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Lucia Martin-Portugués supera la tristeza a tiempo y ya mira a París: 'Pensaba que al ganar me iba a sentir distinta'

La sablista y embajadora de Iberdrola ha superado un momento complicado en los últimos meses y afronta la parte decisiva de la clasificación olímpica en 2024

Equipo Relevo

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Lucía Martín-Portugués (Villanueva de la Cañada, Madrid) es una de las deportistas españolas a las que el ciclo olímpico hacia París 2024, aún más corto de lo habitual, le ha cambiado la vida. «Hace 3 años, hacía un TOP8 en una Copa del Mundo y todo el mundo me mandaba mensajes para felicitarme. Ahora hago un TOP8 y les falta darme el pésame«, confiesa la embajadora de Iberdrola a Relevo. A sus 33 años, las cuatro medallas internacionales en las dos últimas temporadas le han llevado a ser una fija en el TOP10 del ranking mundial del sable femenino y uno de nombres más comentados en el camino a los próximos Juegos Olímpicos.

El carácter arrollador que impone en el pasillo de esgrima, también lo muestra al quitarse el casco reglamentario y la chaquetilla electrificada. «A mí, o me quieres o me odias«, bromea inquita mientras se coloca el micrófono a pesar de la dura sesión física que acaba de terminar. El equipo de Relevo que le visita durante uno de sus entrenamientos en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid se engancha rápido a su dinámica, que mezcla sonrisas con un verbo valiente. «Soy caos y fuego», lo define.

Lucía es la pequeña de cuatro hermanos de una casa, donde como ella misma afirma, «era obligatorio hacer deporte«. Empezó con el ballet, pero los ratos de espera hasta el final de la clase de esgrima de su hermano Daniel le hizo cambiarse pronto de deporte. «Lo veía y pensaba: lo mío va a ser menos tutú y más tra-tra. Y me cambié«, recuerda con una mirada de pilla que podría ser la que tenía a finales de los noventa.

Después de toda una vida en el equipo nacional, el gran salto a la élite mundial llegó en marzo de 2022. Una plata y un bronce en las Copas del Mundo de Atenas y Estambul en menos de 15 días daban buena cuenta de su mejoría y gran estado de forma en un ciclo de madurez. A finales de ese mismo año, en Argel, cerraba la temporada con la primera medalla de oro en una cita de este nivel de una esgrimista española en cualquiera de las tres armas desde 1997, cuando la había logrado la nacionalizada de origen cubano Taymí Chappé. La temporada 2023 comenzaba con una plata en el Grand Prix de Túnez, demostrando una dinámica imparable ya en el año preolímpico.

A partir de ahí, a pesar de continuar con buenos resultados, los podios empezaron a resistirse y la voracidad de Lucía parecía no ser tan eficiente como lo era solo unas semanas antes. «Para mí, es muy importante estar bien a nivel emocional«, explica a Relevo. «En los últimos cinco meses, yo no me he sentido bien: me sentía triste, sentía como que nunca nada era suficiente. Empiezas a ganar, a hacer grandes resultados y te haces unas expectativas de ‘cuando gane me va a pasar esto o me voy a sentir de esta manera…’. Y es todo mentira. Pensaba que al ganar me iba a sentir distinta y te das cuenta que tienes las mismas inseguridades, las mismas carencias, las mismas faltas… y te sientes un poco triste porque crees que todo iba a ser mejor».

No tenía ni cinco minutos para mí

Lucía Martín-Portugués

El estrés y la presión de los buenos resultados llegaron a colapsar la mente de la sablista española. «Ahora una competición, un evento, un examen, un… Era un parche detrás de otro. En ningún momento tenía cinco minutos durante el día para Lucía Martín Portugués, para sentarme, para leer, para descansar, para repasar, para hacer trabajos mentales, para preguntarme qué tal estoy. Eso no estaba pasando». El trabajo mental junto a Javier Ayuso, su psicólogo, le ha devuelto la energía perdida y volver a focalizarse en sacar el mejor rendimiento de sí misma, como ocurrió hace unos días con un gran TOP8 en el Grand Prix de Orleans donde solo la número 1 del mundo pudo derrotarla.

La exigencia sigue en lo más alto porque conseguir una plaza olímpica en sable femenino siendo europea no es nada fácil. Las pocas plazas individuales para el viejo continente en un contexto de un nivel muy alto en varios países obliga a estar dentro del TOP5 mundial para conseguir el pasaporte a París. Ahora mismo, Lucía se sitúa como la tercera mejor europea individual del ranking olímpico de países que no han conseguido clasificación por equipos y solo se dan dos plazas. A falta de tres Copas del Mundo y un Grand Prix, tiene 80 puntos por los 104 de la griega Gkountoura y la búlgara Ilieva, quien se encuentra por detrás de la madrileña en el ranking mundial de la federación internacional.

La esgrima es uno de esos deportes donde casi es más complicado clasificarse a unos Juegos que terminar en un asalto por medalla, por lo que muchos insisten a Lucía que si termina clasificándose es una de las opciones de medalla de España. «Intento que cuando me dicen que voy a ganar una medalla no sea presión; pensar que solo es lo que desean para mí«, nos relata señalando el camino escogido para digerir un apremio añadido.

La imagen más característica de la mejor versión de Martín-Portugués en competición son sus gritos desgarradores de celebración. «Uf, es un traspaso de energía para liberar esa tensión, tienes mucha energía dentro, muchos nervios, quieres transmitirla, entonces gritar para mí es una forma de transformarla en otra cosa«.

En mi casa me han enseñado a hacerme respetar mucho

Lucía Martín-Portugués

La charla pasa volando como cada punto en sable, hasta que llega un momento en el que todo se para por completo: las preguntas sobre su familia. «En mi casa me han enseñado a hacerme respetar mucho. Nunca, nunca dejarme quitar algo que yo merezco y a trabajar duro en la vida«, responde con una voz cada vez más entrecortada mientras las lágrimas empiezan a asomar. Su padre falleció hace 10 años mientras ella disputada un Europeo y fue precisamente él quien la animó a viajar a pesar de lo que iba a ocurrir: «En la vida tenemos que hacer lo que queda a los vivos«.

El recuerdo perenne del hombre que la llevaba a las competiciones cuando apenas empezaba, sigue más vigente que nunca en el objetivo de dedicarle los éxitos. Con ese fin, se ha convertido en una frase que ronda su mente en cada podio y seguramente en cada solicitud de entrevista que le lleva a su teléfono: «Papá, llamaban a España y hablaban de mí«. Quizás, una de las siguientes llamadas lleguen desde París.

Los próximos meses serán decisivos en sus aspiraciones olímpicas, tanto individuales como con el equipo. «Por puntos, tenemos que meternos en la final en alguna de las tres pruebas de Copa del Mundo que quedan… Pero ya lo hemos hecho antes, así que solo sería repetirlo«, afirma con positivismo una Lucía Martín-Portugués que irradia esa pasión que merece el gran premio el próximo verano.

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