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Temporada 5 | Ep. 1

La niña de hierro

Hace cincuenta años, un rescate tuvo en vilo a toda Asturias. La protagonista fue Isabel, «la niña de hierro», que desde entonces busca desesperadamente a su rescatador

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Jueves, 18 de abril 2024, 00:18

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Isabel Menéndez se ha aferrado media vida a un recorte de periodico que guarda desde que era pequeña. Así arranca la nueva temporada de 'Fuera del Radar'. Ese recorte es la crónica de una histórica nevada que dejó atrapados a más de setenta excursionistas en lo alto de la montaña. Entre ellos se encontraba Isabel, que apenas tenía unos meses de vida. Sobrevivir a la ventisca parece imposible. ¿Cómo se rescata a alguien tan frágil? ¿Cómo bajarla sin disponer de helicópteros ni medios avanzados de salvamento? ¿Cómo esta pequeña se ganó el sobrenombre de 'la niña de hierro'? Y sobre todo, ¿qué fue de su misterioso rescatador?

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Créditos

  • Una historia de Susana Neira

  • Coordinación y edición Luigi Gómez y Carlos G. Fernández

  • Producción técnica Íñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Ilustraciones Raúl Canales

  • Dirección y producción ejecutiva José Ángel Esteban

  • Agradecimientos Cristina del Río, Chelo Tuya, Leticia Álvarez

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Transcripción

Temporada 5 | Ep. 1

La niña de hierro

FUERA DEL RADAR | LA NIÑA DE HIERRO
CARLOS G. FERNÁNDEZ: ¿Qué tal? Bienvenidos y bienvenidas a nuestras historias.
CGF: Comenzamos en un bar de Quintes, un pequeño pueblo de Villaviciosa, en Asturias. No es un día cualquiera, es 31 de diciembre.
CGF: Quedan unas horas para entrar en 2021, para las campanadas y las uvas. El mundo anhela normalidad tras un año extraño, el año de la pandemia. Poco a poco, tímidamente, regresan los encuentros, los abrazos...
SONIDO BARULLO BAR
CGF: Pero volvamos a fijarnos en ese bar. A la hora del vermú, suena un barullo tremendo: charlas, risas, brindis... Varios grupos de familiares y amigos se han reunido ante la inminente llegada del nuevo año. Entre ellos, en una mesa al fondo, dos mujeres, Isabel Menéndez y Leticia Álvarez.
CGF: Isabel es auxiliar administrativo en un hospital público de Gijón. Leticia es periodista. Ambas conversan animadamente.
LETICIA ÁLVAREZ: Tú serás periodista pero una historia como esta, tú no la tienes. Esto que tengo yo aquí, desde luego tú no lo tienes.
CGF: Isabel abre el bolso y saca del interior de su cartera una página doblada, en blanco y negro, del periódico La Voz de Avilés. Leticia recuerda ese instante perfectamente.
LA: Un periodico envejecido, blanco y negro, doblado varias veces.
CGF: Esa hoja de papel tiene cincuenta años, y siempre acompaña a Isabel.
ISABEL MENÉNDEZ: Mi madre eso lo guardaba como… vamos, como si fuera un tesoro.
CGF: Al fin y al cabo, uno tiende a guardar el periódico del día en que fue protagonista.
IM: Una historia que en cada bautizo o comunión, boda y reunión familiar siempre se contaba porque era como una cosa muy peculiar.
CGF: Medio siglo antes, en 1971, una enorme nevada había atrapado a más de setenta excursionistas durante todo el puente de San José.
IM: Mi madre salía con los esquís, y dice que una vez iba esquiando y se le enganchó un esquí en algo metálico. Empezó a tirar, a tirar, a tirar y era la antena de un coche. Para que te hagas una idea de la magnitud de la nevada.
CGF: Porque entre esas familias atrapadas en lo alto de la Raya, en San Isidro, se encontraba la de Isabel. Sus padres habían salido de Gijón, donde vivían, para pasar unos días en la nieve con sus tres hijos pequeños.
IM: Ahora ya no es tan trágico, porque puede entrar un helicóptero a buscarte, pero en aquella no, no podía ser así. Tenías que bajar: o bajar esquiando, bajar andando o esperar que parara de nevar.
CGF: Leticia observa con detalle y mucha curiosidad la noticia: una nevada y un rescate. La fotografía que lo ilustra es la de un montañero de espaldas.
