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Alto Garona

Naturaleza en sintonía con la mano del hombre

El Alto Garona es un departamento del sur de Francia atravesado por el río del mismo nombre y el Canal du Midi, una vía fluvial patrimonio mundial

Galo Martín

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Muy cerca de España, al otro lado de los Pirineos, se encuentra el departamento francés del Alto Garona. Un territorio copado de espacios verdes, salpicado de pueblos pintorescos y atravesado por el Canal du Midi, una obra de ingeniería diseñada y construida en el siglo XVII para unir el mar Mediterráneo con el océano Atlántico, aprovechando el paso del río Garona por Toulouse. Ciudad en el sureste francés y punto de referencia de esta tierra, un destino en el que se puede esquiar, montar en bici, navegar, descubrir su vínculo con la aviación y degustar la gastronomía local.

Pueblos rodeados de verde

A los pies de miradores hechos por el hombre y naturales, en forma de picos y macizos, donde se respira un aire fresco y limpio, fabricado en los bosques de la zona, se suceden pueblos pintorescos. Uno de esos pueblos es Revel, que también es una bastida. Un núcleo urbano medieval, fortificado, dispuesto en un plano en damero y alrededor de una plaza principal o de mercado, el centro neurálgico del sitio, donde se concentraba la vida social y económica del municipio. Revel es un pueblo maderero, en el que las casas tienen las ventanas protegidas con contrafuertes de madera pintadas de azul, rojo y verde. La vida en dicha comuna transcurre entre el paso de los peregrinos camino de Santiago y los maestros artesanos que continúan haciendo arte en forma de muebles.

Entre los Pirineos y Toulouse, a orillas del río Garona, se suceden Montrejeau, Saint-Gaudens, Miramont-de-Comminges Saint-Martory, Martres-Tolosane, Cazères, Rieux-Volvestre y Muret, próximo a Toulouse, uno de los extremos del Canal du Midi, el otro es Sète, en la región de Occitania, a orillas del Mediterráneo.

Canal du Midi

El Canal du Midi es una de las vías navegables más famosas del mundo y está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Su historia es más larga que los 240 kilómetros que hay entre sus polos; Sète y Toulouse, a orillas del río Garona, al que el canal se engancha para desembocar en el Atlántico. El uso comercial para transporte de mercancías que tuvo en el pasado ha cambiado por el de los cruceros fluviales y los paseos a pie y en bicicleta por los caminos anexos al canal.

El canal del Mediodía es el sueño hecho realidad de Pierre-Paul Riquet, un seudoingeniero que invirtió su fortuna, y la herencia de sus hijos, en el proyecto de una vía navegable que comunica el Mediterráneo con Toulouse y de ahí al Atlántico, vía el río Garona, previo paso por Burdeos. Una obra faraónica y de una ingeniería casi de ficción en la segunda mitad del siglo XVII. El Canal du Midi se construyó para facilitar el transporte de mercancías y acortar las rutas comerciales. El objetivo era no tener que rodear la península Ibérica y así reducir peligros y costes. Comunicar el Mediterráneo y el Atlántico por medio de un canal que atravesara Francia era tan utópico como necesario.

Uno de los hitos de esta compleja obra de ingeniería hidráulica fue el sistema de alimentación del canal. Por medio de unas acequias adicionales se recoge el agua de los ríos que nacen en la Montaña Negra y se almacena en la presa de Saint-Ferréol, a los pies de esa misma montaña. En ese lugar uno entiende la magnitud de esta obra y su alcance. Aquí se encuentra el Museo y Jardines del Canal du Midi, donde es posible ver en una galería subterránea los grifos de bronce que en su momento abrían y cerraban el paso del agua al otro lado de esta presa de 780 metros de largo.

En 1856 el Canal du Midi se unió con el canal lateral del río Garona, a su paso por Toulouse, haciendo realidad el sueño de Pierre-Paul Riquet, el Canal de los Dos Mares, una canalización de unos 430 kilómetros que comunica el Mediterráneo y el Atlántico, a la sombra de los árboles y salpicada de diferentes estructuras hidráulicas. El transporte marítimo del canal no pudo hacer frente a la rentabilidad del ferrocarril. Poco a poco se pasó del uso comercial de transporte al de los cruceros fluviales y a los paseos a pie y en bicicleta en los caminos que antes frecuentaban los caballos que tiraban de las gabarras que se deslizaban por el Canal du Midi.

Toulouse

Desde la “Ciudad Rosa”, por estar construida con ladrillos de ese color fabricados a partir de la arcilla extraída del valle del río Garona, zarpan barcos que navegan por el Canal du Midi. Toulouse fue un importante núcleo visigodo y hoy es un referente aeroespacial. Una ciudad agradable, tranquila, en la que uno puede relajarse yendo de puesto en puesto en sus mercados, en la terraza de algún café, a orillas del Garona, paseando por alguno de sus jardines, recorriendo sus calles salpicadas de palacios rosados y entrando en cualquiera de sus edificios religiosos, tan silenciosos como hermosos; la catedral de Saint-Etienne, la basílica de Saint-Sernin y el complejo conventual de los Jacobinos. Silencio que contrasta con el jolgorio que arman los miles de estudiantes que cursan estudios universitarios en esta ciudad con alma festiva y lúdica, que tiene la vista puesta en las nubes. Aquí nació Aéropostale, el servicio aéreo de correos que voló y entregó cartas en España, Marruecos, África e, incluso, a Sudamérica, a principios del siglo XX. También aquí se diseñó y construyó el mítico avión Concorde, hoy sigue siendo la casa de Airbus, un espacio que se puede visitar, igual que la Ciudad del Espacio, Aéroscopia y Envol des Pionniers.

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En la mesa el pato es el rey

La gastronomía es la cuarta pata que hace del Alto Garona un destino al que no le falta de nada. El foie gras y el magret de pato no faltan en las cartas de los restaurantes, como tampoco el cassoulet, cocido a fuego lento, la salchicha de Toulouse, el cordero pirenaico, el cerdo negro de Bigorre, el ajo violeta y los quesos.  Platos que se pueden acompañar con vinos de uva Négrette, elaborados por los viticultores del Frontonnais.

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