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Secretos ‘acuáticos’

Cristina Martin

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No hay vida sin agua”. El fisiólogo húngaro Albert Szent- Gyorgyi pronunció esta frase a principios del siglo XX. Una máxima de la que el ser humano siempre ha sido consciente.

Desde tiempos inmemoriales nos hemos esforzado por controlar su fuerza, hemos invocado su presencia a todo tipo de deidades, la hemos empleado para dar pasos de gigante en innovación… “Es la fuerza motriz de toda la naturaleza”, dijo Leonardo da Vinci hace ahora más de seis siglos.

Más poética es la famosa cita de la danesa Karen Blixen. “La cura para todo siempre es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar”, escribió la autora de, entre otras, Memorias de África. Porque este elemento también ha sido fuente de inspiración para todo tipo de disciplinas. Pintura, música, fotografía y, aunque parezca llamativo, perfumería. Que algo, en principio sin aroma, se convierta en la base de un perfume puede resultar paradójico. Sin embargo, el diseñador japonés Issey Miyake lo tenía claro cuando empezó a soñar con las fragancias que se terminarían convirtiendo en las mejores embajadoras de su firma. Con ellas quería sumergirse-y hacer que quienes las llevaran puestas lo hicieran también- en el corazón de la naturaleza, en sus orígenes: el agua.

Una revolución olfativa

Miyake siempre había demostrado un amor y respeto muy profundos por la naturaleza. “Es el mejor perfumista que existe. No tenemos más que inspirarnos en ella”, llegó a decir el diseñador. En concreto, a través del que fue su primer perfume (así como con su versión masculina, que llegó dos años después), el diseñador japonés pretendía recordarnos que venimos de la naturaleza; invitarnos a abrazar su esencia. De hecho, el punto de partida de L’Eau d’Issey, que se lanzó en el año 1992, fue reproducir el olor de una gota de agua sobre la piel de una mujer. Así de sencillo, de natural y de complicado al mismo tiempo. La sola idea de crear una fragancia acuática ya suponía por sí misma una revolución en la industria. Ya que en aquel momento los acordes cálidos y orientales marcaban el paso de las tendencias olfativas. Sin embargo, Issey Miyake quería una estela fresca, ligera, pero llena de personalidad y magnetismo. El nombre, L’Eau, el agua, no dejaba lugar a dudas. Y su aroma, tampoco.

Todos los aromas del agua

Jacques Cavallier, actual perfumista de Louis Vuitton, fue el encargado de materializar el manifiesto olfativo del diseñador. Para ello, por primera vez en la historia de la perfumería femenina, recurre al calone en altas dosis. Se trata de una molécula de síntesis que encarna el agua en todas sus facetas: desde el frescor de las olas a la cálida brisa marina o a la humedad del rocío. El nariz completó el aroma con pétalos de rosa, un bouquet de flores blancas y loto. Dos años después, Cavallier haría lo propio con L’Eau d’Issey pour Homme, la réplica masculina. Inspirada también en el agua, Miyake buscaba reflejar la fuerza incontrolable de este elemento. En su pirámide olfativa, junto al calone, encontramos yuzu, bergamota, geranio, lirio de los valles, vetiver o tabaco. Una creación acuática amaderada que también resultó disruptiva ya que llevaba la frescura a su máxima expresión, perdurando en todas las etapas del perfume, sin perder un ápice de intensidad.

Diseño acuático

En esta oda a la naturaleza, el frasco de L’Eau d’Issey no podía quedar al margen. Sencillo, esencial y elegante tenía que evocar un manantial de agua brotando. Los diseñadores Alain de Mourgues y Fabien Baron, artífices de esta pequeña escultura que hoy es inconfundible, lograron recrear esa sensación de movimiento trazando su silueta a mano, de modo que no es totalmente recto. Como detalle final, una bolita depositada sobre el tapón. Un guiño a la luna llena posada sobre la Torre Eiffel vista desde la ventana de Miyake en París. A modo de curiosidad, el frasco de la versión masculina, que respira también naturalidad sofisticada, tiene la forma del femenino cuando se gira hacia un lado y se observa de perfil.

Respeto por la naturaleza

El agua. La naturaleza en general no solo fue una fuente de inspiración inagotable para Issey Miyake. El japonés fue un visionario. Un defensor de la sostenibilidad mucho antes de que este término estuviera en boca de todos. El diseñador también demostró su compromiso desde su firma de moda. En 1998 puso en marcha A piece of cloth (un trozo de tela), una iniciativa creada para reducir el desperdicio de materiales. En 2010 lanzó una colección de prendas confeccionadas con tejidos de poliéster sostenible, procedentes de botellas de plástico recicladas. Su legado se mantiene vivo en los proyectos de sostenibilidad de los perfumes Issey Miyake. Con acciones para reducir el impacto medioambiental del abastecimiento y la producción; colaboración con proveedores certificados para la obtención de las materias primas y la puesta en marcha de todo tipo de soluciones que limiten su huella en el medio ambiente.

Hace más de 30 años L’Eau d’Issey y L’Eau d’Issey Pour Homme se crearon también con la idea de hacer un pequeño homenaje a ese mundo natural por el que tanto respeto sentía el señor Miyake. Su aroma hoy sigue siendo único. Atemporal. Como la propia naturaleza. Como esa gota de agua que se posa sobre la piel…

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