Costa da Morte

El Camiño dos Faros atraviesa el Parador Costa da Morte

Panorámica del Parador Costa da Morte

La colección de escultura y fotografía decora todo el Parador

Vistas de la playa desde la biblioteca del Parador

Biblioteca del Parador Costa da Morte

Julio Castro, director del Parador Costa da Morte

Infinity pool sobre la playa de Lourido y el Atlántico

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indietro

El primer cambio que ha vivido Costa da Morte ha sido la variación del tipo de turista: del peregrino se ha pasado a un viajero con un poder adquisitivo más alto y muy fiel a la red hotelera. “La Costa da Morte lo necesitaba. El Parador es un dinamizador porque aquí no estábamos acostumbrados al tipo de turista que mueven los Paradores”, agrega Sambad. Tanto es así que no solo las cartas y menús se han sofisticado incluyendo más mariscos, por ejemplo, sino que comercios, restaurantes y otros alojamientos de los pueblos de la zona abren y cierran cuando lo hace su “hermano mayor”. A esto hay que sumar la cantidad de empleos directos e indirectos que se han creado en estos dos años. El 90% de los trabajadores del Parador son de Costa da Morte. “Desde la apertura se ha notado más calidad en el trabajo. Hablo con mucha gente y el Parador ha marcado una diferencia en la calidad laboral en cuanto a condiciones y servicios. Es muy favorecedor para la zona”, añade Paloma Ribeiro, cocinera y vecina de la aldea de Os Muíños.

Tanto que en apenas dos años el Parador de Muxía está escribiendo una nueva historia para vecinos y visitantes de esta Costa da Morte, plagada de mitos y leyendas, que en sus apenas 200 kilómetros de extensión ha visto más naufragios que todo el litoral español. Un renacer de ese lugar donde se acaba el mundo salpicado por playas “tan desiertas, pero también tan poéticas y hermosas en medio de su desnudez”, como escribió Rosalía de Castro en La hija del mar, que suma un nuevo faro (de diseño).

Restaurante O Corpiño

Hoy comemos...

Percebes de Punta da Buítra, pescado recién traído de las lonjas de Ribeira o de Finisterre, empanada gallega, tarta de Santiago… Galicia se sienta a la mesa del restaurante O Corpiño del Parador de Muxía para presumir de lo que mejor sabe: productos únicos recién traídos del mar y una cocina tradicional de la que uno nunca se cansa. Si hay una estrella en la carta de este restaurante esa es la caldeirada de pescado, asegura su cocinera, Paloma Riveiro. Ella nos explica cómo hacerla.

Primero se hace una allada (una ajada) pochando ajo y cebolla en aceite de oliva. Una vez pochado, se añade fumet de pescado y un poco de pimentón dulce y se deja cocinar. Paralelamente, se cocina patata y pescado juntos. Cuando esté el pescado, se retira el agua y añade la ajada. “Es un plato muy sencillo y muy gallego. Aquí, además, añadimos mejillón”, cuenta, para hacerlo diferente y llevar más sabores gallegos al plato. Porque, como añade Riveiro, todos los platos que ofrecen en la carta se elaboran con productos de cercanía llegados de las lonjas y proveedores de alrededor. “Trabajamos con mucho comercio local, para qué trabajar con otro sitio cuando aquí tenemos lo mejor”, remata con orgullo.

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Créditos

Coordinación: Prado Campos
Fotografía: Andrés Martínez Casares

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Paradores. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.

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