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Una semana sin huella digital

Odio las videoreuniones y, además, no son sostenibles. ¿Qué hago?

Las videoconferencias y la utilización que hacemos del correo electrónico, las redes sociales y las plataformas de ‘streaming’ producen lo que se denomina “contaminación digital”. ¿Es posible racionalizar su uso sin sentirnos confinados en una cueva?

Miguel Ángel Bargueño

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No consiento que nadie ponga en duda mi febril
entusiasmo por los avances tecnológicos. Soy, de
hecho, aquel que en los ochenta se compró un
reproductor betamax y en los noventa un minidisc
porque decían que eran el futuro. Me precio de ser un auténtico fanático del progreso: cada diez años dejo lo que sea que tenga entre manos y acudo raudo a una tienda especializada a comprarme un móvil nuevo. Me declaro, pues, firme defensor de los dispositivos digitales: opino que han mejorado nuestras vidas. Pero, al mismo tiempo, soy consciente de que estar conectado todo el día tiene implicaciones negativas.

Aparte de que pueden crear dependencia y problemas de visión, su uso produce lo que se conoce como “contaminación digital”, la cual representa el 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Hoy en día empleamos estos dispositivos para casi todo: para enviar correos, realizar videoconferencias, reproducir películas o música en streaming, sandunguear en redes sociales, archivar en la Nube… Me han pedido que pruebe a minimizar, durante una semana, la huella digital de estas actividades, lo que, de entrada, me produce síntomas paralizantes. ¿Me desconectaré del mundo? ¿Viviré como un ermitaño? ¿Tendré que relacionarme con la gente cara a cara, como en el medievo? ¿Habré de utilizar palomas mensajeras? Veamos.

Día 1: Videoconferencia

Tienden a asociarse las videoreuniones con jefes plastas, pero somos muchas las personas que no tenemos jefes (los autónomos) y, pese a ello, a menudo se nos convoca a conferencias por Internet. Hoy debía entrevistar a una cantante de Estados Unidos a través de una plataforma online y obviamente no podía rechazar un dinero con el que voy a comer una semana. Sé que si me conecto sin cámara, solo con audio, reduciré las emisiones en un 96%. Pero, ¿cómo se lo digo a la entrevistada sin parecer un borde? En ocasiones así, pienso en cómo lo haría mi psicólogo, ferviente defensor de la asertividad. “Perdone —diría—, estoy muy sensibilizado con el medio ambiente y si desconecto la cámara emitiré mucho menos CO2 . ¿Tiene inconveniente en que hagamos la entrevista sin vernos?”. Así lo suelto yo, y la señora no solo lo entiende, sino que lo aplaude. ¡Buen comienzo!

Día 2: Redes Sociales

Por fortuna, hace tiempo que dejé de utilizar aplicaciones para citas, que lo único que me aportaron fue un principio de artrosis en mi dedo índice de la mano derecha. El planeta y yo nos hemos visto beneficiados de la decisión: según un estudio llevado a cabo en Francia, los 23 millones de franceses que las usan de media 55 minutos al día proyectan en un mes 9.614 toneladas de CO2 ; las mismas de un coche que diera la vuelta al mundo 1.102 veces. Pero ahora uso ese dedo para deslizar la pantalla en Instagram, Twitter (X), TikTok… Un solo minuto de navegación genera 1,55 gramos de CO2. ¿Qué puedo hacer para remediarlo? Sigo los consejos de la Universidad de Berkeley: establezco un límite de uso diario, dejo el móvil en otra habitación para evitar tentaciones y deshabilito las actualizaciones automáticas. Y ni tan mal.

Las videoconferencias,
sin cámara

Se reducen así en un 96% sus emisiones. Y las puedes hacer en pijama.

Evita correos electrónicos
innecesarios

Como aquellos en los que solo decimos: “muchas gracias”. Y si nos damos de baja de suscripciones no deseadas, ahorraremos 28,5 kg de CO2.

Los ‘whatsapp’, mejor
sin imágenes

Memes, GIFs, fotos y vídeos son responsables de 2,35 kilos de CO2 a la semana por persona.

Contra la huella digital, una Buena HuellaLogo Naturgy

En 2022, Naturgy lanzó el proyecto #BuenaHuella, un guiño a las grandes empresas de comunicación de España para que midan, reduzcan y compensen la huella de carbono de sus contenidos y campañas publicitarias. En coherencia con esta máxima, las emisiones que inevitablemente se han producido en esta generación de contenidos, han sido compensadas gracias al ‘Bosque Fundación Naturgy’, el segundo bosque corporativo de la compañía que ha permitido regenerar un área de 7 hectáreas en la Comunidad de Madrid afectadas por un incendio forestal en 2019.  Este proyecto se suma al ‘Bosque Naturgy’, la primera iniciativa de este tipo de la compañía que, a principio de este año, finalizó la plantación de cinco tipos de árboles, -alcornoques, robles, castaños, tejos y encinas-, en una extensión de una hectárea en una zona degradada de Galicia, en Cabanas. Su objetivo con estos proyectos es contribuir a la creación de capital natural, generando ecosistemas autóctonos, para luchar contra el cambio climático.

