Borrar
La figura sin regular de la mujer del presidente
Polémica

La figura sin regular de la mujer del presidente

Los trabajos de la esposa de Pedro Sánchez han puesto la lupa en las cónyuges del jefe del Gobierno, para quienes la legislación no estipula funciones institucionales

Domingo, 21 de abril 2024, 00:07

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

«Yo no he hecho oposiciones para ser la mujer del Presidente». La declaración de intenciones de Sonsoles Espinosa, esposa del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, certificó en 2011 el limbo en el que, aún a día de hoy, se encuentra el papel de las consortes del líder del Ejecutivo en España. En las monarquías parlamentarias el título de primera dama –o del primer caballero, cuando la jefa de Estado es una mujer– recae en la Reina, pero la Constitución no reconoce ni cita las atribuciones para la pareja del presidente del Gobierno, tampoco tiene sueldo público ni agenda institucional y su influencia está determinada por la manera de actuar del presidente.

La controversia sobre los contactos profesionales de Begoña Gómez, cónyuge de Pedro Sánchez, con personas involucradas en el 'caso Koldo' –por las que podría ser llamada a declarar en las comisiones de investigación de Congreso y Senado– ha puesto el foco en si las funciones de los consortes deberían regularse.

«Probablemente haya que repensarlo, lo que no hubiera tenido mayor trascendencia si la Ley de Transparencia se hubiese asimilado a la que existe en otros países», reconoce Dolores del Mar Sánchez-González, catedrática de Historia del Derecho por la UNED y directora del Máster en Protocolo de esta universidad. Esta docente también es partidaria de incluir a los presidentes autonómicos «para que los movimientos económicos que realiza el cónyuge sean claros y transparentes», añade, en referencia al presunto fraude fiscal de Alberto Gómez Amador, pareja de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso.

No lo ve así Joaquín Meseguer, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, quien desde el punto de vista de la normativa de transparencia cree que «en la medida en que las esposas de los presidentes -al menos en España- no tienen ninguna función institucional que cumplir, ni su mera condición de cónyuges o parejas de los presidentes está remunerada con recursos públicos y no desempeñan cargo y representación de ningún tipo, no alcanzo a ver por qué una norma de transparencia debería aplicárseles».

No obstante, Meseguer puntualiza que esto no tiene nada ver con que su comportamiento «deba ser ejemplar en cuanto deben apartarse o no intervenir en ningún asunto que pueda generar sospecha alguna de nepotismo, tráfico de influencias, etc.»

Delimitar estas atribuciones no impidió a las primeras damas de algunas repúblicas rentabilizar en términos electorales la reputación labrada a su paso por las residencias presidenciales para lanzar sus carreras políticas al más alto nivel. La argentina Cristina Fernández tomó el relevo de su marido, Néstor Kirchner, al frente de la Casa Rosada y Hillary Clinton, pareja del expresidente Bill Clinton, fue la candidata demócrata que se enfrentó a Donald Trump en las elecciones estadounidenses de 2016.

España, sin llegar a esos extremos, también ofrece ejemplos en los que no todas las esposas se han conformado con ser «la mujer de».

Adolfo Suárez

Amparo Illana

Correcta y equidistante en su vida oficial, según las crónicas de la época, Amparo Illana y Adolfo Suárez representaron un matrimonio a la altura de los nuevos tiempos que les valió el calificativo de «los Kennedy» españoles en los titulares del papel cuché de los 80. De origen vasco pero nacida en Madrid, Illana -hija de militar- fue una mujer discreta y religiosa que estudió inglés en Irlanda y francés en un internado galo, amante del arte, la literatura y la música. Illana estrenó el palacio de La Moncloa una vez que en 1977 se decidió trasladar la sede de la jefatura del Ejecutivo del céntrico Palacio de Villamejor en el paseo de La Castellana a la carretera de A Coruña.

Hogareña y centrada en sus hijos, el comportamiento de la mujer del primer presidente de la democracia española fue el que requerían las circunstancias, un papel que si no fue invisible, sí se consideró discreto. Cuando Suárez dejó la política, la familia se instaló en un chalé del barrio residencial madrileño de La Florida.

Leopoldo Calvo-Sotelo

Pilar Ibáñez

Estudió Filosofía y Letras en una época en que pocas mujeres iban a la universidad. Hija de un ministro de Educación, Pilar Ibáñez conoció a Leopoldo Calvo-Sotelo en los conciertos de música clásica del Teatro Español y del Palacio de la Música, en Madrid. Cuando su marido fue nombrado presidente del Gobierno, éste pensó que podría seguir viviendo en su casa familiar pero a las dos semanas desistió y se mudaron a la Moncloa dos semanas después de su investidura. Al igual que Illana, Ibáñez fue una mujer de profundas convicciones religiosas y católica practicante que tampoco proyectó una imagen pública.

