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PRODUCTORES SOSTENIBLES

Cómo los antepasados de la familia Luque les guiaron para producir aceite de oliva extra ecológico

Dice que su suegro, José Antonio Luque, les vacunó con el tema medioambiental y gracias a eso ahora tienen los anticuerpos. Rafael Gálvez nos explica cómo se elabora el aceite de oliva virgen extra ecológico en una pequeña empresa de siete generaciones pionera en agricultura sostenible que ha sido reconocida en la III edición de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles.

Laura Fortuño

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No queremos ser la primera generación en nuestra familia que aplique productos químicos a nuestro olivar». Lo dijo José Antonio Luque, la penúltima generación de una empresa que hoy lleva su apellido. «Esa frase la tenemos siempre muy presente», sostiene Rafael Gálvez, ingeniero agrónomo, que lleva la parte del campo, comercial, de calidad y de marketing en Luque Ecológico, donde tras siete generaciones de tradición olivarera y cinco de tradición molinera, han desarrollado el cultivo ecológico del olivar para elaborar un aceite de oliva virgen extra que unifica en un mismo producto la calidad alimentaria y el respeto al medioambiente. «Siempre hemos estado trabajando para ver qué más podíamos hacer por nuestro entorno y por la calidad de nuestros productos», afirma Rafael.

Su esfuerzo tiene recompensa: además de contar con la confianza y satisfacción de sus consumidores, Luque Ecológico ha sido galardonado con uno de los diez Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles, una iniciativa del banco en colaboración con El Celler de Can Roca, que va por su tercera edición para apoyar a los pequeños productores de España visibilizando su trabajo y su respeto por la tierra en sus procesos de producción. Como parte del premio de BBVA, el aceite de oliva virgen extra de Luque Ecológico se incluirá en una de las recetas que los hermanos Roca elaboran en ‘Gastronomía Sostenible’ para fomentar la cocina saludable.

«Para nosotros es un orgullo haber sido premiados con el Premio BBVA a los Mejores Productores Sostenibles y formar parte de un grupo de empresas como las que también han sido reconocidas, que tienen una preocupación medioambiental tan arraigada como la nuestra», reconoce Rafael.
Esta iniciativa del banco sirve de inspiración a otras pymes y autónomos en el salto de sus negocios hacia un futuro más verde. Con estos premios, BBVA trabaja junto a El Celler de Can Roca y pequeños productores locales para impactar positivamente en la sociedad y crear oportunidades para que otros negocios inicien el camino hacia la sostenibilidad.

Precursores de la agricultura ecológica en España

Dice Rafael que eran unos “locos”. Y es que hace 30 años, cuando plantearon una filosofía tan innovadora en un pequeño pueblecito de Córdoba, Castro del Río, nadie más lo hacía. «En realidad éramos unos locos por el medioambiente, por lo diferente», asegura Rafael. Su suegro, José Antonio Luque, era director general de una cocina marca de aceites en los años 80, pero decidió volver a su pueblo natal para retomar la actividad que su familia había hecho toda la vida en el olivar y recuperar el molino, que se había perdido en la Guerra Civil. «Pero después de haber visto tantas cosas, ya no quería producir de la misma manera», cuenta Rafael.

Una familia que ha creído siempre en la explotación de forma ecológica del olivar como la máxima expresión de respeto al medioambiente. Los Luque llevan 30 años trabajando en agricultura ecológica y ya no conciben otra manera de hacer las cosas. «Mi suegro creó, junto con otros pioneros, las reglas de la agricultura ecológica en España. Él estuvo en la primera junta directiva del Comité de Agricultura Ecológica de Andalucía (CAAE) y desde entonces hemos estado siempre en la junta directiva», cuenta Rafael para explicar por qué son un referente en el sector.