LA: Se ve una mochila de la que asoma una cabecita con un gorro, mucho pelo.
CGF: Un gorro que protege a un bebé del intenso frío.
LA: Y entonces es una escena que ya te llama la atención porque que hace una niña metida en una mochila.
CGF: Esa niña, que entonces tenía once meses, es Isabel.
IM: Empecé a contarle la historia y ella se quedó… Bueno, periodista total.
LA: Empieza a contarme esta maravillosa aventura que vive con su familia
CGF: Leticia se quedó fascinada.
LA: Con la idea de que guardara ese recorte. Y me quedo fascinada, aún más, con el hecho de que se iban a cumplir 50 años justo tres meses después; es decir, el 19 de marzo de 2021. Y entonces le veo rápidamente todos los ingredientes para contarlo en un periódico.
CGF: Todos los ingredientes, menos uno; uno... importante.
IM: Me llamaba él y todo su entorno «la niña de hierro» pero yo nunca le volví a ver, ni a saber nada de él.
CGF: Se refiere al héroe, al otro protagonista de esta historia.
IM: Tenía mucha curiosidad porque no sabía ni si vivía… no sabía nada de él.
CGF: Y esta historia es la de una mujer que ha buscado durante casi toda su vida a un desconocido. Al hombre que la rescató cuando tenía solo once meses. Una persona que había estado presente durante toda su vida, pero a la que no podía poner nombre ni cara, una persona a la que no había podido dar ni las gracias.
IM: Quedó ahí. Quedó como una anécdota que nunca más... Yo siempre quise conocerlo a él.
CGF: Una búsqueda de cinco décadas. Y una promesa…
LA: Le dije: «Isabel, tú nunca has visto a Maribona. Tu sueño es reencontrarte con esa persona y nosotros desde el periódico lo vamos a conseguir».
CABECERA: FUERA DEL RADAR. EN ESTE EPISODIO: 'LA NIÑA DE HIERRO'
IM: Parece un cuento pero no lo es… Fue en La Raya. Todo comenzó allí, en el cerco de la nieve, en el peligro de los aludes, en la imposibilidad atenuante del retorno a la seguridad, al hogar caliente, al pan de cada día…
CGF: Este relato ha acompañado a Isabel toda su vida. Lo publicó Carmen Pérez Avello en el Diario Región en 1971. Ella tiene un papel protagonista:
IM: Érase una vez María Isabel, con su vida recién estrenada poco tiempo atrás. Prisionera. Tan pequeña. Parecía un obstáculo invencible para lograr la libertad…
CGF: Sigue contando esta historia llena de obstáculos Susana Neira…
SUSANA NEIRA: Esa narración de principios de los años setenta, aún en medio de la dictadura sigue emocionando a Isabel como el primer día. Describe la valentía del grupo de rescatadores para salvar a los excursionistas.
IM: Mis padres iban porque eran aficionados a la montaña y al esquí y entonces siempre íbamos la familia entera. Yo era la más pequeña porque tengo un hermano once años mayor y otro trece años mayor.
SN: Aquella escapada fue diferente; un temporal los envolvió con una capa blanca, tan bonita como peligrosa. La enorme ventisca y las bajas temperaturas complicaron la estancia.
IM: Empezó a nevar, nevar, a nevar, a nevar… y aquello no era como ahora, que subía una máquina quitanieves y limpiaba la carretera. Eso no se podía hacer. Cuando se cerraba el puerto, se cerraba el puerto. Ya no se podía salir.
SN: El puerto al que se refiere es el de San Isidro, conocido como La Raya, en la frontera entre Asturias y León. Poco a poco fue quedando inaccesible.
IM: Había unas 70 personas porque había chalés y otro grupo de montaña…
SN: Al principio lo vivieron como una especie de aventura desde el refugio. Pero con el paso de los días, la percepción cambió.
IM: No, no, agónicos fueron al final ya porque seguía nevando, nevando, nevando… No paraba, no paraba, no paraba.
SN: El refugio estaba preparado para casos así…
IM: Hay como si fueran una especie de armarios con llave, con provisiones para estos casos de emergencias.
SN: Pero no para aguantar tanto tiempo ni a tantas personas. El nerviosismo crecía.
IM: Aquello se abrió y se fue consumiendo todo aquello. Claro tú llevabas para dos o tres días, no para tantos días.
SN: Pasó el jueves, el viernes, el sábado, el domingo... pero el temporal no remitía.
