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Transición Ecológica

El fin de una era

Un adiós a las centrales térmicas y el inicio de la transición energética

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REPORTAJE

Eva Prieto

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En el silencio matutino, la mirada de Juan deambula por los contornos que enmarcan su vida, observando los paisajes de su tierra natal. La comarca, que por generaciones encontró sustento en el carbón y en la central térmica de As Pontes, ahora se halla ante un cambio inevitable y vital. La transformación energética es la nueva protagonista y marca un adiós necesario.

En su mente, resuenan los días de su juventud en los que la central latía constante en el tejido de la comunidad un símbolo de progreso y subsistencia. Pero el tiempo avanza y transforma la comarca, que se prepara para construir un futuro en el que las energías renovables toman las riendas. La mirada de Juan contempla este cambio con serenidad, aunque su corazón bombea al compás del adiós a lo conocido y la esperanza del mañana.

Técnico trabajando en la sala de control en la histórica central térmica de As Pontes, la más grande de España. Pantallas, luces y mandos se apagarán próximamente.

En el interior de las naves de caldera el trabajo de los técnicos de la central de As Pontes continua. Saben ya que “su” central cierra sus puertas. Son conscientes de la necesidad de cambio, y ahí están y estarán hasta su adiós.

Un técnico supervisa el movimiento de la cinta que transporta los restos de carbón del fondo de la caldera de As Pontes. Mientras, la central se encamina hacia su compás final.

José Antonio Capellán Salomón, conocido por todos como “Cape”, recuerda con claridad los días en los que, siguiendo los pasos de su padre, llegó a la localidad de Andorra en la provincia de Teruel. Era apenas un joven de quince años cuando su familia se estableció aquí, a la sombra de la central térmica que su padre ayudó a construir en 1978. “Cape” observaba con admiración cómo la planta se elevaba desde los cimientos, un hecho que le inspiró y le llevó a estudiar ingeniería en la universidad, abriéndole las puertas de la central térmica que después se convirtió en su hogar.

Emoción y recuerdo

Sin embargo, la paradoja del tiempo lo llevó por un camino inesperado, los mismos ojos que vieron nacer esos muros son los que ahora participan en su despedida. “Echar abajo la central es como echar abajo mi casa. Así lo siento, porque conozco cada aparato, cada elemento, cada rincón, desde mis tiempos de universidad. Es un trabajo con repercusiones sentimentales profundas, porque lo que estoy haciendo es cerrar el ciclo”, narra con una nostalgia contenida José Antonio Capellán.

Las cintas que un día transportaron el carbón hasta la central de Litoral son ahora un recuerdo.

El horizonte de Carboneras (Almería) empezará a vislumbrar una nueva silueta, más renovable.

Las tres icónicas torres de refrigeración, que dominaban majestuosas el horizonte de Andorra, han cedido ante el signo de los tiempos. Eran la silueta que recibía a los viajeros que se acercaban a Andorra, un símbolo que identificaba la zona y marcaba la singularidad. José lo comprende, pues su historia y la de esas torres están entrelazadas. “Si a un niño de la comarca le pides que pinte nuestras tierras, trazará las tres torres y la chimenea”, revela con una mezcla de melancolía y orgullo. Aquello que en su tiempo encarnó el progreso, hoy enmarca su despedida.

Mientras rememora estas imágenes, José continúa su trabajo, desmontando con cuidado y profesionalidad las estructuras que eran parte de su vida, salvaguardando cada pieza del puzle en su memoria, y dejando espacio para el siguiente capítulo.

4 millones de toneladas de carbón 60%
40 barcos 30%
180.000 trayectos en camión 10%
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Detalles del interior de las instalaciones térmicas que un día fueron el motor de la economía de muchas zonas.

El desmantelamiento de estas centrales no es solo una cuestión técnica, es también emoción y recuerdo. Cada rincón alberga las historias de hombres y mujeres que dedicaron su vida a la generación de energía. Su labor incansable, su compromiso y su profesionalidad quedarán grabados en la historia de estos territorios.

