Borrar
Las noticias imprescindibles de Salamanca este domingo 7 de diciembre
Matronas veteranas junto con residentes del hospital de Salamanca en un congreso sobre lactancia materna. José Manuel García

Cuatro décadas como matrona en Salamanca: «Esta profesión es un regalo»

Dos generaciones de matronas -las más veteranas y las residentes- hacen un balance de lo que para ellas es «la profesión más bonita del mundo»

Laura Linacero

Salamanca

Viernes, 21 de noviembre 2025, 18:05

Comenta

Cuarenta años de diferencia entre unas voces y otras. Cuatro décadas las separan y, en cambio, el sentimiento es el mismo. Matronas veteranas y residentes de la especialidad en el hospital de Salamanca comparten su punto de vista de la profesión. Llama la atención que, a pesar del salto generacional y los cambios evidentes durante el periodo que las separa, ambas se sienten afortunadas de haber elegido lo que para ellas es la profesión más bonita del mundo. Esmeralda Gómez -matrona del centro de salud La Alamedilla- y Concha Fernández -matrona del centro de salud Arturo Eyries en Valladolid- se emocionan al hablar de su recorrido.

Los años en activo no le han restado ilusión a cada paciente que han atendido. Lo dicen sus ojos, y lo apuntalan sus palabras. «Esta profesión es un regalo», resume Concha. Y Esmeralda solo puede asentir. Ambas se sienten afortunadas de haber elegido esta especialidad basada en la atención de la mujer en todas las etapas. «Llevo 39 años trabajando, he acompañado a mujeres jóvenes que han sido madres y ahora son abuelas. Las he acompañado en sus embarazos, en sus climaterios, en sus menopausias...», comenta orgullosa Esmeralda.

Una atención continuada que va más allá de una labor profesional. Se convierte en una forma de vida. «Aunque nos jubilemos, nunca dejaremos de ser matronas», añade Concha. Y es que no es un trabajo de oficina. Es una dedicación a los miedos, a las incertidumbres, a la vulnerabilidad y al desconocimiento. Una cuerda auxiliar para cientos de mujeres que buscan la confianza de su matrona. «Muchas se convierten en amigas porque llevan tanto tiempo que confían en ti para contarte todo», asegura Concha. Ella tiene 62 años y las pacientes temen el momento en el que se jubile. «Me dicen: '¡Menos mal que sigues aquí'!».

Lo temen ellas y Concha que aunque aún no lo quiere pensar, asegura que tratará de estar vinculada a la profesión de alguna manera. «Nunca me ha costado venir a trabajar, siempre he ido contenta», añade. Quizás es porque nunca lo ha considerado una obligación como tal, sino un compromiso personal. «No te separas nunca porque cuando una mujer necesita apoyo en ese momento, no se lo puedes dar dentro de una semana. No es una urgencia vital, no es un infarto, pero sí es una urgencia psicológica», apuntala. Y tener eso claro le ha hecho ser feliz en su trabajo.

Balance desde distintos prismas

La entrega de quien decide dedicarse a asistir a la mujer en los momentos más delicados de su vida no ha variado en estos años. Pero sí lo ha cambiado su consideración, su formación y también la sociedad a la que ha visto crecer. «Cuando empecé en atención primaria, el papel de la matrona era irrelevante y con el paso de los años, la profesión ha ido ganando importancia», comenta Esmeralda. Una afirmación que comparte Concha que ve una concienciación de la necesidad de esta especialidad. «Somos muy valoradas por la población y por supuesto por las mujeres y las familias», añade.

Y es que en cuatro décadas en concepto de familia también ha variado mucho. Desde la consulta han visto la evolución de la figura paterna y cómo ha pasado de un papel indiferente a una implicación igualitaria. «Al principio ni siquiera contábamos con los padres para asistir a las clases de educación maternal, ahora el porcentaje de padres que llevan a los niños a pediatría es altísimo», apunta Esmeralda. Una dedicación compensada en los cuidados que las hace lanzar un mensaje de esperanza. «Vamos por buen camino», asegura Concha.

«Ahora el porcentaje de padres que llevan a los niños a pediatría es altísimo»

No sólo en la irrupción del hombre en las responsabilidades de la crianza, sino también de una mayor presencia masculina en esta especialidad. Aunque continúan siendo mayoritariamente mujeres, «el porcentaje de matrona chicos es bastante significativo», apunta Esmeralda. Con respecto a su etapa universitaria, la diferencia es considerable. «En mi promoción había un chico y fue el primero o el segundo que entró aquí en la especialidad de Salamanca», añade. Una situación similar vivió Concha que añade que sólo había dos en su promoción: uno no continuó con la especialidad y el otro se dedica más a funciones administrativas.

Un futuro prometedor

Concha y Esmeralda preparan el relevo a nuevas generaciones como Claudia Martínez o Raquel Pobre, ambas residentes de matrona en el Hospital de Salamanca. «Yo en mi especialidad no aprendí nada, ahora salen muy bien formadas y con muchas competencias», asegura Esmeralda. La voz de la experiencia se nutre de los conocimientos actualizados de las nuevas corporaciones y esa fusión da como resultado un tándem perfecto. «Podría decir que he aprendido de ellas la mitad de lo que sé porque te ayudan a estar al día», apunta.

Claudia y Raquel, por su parte, lo describen como un placer poder aprender de ellas. Un intercambio de conocimientos sobre la base de un objetivo común: continuar haciendo del papel de matrona la profesión más bonita del mundo. «Es el único sitio del hospital donde la gente va feliz y eso es precioso», apunta Claudia. Y, teniendo como referentes a profesionales como Esmeralda y Concha, la proyección del futuro es aún más ilusionante. «Son muy afortunadas de haber elegido esta especialidad porque nos va a acompañar toda la vida», concluye Concha.

Y la sociedad es afortunada de que sean profesionales como ellas quienes acompañan a las mujeres en todas las etapas de su vida.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para registrados.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

salamancahoy Cuatro décadas como matrona en Salamanca: «Esta profesión es un regalo»