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Virtudes Hernández, muestra un libro en su domicilio. J. M. GARCÍA

Virtudes Hernández, la narradora de 97 años de vivencias

Esta mujer, nacida en 1925 en Serradilla del Arroyo, ha publicado libros, ha escrito cuentos, poesías, ha hecho teatro, ha sido alumna de la Universidad de la Experiencia. A sus 97 años se declara feliz y sin echar de menos «nada»

Justino Sanchón

Salamanca

Sábado, 24 de junio 2023, 18:42

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Virtudes Hernández, a sus 97 años, se siente feliz, en un gran momento mental y físico. Sale todos los días de su casa, en el barrio de San Bernardo, para ir a misa, porque es de las personas que piensa que su fuerza se la aporta «el Señor», porque la fe le ha dado «fuerzas para seguir». Y hasta estos 97 años -el 22 de diciembre cumplirá los 98- le ha dado tiempo a criar a cinco hijos, a enderezar su vida tras una separación matrimonial en una época -en 1977- en la que apenas se hablaba de divorcio, a escribir cuentos, poesías, dos libros -de edición familiar-, ir a la Universidad de la Experiencia, a hacer teatro hasta el año 2000, a participar en cursos en la parroquia de Santa Teresa…

Una historia plena, llena de anécdotas, repleta de intensidad, de vida, de felicidad, de momentos duros. Pero ahora, sentada en la camilla de su casa, delante de una librería repleta de libros y mirando sus tiestos y sus flores, de las que presume, relata el momento en el que se encuentra: «me siento feliz y, encima, con buena salud».

Virtudes Hernández ha publicado su último libro, 'Recuerdos de mi niñez, de mi juventud y mi adultez', en el que relata su vida, de una manera directa y sin sensiblerías, en el que describe sus 97 años, sin adjetivos y repleto de descripciones. Un libro hecho para sus hijos y para que sus nietos «algún día lo puedan leer». Unas páginas que surgieron por el interés de uno de sus nietos y una de sus nueras para que aquellas anécdotas que suele contar en una comida familiar o las que relata entre risas y sonrisas ante una taza de chocolate con churros las dejara por escrito.

Y como a Virtudes lo de escribir no le cuesta, allá se puso. Y ahora lo ha conseguido. Un nuevo libro, unas nuevas páginas para contar su vida, una historia que comenzó un 22 de diciembre de 1925 en Serradilla del Arroyo, su pueblo que sigue recordando de manera emotiva y sonriente. Es más, su libro comienza con una poesía que le hizo al municipio donde nació y vivió hasta los años 60, del pasado siglo: «Recuerdo siendo muy niña / corretear por sus campos / cogiendo las margaritas / y bebiendo de sus fuentes / aquella agua cristalina».

Virtudes Hernández ha publicado su último libro, 'Recuerdos de mi niñez, de mi juventud y mi adultez', en el que relata su vida, de una manera directa y sin sensiblerías

Con una memoria prodigiosa, Virtudes no para de contar sus vivencias, de narrar multitud de historias, las mismas que relata en su libro, de aquel negocio de su abuelo, una panadería, que le valió para que su madre y su tía lograran vivir de manera holgada para aquellos años. Y recuerda cómo su padre compró un salto hidroeléctrico de Monsagro y que daba luz a tres pueblos: Monsagro, Serradilla del Llano y Serradilla del Arroyo.

El espíritu cultural y emprendedor de Virtudes nació, quizá, cuando la nombraron presidenta del grupo de Acción Católica en Serradilla y en una de las primeras reuniones con la delegada de Ciudad Rodrigo protestó por una de las reglas que «sería difícil de cumplir», como la prohibición de que las chicas fueran al baile: «en los pueblos era lo único que teníamos para divertirnos y conocernos los chicos y las chicas. La respuesta que tuve: había que intentarlo, ya que el baile era un foco de pecado, que un joven abrazara a una chica, eso era abrazarse con música. Yo no lo entendía así, nunca tuve que confesarme de haber pecado en el baile», según detalla en su libro.