IM: Claro, yo era un bebé, yo no tomaba lentejas... Entonces claro, mis recursos nutricionales se fueron terminando y claro, mi madre ya estaba que… que no tenía nada que darme ya.
SN: Primero subió una avanzadilla de tres expertos esquiadores: lo prioritario era suministrarles comida, comprobar el estado de salud de todos y decidir la mejor forma de evacuarlos. Se decidió reunir a un grupo mayor, unos veinte rescatadores.
SONIDO TELÉFONO
SN: Y así es como llegó la noticia a casa de Bernardo González Rodríguez-Maribona. Tenía 30 años, era esquiador, ciclista, piragüista, campeón de España en varias disciplinas y nominado a participar con el equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960.
IM: Cuando le dijeron que había un bebé, dijo: «No, no, tengo que subir, tengo que subir». Que podía haber dicho: «No, no, mira yo no puedo. Acabo de salir de trabajar, estoy sin dormir y estoy enfermo».
SN: Maribona trabajaba en Ensidesa, la gran empresa siderúrgica de Asturias. Le había tocado el turno de noche, pero ni lo dudó.
IM: Se decidieron a subir con unas pieles de foca. Subieron desde Felechosa. Esquiando no, subiendo por encima de la nieve y jugándose la vida porque claro, había aludes…
SN: Cruzaron y ascendieron por la nieve hasta el refugio. Casi veinte kilómetros. Llevaban más provisiones, comida y medicamentos. Y una vez llegaron, comenzó el operativo de rescate.
SN: Para la mayoría del grupo la ruta de descenso era relativamente sencilla aunque había más de dos metros de nieve: bajarían poco a poco, con esquís y trineos, hacia la parte de León, la más segura. Pero había una dificultad: Isabel.
IM: No podía ir en una silla ni en el cuello.
SN: ¿Cómo sacar del refugio a una niña tan pequeña, cómo cruzar con ella varios kilómetros en medio de la nieve si no podía caminar aún?
IM: Entonces a él se le ocurrió… que le dijo a mi madre: «Metemela en la mochila».
SN: Sonó como una auténtica locura.
IM: Porque incluso mi padre, que mi padre era esquiador: no se atrevió a bajarme. Claro, no se atrevió nadie y él ni se lo pensó. Dijo: «Méteme a la niña aquí».
SN: A la madre de Isabel no le pareció buena idea ni nada que se le pareciese.
IM: Mi madre imagínate: no me soltaba, no lo conocía de nada y nevando. Imagínate: «Cómo voy a dejar yo a mi hija en una mochila con este señor que no lo conozco de nada».
SN: Pero al final…
IM: Tuvieron que convencerla. Mi madre llorando, mi padre llorando y todos llorando. Y a mí ahí me mandaron y dicen que no dije ni pío…
SN: Y así este hombre, el 24 de marzo de 1971, se preparó para completar un difícil camino con el bebé a sus espaldas.
IM: Siempre decían que me habían puesto unos guantes, unas manoplas para que no tuviera tanto frío, pero que yo no quería. Yo no quería tener los brazos abajo y yo quería ir así, mirando a ver por dónde iba.
SONIDO VENTISCA
CARLOS G. FERNÁNDEZ: Les esperaban dos horas y media bajo la enorme ventisca y cuatro grados bajo cero. Isabel no emitió casi ni un sonido durante todo el trayecto. Prácticamente como una muñeca dentro de la mochila. Hasta que horas después y como había prometido, el montañero la dejó sana y salva en brazos de su familia.
IM: Empezaron otra vez a llorar todos… Bueno supongo. Claro, que muchas gracias, que muy agradecidos…
CGF: Y tras la enorme gesta, el esfuerzo heroico, la dolorosa separación de Isabel de su familia, la caminata y el reencuentro, después de todo eso, el montañero, simplemente, desapareció.
IM: Lo que me extraña es que nunca más hayan tenido relación. No sé, él se fue a su casa y no sé.
CGF: Isabel estaba a salvo. Ahora comenzaría una nueva etapa. Enseguida volvemos.
PAUSA
CGF: Oír hablar de aquel hombre alto y fuerte que la había rescatado fue una constante en la infancia de Isabel. La curiosidad de conocerlo creció con ella. De hecho, Isabel se acabó haciendo una imagen de aquel hombre en su cabeza.
IM: Lo que me imaginaba era que era grandísimo…
CGF: Una especie de gigante del que nunca más se supo. Continúa la historia Susana Neira.
SUSANA NEIRA: Isabel tenía pocos datos. Le habían contado que era un campeón de esquí, alto y fuerte, apellidado Maribona. Y con esa escasa descripción comenzó la búsqueda. Una búsqueda sin redes sociales ni la facilidad de internet. Con veinte años incluso escribió a un programa de televisión.
