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Alba Carballal. A. ALMAYER
«Tiendo a flotar en el agua y en la vida»

Alba Carballal

Escritora
«Tiendo a flotar en el agua y en la vida»

Vermú de domingo ·

Arquitecta de formación, acaba de publicar su segunda novela, en la que aborda tres naufragios. «Lo del Prestige fue algo personal», asegura

Domingo, 9 de julio 2023, 00:11

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Momentos antes de charlar con Alba Carballal (Lugo, 1992), la Xunta de Galicia concede la medalla Castelao a Siniestro Total. La coincidencia resulta curiosa porque la segunda novela de Carballal se titula 'Bailaréis sobre mi tumba' (Seix Barral) y, además de sonar a movida viguesa, huele a mar y a chapapote, ya que narra cómo las catástrofes del Andros Patria, del Mar Egeo y del Prestige marcan la vida de los tres protagonistas, al tiempo que cuenta la cara b de la historia reciente de España moviéndose desde la costa gallega a la mediterránea. Carballal es arquitecta pero, sobre todo, y tras su exitoso debut con 'Tres maneras de inducir un coma', es escritora; una escritora que construye novelas y guiones tumbada en la cama, adoptando posturas tan poco ortodoxas que son «casi un Kamasutra de la escritura».

-Para tomarse un vermú, ¿mejor un novelista, un guionista o un arquitecto?

-¡Uf! No lo sé. ¿No puedo elegir otro gremio? Con un bombero, con un adiestrador canino, con un electricista, con alguien que me cuente algo que yo no sepa. Lo otro es muy aburrido, todo el rato lo mismo.

-El paisaje está muy presente en sus novelas. ¿Influye su formación como arquitecta?

-He dicho muchas veces que no, pero supongo que algo habrá, porque la parte de la arquitectura que más me interesa está relacionada con los estudios urbanos. No sé si mi forma de escribir es muy arquitectónica, pero sí muy espacial: tengo que entender el espacio en el que están transcurriendo los hechos. Por ejemplo, la aldea de donde son ellos [se refiere a los protagonistas de 'Bailaréis sobre mi tumba'] es inventada, y tuve que dibujar unos planos para saber dónde estaba el puerto, dónde estaban la casa de una, la casa del otro, la plaza, si las calles subían o bajaban… para mí es tan importante que casi determina el estado de ánimo de los personajes.

-Su primera novela fue posible gracias a la beca de la Fundación Antonio Gala. ¿Qué recuerda de él?

-Era muy divertido, muy mordaz y muy inteligente; te desmontaba cualquier argumento con tres frases. Hay que reivindicar su figura como mecenas, porque no hay prácticamente ninguna beca para gente tan joven que se parezca a la de su fundación. De ahí han salido Juan Gómez Bárcena, Cristina Morales, Aixa de la Cruz, Matías Candeira… gente que está haciendo unas carreras muy buenas. Pérez-Reverte tiene un artículo muy bonito sobre Antonio Gala, en el que dice algo así como que es el santo laico elegido por sufragio directo popular. La gente iba a verlo como quien va a Fátima a que le curen un pie, porque había algo de reverencia hacia su sabiduría, hacia una forma de expresarse muy culta, de matizar los pensamientos.

-¿No sintió vértigo al escribir su segunda novela? Respeto, al menos.

-Sí, respeto mucho: hay quien era partidario de publicar más rápido, de sacar algo más sencillo, porque la segunda novela suele ser peliaguda y prefieren quitársela de en medio e ir a por la tercera, y que esa sea la ambiciosa. Yo, desde el principio, quería hacer una novela ambiciosa; no sé si me ha salido bien, pero esa era la intención. En ese sentido el vértigo es, sobre todo, intentar hacer algo que no sabes si vas a ser capaz de hacer. Lo que no me da nada de miedo es estar cuatro años sin publicar, o cinco, o diez. En eso soy muy defensora de la lentitud y de la calma, y de hacer las cosas con los tiempos que te marca el propio texto, que te marcas tú y que te marca el hecho de tener trabajo y tener que hacer otras cosas a la vez. Parece que, en este mundo tan digital y tan rápido de las redes, todo tiene que ser ya, y que si no publicas un montón de libros, uno detrás de otro, se van a olvidar de ti. Todo eso me da igual: si se olvidan, pues ya se acordarán, y si no se acuerdan, pues tampoco pasa nada. Me merece más la pena hacerlo a mi ritmo y si tardo, pues tardo. Este libro estuve cinco años escribiéndolo; pues mira, cinco años.

Animales llenos de crudo

-Cuando naufragó el Prestige usted tenía diez años. ¿Cómo lo recuerda?

-Me acuerdo perfectamente. Yo soy de interior, pero ser de interior en Galicia es estar a tiro de piedra de la costa, o sea, que yo he tenido mucha relación siempre con el mar desde súper pequeña. Cuando fue lo del Prestige es la primera vez que recuerdo que, en mi entorno, de repente todo el mundo estaba completamente indignado, completamente de acuerdo, y sentía que eso que había pasado le interpelaba directamente, ¿sabes? Era algo personal, como si hubieran atacado a un familiar tuyo o a algo de tu propiedad, no sé, como un sentimiento de pertenencia a algo, y había un consenso absoluto de que aquello no se podía consentir, que era una vergüenza. Para mí fue muy impresionante ver el mar negro, y los animales llenos de crudo, y las barcas completamente cubiertas, y el olor, que era un olor muy acre, muy penetrante, que no se te iba, que se te quedaba como por aquí [se toca la parte de atrás de la cabeza]. Fue muy impresionante.

-En su libro habla de tres naufragios. ¿Cuántos naufragios personales ha tenido usted?

-Alguna muerte cercana, alguna cosa que has intentado y que te ha salido mal, algún mal de amores también, pero seguramente pocos; hay gente con mi edad que ha naufragado más veces. Yo tiendo a flotar en el agua y en la vida [risas], pero en una vida pueden caber muchos naufragios.

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