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un proyecto con

Transición energética

De estudiante de Medicina a subirse al escenario con 300 artistas: una noche en la ópera con Carlos Álvarez

Acompañamos al barítono Carlos Álvarez para saber cómo se vive (y hace) una ópera como Aida con casi 300 artistas desde dentro. Así fue el estreno de la temporada del Teatro Real, que cuenta un año más con el mecenazgo de Endesa

Prado Campos

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Acompañamos al barítono Carlos Álvarez para saber cómo se vive (y hace) una ópera como Aida con casi 300 artistas desde dentro. Así fue el estreno de la temporada del Teatro Real, que cuenta un año más con el mecenazgo de Endesa

Laura Guillén

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Es difícil que cuando Carlos Álvarez iba con su mochila a la facultad de Medicina imaginara que iba a acabar cantando en un escenario acompañado de casi 300 artistas. Tampoco que iba a convertirse en uno de los mejores barítonos del mundo y que su voz iba a resonar en escenarios tan emblemáticos como los del Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden londinense, la Staatsoper de Viena o el Real madrileño. A veces la vida tiene estas piruetas. O, en el caso de Carlos Álvarez, estos cambios de registro. 

A sus 56 años y con más de tres décadas sobre los escenarios, lo que empezó “por casualidad” cuando de niño cantaba en la escolanía del colegio público donde estudiaba ahora es una profesión en la que, además de triunfar, disfruta como entonces. Solo hay que ver como mantiene intactos la sonrisa y el brillo en los ojos mientras se prepara para subir al escenario. Acompañamos a Carlos Álvarez durante el preestreno de Aida, la famosísima ópera de Giuseppe Verdi con la que el Teatro Real ha inaugurado la temporada (se puede ver hasta el 14 de noviembre) para conocer de cerca su trabajo y cómo es el ritmo frenético de una ópera desde dentro. Especialmente cuando se trata de un montaje como este en el que participan casi 300 artistas entre cantantes, orquesta, bailarines, coro o actores, más todos los profesionales a los que no se ve: maquilladores, sastres, peluqueros, regidores… 

“Cuando el público ve una producción como esta y tiene a 300 personas sobre el escenario y a la orquesta en el foso, casi siempre se olvida de que hay un gran equipo, casi una familia, detrás haciendo que todo funcione perfectamente en un equilibrio fantástico y con la máquina engrasada para que luego, nosotros, podamos salir al escenario con tranquilidad”, explica Álvarez mientras Benjamín y Ruth le ayudan a convertirse en Amonasro, el rey de Etiopía y padre de Aida. 

En cifras

'Aida', la gran ópera de Verdi

La ópera de Verdi quizás sea una de las más colosales y espectaculares de las que pisan las tablas de las casas de ópera de todo el mundo. Concebida como una exaltación del Antiguo Egipto, pero a la vez una de las composiciones más intimistas de Verdi, la magnífica producción que ahora se puede ver en el Teatro Real, en coproducción con la Abu Dhabi Music and Arts Foundation, está firmada por Nicola Luisotti en la dirección musical y Hugo de Ana en la dirección de escena.

1871

Fue el 24 de diciembre de este año cuando se estrenó Aida en el Teatro de la Ópera del Jedive, El Cairo

1912

se representó en uno de sus montajes más especiales junto a la Gran Pirámide de Giza

1998

se estrenó esta producción en el Teatro Real, pocos meses después de la apertura del coliseo madrileño

El ritual comienza con el vestuario, prosigue con la caracterización y termina con el calentamiento de voz y la concentración. Mientras esto pasa en su camerino, fuera, entre las cajas del escenario, decenas de bailarines, actores y cantantes van y vienen de escena: ahora hay que poner más plata en los cuerpos, ahora hay que cambiar el look egipcio por el etíope, ahora hay que coger unas lanzas o unos escudos o un busto de un dios egipcio… El ir y venir que se vive detrás del escenario del Teatro Real es incesante como si de una coreografía calculada al milímetro se tratara. Aida es una de esas producciones inmensas tanto en el número de artistas como en escenografía, vestuario o caracterización. Todo es a lo grande. 

'AIDA', COLOSAL Y MONUMENTAL

Aida fue compuesta para que fuera un espectáculo total y monumental. Para trasladar esa monumentalidad al escenario y que el público se sintiera lo más cerca posible del Nilo y de Tebas. Realmente es una ópera muy especial. Yo creo que Aida, para alguien que nunca haya vivido la experiencia de venir a la ópera, es una magnífica elección”, explica Carlos Álvarez. Tanto es así que es una de las producciones más célebres del patrimonio del Teatro Real, institución que cuenta un año más con el mecenazgo de Endesa

«Afortunadamente, en Europa tenemos la suerte de que el mundo de la cultura vive de la aportación pública y privada. Ojalá hubiera una Ley de Mecenazgo más eficaz, pero mientras aparece es fundamental que empresas como Endesa se sientan concernidas con el mundo de la cultura y que se sientan orgullosas de hacer que la cultura crezca. Tanto las empresas como los ciudadanos formamos parte de un mismo elemento, esta sociedad, y si todos nos sentimos cercanos al mundo de la cultura, tendremos al oportunidad de salir adelante juntos. Si no es así, será difícil», reflexiona el barítono.

