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Un grupo de niños blancos asiste a una escuela de Orania, bastión de la cultura afrikáner donde se pretende preservar la 'pureza' de su raza. AFP
Sudáfrica para blancos: la minoría de origen europeo añora su supremacía

Sudáfrica para blancos: la minoría de origen europeo añora su supremacía

Las sombras del fin del apartheid ·

Treinta años después, la insatisfacción en el seno de la minoría de origen europeo –menos del 8% de la población pero con un gran poder económico– genera iniciativas terroristas y deseos de segregación condenados al fracaso

Domingo, 8 de enero 2023, 00:54

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El apartheid sudafricano fue erradicado en 1992 y la república surgida de su escombro celebró elecciones dos años después. La 'Nación del Arco Iris', definición acuñada por Nelson Mandela, echó a andar con espíritu integrador. Pero los colores no se han mezclado como el padre de la patria pretendía. Buena parte de los blancos añoran su supremacía política e, incluso, parte de sus representantes desea desgajarse y crear un país propio e independiente. Los más radicales no se limitan a soñar y recurren a la violencia extrema para combatir contra la mayoría negra. El pasado octubre, Harry Knoesen, líder del grupúsculo Movimiento Nacional de Resistencia Cristiana, fue condenado a dos cadenas perpetuas y 21 años de prisión por planear ataques terroristas con armas biológicas. El reo alegó en su defensa que Dios le había pedido que recuperara Sudáfrica para los descendientes de los europeos.

No hay tregua para el gigante austral. La crisis económica propia y global, la corrupción y las tensiones migratorias, lo sacuden periódicamente. En julio de 2021 una ola de saqueos y violencia indiscriminada siguió al encarcelamiento del ex presidente Jacob Zuma, implicado en numerosos delitos. El régimen surgido del fin del 'apartheid' se hallaba entonces en su grado más bajo de credibilidad.

Los sobresaltos continúan, a pesar de que aquella crisis fue superada. El procedimiento abierto por la desaparición de más de 4 millones de dólares en la granja de Cyril Ramaphosa, el actual jefe del Ejecutivo, puede desembocar en su procesamiento por presunto lavado de dinero, tal y como denuncia la oposición. Las consecuencias de este hipotético proceso son imprevisibles.

El presente es convulso y el pasado sigue cobrándose su tributo. Muchos de los conflictos son fruto de una estructura social y económica heredada de la época anterior. La minoría blanca, menos del 8% de la población total –4,6 millones de ciudadanos– ha perdido el poder político, pero sigue detentando buena parte del económico. Los granjeros de origen europeo poseen el 70% de las explotaciones comerciales y el 72% de la superficie cultivada.

La segregación es el objetivo de los más radicales, generalmente procedentes del colectivo afrikáner o bóer, formado por ciudadanos de origen neerlandés, francés y alemán, de fe calvinista e importantes recursos agropecuarios. Su horizonte político pasa por la puesta en marcha de un 'volkstaat' o 'Estado del pueblo' a semejanza de las repúblicas que crearon en el siglo XIX y que fueron aniquiladas por la expansión del ejército inglés. Pero la propuesta resulta muy complicada no sólo por la oposición política, sino por la imposibilidad demográfica; y es que los blancos no gozan de mayoría en ninguna de las provincias.

La cultura es otro de sus estandartes a la hora de exponer agravios, sobre todo después de que el sistema educativo haya reemplazado el afrikaans, su idioma vernáculo, por el inglés en todas las universidades. Pero tampoco aquí pueden recurrir a la discriminación identitaria, al menos en sentido estricto, ya que es empleada por más del 12% de los sudafricanos, a menudo con una función vehicular. Hay más negros y mestizos que blancos que se expresan con esta lengua germánica derivada del neerlandés.

Reforma agraria

El campo es el principal escenario de la confrontación. La reforma agraria del presidente Ramaphosa, uno de sus proyectos estrella, se basa en la expropiación sin indemnización de los grandes latifundios. El partido gobernante no ha conseguido que el Parlamento apruebe su medida y aspira a una reforma constitucional que facilite el trámite. A la izquierda, el partido de los Luchadores por la Libertad Económica (EEF) aboga por la estricta nacionalización.

La pugna por la tierra, epicentro de numerosos debates, ha impulsado la iniciativa afrikáner. La ONG AfriForum es la más beligerante en la lucha contra las intenciones gubernamentales. Sus detractores la sitúan en la extrema derecha, mientras que el grupo se identifica a sí mismo con el ámbito de los derechos civiles y la defensa de las minorías.

El ascendiente entre los blancos del interior es innegable. En 2016 contaban con 170.000 socios y seis años después su masa social llega a los 295.000 afiliados dentro de un colectivo de unos 3 millones de habitantes. Entre otras iniciativas, ha combatido en los tribunales cuestiones como la discriminación positiva, que beneficia a la mayoría negra, el 'fracking' o el cambio de denominación de algunas ciudades. También ha denunciado a Julius Malema, líder de los EFF, por cantar el himno 'Dubul' ibhunu' que se puede traducir como 'Matar al bóer'.

