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Episodio 1

La última apuesta

Después de años enganchada, Elvira se enfrenta a la apuesta más importante de su vida: dejar el juego o perder su casa, su familia, y su gente

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Jueves, 19 de octubre 2023, 00:14

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¿Qué lleva a una persona a apostar todo lo que tiene en un bingo? ¿Qué ocurre en su cabeza para dejar toda su vida a la suerte?

Lo que comenzó como un acto casual de entrar a un bingo pasó a convertirse en una rutina semanal que finalmente se consolidó como una profunda adicción al juego. La protagonista de este primer episodio de 'Fuera del Radar' ha tenido que auto-prohibirse la entrada a los casinos para sobrevivir a su dependencia.

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Créditos

  • Una historia de Jorge Alacid

  • Edición Andrea Morán, Luis Gómez Cerezo y Carlos G. Fernández

  • Producción técnica Amalia Yusta e Íñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Coordinación general Andrea Morán

  • Ilustraciones Raúl Canales

  • Dirección y producción ejecutiva José Ángel Esteban

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Transcripción

Episodio 1

La última apuesta

PODCAST | LA ÚLTIMA APUESTA
JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN: ¿Qué tal? bienvenidas y bienvenidos a nuestras historias.
[SONIDOS CALLE POR LA MAÑANA]
[SONIDOS PASOS MUJER]
JAE: La protagonista de este episodio no tiene nombre. Mejor dicho, lo tiene pero prefiere preservar su identidad. No nos hace falta conocer cómo se llama: basta con saber que es una más de las centenares de miles de personas que sufren en España una adicción invisible…
[SONIDOS TECLADO]
JAE: Elvira, así la llamaremos, vive en Valencia y se acerca ya a los 50 años. Un día, desde su casa, entró en una página web para comprobar algo que intuía:
E: La primera vez, busqué en Google y encontré un test. Entonces había que contestar varias preguntas que te hacían...
JAE: Un test es casi un juego..
E: Por ejemplo, si había vendido algo para tener dinero, sobre las horas que pasabas allí…
[SONIDO AMBIENTE CASINO]
JAE: «Allí» es un bingo. Y no es un sitio cualquiera. Estamos hablando de una sala sin ventanas, sin relojes, que te absorbe, que te aísla del mundo para que solo pienses en jugar…
E: Entonces la noción del tiempo la pierdes totalmente. Yo he llegado hasta una jornada laboral. De entrar a las 18:00 de la tarde e irme a las 04:00 de la mañana. Sales de allí y no te lo crees.
JAE: Elvira completó el formulario del test… Y el resultado la sorprendió:
E: Lo aprobé con sobresaliente
JAE: Era ludópata
E: Me asusté diciendo: «¿Cómo puede ser? No me lo creo».
JAE: La ludopatía convive con nosotros sin que nos demos cuenta. Estamos rodeados de locales destinados al juego, salas de apuestas deportivas, administraciones del Estado, puestos de lotería, juegos online…
E: ¿Cuántos puestos de la ONCE hay en la calle Colón, por ejemplo?. Casas de apuestas hay muchísimas, puestos de apuestas del estado para hacer primitivas, loterías, etc.
JAE: Así que para las personas que sufren este tipo de adicción salir de casa es todo un reto.
E: No deja de ser una tentación continua.
JAE: Y quedarse dentro, también…
E: Están también los anuncios de televisión, el estar tranquilamente en tu casa, en el sofá, viendo la tele, viendo una película y de repente un anuncio.
JAE: No es, dice Elvira, como se pueda pensar desde fuera, una forma de diversión, un capricho, o un entretenimiento…
E: El problema es que la sociedad no está familiarizada con esto.