Carlos Álvarez (a la izquierda) en uno de los momentos más célebres de 'Aida' (Javier del Real)

Aida sumó más de 350 funciones en las temporadas anteriores al cierre del Teatro Real en 1925, convirtiendo al título verdiano en el más representado, y el montaje que ahora podemos ver y con el que celebra el 25 aniversario de su reapertura, se subió por primera vez a sus tablas en 1998. Porque, como decimos, Aida es inmensa y lo tiene todo. Una música icónica, un triángulo amoroso digno del mejor culebrón y un trasfondo político y social que habla de dictaduras, de la lucha de los oprimidos por su libertad y de la colisión del poder religioso y el público, que, como recuerda Álvarez, “es el poder del pueblo que Amonasro representa”.

Mientras el segundo acto avanza, Carlos Álvarez, en su camerino, tira de calma y concentración antes del «paseíllo». “Ese camino desde el camerino hasta el escenario, donde nos toca esperar un momento antes de salir, es fundamental. Ahí la atención está puesta en la primera frase, que es la más importante”, reconoce el barítono segundos antes de salir al escenario. Volverá en el tercer acto para compartir con Aida uno de los dúos más reconocibles de la ópera de Verdi y donde va a exhibir su ideal registro de barítono verdiano.

''ESTA PROFESIÓN ME ELIGIÓ A MÍ''

Esta noche he visto mucho entusiasmo, mucha gente joven y muchas ganas de asistir a la ópera

«Fue esta profesión la que me eligió a mí», resume Álvarez. De la escolanía del colegio de niño pasó a los coros polifónicos y al Coro de la Ópera de Málaga. «Ahí llegaron distintas producciones en Madrid, Bilbao, Oviedo… y fueron los directores quienes me eligieron para empezar a tener una carrera profesional”. Una carrera que ahora alcanza uno de esos momentos especiales con este papel de Amonasro. “Quizá llevo toda mi vida preparándome para él: Amonasro es un papel de madurez para los barítonos. Es un padre, uno de los cientos de padres que tiene Verdi en sus óperas, muy especial porque necesita de una cierta capacidad de sufrimiento. Es un padre cautivo, es un padre que intenta explicar a su hija que sólo con su ayuda va a poder hacer que el pueblo etíope vuelva a ser libre. Y entonces es un poco complicado que este padre olvide todo su background y tenga algún gesto de ternura con Aida”.

La oportunidad para hacer este papel le ha llegado, además, en un  teatro como el Real tan íntimamente ligado a su vida… y a su familia desde que debutara en este escenario en 1998 con Las bodas de Fígaro. «Mis dos hijos, Carlos, nacido en el 98, y Alejandra, nacida en 2000, nacieron mientras yo estaba cantando en este teatro Las bodas de Fígaro y Ernani. Así que no solo es mi casa, es el sitio donde yo he visto nacer a mis hijos y donde mi carrera ha tomado una cita relevancia conforme fui creciendo como cantante», cuenta antes de volver al escenario para saludar y recibir el aplauso del público.

«Nosotros ya hemos hecho el trabajo y sabemos cómo lo hemos hecho. No hay nadie más crítico que el propio cantante. Y puede suceder que haya sido una noche fantástica y el público no lo haya percibido así o que hayas tenido una tarde tonta, como diría Chiquito, y que el público esté arrebatado en el aplauso. Pero, sin duda, el aplauso es algo muy especial. Es la recompensa de un trabajo conjunto», asegura antes de recibir una ovación cerrada. Y agrega tras la función: «Esta noche he visto mucho entusiasmo, mucha gente joven y muchas ganas de asistir a la ópera. He visto y he sentido esa buena vibración y esa buena energía del público, su disposición a disfrutar».

De after con Verdi, Dua Lipa y David Guetta

¿Verdi mezcla bien en la mesa de un DJ con Dua Lipa? A la perfección, podríamos decir tras asistir al preestreno de Aida con más de 1.500 jóvenes, de los que 600 terminaron en el restaurante del Teatro Real tomando algo y bailando al ritmo de Ed Sheeran o David Guetta. Esta es una de las acertadas iniciativas del coliseo madrileño para hacer la ópera accesible, en cuanto a género y precio, a los jóvenes. A las funciones del Real Joven no pueden ir mayores de 36 años y, como en cualquier plan de fin de semana, combinan lo mejor de la oferta de ocio y cultura: una representación de una ópera, un picoteo, una copa y bailar con los últimos temazos.

Las funciones de los Preestrenos Jóvenes del Teatro Real son gratuitas y se consiguen a través de sorteo entre los Amigos jóvenes del Teatro Real. Las únicas entradas de pago son las que salen a la venta para la ópera inaugural de cada temporada (entre 14 y 34 euros), con la posibilidad de comprar un ticket para After Opera. Dos iniciativas que para el barítono Carlos Álvarez son vitales para atraer nuevos públicos a la ópera. «Hay que hacer que la oferta sea mayor. Si no encontráramos con la posibilidad, como en la Ópera de Viena por ejemplo, de encontrar entradas de pie que valen 18 euros, estoy seguro de que la gente se engancharía a venir a esas funciones, porque además están asistiendo a la misma función que otra persona ha pagado 300 euros en el patio de butacas. Y, sobre todo, haciendo producciones que sean muy buenas. Si no hay un producto fantástico encima del escenario, como esta producción por ejemplo, la gente no se va a enganchar al mundo de la ópera. Si nosotros hacemos bien nuestro trabajo, junto a una oferta mayor, más amplia y precios asequibles, el público vendrá”, añade.

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