María Ángeles López de Celis, que formó parte de la secretaría de los primeros cinco presidentes del Gobierno de la democracia española, cuenta en 'Las damas de la Moncloa' (Espasa 2013) que Ibáñez, preguntada por el divorcio -cuya ley fue aprobada durante la presidencia de su esposo- contestó que no se divorciaría jamás. Entre otras cosas, «porque lo que más le divertía en la vida era estar con su marido», lo que se convirtió en contenido ineludible de tertulias.

Felipe González

Carmen Romero

Hija de un coronel médico del Ejército que combatió en el bando de los nacionales en la Guerra Civil, Carmen Romero desafió a su padre y al orden establecido licenciándose en Filosofía y Letras, afiliándose al PSOE cuando era aún un partido ilegal y casándose con Felipe González, el hijo de un humilde vaquero que se convirtió en el líder socialista en la clandestinidad. Romero fue hasta la fecha la más transgresora al desmarcarse de su condición de «esposa de».

Romero continuó impartiendo clases de literatura en el madrileño Instituto Calderón de la Barca del que era profesora. Y en 1989 dio otro paso al presentarse como diputada por Cádiz y fue reelegida en tres legislaturas. Estuvo en el cargo desde 1989 hasta 2004 y, como ya le había ocurrido cuando era sindicalista de UGT, fue objeto de numerosas críticas. En 2009, ya divorciada de González, fue eurodiputada.

José María Aznar

Ana Botella

Madrileña hija de una familia numerosa, cursó sus estudios en el colegio religioso de las Madres Irlandesas, se licenció en Derecho y en 1977 ingresó en el cuerpo de Técnicos de la Administración Civil del Estado. Con su marido, José María Aznar, como jefe de la oposición, los asesores del PP potenciaron el papel de Botella dentro del partido hasta tal punto que en 1995, un año antes de las elecciones que llevó al matrimonio a la Moncloa, se publicó la primera biografía de la mujer de un presidente del Gobierno.

Los Aznar-Botella hicieron de su familia entre 1996 y 2004 un instrumento político del que dieron buena cuenta a través de los posados fotográficos con sus hijos emulando a la Familia Real o la propia boda de Ana Aznar en 2002. Su papel de consorte tampoco impidió, ya en 2003 y todavía con Aznar como líder del Ejecutivo, que Botella fuese elegida concejala en el Ayuntamiento de Madrid aunque no fue hasta 2011 cuando alcanzó el techo de su carrera política como alcaldesa de la capital hasta 2014.

José Luis Rodríguez Zapatero

Sonsoles Espinosa

Nacida en Ávila, el perfil de Sonsoles Espinosa es uno de los más reservados y atípicos de las esposas que han pasado por Moncloa, ya que continuó su carrera musical mientras su esposo estaba en la presidencia del Gobierno. En sus años en Moncloa participó en el Coro de la Sinfónica de Madrid, trabajó en el coro de la Capilla Real y actuó en el Teatro Real, el Liceu de Barcelona y en el Chatelet de París.

También fue polémica su afición al submarinismo y que provocó las quejas de la academia de la Guardia Civil de Valdemoro que denunció que debían desalojar una piscina climatizada en sus instalaciones cada vez que Espinosa acudía a recibir clases de buceo. Casi nunca acompañó a José Luis Rodríguez Zapatero a citas oficiales -a excepción de la apertura de la asamblea de la ONU en 2009, donde el matrimonio protagonizó con sus hijas con vestimenta gótica una comentada foto con los Obama.

Mariano Rajoy

Elvira Fernández Balboa

Viri, como la llaman en la intimidad, tomó el testigo de Espinosa en cuanto a discreción y sólo sacrificó su anonimato en los comicios de 2008 y 2011 cuando participó activamente con Mariano Rajoy en las campañas electorales. La pontevedresa estudió Económicas en la Universidad de Santiago de Compostela, trabajó para Antena 3 y Telefónica, y vivió con su marido y sus dos hijos en Aravaca hasta que tuvieron que mudarse a la carretera de A Coruña.

Pedro Sánchez

Begoña Gómez

La bilbaína criada en León es licenciada en marketing en una escuela de negocios. Con una carrera profesional ligada al mundo empresarial (en la que ha asesorado a Oxfam Intermón, Amnistía Internacional o Anesvad) dirige desde 2020 una cátedra extraordinaria en la Complutense.

Desde 2018 ha mantenido un perfil público muy alto, acompañando a Pedro Sánchez en campaña y en actos institucionales de máximo nivel. La última, en la Cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Granada donde junto a los Reyes Sánchez y Gómez ejercieron de anfitriones. El hecho de no haber renunciado a su trabajo le ha creado un problema de imagen al ofrecer sus servicios a empresas que optan a adjudicaciones públicas.

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios