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un proyecto de

FUTURO AZUL

Descubre de dónde viene el pescado que cenaste ayer

Miles de personas trabajan cada día para que todos podamos disfrutar en nuestra mesa de alimentos de primera calidad, sostenibles y saludables

Juanjo Villalba

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Ángela Zorrilla

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Cada vez somos más conscientes del planeta y de que tenemos que ser más respetuosos con los alimentos que nos ofrece. Por ello, obtenerlos respetando el medio ambiente es cada vez más importante. Parte de la solución, según la FAO, La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, podría estar en la acuicultura responsable, el cultivo de organismos acuáticos, como peces, moluscos, crustáceos y algas, en entornos de agua dulce o salada. 

Nuestro país, con miles de kilómetros de costa y con ríos que recorren toda su geografía, es un entorno perfecto para esta actividad que tiene, además, muchas más ventajas socioeconómicas. 

La acuicultura española tiene, de hecho, una larga tradición que llega hasta los romanos, pero en los últimos años ha disfrutado de un crecimiento y de un desarrollo tecnológico que nos ha situado como una de las potencias mundiales de este sector de futuro.

Gracias a la acuicultura española cualquiera de nosotros puede disfrutar del pescado de forma asequible y respetuosa con la naturaleza. La acuicultura es una forma de garantizar la disponibilidad del pescado, diversificando y asegurando las fuentes de las que obtenemos nuestros alimentos, reduciendo la presión sobre nuestros recursos pesqueros y completando la oferta del sector. 

De hecho, España es una gran potencia en la producción acuícola. Nuestro país es el Estado miembro de la Unión Europea con una mayor cosecha de acuicultura con 276.571 toneladas en 2020 (el 25,3 % del total de la Unión). 

Pero es que, además, este sistema de cultivo, también es una manera de utilizar de manera eficiente recursos naturales básicos como el agua y el espacio. En comparación con la ganadería terrestre, la acuicultura requiere menos agua y espacio para producir la misma cantidad de proteínas.  

La Acuicultura española trabaja en mejorar cada día. Cientos de científicos e ingenieros de nuestro país investigan para impulsar la innovación y el desarrollo tecnológico del sector. Por ello, somos uno de los países que más estudios científicos sobre acuicultura publica cada año y la investigación en áreas como la genética, la nutrición y la gestión de sistemas acuícolas ayuda a mejorar constantemente la eficiencia y la sostenibilidad de nuestras instalaciones.

La Acuicultura española una forma sostenible de asegurar nuestra gastronomía en el futuro gracias a su gran riqueza

Como ya hemos dicho, España es uno de los principales países productores de pescado de Europa y, entre las variedades que cultivamos, hay muchas que son fundamentales en nuestra gastronomía nacional como la trucha, el rodaballo, la corvina, la dorada, la lubina o el esturión, entre otros. El cultivo sostenible de todas estas especies garantiza que podremos seguir disfrutando de ellas en el futuro.   

Los recursos naturales y los habitantes de la España vaciada resultan un elemento clave para el crecimiento de la Acuicultura española. Las zonas montañosas, con ríos y arroyos de agua fría, de regiones como Galicia, Castilla y León, Navarra, La Rioja o Aragón ofrecen condiciones inmejorables para la cría de la trucha, un pescado en cuya cría los profesionales españoles están entre los mejores del mundo debido a su amplia experiencia. 

Otras especies muy apreciadas en la cocina mediterránea y que tienen una gran demanda en el mercado nacional e internacional son las doradas y las lubinas, que se encuentran principalmente en el sur de España, en regiones como Andalucía, Murcia, la Comunidad Valenciana y Canarias. En otras zonas como el Delta del Ebro, en Cataluña, o las marismas del Guadalquivir, en Andalucía, se cultiva la anguila, un producto de alto valor y que se utiliza en diversos platos tradicionales de la gastronomía española.  

La importancia de la acuicultura española en las regiones menos pobladas de nuestro país

Vivir en la España vaciada no es fácil. Tradicionalmente, los habitantes de estas zonas han tenido dificultades para poder ganarse la vida y eso es lo que les ha obligado a abandonar sus lugares de origen buscando una vida mejor en las grandes ciudades.   

La acuicultura española puede ser un factor determinante para revertir esa situación. Según el informe ‘La Acuicultura en España’ de 2022, más de 48.000 personas trabajan directa e indirectamente en este sector, ya que suele ser allí donde se encuentran los lugares en los que se dan las condiciones óptimas para el cultivo de pescado.   

Además, muchas de estas instalaciones requieren de mano de obra cualificada y no cualificada, lo que no solo puede ayudar a retener a la población local y evitar la migración hacia áreas urbanas, sino que también atrae a nuevos residentes como biólogos, veterinarios y técnicos de niveles superiores y medios. 

La acuicultura española diversifica así las fuentes de ingresos en las zonas rurales y estimula la economía local. Las instalaciones acuícolas no solo generan empleo directo, sino que también impulsan la demanda de servicios y productos relacionados, como la construcción de infraestructuras acuícolas, la venta de piensos y equipos, el procesamiento o la comercialización de productos acuícolas, entre otros. 

Desde un punto de vista más macro, la acuicultura española también contribuye a aprovechar los recursos naturales acuáticos infrautilizados con los que a menudo cuenta la España vaciada, como ríos, embalses y lagos. Además, este tipo de instalaciones, si están bien gestionadas, ayudan a conservar los ecosistemas acuáticos y los recursos naturales. Al criar especies acuáticas en entornos controlados, se reducen los impactos sobre las poblaciones silvestres y se evita la sobreexplotación de los recursos pesqueros.  

Finalmente, la acuicultura española también supone un impulso a la innovación y la investigación en estas zonas y en el conjunto de nuestro país: El fomento de la acuicultura en las áreas rurales puede estimular la colaboración entre instituciones académicas, empresas y agricultores, incentivando la innovación en áreas como la mejora genética de especies, el desarrollo de técnicas de cultivo más eficientes y la gestión sostenible de los recursos acuáticos.

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