JAE: Y eso que está extendido como una niebla.
E: Pienso que hay más gente que tiene el problema de la que de la que nos pensamos. Hay gente que juega a primitiva, a lotería todos los días, todas las semanas. Eso también es una forma de adicción.
JAE: A Elvira costó entender que el juego, eso que tanto le gustaba, era una enfermedad. Para quienes sufren de ludopatía es un calvario, un descenso a los infiernos que se lleva todo por delante: familia, amigos, relaciones, trabajo, autoestima… y mucho dinero:
E: Si yo la primera vez tenía una deuda de exactamente 20.000€ a día de hoy, si cuento intereses, a lo mejor son 100.000.
JAE: Y pese a eso siempre está, ahí delante, en cualquier parte, la tentación. ¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentarse a esa batalla? ¿Qué ocurre cuando te conviertes en tu propio enemigo? ¿Quién puede ganar? Esta es la historia de alguien que, durante meses, ha estado lidiando con la voz de su conciencia. Con un ángel y un demonio…
E: El ángel bueno, el que te dice: «No vuelvas, te estás pasando y no sabes dónde va a llegar esto, no vuelvas». El diablillo se mete entre medio y te dice «¿Ves? No pasa nada. Verás como hoy hay suerte». Y dejas de escuchar al angelito y escuchas al diablillo, y vas».
[CABECERA. FUERA DEL RADAR: HISTORIAS MÁS ALLÁ DE LA NOTICIA. EN ESTE EPISODIO: LA ÚLTIMA APUESTA]
JAE: Solemos pensar que las tragedias ocurren por circunstancias extraordinarias, excepcionales. Que estamos a salvo de que nos toque a nosotros pero no siempre es así…no, todo puede empezar por cualquier lado y en cualquier momento…
JAE: Sigue contando esta historia Jorge Alacid.
JORGE ALACID: En el caso de Elvira, su vida ha seguido el camino más habitual: trabajo estable, amigos, pareja…
E: Una vida normal, vida normal y corriente.
JA: Trabajaba por cuenta ajena, pero decidió emprender y montar su propia empresa que siempre le había hecho ilusión. El reto era grande, pero se sintió preparada:
E: A partir de ahí empecé a trabajar, buscar clientes, promocionarme. Y bueno, me fueron saliendo trabajos y más o menos iba bien.
JA: Todo marchaba hasta que sufrió una decepción empresarial. Un encargo que no salió como ella esperaba. Aquello le pasó factura, le supuso problemas económicos pero, sobre todo, muchos quebraderos de cabeza.
E: Porque para mí era un calvario desde que me levantaba hasta que me acostaba, y cuando me acostaba seguia porque no conciliaba el sueño. Me volví loca porque no entraba dentro de mis planes. Se me fue todo al traste.
JA: Su vida se desmoronó, y perdió la concentración, la alegría. Apenas lograba conciliar el sueño. Solo podía pensar en lo que le había sucedido... Quizá por su estado de ánimo, Elvira en aquel momento era carne de cañón. Una presa fácil. Y así, una tarde cualquiera, con un gesto sencillo, cotidiano, se desencadenó una adicción…
E: Igual que me dio por ahí, me podía haber dado por otra cosa o por nada, simplemente pasarlo y ya está. Pero pues fue el día que se me ocurrió, por casualidad, meterme en un bingo. Un bingo normal, como cualquier otro. Estaba cerca de mi casa y acabé allí. No me preguntes por qué. Y ahí encontré la paz. Mi cabeza no pensó media hora en nada. En nada. Fue como desconexión total.
JA: Hasta entonces, Elvira tan solo había pisado un bingo de manera ocasional -alguna visita con amigos, después de una cena-, pero esta vez fue distinto, muy distinto. Esta visita, en solitario, tuvo en ella otro efecto, uno que al principio creyó «sanador»:
E: Me sentí bien porque fue un momento de relajación. De decir: «Estoy bien. Por fin no estoy pensando. Estoy tranquila y mi cabeza está tranquila».
