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Joaquín Aldeguer
Ekrem Imamoglu, el mártir de Estambul

Ekrem Imamoglu, el mártir de Estambul

El alcalde de la metrópoli turca se convierte en el mejor candidato para combatir al presidente Erdogan y su régimen autoritario

Domingo, 8 de enero 2023, 00:52

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Estambul vive entre dos continentes, dos mares y otras tantas formas de ver el mundo. Los dieciséis millones de habitantes de la mayor ciudad europea contemplan el estrecho del Bósforo con similar orgullo, pero desde diferentes e, incluso, contrapuestas ideologías. El pensamiento de los laicos y europeístas difiere sustancialmente del de los más conservadores y fervorosos musulmanes, hostiles a Bruselas, aunque unos y otros pueden hacer gala de un acendrado nacionalismo. Ekrem Imamoglu es el alcalde de todos, pero su cargo pende de un hilo. Ha sido condenado a dos años y siete meses de cárcel, pena que conlleva la inhabilitación política, aunque puede recurrir la sentencia.

Como ocurre en el resto de Turquía, las diferencias sociales se han abismado en la última década. El todopoderoso presidente Recep Tayyip Erdogan no ha contado hasta ahora con un rival de su talla. Pero eso puede cambiar. La capacidad para atraer a las masas de Imamoglu, del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), anuncia la aparición de un enemigo de relieve. Ahora bien, parece que el régimen ha creado su propia bestia. El regidor de la metrópoli intercontinental se postula como el más que posible candidato de la alianza antigubernamental, formada por media docena de formaciones, en la cita con las urnas que tendrá lugar en este año que comienza.

Nunca un insulto de tan bajo calado causó tanta resonancia. En los últimos comicios municipales, el jefe del Estado sintió como una derrota demoledora la pérdida de Estambul y Ankara, la capital, y alegó la existencia de irregularidades. La Comisión Electoral mandó repetir la votación en la gran urbe. La nueva convocatoria tan sólo sirvió para refrendar la victoria de Ekrem Imamoglu, el candidato del CHP. Si en la primera ocasión había obtenido tan sólo 13.000 votos de ventaja, en la segunda su diferencia llegó a las 750.000 papeletas. Había nacido una estrella.

Su éxito, pese a los golpes bajos encajados, ha puesto fin a un cuarto de siglo de control de la ciudad por el partido gubernamental

El diálogo, la moderación y un cierto populismo, parecen ser las claves de su enorme atractivo para una población harta de la crispación, la corrupción y la represión, camuflada bajo el crédito que proporciona un sistema aparentemente democrático. El incremento de la inflación y el paro también han afectado al partido en el poder. En la pugna, el bando gubernamental no escatimó golpes bajos. Le tachó de terrorista, aliado de Estados Unidos, cuando Turquía pertenece a la OTAN e, incluso, intentó humillarlo de la peor manera. Le llamó griego.

El reforzado ganador no cayó en la trampa, pero calificó de 'estúpidos' a los miembros de la Comisión y, a partir de tal afrenta, se inició el procesamiento. A la manera de una espiral, el encausado respondió a la sentencia solicitando apoyo popular y, hace unos días, fue respaldado por una concentración de miles de partidarios reunidos en torno al Ayuntamiento. Curiosamente, su caso no es estrictamente original. El propio Erdogan, predecesor en la dirección de Estambul, también fue despojado de su mandato por recitar un poema de calado islamista, decisión que propició su posterior ascenso político.

Defensor del laicismo

El perfil del condenado resultaba ya atractivo antes de este percance judicial. Su bagaje personal puede atraer a todas las sensibilidades contrarias al régimen islamista. Este economista de 52 años, nació en la provincia nororiental de Trabzon y fue vicepresidente del equipo de baloncesto Trabzonspor BK. Miembro de una familia conservadora y religiosa, su apellido significa hijo del imán y él mismo es un musulmán practicante, pero, a la vieja usanza kemalista, defiende una política laica. Su padre se halla entre los fundadores del Partido de la Madre Patria, proyecto ultranacionalista que dirigió el país antes de la irrupción del islamismo pretendidamente moderado.

La inexperiencia juega en su contra. Imamoglu apenas se ha bandeado en la escena nacional. Su posicionamiento en la esfera de la socialdemocracia tuvo lugar durante su etapa universitaria. Se afilió al partido en 2008 y, desde entonces, se ha ceñido a la política local demostrando un gran músculo político. Con el apoyo del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), de tendencia prokurda, y del Iyi, de orientación conservadora y también aconfesional, venció hace tres años a Binali Yildirim, ex primer ministro y hombre de confianza del presidente. Su éxito acabó con un cuarto de siglo de control del gubernamental Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP) sobre la ciudad.

El futuro del alcalde es una incógnita, aunque, inevitablemente, repercutirá en la escena pública turca. En otras ocasiones en las que ediles han sido destituidos por acción de la justicia, el ejecutivo se ha apresurado a establecer administradores, pero, en esta ocasión, hablamos de la mayor urbe del país y esa maniobra podría provocar un estallido de grandes dimensiones.

Su encumbramiento también provoca tensiones importantes en la élite dirigente opositora. Kemal Kilicdaroglu, presidente de la formación socialdemócrata CHP, se convierte en la víctima propiciatoria ya que se cuestiona la conveniencia de su candidatura en las próximas presidenciales.

Pero hay más, incluso cabe un giro maquiavélico en la estrategia contra Imamoglu. Y es que la progresión de Imamoglu tiene otro afectado. Mansur Yavas, alcalde de Ankara, es el otro gran damnificado. En 2021 obtuvo el premio al mejor regidor del planeta por una estrategia que combinaba medidas sociales y medioambientales con iniciativas ambiciosas como la puesta en marcha de la mayor feria comercial del mundo. Su apuesta, antes segura, ahora aparece en entredicho para beneficio de Erdogan y el AKP. Aunque el presidente debería temer al mártir de Estambul. Existe la convicción en Turquía de que quien domine la metrópoli dominará el país entre dos continentes.

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