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Europa abre una ventana de oportunidad a la IA en sanidad

Los fondos Next Generation, la necesidad de cambio y las nuevas funcionalidades y vías de comunicación con los pacientes multiplican el potencial disruptivo de la UE

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El desarrollo de iniciativas en el diagnóstico médico, la automatización del triaje o el alivio de una demanda asistencial tensionada por el envejecimiento de la población y la cronificación de enfermedades son tareas que la inteligencia artificial puede ayudar a resolver en el sector sanitario. La clave para conseguirlo está en garantizar los mejores resultados, salvaguardar los derechos de los pacientes y disponer de los recursos necesarios.

Europa, de momento, ha mostrado indicios de ser la región mejor preparada y dispuesta para ello. Su modelo de estado del bienestar, su política comunitaria y la ingente cantidad de datos clínicos atesorados por gestores públicos y privados la colocan en una posición destacada para abanderar el próximo avance disruptivo de la IA.

Los indicios

El Parlamento Europeo y el Consejo de Europa llegaban en noviembre a un acuerdo provisional sobre el presupuesto de la UE para 2024, donde se contemplan 754 millones de euros para el programa EU4Health con iniciativas como el denominado Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EEDS), presentado en 2022 por la Comisión Europea para mejorar el uso de los datos sanitarios en investigación, innovación y elaboración de políticas sobre la salud.

El pasado mes de julio, durante una cumbre informal del Epsco (Consejo de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores), los titulares de Sanidad se comprometieron a cooperar en la construcción de una Unión Europea de la Salud que, entre otros objetivos, ha de fomentar la cultura de la prevención y la promoción de la salud “reforzando también las capacidades de los sistemas sanitarios”, declaró el entonces ministro español del ramo, José Miñones, que se refirió a “un cambio de paradigma en las políticas de sanidad” y apeló a las lecciones aprendidas durante la pandemia.

Fue precisamente durante la crisis sanitaria y coincidiendo con la Cumbre Mundial de la Salud de 2020 cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió la construcción de “las bases de una Unión Europea de la Salud más fuerte” con la colaboración de los 27.

Las lecciones aprendidas

El covid representó un punto de inflexión en la atención sanitaria. Los estados miembros y las instituciones europeas tomaron nota de algunas de aquellas lecciones, como el potencial de la tecnología, el efecto multiplicador de la acción coordinada o la importancia de los presupuestos europeos para proveer de recursos el despegue de proyectos innovadores en el ámbito de la sanidad.

Cuatro años después del estallido de la pandemia, la UE está en disposición de materializar muchos de los propósitos que ha ido articulando a lo largo de este tiempo. El desembolso de los fondos Next Generation se extenderá previsiblemente hasta finales de 2026 para favorecer una transformación digital y sostenible y una nueva legislación propiciará “el desarrollo de una IA en la que se pueda confiar”, en palabras de Von der Leyen.

Así y tras el acuerdo provisional de diciembre, el Parlamento y el Consejo europeos están a punto de ratificar el reglamento de la primera ley sobre inteligencia artificial, que pretende velar por derechos y valores europeos como la seguridad y la privacidad sin poner freno a la innovación que impulsan las ayudas de la UE también en el ámbito sanitario.

La ventana de oportunidad

Para la consecución de este objetivo, “durante los próximos años tenemos que aprovechar los flujos de financiación procedentes de los fondos europeos”, subraya Antonio Martos, director global de Sanidad en Minsait, compañía de transformación digital de Indra.

Este es uno de los cuatro factores clave identificados por el experto para aprovechar la ventana de oportunidad de la inteligencia artificial en el sector de la salud. Los otros tres, añade, son “la necesidad del cambio, ineludible por la saturación de los actuales sistemas operacionales; la aparición de tecnologías más ligeras y potentes capaces de introducir nuevas funcionalidades a partir de la interoperabilidad clínica; y la existencia de canales como las apps o los CRM sanitarios, que abren múltiples vías de comunicación con los pacientes”.

La inteligencia artificial ofrece así la posibilidad de desarrollar programas personalizados de prevención de enfermedades y de autocuidado, cribados, “la monitorización remota de hábitos saludables o la segmentación de pacientes”, enumera el director de Sanidad en Minsait, cuyas innovaciones tecnológicas están presentes en hospitales y centros de salud públicos y privados de España y los países en los que opera.

En el capítulo del diagnóstico, la IA permite la detección precoz de lesiones tumorales, la interpretación ágil de variantes genéticas, la automatización de la entrada de datos y la codificación de expedientes clínicos en tiempo real.

Los ejemplos

Otros ejemplos de la inteligencia artificial aplicada a la sanidad son la identificación de anomalías en la historia de un paciente, la predicción de recaídas ante un alta clínica o el seguimiento de pacientes crónicos.

En este último caso, lo primero es la definición del plan de atención integral (PAI). Se trata de seleccionar los procesos a monitorizar y de determinar los parámetros y umbrales a medir. A continuación, se procede a la identificación de pacientes con sistemas de gestión poblacional para incluirlos en los distintos programas. El siguiente paso consiste en la monitorización, es decir, en la ingesta de datos de distintas fuentes previamente identificadas, como apps de seguimiento, portales de salud o la historia clínica electrónica. Después, se procede a aplicar algoritmos IA previamente definidos sobre los datos obtenidos. “De esta forma”, explica Martos, “es posible obtener el retorno de los datos analizados con marcadores de riesgo y alertas para tomar medidas en caso necesario”.

Gobernada, regulada, al alcance de profesionales y pacientes y con la inversión adecuada, la inteligencia artificial se configura como la nueva aliada de la Unión Europea de la Salud.

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