A Rafael personalmente le gustaría que otras empresas dirigieran precisamente su trayectoria hacia una meta más verde. «Pero verde de verdad, que no solo lo parezcan, que lo sean. Esto hay que tenerlo muy interiorizado. El problema es que hay agricultores que por desconocimiento no dan el paso», considera el ingeniero agrónomo. Para él, ser sostenible no está reñido con una rentabilidad económica mantenida en el tiempo y quiere destacar una idea fundamental: «Todos podemos aportar algo al planeta y la actividad agrícola es muy importante en este sentido».

“Todos podemos aportar algo al planeta”. Rafael Gálvez, ingeniero agrónomo de Luque Ecológico.

Toda una vida apuntando hacia el cuidado del entorno llevó a Luque Ecológico a ser considerado ‘Ejemplo Empresarial de Acciones por el Clima’ en la categoría ‘Mitigación cambio climático’ en la Cumbre del Clima COP 25 de Madrid.

Un olivar que reduce emisiones de CO2

Por cada litro de aceite de oliva virgen extra ecológico Luque se retiran casi 10 kg de CO2 de la atmósfera. Esto es así desde que en el año 2008, la empresa desarrolló un proyecto de cálculo de huella de carbono pionero en España (CO2 verificado). Ahí se dieron cuenta de las fases de la producción, desde el campo hasta la distribución, donde podían actuar para bajar las emisiones. «Es muy importante analizar el ciclo de vida», recalca Rafael.

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Desde entonces, tienen dos sistemas de placas solares en el techo de la nave que les permiten autoabastecerse todo lo posible. Además, han colocado instalaciones de paneles fotovoltáicos para los sistemas de riego. El 100% de su electricidad proviene de energía renovable.

«También hemos cambiado maquinaria en el molino, las centrífugas verticales ahorran un 80% el consumo de agua. Todos los subproductos de la actividad son reutilizados: el alperujo y las hojas se utilizan para hacer compost. El hueso de aceituna se emplea como combustible de la caldera. Los envases (de cristal y metálicos) están diseñados para ser reciclados», explica Rafael, que también destaca el punto de carga de vehículos eléctricos que han instalado.

Por cada litro de aceite de oliva virgen extra ecológico Luque se retiran casi 10 kg de CO2 de la atmósfera.

Los secretos de la elaboración tradicional del aceite de oliva

La nueva generación, con Belén Luque (hija del fundador y directora financiera), su hermano y Rafael, combinan la forma tradicional de cuidar el olivar con las nuevas tecnologías para obtener un aceite de oliva virgen extra de la máxima calidad.

«Todo empieza en el campo», dice Rafael. Los Luque tienen un olivar propio de unas 300 hectáreas. Las aceitunas se traen al molino lo más rápido posible para que la calidad no se vea afectada. El maestro de la almazara, Rafael Sánchez, que obtuvo en 2015 el premio AEMO al Mejor Maestro de Molino de España, observa el estado de salud y frescura de las aceitunas y las separa por variedades. «Primero las mira, después las huele y las toca», cuenta Rafael. «Es un proceso muy artesanal. A continuación, las separa, se procesan, se machacan con el molino de martillo hasta que se convierten en una pasta. Somos capaces de separar el aceite del resto de elementos, que para nosotros es un subproducto (el alperujo)». El alperujo vuelve al campo después de convertirse en compost y el aceite pasa a la bodega, donde se filtra con celulosa para quitarle las impurezas y ya está listo para envasar.

«Es un proceso donde en ningún momento intervienen productos químicos, por eso nuestro aceite es tan sano y respetuoso con el medioambiente», señala Rafael, destacando también el excelente sabor que se consigue: «Solamente el aceite de oliva virgen extra es realmente un zumo de una fruta que se llama aceituna. El resto de aceites están todos refinados», concluye demostrando que para obtener un aceite de oliva de calidad y sostenible, solo es necesaria una óptima interacción entre la planta, el suelo, el clima y el agricultor. Una orquesta en plena naturaleza que está perfectamente sincronizada.

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