No se trata tan sólo de un organismo que lucha en el plano interno. Afriforum ha expuesto sus demandas en Australia y Estados Unidos, países que han acogido a una buen parte de la diáspora afrikáner, y también asumió las reivindicaciones de los granjeros blancos de Zimbabue, víctimas de una iniciativa similar. El organismo obtuvo una sentencia favorable en la que se desvelaba que Robert Mugabe, el expresidente de aquel país, se valió de la complicidad de su colega Jacob Zuma para disolver el Tribunal de la Comunidad de Desarrollo de África Meridional, institución que reconoció los derechos de los litigantes.

El crimen ha agudizado las tensiones. La entidad denuncia el asesinato de 59 granjeros en 2020, un 30% más que en 2019, y generalmente a manos de negros. Su interpretación resulta peligrosa para la convivencia. Los ataques contra propietarios sirvieron de acicate para la teoría del genocidio blanco que sostiene la existencia de cierta operación encubierta para llevar a cabo una masacre étnica.

Alta tasa de homicidios

Los ánimos se caldearon a raíz de estas acusaciones. En 2003, los cuerpos de seguridad detuvieron a una treintena de miembros de Die Boeremag, milicia que ya había organizado un atentado en Soweto y que almacenaba una tonelada de explosivos. Sin embargo, aquel mismo año, la Comisión Nacional de Policía rebatía estos argumentos y negaba que los ataques fueran en exclusiva contra la minoría. Sudáfrica es el quinto país del mundo por su tasa de homicidios. Sólo durante el primer trimestre del pasado año, 6.400 personas murieron a manos de delincuentes comunes.

La escena política ha capitalizado el descontento. El Frente de La Libertad Plus se ha erigido en el instrumento político de los nostálgicos, pero también de quienes han dejado de creer en un régimen cuestionado y de los que pretenden una república blanca en la sabana africana. En las últimas elecciones, celebradas en 2019, consiguió 414.000 votos y diez parlamentarios.

La desconfianza no es un fenómeno reciente. Entre 1995 y 2006, el 20% de la población de origen europeo emigró y algunos emprendedores agrarios se han hecho con haciendas en los países anglosajones, pero también en otros tan inesperados como Brasil o Georgia. La degradación económica también influye. Aunque su situación económica suele ser privilegiada, el 10% de los trabajadores blancos se halla en paro, la cuarta parte de la media nacional, y una tercera parte se propone emigrar tan pronto consigan el pasaporte adecuado.

Los incidentes nutren el malestar y, paralelamente, las facciones integristas tratan de rentabilizarlos. En 2020, el asesinato de Brendin Horner sacudió al país. El cadáver de este joven granjero de 21 años fue hallado atado a un poste con signos de tortura y numerosas heridas de cuchillo.

Grupos de extrema derecha que vestían uniformes de la Policía del anterior régimen del apartheid provocaron posteriormente disturbios frente al Tribunal que juzgaba a los sospechosos y en el que también se concentraron militantes del EEF, contrarios a la supremacía blanca. No hubo condenas por falta de pruebas concluyentes. La teoría del genocidio se hace fuerte en las mentalidades más radicales. El Arco Iris palidece con el paso de los años.

  1. La utopía afrikáner

Orania es lo más parecido a un sueño afrikáner. Esta pequeña población, ribereña del río Orange y situada en la Provincia Septentrional del Cabo, es un bastión artificial de la cultura y política de los descendiente de holandeses y hugonotes franceses. Sus 1.700 habitantes comparten similar piel pálida, el idioma afrikaans, una moneda común, denominada ora, y su propia bandera, que muestra un niño remangándose la camisa sobre fondo azul y naranja.

Es difícil que el muchacho crezca y se convierta en un líder de masas. Aunque la población está asentada en el territorio menos poblado del país, dotarlo de una mayoría blanca exigiría desplazamientos masivos. Este remanso relativamente ajeno a las turbulencias sudafricanas recuerda a las repúblicas boer, pero, a diferencia de colonizaciones anteriores, ha preservado la homogeneidad étnica. Los vecinos, ricos y pobres, son blancos, a diferencia de la realidad circundante, donde blancos, asiáticos y una élite negra, conviven con la mayoría de origen indígena y mestizo, residente usual de los suburbios menos favorecidos.

Boshoff, el promotor

El proyecto ideológico que sustenta Orania no esconde sus raíces, hundidas en el apartheid. Carel Boshoff, su promotor, es yerno de Hendrik Verwoerd, uno de los artífices del régimen de segregación. Su establecimiento en 1990 se antoja un intento de buscar refugio tras el derrumbamiento de todo un sistema social y político. La misma nostalgia invade a los habitantes de Kleinfontein, una urbanización ubicada en las afueras de la capital Pretoria, habitada por un millar de blancos y donde no es permitida la entrada de extraños con otro color de piel.

Ambos experimentos no pueden cambiar la dirección de un país de más de 60 millones de habitantes receptor de emigrantes de toda África y el subcontinente indio, principalmente. Es difícil creer en una Sudáfrica solo para blancos, aunque sigan siendo una minoría extraordinariamente relevante en relación a su número.

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