IM: El programa yo creo que era 'Hay una carta para ti' o algo así, que era como para agradecer a alguien una cosa que había hecho por ti.
SN: Pero tampoco resultó...
IM: Ese programa buscaba a la otra parte, porque claro, yo quería decirle algo, pero no sabía quién era él y no lo encontraron.
SN: Es decir; esa carta no encontró a su destinatario. Tampoco logró éxito fijándose, como administrativa, buscando entre los apellidos de los pacientes en los centros médicos donde trabajó. Maribona no aparecía por ningún lado.
SN: Treinta años después, en ese bar de Quintes el último día del 2020, la conversación entre Isabel y Leticia marcaría un antes y un después.
IM: Y ella se quedó: «Bueno, hay que encontrar a ese señor. Hay que encontrarlo y encontrarlo». Ya, ya pero yo ya lo intenté… «No, no, tengo que encontrarlo yo…», y empezó a buscarlo.
SN: Esa charla, ese recorte del periódico y esa historia que acompaña a Isabel desde niña merecían un reportaje.
LETICIA ÁLVAREZ: Me asalta la idea de llevar esto a un reportaje y contarlo.
SN: Leticia tiró entonces de oficio.
LA: Los periodistas nos dedicamos a eso. Yo entiendo que una persona, pues no sabe a qué fuente acudir o qué recurso tener para encontrar a alguien, pero nosotros si algo hacemos bien, es encontrar fuentes. Y en este caso con ese apellido, sabiendo que era montañero, dijimos: «Venga a por ello».
SN: Leticia se puso manos a la obra junto a Chelo Tuya, una compañera del periódico que también participó en la investigación.
LA: La primera pista que seguimos, efectivamente, es la de un montañero experimentado y también esquiador.
SN: Comenzaron a preguntar aquí y allá hasta que llegaron al grupo de montaña de Ensidesa, hoy Arcelor, empresa en la que trabajaba el propio Maribona y el padre de Isabel, coincidencia que curiosamente descubrieron después… Habían pasado muchos años… Sin embargo, pronto encontraron el hilo de dónde tirar.
LA: Una persona nos dice: «Bueno, yo conozco a un Maribona, un gran deportista, pero en lo que triunfó, en lo que siempre fue relevante es en el piragüismo».
SN: La clave. Un deporte diferente.
LA: Y lo localizamos a través del club en el que había sido un gran referente de esta modalidad deportiva. Y ¡zas! Encontramos a Maribona.
SN: Con el rescatador localizado, llegó el momento, llegó la llamada. Leticia telefoneó a Isabel… Apenas habían pasado quince días.
IM: Y un día me llama, estaba yo en casa, me acuerdo, y de repente me dice: «Lo encontré». Bueno, tuve que colgar, empecé a llorar, a llorar, a llorar… yo no podía parar de llorar porque era como no sé cómo, que aquello que parecía un cuento era verdad…
SN: Parte del sueño de Isabel ya se había cumplido. Ya sabía cómo se llamaba su héroe, su identidad. Tenía ochenta y dos años y vivía con una hermana en Avilés. Leticia y Chelo sabían cuál era la siguiente llamada que tenían que hacer.
LA: Se emocionó muchísimo, se puso casi a llorar, le decía a mi compañera Chelo Tuya: «Pero ¿de qué me hablas?, No me digas que la conocéis, ¿Qué puedo hacer por verla?» se cerraba un círculo. Ella buscaba a su rescatador y él recordaba aquella hazaña y buscaba a su rescatada.
SN: Ahora Maribona también lo sabía. Los dos se habían estado buscando. Los dos querían encontrarse.
IM: Sí, sí, yo quería verle y yo quería conocerle. Quería conocerle como fuera.
SN: Pero ese abrazo y esa conversación pendiente, donde descubrirían muchas cosas, aún tendría que esperar. La covid golpeaba fuerte y como aquel día de 1971, la seguridad era lo más importante.
IM: Sí, sí que él quería conocerme. Vamos... Lo que pasa es que era cuando la pandemia y él estaba un poco enfermo. Entonces, bueno, no era tan fácil propiciar un encuentro.
SONIDO CAMPANILLAS DE ENTRAR EN UN LOCAL
SN: En marzo de 2021, justo coincidiendo con los cincuenta años del rescate y con la pandemia dando una pequeña tregua, ambos se citaron en una cafetería de Avilés. Fue un encuentro muy emocionante. Isabel lloró todo lo que no había llorado ese día en la mochila.