JA: Aquel día entró con 20 euros y salió con 50, cantó una línea. Pero esa «paz mental» que tan bien recuerda se esfumó en cuanto salió del local. Llegó a casa y por la noche no consiguió dormir, como tantas otras veces. Seguía dándole vueltas a todo, regresaron los «fantasmas», como ella dice.
JA: Decidió volver al bingo. Pisar ese lugar se convirtió en un hábito:
E: Empezó yendo los viernes a cenar con mi pareja. Luego ya fueron viernes y sábado, luego ya era viernes, sábado y domingo. Casi siempre salíamos con más dinero del que íbamos, entonces pues se convierte en una rutina. En lugar de salir a cenar a cualquier otro sitio, pues vamos allí.
JA: De momento, era un pasatiempo inocente, el lugar y la actividad la ayudaban a relajarse. Alrededor, en cambio, sí empezó a reconocer comportamientos «preocupantes»…
E: Yo me daba cuenta de la gente que salía al cajero. Y yo pensaba: «Madre mía, esta gente no se ha dado cuenta de que se está gastando aquí barbaridades para nada» Yo era de las que pensaba eso. A los pocos meses era yo la que iba al cajero.
JA: Porque las apuestas se fueron incrementando y las pérdidas también…
E: Mi pareja en algún momento sí que me dijo: «Te estás pasando», y digo: «Venga ya, tampoco es para tanto». Y sí que era para tanto…
JA: Elvira, de momento, no era consciente de que estaba desarrollando una adicción…
E: Es una línea muy fina, no te das cuenta y cuando la pasas ya se acaba todo. Y luego ya empiezas a pensar en el mañana: «A ver si recupero lo que me gasté ayer» y no lo recuperas nunca, no recuperas nunca. Es más, va in crescendo. Y se va convirtiendo en lo que es una pesadilla.
[SONIDO BINGO]
JA: En España existen decenas de empresas de préstamos rápidos: son compañías que ofrecen pequeños créditos con intereses desmesurados. La facilidad y la falta de papeleo con la que los conceden atraen a personas como Elvira, que necesitan liquidez para seguir jugando.
E: Empiezas a pedir créditos. Te los conceden, empiezas a gastar. Luego, de repente te toca un premio relativamente bien: «Bueno, pues lo pago porque tengo dinero para pagarlo, me lo quito de encima» y en vez de hacer eso te gastas lo que te ha tocado y lo del crédito. A mí me tocaron 5.000 € una vez y me los gasté en un mes.
JA: Refiriéndose a esta dinámica de apostar y apostar, hay una expresión que Elvira utiliza con frecuencia: «espiral sin salida»...
E: Pasa otro día y es lo mismo y otro día. Y es lo mismo. Y otro día es lo mismo. Y así durante mucho tiempo, pues la bola se va haciendo muy grande y lo que era al principio una canica, de repente se vuelve una pelota de baloncesto.
JA: Es entonces cuando Elvira hizo aquel test en internet y empezó a asumir que tenía un problema: era adicta al juego. Por suerte, decidió buscar ayuda rápido y acudió a terapia. Allí le hablaron de la «autodenuncia», un mecanismo por el que puedes prohibirte a ti mismo el acceso a las salas de juego y al juego online durante seis meses. Además, se puede prorrogar.
JA: A Elvira le pareció una buena solución. Se dio de alta en la oficina de Atención Ciudadana y esperó a que la carta llegara a la casa familiar, donde aún no había contado su problema…
E: Sabía que llegaba más o menos en 15 días a casa y todo era mirar el buzón porque no quería que la vieran hasta que llegó, la vieron y me preguntaron ¿Y cómo lo explicas? Es difícil porque es una bomba de relojería.
E: Por mucho que les expliques, por mucho que les digas, no lo entienden. Ya no solo eso. Luego ya son las cifras. Las cifras, pues imagínate. Es muy doloroso para ellos.
JA: Eran las deudas que acumulaba, pero también el sentimiento de culpa y soledad…
