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PARADORES

Una noche en el castillo islámico que se convirtió en el palacio de los duques de Feria

Por fuera es un castillo, pero por dentro un palacio señorial que fue residencia de los duques de Feria. El Parador de Zafra cautiva con un pasado que se respira en habitaciones con impresionantes artesonados o ubicadas dentro de la Torre del Homenaje de la fortaleza

Prado Campos

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Parador de Zafra

Nueve torres con almenas, entre ellas una imponente torre del homenaje de casi 30 metros de altura, trazan el perfil de esta antigua (y particular) fortaleza islámica. Si por fuera es un castillo, por dentro es un lujoso palacio renacentista que conserva el señorío de antaño con las comodidades del siglo XXI. Traspasar las puertas del Parador de Zafra supone un viaje a un pasado que se remonta a las gestas de Alfonso IX y Fernando III, cuando reconquistaron la fortaleza, pero también a finales del siglo XV cuando se convirtió en el Palacio de duques de Feria, los Suárez de Figueroa. Ellos fueron los encargados de reformar el recinto y convertir este alcázar en un refinado palacio que hoy mantiene intactas su imagen defensiva y el abolengo de su pasado. Dos atractivos que hacen que hospedarse aquí sea hacerlo en un monumento único.

Para contemplar los grandes atractivos del Parador de Zafra hay que subir la mirada. En primer lugar para ver (y recorrer) este castillo de planta cuadrada con sus nueve torres rematadas con almenas-fortalezas con cubos en las esquinas y entrepaños. Un paseo por las alturas desde donde contemplar Zafra y su comarca como si nos hubiéramos colado en algún capítulo de Juego de Tronos. Entre las curiosidades, no hay que dejar de detenerse en los frescos de la parte baja de la torre del homenaje, lugar que posiblemente acogió una habitación “íntima” del duque a tenor de las alusiones amorosas de las pinturas que cubren sus paredes.

Habitación 303 está dentro de la Torre del Homenaje

Habitación 314, más conocida como la Sala Dorada

Una vez dentro, hay que admirar los artesonados gótico-mudéjares que pueblan las habitaciones, el salón privado o la capilla. Ya sean de madera coronando los altos techos de las habitaciones o los profusamente policromados como el que se encuentra en la habitación 314, una de las más lujosas del Parador donde se cree que el duque de Feria tenía instalado su despacho. Esta suite, conocida como la Sala Dorada, es, además, la única habitación del Parador con una inmensa terraza con vistas a la ciudad. La habitación 303 es otra de las más demandadas “para enamorados”, asegura Carmen Comino, directora del Parador. Esta suite, que antaño cobijó el archivo de los Feria, tiene la particularidad de que se ubica dentro de la torre del homenaje (cilíndrica de 30 metros de altura y 12 de diámetro) y cuenta con todo lo necesario para vivir una noche para dos inolvidable: un emplazamiento poco común, cama con dosel y jacuzzi.

Las recomendaciones de los que más saben...

CAMARERA

Natividad Navarro

42 años en el Parador de Zafra

AYUDANTE DE RECEPCIÓN

Sergio Cordero

Un año en el Parador de Zafra

CAMARERA DE PISO

Josefa Ortiz

23 años en el Parador de Zafra

La Sala Dorada y la capilla del Parador son otro de esos lugares que captan todos las miradas (y los clics de las cámaras de fotos). Su bóveda, rematada con un firmamento donde predominan el azul y el oro, conserva intacto el esplendor que tuvo en el siglo XV. “Hay mucha gente mayor que nos cuenta que recuerda haber escuchado misa aquí”, explica Carmen Comino. Porque tras ser fortaleza y palacio, este edificio emblemático de Zafra, más conocida como La Sevilla chica, fue utilizado en el siglo XVII como contaduría de los duques, en el XVIII como centro de enseñanza y ya en el siglo XX como colegio y centro de enseñanza, instituto de segunda enseñanza, hospital de sangre durante la Guerra Civil, escuela de artes y oficios tras la contienda e incluso acogió a gente sin hogar en la posguerra hasta que en 1968 fue inaugurado como Parador. 