Separación

Virtudes Hernández todavía recuerda con cierto desgarro y pesar los años en los que dio el paso de separarse de su marido, con el que se había casado en 1952 y del que se separó en 1977. Al mismo tiempo que evoca su luna de miel, con todo lujo de detalles relata su viaje a Valladolid, Madrid, Zaragoza o Galicia, también tiene en su memoria cada día que pasó en aquellos años 70, cuando decidió separarse, con sufrimiento, pero «sin que nadie se enterara, ni los padres, ni los vecinos» y, eso sí, con la misma sonrisa que ahora muestra en todo instante.

A partir de ese 1977, Virtudes inició una nueva vida, con fuerza y tranquilidad, tras años «duros y difíciles». Pero ahí estaba esta mujer, que sacó adelante a sus cinco hijos –los mayores, Manolo, Julita y José; y los dos más pequeños, los mellizos Federico y Tatiana-, con los que sigue manteniendo una relación tan bella como intensa. La fuerza y el dinero que le dieron aquellos negocios familiares, de los que ella se llegó a poner al frente, les sirvieron para afrontar aquellos momentos tan complejos.

Y con los años, Virtudes descubrió otro mundo, un mundo de cultura, de teatro, al que se acercó con 65 años, un mucho de literatura, que le lleva a escribir poesías, cuentos y libros. «Me gusta escribir tanto que, en estos años, ya de mayor, me sirve de terapia y me ayuda a pasar mejor el tiempo», afirma mientras sigue ofreciendo detalles de su vida, de su pasado, de su historia. Y añade que está «encantada» tras haber hecho teatro, escribir, haber acudido a la Universidad de la Experiencia, haber recitado poesías y haber participado en cursos.

Incluso muestra un artículo de prensa que escribió a su hijo José Antonio, después de que la llevara el pasado mes de septiembre a una corrida de toros, en la Feria de Salamanca, con toreros como Morante de la Pueblo, Talavante y Roca Rey. Un texto en el que ofrece una idea del conocimiento que tiene del lenguaje taurino –«el primer toro para Morante, muy soso y con pocas fuerzas, el torero se dio cuenta, no podía hacer nada lucido; acortó la faena y se lo quitó de encima rápido, a mí me pareció un gran acierto»- y de la ilusión por volver a los toros, un momento que quedará en su memoria «los años que me queden de vida».

Es joven por la ilusión con la que se levanta cada día a las 9,30 horas, por la alegría con la que acude todas las mañanas a misa en la iglesia de Santa Teresa, por el espíritu con el que pasea hasta las 14 de la tarde, cuando regresa a su casa para comer, y por la vida que derrocha en cada instante de conversación con sus hijos, sus nueras y yernos y sus nietos -el día 17 de junio acudió a la graduación universitaria de su nieto más joven-. Porque así es Virtudes, una explosión de alegría y de vida, y como dice ella, una mujer que no echa «de menos nada», porque se siente «más feliz que nunca y muy tranquila, con mis hijos, con mis nietos». «Me metí en el teatro, escribo, he ido a la Universidad de la Experiencia, he recitado poesías, he ido a cursos. Estoy encantada

«Me da pena cuando veo a gente más joven que yo que solo habla de males, que se sientan en un banco, que no tienen vida», agrega.

Así es Virtudes Hernández, esta mujer de 97 años, que ella misma se define como «decidida». Bueno, no se sabe si decidida o «mandona», como la llama una de sus hijas: «Y yo le contesto que por algo será. Soy una mandona porque sé mandar».

Virtudes, que vive sola, ha preparado unos emparedados para cuando acabe la entrevista, su plato preferido. Y quiere seguir hablando. Desea seguir narrando una vida repleta. Y quiere seguir contando sus vivencias de felicidad, de «la fe en Dios», porque ahora mismo no echa de menos nada. Es feliz. Es Virtudes Hernández Moro.

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