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Hay vida después de los 55: por qué cada vez más seniors quieren un nuevo trabajo

El mercado laboral prescinde de ellos por su edad, pero muchos mayores no se resignan a retirarse cuando aún tienen mucho que aportar. Muchos países europeos empiezan a ver los beneficios de esta actitud

Juan Ramón Gómez

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La edad de jubilación marca el inicio de una nueva vida para muchas personas, pero también hay quienes quieren mantenerse activos y hacer valer su experiencia, sus conocimientos y unas condiciones físicas e intelectuales muy alejadas del concepto tradicional con que la sociedad ha estereotipado a los mayores. La integración del talento sénior en la actividad productiva es, de hecho, una oportunidad para los países, porque aporta valor a la economía tanto a través del consumo como del pago de impuestos.

La segunda edición del Mapa de talento sénior del centro de investigación Ageingnomics, de Fundación MAPFRE, analiza la evolución reciente de los mayores en el mercado laboral español y su situación actual, y la compara con varios países de la Unión Europea para extraer conclusiones y recomendaciones que faciliten la vida de las personas entre 55 y 70 años que quieren seguir trabajando, ya sea por cuenta ajena o como autónomos o incluso emprendedores.

Asegurar el futuro

España tiene ante sí la oportunidad de aprovechar el talento sénior. Con una tasa de empleo del 65% entre los 55 y los 59 años, nuestro país aspira a alcanzar el 85% de Suecia. Dar una oportunidad a quienes quieren trabajar no sólo les aporta mayores ingresos e independencia económica a ellos, sino que ayuda a mantener saneado el sistema, aporta muchos valores a las empresas y potencia el consumo de este grupo de edad, cada vez más valorado por las marcas.

Ya hay muchas empresas en nuestro país que están actuando de forma ejemplar de cara a este colectivo, según el análisis de Ageingnomics, elaborado por Rafael Puyol, Alfonso Jiménez e Iñaki Ortega, que mide buenas prácticas relacionadas con el desarrollo profesional, los beneficios sociales, la reputación corporativa y la gestión de clientes diversos. Esas empresas son la punta de lanza para cambiar un sistema acostumbrado a prescindir del talento sénior. “Las empresas, como unidades básicas de nuestro modelo económico y social, deben adaptarse a las nuevas circunstancias, tanto en el diseño y elaboración de sus productos y servicios, como en la gestión de sus recursos humanos”, dicen los autores del informe.

El reto es implicar a más empresas

No se trata de alargar la edad de jubilación, sino de facilitar que quienes quieren seguir trabajando, puedan hacerlo en condiciones. Para ello, el centro de Fundación MAPFRE hace algunas propuestas, como establecer “un gran pacto de país para el fomento del empleo sénior”, acompañarlo de un paquete legislativo que permita compatibilizar pensión y trabajo e implicar a más empresas.

También incide en la importancia de aumentar la presencia femenina en este colectivo de trabajadores sénior y aprobar bonificaciones fiscales para quienes decidan emprender. “Resulta imprescindible el aprovechamiento de todos los recursos al alcance de nuestras empresas, particularmente de aquellos que, hasta ahora, no han merecido suficiente consideración pese a tratarse de personas con amplia experiencia, sólidos conocimientos y buenas condiciones físicas e intelectuales para el desempeño de sus tareas”, sostienen los autores del estudio.

Los sénior europeos se han convertido en el grupo más importante en factores tan relevantes como el consumo, el patrimonio y el censo electoral. Además, según el estudio, los españoles trabajan menos años de media que otros países europeos como Suecia. Se trata, en definitiva, de una fuerza nada despreciable para convertir el envejecimiento demográfico del mercado laboral en una oportunidad para todos.

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