E: Cuando llegas a los extremos a los que yo he llegado y que llega mucha gente, el contarlo a los amigos te da vergüenza Y no entienden que es una enfermedad y una enfermedad grave.
JA: Con el sistema de autodenuncia activado, Elvira se mantuvo lejos del bingo durante seis meses. Las personas adictas a las tragaperras, por ejemplo, lo tienen mucho más difícil porque pueden encontrar una máquina en cualquier bar. Pero ella sabía que, aunque quisiera, no la dejarían entrar en una sala.
JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN: Sí, Elvira se encontraba tranquila, a salvo, y con el paso de los meses logró restablecer su rutina. Llegó a pensar, incluso, que tenía la situación bajo control.
E: «No pasa nada, ya has estado mucho tiempo sin jugar y no va a pasar nada».
JAE: Fue entonces cuando ese diablillo volvió a aparecer para tentarla…
E: Yo también en esa época empecé a ir a grupos de ayuda y allí decían que las recaídas cada vez son peores. Pues yo creo que no escuchaba y nada me «desprohibí» y volví. Como decían, es peor y mucho peor.
PAUSA
JAE: Elvira ha recaído dos veces, la última fue tentada por los Rascas de la ONCE. Pensó que no pasaría nada si jugaba solo a uno. Pero luego fueron dos, tres… hasta que, de nuevo, su vida empezó a girar en torno a las apuestas.
JAE: Sigue contando Jorge Alacid.
JORGE ALACID: Durante esta recaída, Elvira se asustó más que nunca. En sus grupos de ayuda, había escuchado historias de todo tipo y le daba miedo lo que podía llegar a pasar.
E: Que hay gente que lo pierde todo, que pierde a la familia pierde el trabajo, pierde amigos, pierde la casa. Lo pierdes todo porque le das más importancia al juego que a tu vida.
E: Cuando llegas a ese punto es cuando llega mucha gente a suicidarse. Lo has perdido todo.
JA: Un día, en plena desesperación, intentó que dos familiares le confiasen un préstamo para seguir jugando. Ellos se negaron. Le ofrecieron ayudarla en la recuperación, pero no dejarle dinero para las apuestas.
E: Entonces me fui a pasear. Estaba, como te he dicho desesperada. Se me ocurrió llamar a un familiar que no debía haberlo llamado. Pensé: «Has sido egoísta. En lo único que piensas es que te ayuden económicamente». Porque me vencía un préstamo. Lo tenía que pagar en breve.
E: Y nada. Colgué. Me dio un ataque de ansiedad. Estaba sentada, vi una piedra, «Por favor, quítame esto de la cabeza, no puedo más». Y me golpeé con la piedra. Puse la mano en la cabeza. Tenía toda la mano llena de sangre y me asusté.
JA: Ahí Elvira tocó fondo. Por suerte, todo se quedó en un susto, una brecha, pero era consciente de que podía haber pasado lo peor. Se lo contó a su familia:
E: Lo conté en casa porque no aguantaba más, no aguantaba más, lo tenía que contar. Me preguntaron: «¿Qué te pasa?», Me preguntaron: «¿Has vuelto?», «Sí». A partir de ahí ya salió todo.
JA: Fueron momentos muy duros…
E: Cuando hablas con tus familiares y les dices que has vuelto a recaer, te dicen de todo menos bonita. Y te asustas. Te asustas mucho. No sé explicarlo, pero sobre todo el sentimiento de culpabilidad... «¿Por qué les estoy haciendo pasar por esto?».
JA: Pero también tuvo que enfrentarse al problema económico que cada vez era más serio:
E: Llega un momento que es tal la bola que tienes, que es imposible, por mucho que quieras es imposible. Tus familiares te ayudan. En su momento me ayudaron. Pero llega un punto que ya dicen hasta aquí. O sea, es que nos vas a arruinar a todos.
JA: Había pedido créditos y los intereses eran elevados. Por ejemplo: 1400 euros a pagar en 30 días, con intereses, son en realidad 1900. Y las empresas le empezaron a reclamar ese dinero.
E: Llamadas constantes, 3,4,5 llamadas diarias de una financiera, una o dos de otra. Mensajes de texto, emails. Todos los días.