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Interior de las arterias que formaron parte de la central térmica de Compostilla (Cubillos del Sil, León).

Pero esta despedida no es un punto final, sino un punto de partida. En medio de la nostalgia y la melancolía, se vislumbra un futuro lleno de oportunidades y retos. La transición energética que estamos viviendo se basa en utilizar nuevas formas de generar energía, respetuosa con el medio ambiente que, a su vez, traen consigo nuevas oportunidades para estas zonas que un día vivieron del carbón.

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En Ponferrada, en la región del Bierzo, la historia se repite. En los años 50, cuando se convirtió en «la ciudad del dólar», se vivió un desarrollo económico y social sin parangón. Como un soplo de aire, el municipio se expandió, su población creció como nunca antes hasta el punto de que más de la mitad de su población provenía de otras zonas. Fue un momento de grandes oportunidades, una etapa que dejó una huella imborrable.

Emilio Ares Bolado es el símbolo humano de esa historia que se repite, aunque el telón de fondo se transforme. Su abuelo dejó atrás otras tierras y llegó a Ponferrada para ocupar su lugar en la construcción de una central hidráulica, la de Bárcena, el nieto regresa ahora para poner los cimientos de un nuevo ciclo para la región.

Con minuciosa precisión los expertos artificieros colocan el explosivo necesario para hacer volar elementos de las estructuras de las centrales térmicas, en este caso de Andorra.

Cada elemento se ha estudiado con cuidado, un trabajo en equipo único.

Un operario camina por la central térmica de Compostilla, en León, cuna de Endesa. En este titán industrial, ahora en desmantelamiento, nació la compañía energética.

El desmantelamiento de una central térmica es un trabajo en el que prima la seguridad y la precisión. Los técnicos trabajan “despegando” cada pieza de estas centrales.

“Ahora — dice Emilio Ares Bolado con voz segura —, entramos en otro ciclo. El Bierzo es el kilómetro 0 de Endesa, su piedra angular. Tras el cierre de la central se hallaron salidas dignas para todos. confío en el compromiso histórico de Endesa con esta tierra, y estoy seguro de que el futuro alberga proyectos robustos que ofrecerán oportunidades a las generaciones venideras”.

En el ciclo de la historia, en el vaivén entre lo viejo y lo nuevo, la palabra fin se antoja inapropiada; más justo sería hablar de una cadena de etapas que, aunque distintas en su esencia, comparten el común denominador de la renovación.

Imagen individual

El polvo que queda es un punto y seguido porque lo que ya no está, se transforma en un mañana mejor.

No es un anochecer lo que vislumbramos en estos cambios, sino más bien un crepúsculo que nos habla de otro amanecer. Las centrales térmicas y el carbón, esos titanes de hierro y fuego, ya pertenecen al pasado. Los cambios, por abruptos que sean, no tienen por qué ser portadores de pérdida, sino que tienen que ser los arquitectos de un futuro más sostenible, más justo.

Imagen individual

Acostumbrados a una postal que les ha acompañado durante años, vecinos de la zona vislumbran una nueva era.

La transformación energética no solo es una respuesta al clamor de la Tierra que pide un respiro, sino también una oportunidad para muchas personas de encontrar nuevos empleos ligados a los retos del futuro, para reinventar comunidades enteras bajo el estandarte de la sostenibilidad. Si bien es cierto que cerramos un libro que ha contado una historia rica y compleja, la pluma ya se prepara para escribir el siguiente, protagonizado por las energías limpias, la justicia social y un futuro más sostenible.

El legado que seremos es un reflejo de la transición energética justa en España a través de sus protagonistas.

 

Se trata de un proyecto patrocinado por Endesa creado e impulsado por el fotógrafo documental Álvaro Ybarra Zavala. Álvaro está siendo testigo de nuestro proceso de cambio, contando a través de sus fotografías las historias de las personas verdaderas protagonistas de este cambio.

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