Las mascotas aquí son bien recibidas

Sabemos que dormir en un castillo, un convento o un palacio no es difícil en Paradores, pero mucho menos conocido es que también se puede pasar la noche en lugares tan icónicos acompañados por nuestras mascotas. La red cuenta con 31 Paradores pet-friendly y uno de ellos es el de Zafra. Cinco habitaciones, con salida directa al jardín y a la entrada, están habilitadas para acoger huéspedes humanos y animales. Tanto es así, que perros y gatos reciben un kit de bienvenida compuesto por una camita para el animal, dos comederos y una bolsa de alimento. “Son habitaciones muy demandadas”, asegura la directora del Parador. Basta con consultar la disponibilidad de estas habitaciones con el establecimiento y presentar la cartilla sanitaria con sus vacunas y seguros en regla. Se admiten perros y gatos de hasta 25 kg (no se permite el acceso a perros de razas peligrosas o potencialmente peligrosas), solo una mascota por habitación que no podrá quedarse sola en la habitación y deberá ir atada, en brazos o transportín.

Huéspedes ilustres

Probablemente ha sido el huésped más famoso que ha dormido entre los muros de esta fortaleza-palacio que hoy es el Parador de Zafra. Hablamos de Hernán Cortés, el militar extremeño (nació en la localidad de Medellín, a menos 100 Km. de Zafra) que soñaba con hacer las Américas. Cuentan que antes de partir hacia el Nuevo Mundo, habitó en el palacio bajo la protección de los Duques de Feria. Desde ahí, partiría hacía las Antillas y, tras desobedecer las órdenes de Diego Velázquez, el gobernador de Cuba, aprovechó una mera expedición a México para aliarse con los indígenas y acabar conquistando el imperio azteca y convertirlo en el Virreinato de la Nueva España. Una gesta por la que fue nombrado marqués del Valle de Oxaca. Para rendirle tributo, el Parador abrió sus puertas en 1968 bajo el nombre de Parador Nacional de Turismo Hernán Cortés.

Otro de los lugares con más encanto es el precioso patio renacentista hecho con mármol blanco de la vecina localidad de Burguillos del Cerro. Inicialmente su construcción estaba atribuida a Juan de Herrera, pero recientes estudios indican que fueron los hermanos Muriel los encargados de crear una de las estancias más idílicas del Parador. Comer bajos sus arcadas o tomar algo de noche, cuando adquiere un carácter mágico, mientras se escucha gorgoteo del agua de la fuente central es uno de esos placeres que nos hacen (fácilmente) desconectar de pantallas y estrés.

El patio renacentista es uno de los grandes atractivos del Parador de Zafra

La majestuosa entrada del Parador de Zafra

Piscina exterior y jardín en el Parador de Zafra

Se puede recorrer el perímetro del antiguo castillo coronado por nueve torres con almenas

Detalle de la antigua fortaleza

Vista panorámica del Parador de Zafra y la localidad

Vistas desde la terraza del habitación 314 del Parador de Zafra

Destalle del artesonado de la capilla del Parador de Zafra

El patio renacentista del Parador de Zafra

Murales en la Torre del Homenaje del Parador

Carmen Comino, directora del Parador de Zafra

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Precisamente esa fuente que se puede ver hoy, antaño fue un pozo que está íntimamente ligado a la cultura popular de la localidad. Cuenta la leyenda que cuando llueve en Zafra lo hace tanto o más que “cuando enterraron a Bigotes”. Aunque no dependa de la cantidad de precipitaciones, no es raro escuchar a un zafrense decir esta frase. La historia de la que nace se remonta a allá por 1460 y tiene su epicentro en el pozo que presidía el patio renacentista. Según la leyenda, don Mendo Méndez de Peláez era el señor del castillo de Zafra en cuyo patio había un pozo del que bullía un agua fresca y cristalina. Un martes sofocante de agosto, una gitana se coló allí para coger agua con un cántaro para que su madre pudiera beber. Don Mendo no se conmovió ante la joven y tiró el cántaro al aire castigándola a recibir tantos latigazos como en pedazos se partiera, pero antes de abandonar el castillo le echó una maldición: “¡Siete trozos, siete! ¡Los siete días de la semana! ¡Hoy es martes, te espero para el martes próximo! ¡Tanta aguas tendrás que navegarás en ella, maldito!”. El gobernador se levantó a la mañana siguiente con mucha fiebre y acabó muriendo al lunes siguiente. El martes su cadáver yacía expuesto en una de las estancias del castillo cuando se desató una imponente tormenta que inundó castillo y pueblo. Tal fue la magnitud que el ataúd quedó flotando hasta que llegó a un riachuelo cercano que lo desplazó a un precipicio en forma de catarata donde quedó varado y se hundió.