JA: En su grupo de ayuda le explicaron que podía reclamar los intereses abusivos, algo que ella desconocía, y también la pusieron al corriente de la Ley de la Segunda Oportunidad. Nunca había oído hablar de ella.
JA: Esta ley se podría definir como un cortafuegos legal. Se aprobó en el año 2015 y es un proceso que permite a personas físicas cancelar deudas total o parcialmente y, de esta forma, salir a flote. El salvavidas que Elvira necesitaba.
E: Me puso en contacto con un bufete de abogados. Ellos me dijeron que reunía los requisitos y que si me podía acoger y a partir de ahí pues respiro un poco.
JA: Una escapatoria parcial, porque el agobio, la persecución a cargo de sus acreedores todavía hoy continúa. Mensajes y llamadas de extorsión constantes. De momento sigue los consejos de sus abogados:
E: «Yo no es que no te quiera pagar. Yo sigo las pautas. Yo sigo lo que me han dicho los abogados que haga». No lo entienden. Su objetivo es cobrar como sea.
JA: Acoso, deudas y, al fondo, la ludopatía que nunca termina de irse. Y aún más al fondo, algún rayo de luz, de esperanza. El eterno combate contra el diablillo tentador.
E: De repente me viene, digo: «No, no, no, no», o sea, ni siquiera lo deje entrar. O sea: «No fuera! No, no quiero saber nada de ti. Estoy muy tranquila y quiero seguir así».
JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN: Hace seis meses que Elvira no pisa un bingo. La última vez ganó un premio de 1.400 euros y se los gastó esa misma tarde. Sintió que había tocado fondo. Ahora se ha vuelto a autodenunciar para prohibrise la entrada a las salas de juego y ha tomado más medidas de protección que la última vez:
E: Pues por ejemplo, que mis familiares me acompañan, que me controlen las cuentas, llevar el dinero justo…
JAE: Su deuda asciende a unos 100.000 euros. Y aunque los problemas económicos le duelen, le pesa todavía más el daño que esta enfermedad ha provocado en su entorno:
E: Las personas que me importan ahora tienen falta de confianza conmigo. Las he estado engañando mucho tiempo.
JAE: Cuando piensa en la Elvira que entró por primera vez en un bingo, tiene muy claro lo que le diría:
E: «Ni se te ocurra entrar. No seas tonta y no entres. No entres porque esto te va a arruinar la vida». Porque me la ha arruinado. Yo podía vivir muy bien. Y mira cómo estoy.
JAE: Como todo paciente en proceso de rehabilitación, la pauta está clara: primero una zancada, luego otra. Mirar hacia el horizonte pero sin dejar de vigilar cada paso. Y observar a su alrededor para saber que no es tan distinta a los demás.
E: «No quiero hacerme ilusiones. Esto, como te dije, es una enfermedad que es para toda la vida. Y estoy intentando hacerlo lo mejor posible. Y espero seguir haciéndolo».
JAE: Según estimaciones reunidas por la Unidad de Ludopatía del Hospital Ramón y Cajal, el 2,5% de la población española tiene problemas con el juego, y el 1% sufre trastornos de ludopatía, es decir, medio millón de personas.
JAE: Gracias, Elvira por compartir tu historia, y gracias a Jorge Alacid por narrarla. Esta es una más de las historias de Fuera del Radar, un podcast narrativo que se mueve más allá de la noticia Soy José Ángel Esteban. Gracias por escuchar.
JAE: Fuera del Radar es un Podcast narrativo producido por los periodistas de las cabeceras regionales del grupo Vocento. La coordinación general es de Andrea Morán Ferres, Carlos García Fernández y Luis Gómez Cerezo han hecho la edición, la producción técnica es de Iñigo Martín Ciordia, el diseño sonoro y la mezcla de Rodrigo Ortiz de Zárate y la dirección y producción ejecutiva de José Ángel Esteban.