Día 3: correo electrónico

Según Earth.org, la huella de carbono de un correo electrónico oscila entre 0,3 gramos de CO2 cuando es spam, 4 gramos para un email normal y 50 gramos si lleva adjunto un archivo o una foto. El email facilita el contacto profesional, por lo que se me antoja imposible dejar de usarlo, pero sí puedo hacerlo de una manera más controlada. Por ejemplo, evitando enviar aquellos de “muchas gracias”. Un estudio de 2019 encontró que si cada adulto en el Reino Unido enviara un correo electrónico de agradecimiento menos al día, se ahorrarían casi 16.433 toneladas de CO2 al año, lo mismo que 81.152 vuelos Londres-Madrid. Otra idea: cortar con las suscripciones no deseadas. Cada usuario recibe 2.850 correos de ese tipo al año, lo que equivale a 28,5 kg de CO2.

Día 4: en la “nube”

Parece ser que toda nuestra actividad online es posible gracias a la existencia de la Nube, donde se almacenan y transfieren nuestros datos. Detrás de ella hay enormes infraestructuras físicas cuyo funcionamiento requiere una enorme cantidad de energía (el 3% del suministro mundial). En definitiva, nuestra actividad en Internet durante una semana viene a producir 8,62 kilos de CO2, la misma que individualmente se puede adjudicar a un pasajero en un solo vuelo Edimburgo-Glasgow. La propia Google da unas pautas para que los usuarios reduzcan su huella en la Nube: por ejemplo, elegir regiones en que el uso de energía es más eficiente (aquí explica cómo hacerlo), optimizando las cargas de trabajo o borrando recursos inactivos.

Día 5: mensajería instantánea

No comprendo cómo hemos podido vivir hasta ahora sin esos grupos de WhatsApp de “Papás y mamás del cole”, “Alevín femenino 2010” o aquellos que creamos en su día con familiares y amigos. Si todo lo que escribimos por ahí tuviéramos que verbalizar por teléfono, no haríamos otra cosa a lo largo del día (y nos faltarían horas). Dos datos: los mensajes de texto emiten 32.000 toneladas de CO2 al año y los SMS son más “ecológicos” que los servicios de mensajería instantánea. Y aunque algunos grupos los tengo silenciados per sæecula sæculorum, ciertos mensajes debo responderlos. Evito, eso sí, acompañarlos de memes, GIFs, fotos o vídeos, porque en ese caso estaría ensuciando el ambiente con 2,35 kilos de CO2 a la semana. Por cierto, los emojis no contaminan más que el texto.

Día 6: compra “online”

Bastante animado con el modo en que trascurre la semana, me enfrento a la situación de tener que realizar una compra online. Me consuela el dato de que este tipo de comercio es más friendly con el medio ambiente que el tradicional, como asegura el MIT de Boston. Pero eso no significa que, aunque menor, también tenga un impacto negativo en la atmósfera. ¿Cómo comprar online de un modo más sostenible?, me pregunto. Localizo un artículo de The New York Times titulado exactamente con esa frase, y aporta algunos consejos: agrupar las compras en la opción “Amazon Day” (así se usa un 30% menos de cajas; en 2022 se ahorraron 180 millones de unidades) o pedir que lleven el pedido a un punto de recogida, lo que hace la entrega más eficiente.

Día 7: películas en “streaming”

Quienes hemos tenido la suerte de alcanzar cierta edad recordamos con nostalgia los tiempos en que no ver televisión era cool; ahora, confesar que no has visto Juego de tronos o Breaking bad (mi caso) te convierte en el ser menos guay del planeta. Como aficionado al cine clásico, admito que uso las plataformas de streaming para deleitarme con los maestros del género, y por alguna extraña asociación de ideas creía que ver pelis en blanco y negro contamina menos. No es así: de hecho, ver 30 minutos de vídeo en streaming genera el mismo CO2 que conducir un kilómetro. Sé de alguno que un domingo se ha recorrido Madrid-Katmandú sin salir de casa. Afortunadamente, hay otras formas de ocio, como leer un libro, cosa que me gusta, incluso más, por lo que procedo a terminar la semana entregado a la lectura.

Conclusión

Dado que la mayoría podemos estar de acuerdo en admitir que hacemos un uso desmedido de los recursos digitales a nuestro alcance, reducirlo, es decir, racionalizarlo, minimizando, de paso, la huella digital, no solo es posible, sino que le hace sentir a uno en cierto modo liberado. Un poco desconectado del mundo virtual y más conectado con el real.

MIGUEL ÁNGEL BARGUEÑO Conclusiones

Alianza para la #BuenaHuella

nuestro compromiso en reducir la huella de carbono

Vocento, grupo líder de comunicación en España, y Naturgy, compañía líder en el sector energético, se han unido en un ambicioso proyecto de “branded content” con un propósito común: reducir la huella de carbono. Esta colaboración estratégica surge de la convergencia de valores compartidos y un compromiso mutuo con la sostenibilidad ambiental.

“Nunca pensé que mandar mail podría ser contaminante”

J.M SANCHEZ DAZE

Juntos, buscan no solo informar y concienciar a la audiencia sobre la importancia de reducir el impacto medioambiental de nuestras actividades diarias, sino también inspirar acciones tangibles, ofreciendo contenido de calidad que motive e impulse un cambio significativo hacia un futuro más verde y sostenible.

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