Carmen Calvo posa en el patio de su estudio. / MIKEL PONCE

Carmen Calvo | Artista plástica

«Los artistas no nos podemos jubilar, perderíamos el alma»

El IVAM dedica a esta mujer de prestigio internacional una gran exposición que adentra al público en su reconocible e inquietante universo de recuerdos, deseos, denuncias, temblores... «Nunca pienso en negativo y siempre lucharé, sin imposiciones, en defensa de mis ideales

ANTONIO ARCO

Tiene Carmen Calvo (Valencia, 1950), Premio Nacional de Artes Plásticas 2013 y una de las creadoras españolas más internacionales, el patio de su estudio cuajado de flores. Pero no encontrarán allí narcisos, rosas o lirios, que son sus flores preferidas, sino un muestrario de las plantas con las que se ha ido encontrando, literalmente, por el camino. Autora de obras impactantes como 'Cuando el bosque tiembla y sangra', incómodas y críticas contra todo tipo de violencia como 'No es lo que parece', y siempre extrañamente poéticas y con sus raíces alimentándose de la cruda realidad, la artista protagoniza hasta el 15 de enero de 2023 una gran exposición en el IVAM, celebrada con motivo de la concesión del Premio Julio González, que revisa sus líneas fundamentales de investigación desde finales de la década de los setenta del siglo XX hasta la actualidad.

Carmen Calvo construye su personal visión del mundo «activando mecanismos como la ensoñación, el recuerdo, el deseo o el miedo», y lo hace en gran medida «sirviéndose de la recuperación y reelaboración de imágenes y objetos desechados». En la muestra queda patente, por ejemplo, su mirada crítica hacia la opresión y la desigualdad de las mujeres. Una reflexión que ha intensificado en la última década «mediante el empleo de imágenes fotográficas rescatadas e intervenidas que nos muestran, de forma muy directa, a mujeres silenciadas, maltratadas en su cotidianidad laboral, festiva o familiar. Rostros ocultos y oprimidos debajo de telas, trapos, cuerdas o enigmáticos restos de juguetes». Tiene suerte: se sigue divirtiendo creando sus obras como en su día gozaba aquella niña que pintaba la rayuela sobre la acera de la calle junto a la puerta de la casa de sus padres. Mientras hablamos, continúa trabajando.

– ¿Qué no quiere ser?

– Ni llorona ni derrotista.

– Sigue usted imparable.

– Los artistas no nos podemos jubilar, perderíamos el alma.

– ¿Qué vida lleva?

– Una vida muy normalita, me paso muchas horas en mi estudio trabajando. Es lo que llevo haciendo desde siempre: trabajar. Y a mis 72 años, aquí me tiene hoy, por ejemplo, embalando cuadros que van a venir a llevarse para una exposición. Yo lo hago todo. Llevo en pie sin parar desde la siete de la mañana. Mi cabeza funciona perfectamente, pero el cuerpo ya no me acompaña tanto y cuando llegan ciertas horas del día ya me pide retirada. La artrosis es incómoda.

– Su madre le dijo que corre usted un serio riesgo de que la pintura la vuelva loca.

– Ah, sí, un serio riesgo... que asumo [Risas.] Una pasión muy extrema puede volverte loca, y yo mi trabajo lo vivo así. Pero, ¿sabe? A mí lo que me gusta es vivir con pasión, y trabajar en mi estudio como si cada día fuese el último. Si no me interesa una cosa, la dejo y ya está. La vida es corta.

– ¿Qué no quiere perder?

– No quiero perder la capacidad de emocionarme. Y eso, a veces, es difícil porque yo es que no paro de crear y de darle vueltas a mi cabeza. Pero me lo exijo: «¡Lucha por emocionar, lucha por emocionarte!».

«Mis cuadros, mis hijos»

– ¿Qué no se imaginó?

– Que un día podría llegar a vivir de la pintura, pero he tenido la suerte de que así sea. Eso sí: siempre está la incógnita, siempre existe la duda de si tu obra le va a interesar a los demás. Pero lo primero es que me tiene que interesar a mí. Es una suerte en la vida poder elegir a qué te quieres dedicar y encima vivir de ello; y si lo consigues, no te puedes permitir perder el tiempo en tonterías.

– ¿Qué relación íntima mantiene con el arte?

– Una relación en la que me comporto de forma muy posesiva. Me dedico por entero al arte. No estoy casada, ni tengo hijos, vivo entregada a él.

– No sé qué decirle...

–... [risas.] Bueno, tengo amigos y a mi familia, y también tengo mis cuadros, que son mis hijos.

– Vaya, pues hay que reconocer que le han salido unos hijos estupendos.

– [Risas.] ¡Muchas gracias!

– ¿Qué necesita?

– Exteriorizar lo que me pasa, lo que siento, lo que pienso. Me gusta comunicarme y necesito hacerlo. Aunque, luego, la verdad es que paso horas y más horas a solas.

– ¿Para qué sirve su trabajo?

– ¡Uy! El arte fomenta en la gente el interés por seguir viviendo, fomenta el saber mirar mejor a tu alrededor, educa, te alegra la vida, te la hace más interesante... Si fuésemos más espabilados, apoyaríamos más la cultura porque la cultura es futuro. Un país que no apoya su cultura tiene un triste futuro.

– ¿Qué tiene claro Carmen Calvo?

– Que día que pasa, día que no vuelve. Eso lo tengo yo clarísimo.

– Y de bueno, ¿qué tiene usted?

– Que me acoplo con facilidad a los lugares y a sus gentes.

