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Noelia de Alda
Cómo dejar de autoboicotearte (porque sí, tú también lo haces aunque no lo sepas)

Cómo dejar de autoboicotearte (porque sí, tú también lo haces aunque no lo sepas)

El autoboicot parte del inconsciente y es im-po-si-ble que te des cuenta de que lo estás haciendo

Jueves, 15 de febrero 2024

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Que en la vida nos vamos a encontrar con un puñado de gente que nos va a hacer la puñeta es algo esperable. Y esta idea no se basa en una visión apocalíptica de la existencia, sino que es algo realista, casi estadístico: nadie pasa por aquí sin tener que sobrevivir a una cuota de personas que le ponen las cosas difíciles. Y esto es más o menos fácil de aceptar. Es lo que hay. Lo complicado es asumir que somos nosotros mismos quienes estamos haciéndonos daño. Es algo que va contra la lógica, contra el instinto de supervivencia..., ¡contra todo! Así que vamos a empezar explicando por qué nos autoboicoteamos. Ah, ¿que tú no te autoboicoteas? Mmm... Veamos, que quizá estés en un error. «El autoboicot parte del inconsciente y es im-po-si-ble que te des cuenta de que lo estás haciendo –explica Adriana Royo, terapeuta y autora de 'Autoboicot: Hoy me apetece tocar fondo' (ed. Argimon)–.Es una conducta de la que no nos hacemos responsables porque no nos damos cuenta de que nos hace daño».

Además, en todo autoboicot hay un componente de autodestrucción. «Es como cuando vamos por la carretera y vemos que hay un radar y debemos reducir la velocidad y nos dan ganas de pisar el acelerador, o cuando vaciamos la nevera porque tenemos ansiedad», añade. La consecuencia de que seamos nosotros mismos los que vamos contra nuestros intereses es terrible, porque ocurren tres cosas: que nos sentimos culpables (¡es que nos lo hemos hecho nosotros solitos!), que nuestra autoestima se esfuma ('cómo no soy capaz de dejar de ponerme palos en las ruedas, es incomprensible', 'hace falta tener poca voluntad y cero inteligencia...') y, por último y no por ello menos importante, porque hacemos daño a la gente que nos quiere y que sí ve el problema, con lo cual nuestro concepto de nosotros mismos todavía empeora más.

Y, puesto que nosotros no podemos verlo (el cerebro no funciona así), ¿qué ocurre cuando alguien bienintencionado nos alerta de que hacemos o decimos cosas que nos hacen daño? «Que nos ponemos a la defensiva y al principio no nos lo creemos, siempre es así», sentencia la psicóloga.Así que sí, los que nos advierten suelen salir escaldados.

Entre el premio y el castigo

Esta dinámica genera un gran sufrimiento, «nos hace estar toda la vida entre el premio y el castigo, y así no se puede vivir, porque nos aleja del placer y del goce». ¿Por qué lo hacemos entonces? Todo autosaboteador trata, en realidad, de evitar un malestar (pasar hambre, decir que no a parejas que no le convienen, esforzarse en el 'gym'...), pero lo hace mal, con las herramientas incorrectas, tomando decisiones equivocadas. Esto ocurre porque la parte del cerebro donde reside el pensamiento lógico y racional (la prefrontal) se queda 'desactivada' y toma el control otra área (la límbica) que obedece a impulsos y a satisfacciones inmediatas.

De ahí que nadie vea la 'lógica' del autoboicot «ni se entienda por qué alguien que se autoboicotea no puede parar de hacerlo... y es porque responde a un patrón automático, como cuando nos reventamos un grano que tenemos en medio de la cara aunque sabemos que nos va a quedar fatal». Pero, ojo, tiene 'cura'. Lo primero es darse cuenta de ese autoboicot y luego revertir los automatismos. Es difícil, pero, cuando lo haces una vez y sientes «un enorme alivio», empiezas a repetirlo. Y cambias la dinámica, dice Royo, quien nos expone algunas de las conductas de autoboicot más habituales.

1. Comer compulsivamente. Sabemos que nos sienta mal, que nos vamos a sentir culpables... y saqueamos la nevera igualmente. «Luego viene la culpa, la autoestima baja...», apunta. Lo que hay que determinar es qué nos ha lleva a esa situación. «En la mayoría de las ocasiones es un vacío interior, falta de conexión emocional», apunta

2. Exponerse en redes y sufrir. Hay jóvenes (y no tanto) que viven por y para colgar fotos suyas en las redes sociales, «muchas veces haciendo morritos, en plan sexy...», y luego esperan los 'likes'. Pero, si reciben criticas, empiezan a sufrir horrores.Se preguntan por qué lo han hecho y por qué no pueden parar de subir fotos. ¿Necesidad de atención?

3.A la busca de 'inaccesibles'. En las relaciones de pareja, Adriana Royo afirma que hay un tipo de autoboicot muy frecuente: personas que siempre se enamoran de quienes no están disponibles porque ya tienen pareja. Y así una relación tras otra, un drama tras otro. ¿Por qué ocurre? «Todos queremos que nos quieran y estos casos tienen mucho que ver con eso de 'papá se fue' o 'mamá se fue' en mi infancia y recuerdo como se sintió el 'abandonado' y en la edad adulta busco afectos con ese patrón».

4. Mejor que me dejen... Otra dinámica muy frecuente de autoboicot en la época de las redes sociales: gente, «normalmente hombres», que se asusta, tiene miedo a embarcarse en una relación y sufrir. «Y van y te dejan ellos primero o hacen algo imperdonable para que les dejes».Un mecanismo de defensa.«Hay mucha rabia infantil en el autoboicot y miedo a escarbar en nuestros 'infiernos' para averiguar por qué lo hacemos», indica Royo.

5. Sexo sin querer. ¿Por que a veces nos acostamos con alguien si no tenemos muchas ganas y luego nos sentimos mal, vacíos? Pues por lo mismo: cedemos a un impulso y evitamos conflictos. Mal.

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