IM: Y nos dimos el codo y yo empecé a llorar, a llorar, a llorar… Estuve, no sé, 15 minutos… Me ponía hablar y me entraba la emoción y no podía.
SN: Y por fin, escuchó su voz.
MARIBONA: Isa me dijo aquí que anduviere cincuenta años buscándome.
SN: Durante una hora y media charlaron de ese rescate y se contaron su vida; ambos con una intensa emoción.
IM: Sí, estuvimos una mañana entera allí. Tomamos café luego otro café, luego dimos un paseo.
SN: Hablaron de todo lo que había ocurrido aquel puente de San José.
M: «Oye, tenemos que marchar para San Isidro de salvamento, que hay ahí una cantidad de gente que se los acabó la comida y todo y no pueden salir».
SN: Hay cosas difíciles de olvidar…
M: ¿Cómo voy a bajar con una chiquilla detrás, buscando el mejor sitio para bajar, para no caer?
IM: Por el medio de la nieve con un bebé... él solo. Debió de ser terrible porque bueno también la responsabilidad de que se caiga o pase algo o me pase algo a mí. Bueno, terrible.
SN: Isabel pudo completar todas las piezas de la historia.
M: Cuando llegué al autobús, que había una señora en el autobús esperando con bebida caliente y tal… y la guaja como si viniera de los caballitos, ni lloro ni nada: «¿Pero esta chiquilla?»
SN: También descubrió el apodo que, sin saberlo, le había acompañado toda su vida. Un sobrenombre vinculado a la empresa siderúrgica en la que el padre de Isabel y el propio Maribona habían trabajado.
M: Entonces yo fui a la empresa y cuando eché a trabajar me dijeron: «¿bajaste con la chiquilla y no lloró ni pasó nada? y yo: «nada», y entonces dijeron: «Esa chiquilla era de hierro» y quedó 'La niña de hierro'.
SN: La valentía de Isabel en mitad de la ventisca le hizo ganarse ese sobrenombre. Aunque fuese, como se ve en el recorte del periódico, metida en una mochila a la espalda de un desconocido.
IM: Y fue cuando me dijo que me llamaba, que él siempre me llamó 'La niña de hierro'.
SN: Esas mismas personas, cincuenta años después, se habían encontrado.
LA: Fue absolutamente entrañable porque además estábamos en plena pandemia y estas historias, estas escenas de reencuentros que veíamos a la gente tocarse, a través de las pantallas o de un cristal, era una más, pero además con un componente épico de fondo que nos pareció magnífico.
SN: Leticia también lo vivió con intensidad. Había cumplido su promesa.
LA: De hecho, fue primera página del periódico ese reportaje, he de decirlo.
SN: Un reportaje en el diario El Comercio que titularon 'Con la niña de hierro en la mochila', donde ambos posan juntos, de nuevo, para el fotógrafo. Y donde ella insistió en que no sabe cómo agradecerle el gesto solidario.
IM: Me hizo como mucha gracia lo de la niña de hierro, de hecho ahora en el trabajo y mucha gente me dice: «¡Ay, mira la niña de hierro, la niña de hierro!», que me hace una gracia, que bueno.
CARLOS G. FERNÁNDEZ: Tras ese encuentro, la niña de hierro y su rescatador se han vuelto a ver varias veces. Por ejemplo, en un homenaje al piragüista, al que él la invitó como si formara parte de su familia.
IM: Que tenía que venir. Me hizo sentarme al lado de él porque él no tiene hijos. Que me sentara al lado de él… Sí, sí, muy emotivo todo.
CGF: También charlan por teléfono. Siempre tienen el siguiente encuentro pendiente.
IM: Vamos, 'Bernardo, mi rescatador'. Así lo tengo en el móvil. Así.
CGF: Gracias Isabel y Bernardo, gracias Leticia, Chelo Tuya y Cristina del Río y también, por supuesto, gracias a Susana Neira por haber contado esta historia.
CGF: Esta ha sido una más de nuestras historias de Fuera del Radar… el podcast de periodismo narrativo que va más allá de la noticia. Soy Carlos García Fernández. Gracias por escuchar.
CGF: Fuera del Radar es un podcast narrativo producido por los periodistas de las cabeceras regionales del grupo Vocento. La coordinación general es de Carlos García Fernandez y Luigi Gómez Cerezo, que también han hecho la edición. La producción técnica es de Iñigo Martin Ciordia, el diseño sonoro y la mezcla es de Rodrigo Ortiz de Zárate y la dirección y producción ejecutiva de José Ángel Esteban.