Naturaleza

Tiene Carmen Calvo en común con Simone Simon, además de que la actriz tampoco se casó, su gusto por la naturaleza, lo ancestral, las incógnitas y el interés por no quedarse instalada en la rutina. Simone Simon protagonizó 'La mujer pantera' (1942), y Carmen Calvo podría hacer un maravilloso cartel de la portada de una edición de 'La mujer araña', de Manuel Puig. A veces, sus obras son una fiesta; a veces, sus obras son como un agitado rugir de la lluvia sobre los cristales de un rascacielos: te invade un inquietante y suave temor.

– El planeta.

– Tengo ya una edad en la que el futuro del planeta lo veo muy oscuro. Yo he vivido otro perfil: he jugado mucho en el campo, sabíamos lo importante que era la agricultura, conocíamos el cambio de una estación a otra. Ahora me parece que hay muchos niños que no están familiarizados con el campo, y que no disfrutan de la naturaleza, ni del aire limpio que respirábamos nosotros. Ahora tenemos restricciones de agua, y mucha gente se enfada incluso por ello. A mí me educaron para no dejar las luces encendidas, ¿para qué tener una luz encendida que no necesitas? Y a no desperdiciar el agua, ni dejar los grifos abiertos tontamente.

– ¿Y ahora qué?

– El caso es que, en general, se han hecho tantas barbaridades con respecto a la naturaleza, tan necesaria para nuestra vida, que ahora las estamos pagando todas juntas. No hemos cuidado los mares, ni los ríos, ni los bosques... No es que yo sea pesimista, pero sí que veo que no vamos bien, que no dejamos de cometer errores, muchos ya muy repetidos. No sé lo que me quedará de vida, pero sé que nos hemos pasado cuarenta pueblos. Claro que hay que hacer algo para que la situación no empeore, cruzándonos de brazos no arreglamos nada, pero ¿por dónde empezar? Hay que ver cómo esta todo: no solo los paisajes y los recursos naturales, sino que, si hablamos de las ciudades, ahí tenemos, además de la contaminación que respiramos, la sociedad de consumo desaforado que hemos ido creando. O se toman unas medidas muy estrictas o iremos a más.

PASIÓN

«Me lo exijo siempre: ¡Lucha por emocionar, lucha por emocionarte!»

– ¿Acompañadas de qué?

– De las siempre necesarias educación y cultura. Qué importante es la cultura que ha ido adquiriendo cada uno, la educación que ha recibido en su casa y fuera de ella, la responsabilidad que se está dispuesto a asumir, la sensibilidad que se tenga ante las personas, los animales, los objetos... Yo he vivido un tiempo en el que el consumo no era tan alocado como ahora; ya no es suficiente con tener una buena televisión, hay que tener la más grande, la mejor, el último modelo.

– ¿Y para qué?

– En muchos casos para ver porquerías. Si a los pequeños no se les educa bien, mal asunto. No solo se trata de que tengan todos móviles, habrá que educarles en el hábito de leer y de saber apreciar lo que cuestan las cosas y la necesidad de cuidarlas. Hay algo que para mí es muy importante a la hora de hablar de educación, y también de relacionarnos unos con otros: la empatía. Tener empatía no solo con las demás personas, también con el mundo en el que estamos, que nos acoge. Yo no tengo hijos, pero miro también por el futuro de los que sí los tienen, y por el de las nuevas generaciones, toda esa gente que vendrá después de nosotros y que a lo mejor ya no podrán disfrutar del Mediterráneo como lo hemos hecho nosotros.

– ¿Cómo hemos salido de la pandemia?

– Hemos salido como hemos podido; yo pasé el covid en julio, lo cogí precisamente montando la exposición en el IVAM. Había viajado dos veces a Berlín, etcétera, y nada. Y sin embargo... El otro día regresaba de Cerdeña y en el avión nadie llevaba mascarilla. Volvemos a lo de siempre, sería muy necesario tener una mirada más amplia, que no se centre solo en uno mismo.

– ¿Nostálgica?

– No, no caigo en la nostalgia; miro el presente, no el pasado. Una cosa es la memoria y otra la nostalgia, tengo memoria de lo vivido, pero no nostalgia. Me fijo en el día a día, y no dejo de soñar. Soñar es importante para crear y para vivir. Sin proyectos de vida, se sea artista o no, mal asunto, malamente. Mi principal proyecto es vivir y ser feliz. Lo importante en la vida es continuar.

La lucha de las mujeres

– España hoy.

– Cada vez hay que reafirmarse más en la defensa en una democracia a la que nos ha costado mucho llegar. Tenemos que protegerla y cuidar de todos los derechos sociales que hemos ido conquistando. Si la gente saliera más sabría cómo está, por ejemplo, la sanidad en otros muchos países. Aquí tenemos una sanidad muy buena, todavía. Somos un país relativamente joven que después de una dictadura ha sabido avanzar mucho.

– ¿No le gusta lo que ve en política?

– Yo con el actual Gobierno estoy muy de acuerdo.

– Parece que las próximas elecciones las ganará la derecha.

– Yo no pienso en eso, soy positiva. Nunca pienso en negativo y siempre lucharé, sin imposiciones, en defensa de mis ideales. Por ejemplo, la lucha de las mujeres es mi lucha. Y la situación sigue siendo gravísima en tantos lugares, no solo en Afganistán y en Irán. En España hemos avanzado mucho, pero todavía queda camino por recorrer. A las mujeres, en general, los logros profesionales nos cuestan más porque tenemos que atender también otras cosas importantes: la familia, los cuidados... Se va avanzando, pero la lucha no ha acabado. La suma de injusticias e intolerancia es terrible.

– ¿Qué costumbre no ha perdido?

– Soy de papel. Leo y escribo en papel.

– ¿En qué no ha pensado jamás?

–... en el suicidio, que no deja de ser una opción personal. La vida es maravillosa, incluso con sus momentos horribles. Siempre merecerá la pena vivir y dejar vivir.