La joya de la que presumen los zafrenses

“Para la gente de aquí, el Parador es como el alma de la ciudad. Un referente y un emblema”, explica Carmen Comino, que lleva una década dirigiendo el Parador de Zafra. Cuenta que el reto era mantener ese estilo señorial que respira el edificio (además de los artesonados, se conservan arcones, herrajes, pasamanos y otros elementos originales del antiguo palacio) adaptándolo al siglo XXI. Y lo han superado con creces. Un jardín ideal para alargar las veladas, una piscina de lo más apetecible y varios salones donde descansar redondean la experiencia de un lugar que, además de emblemático para los zafrenses, ha ayudado a revitalizar turística y económicamente la localidad. 

“Los clientes que nos visitan se sorprenden mucho de la belleza del edificio y de la ciudad. Se nota mucho el efecto del Parador en los bares, restaurantes y tiendas del pueblo. Nos lo decían, por ejemplo, cuando estuvimos cerrados durante la pandemia o las últimas obras”, agrega. “Este lugar es una joya”, agrega Natividad Navarro, quien además de poner la sonrisa a las comidas y las cenas, lleva 42 años trabajando en el Parador. Lo que más destaca es que los vecinos lo han hecho suyo. “Creo que es muy importante en la vida del pueblo. Los vecinos vienen normalmente los fines de semana a tomar algo y si tienen alguna visita, la traen aquí. Es como la joya de la corona de la que hay presumir. Además de que las ferias [Zafra cuenta con la Feria Internacional Ganadera, una de las más importantes del sector, que se celebra a finales de este mes], la Ruta de la Tapa y todas las actividades culturales pasan por aquí”, confirma Sergio Cordero, ayudante de recepción. Porque si algo consigue el Parador de Zafra es conjugar con acierto pasado y presente, turistas y vecinos y monumentalidad y descanso al igual que lleva siglos dibujando la imagen de la comarca con su perfil de fortaleza y palacio.

Restaurante del Parador de Zafra

Hoy comemos...

Del jamón ibérico con DO de la Dehesa de Extremadura hasta el solomillo de retinta 100% raza autóctona pasando por las migas, las chacinas o los quesos de la zona. La carta del restaurante del Parador de Zafra es una oda a lo mejor de la cocina extremeña con guiños de vanguardia pero, sobre todo, buscando realzar la calidad del producto de cercanía de la tierra. “Nuestros restaurantes están basados en la gastronomía tradicional del lugar donde nos encontramos con el objetivo de fomentar los platos y productos de la zona. Es algo muy importante para nosotros”, explica José Ismael Serrano, jefe de cocina. A sus 27 años, sus raíces extremeñas (es de Los Santos de Maimona, un pequeño pueblo a seis kilómetros de Zafra) se saborean en sus platos. Nadie mejor que él para explicar cómo hacer el típico zorongollo extremeño con lomo de orza y cebolla morada. 

“El zorongollo no deja de ser pimientos asados. Por lo que lo importante aquí es la calidad del pimiento”, advierte de entrada. Lo primero que hay que hacer es asar los pimientos en el horno con un poco de aceite de oliva entre 45 y 60 minutos, dependiendo del grosor de los pimientos. Cuando se sacan del horno hay que dejar que suden tapándolos con papel film, algo que, además, nos ayudará después a quitarles la piel. Una vez limpios, se cortan en tiras y reservan. Por otro lado, se cocina el lomo de cerdo a baja temperatura en el horno. Se envasa al vacío con manteca de cerca, sal, pimienta, laurel y ajo y se cocina 75º al vapor durante seis horas. “Es la parte más elaborada del plato, pero también nos valdría con un lomo asado tradicional”, matiza Serrano. Una vez frío, se corta en lonchas muy finas y se coloca en la base del plato. Se aliñan los pimientos con sal, un pelín de pimienta y una pizca de comino y se montan sobre el lomo con un aro. Por encima se añade cebolla morada hecha con un escabeche suave y brotes verdes y se decora con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y sal negra. 

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Créditos

Coordinación: Prado Campos
Fotografía: Andrés Martínez Casares

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Paradores. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.

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