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Episodio 5

Antonio Catalán, el inventor de los hoteles urbanos

El hotelero navarro Antonio Catalán, fundador de NH y AC Hoteles, ha afrontado dificultades empresariales e infortunios personales. Emprendedor nato ha levantado dos imperios hoteleros: el primero fue NH, una cadena de hoteles urbanos confortables; en el segundo, AC, apostó por hoteles de diseño y de gama más alta

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Sábado, 17 de junio 2023, 00:07

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Antonio Catalán, hijo de un taxista, levantó su primer hotel con el dinero que reunió en su lista de bodas y con el objetivo de salir adelante a toda costa para no volver a trabajar con su padre. Desarrolló un nuevo nicho de mercado, los hoteles urbanos, con NH, empresa que vendió y volvió a crear otra cadena hotelera, AC Hoteles. Apasionado del ciclismo, ahora proyecta una cadena low cost, el 'Zara' de los hoteles.

Créditos

  • Una historia de Amparo Estrada

  • Edición Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo

  • Producción técnica Iñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Ilustración Alex Sánchez

  • Coordinación general Andrea Morán

  • Producción ejecutiva José Ángel Esteban

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Transcripción

Episodio 5

Antonio Catalán, el inventor de los hoteles urbanos

PODCAST | ANTONIO CATALÁN, EL INVENTOR DE LOS HOTELES URBANOS
AMPARO ESTRADA: El Palacio de Santo Mauro es un sitio único. Representa el máximo lujo y elegancia, lleno de muebles de anticuario, tapizados, con una decoración puramente francesa y rodeado por un jardín histórico de mil metros cuadrados. Aquí ha instalado su despacho Antonio Catalán, en la joya de la corona de su imperio. No hay un sitio más lógico que un hotel, este hotel, para encontrarnos y conversar con él. Su despacho contrariamente a lo que se pudiera pensar es una salita muy pequeña, con una gran mesa que ocupa casi toda la sala. Catalán se gastó siete millones de euros en restaurar este palacio construido en el siglo XIX. Entrar aquí tiene algo de místico porque los clientes no hacen ruido, todos hablan en voz baja, las alfombras que hay por todas partes amortiguan las pisadas y el casi silencio solo es roto por un hilo musical da sonido a las paredes.
AE: Si hay una clase empresarial por antonomasia en España es la de los hoteleros que han empezado de cero. Hay muchos nombres ilustres en el sector y entre ellos el de quien inventó un desarrollo hotelero que no existía en este país: una cadena de hoteles urbanos en los que todos tienen la misma calidad y no hay sorpresas desagradables.
AE: La vida de Antonio Catalán sin embargo sí tiene más de un acontecimiento inesperado. El hombre, y el nombre, de los hoteles confortables nació en 1948 en Corella, Navarra.
AC: Había un váter en el tercer piso que daba miedo subir porque estaba en el granero. Aquello era ya un lujo tener un váter, no una ducha; no, había un váter.
AE: Era plena posguerra y no había comodidades.
AC: Recuerdo que nos bañábamos en la última planta. Había una chimenea, calentaban agua y te metían en un cubo de vez en cuando.
AE: De ahí salió a comerse el mundo. Ha levantado un imperio hotelero. En realidad lo ha levantado dos veces, luego sabremos por qué.
AC: Cuando yo empecé era todo mucho más lento. Ahí sí que te permitían equivocarte todos los días, te daba tiempo.
AE: Con una relación laboral y afectiva en la empresa que funciona.
AC: Nosotros a la gente la tenemos cuidada, todo el mundo es fijo...
AE: Se ha casado cuatro veces y ha tenido seis hijos, pero ha logrado mantener la unidad familiar. Esto ha ayudado en los momentos más difíciles, como al morir su hijo Carlos por un cáncer a los 44 años.
AC: Y con él la verdad es que era como, ¿sabes una sensación de que estás hablando con alguien que te está escuchando?
CARETA
AE: ¿Qué tal? Soy Amparo Estrada y esto es 'LA EMPRESA DE MI VIDA', un podcast para conocer de cerca a empresarios y empresarias que han innovado con sus compañías. Para conocer a la persona no las cifras.
AE: Hoy hablamos con Antonio Catalán, el fundador de hoteles que empezó con el dinero de su lista de bodas, que tuvo que vender su casa cuando vinieron mal dadas, y que sigue pensando en nuevos proyectos como levantar un Zara de los hoteles.
SONIDOS PLAZA/NIÑOS JUGANDO
AE: Pero vayamos al principio. Cuando Antonio era un niño cualquiera que jugaba en la plaza.
AC: Entonces éramos mucho más imaginativos que ahora. Los niños no teníamos televisión. Nos imaginábamos ahí en la plaza, jugando...
AE: Un accidente inesperado complicó la situación.
AC: A los diez años, mi padre tuvo un accidente con el taxi. Le reventó un compresor en el único taller que había en Corella y le saltó en el brazo. No lo perdió de milagro. Se le quedó muy corto, pero el tío aguantó ahí, y a mí y a mi hermano nos metieron internos.
AE: Estuvo interno en el colegio hasta terminar bachillerato.
AC: Me dices: «¿Qué tal cocinaba tu madre?» No, no me acuerdo mucho. Porque estuve interno, primero en Pamplona en unas monjas y después ya en los corazonistas de Vitoria, de primero de bachiller hasta Preu.
AE: Guarda buenos recuerdos de aquellos años…
AC: Y la verdad es que yo recuerdo mi infancia, la recuerdo bien, mis amigos eran mis amigos, siguen siendo mis amigos.
AE: Aunque había mano dura.
AC: En aquella época el colegio era una especie de reformatorio. Ahí la mano la sacaban a pasear con entusiasmo, ¿no?.
AE: Las competiciones entre colegios eran a cara de perro.
AC: En Vitoria estaban los corazonistas y los marianistas, que esto era un Barça-Madrid, o sea, los curas en los partidos llegaban a las manos, casi.
AE: De aquella época le viene su pasión por el deporte.
AC: Los internos teníamos estudio hasta las ocho, con lo cual la única forma de librarte del estudio era dedicarte a hacer deporte.
AE: Le ha dejado huella…
AC: Yo siempre he hecho deporte y sigo haciendo y ya llevo 35 años haciendo la Ruta Jacobea en bicicleta.
AE: De la ruta jacobea, que comenzó por una promesa, hablaremos más tarde. Seguimos con Antonio niño, para quien las vacaciones escolares no eran exactamente vacaciones. Porque con 10 años ya trabajaba en el negocio familiar.
AC: Yo recuerdo que ya mi padre montó una gasolinera en Tudela, nos fuimos a vivir a Tudela y ya cuando volvíamos en verano era de ocho de la mañana a nueve de la noche, en el turno de la gasolinera, pues estar ahí limpiando cristales, poniendo gasolina…
AE: Uno de sus tíos les echó una mano.
AC: Yo tenía un tío cura que era el confesor de la mujer de Franco en aquella época, cuando venía a Corella.
AE: Un contacto de esas características era clave en aquellos años.
AC: Y yo creo que fue el que colaboró a que a mi padre le dieran una gasolinera en Tudela y por eso fuimos ahí.
AE: Y después de las vacaciones, había que volver al colegio y a enviar cartas semanales.
AC: Cada semana había una carta que yo la recuerdo. Te la podría deletrear: «Queridos padres y hermanos y hermanas, espero que estéis bien al recibo de esta, las notas esta semana han sido regulares, espero que la semana que viene sean mejores. Un fuerte abrazo. Vuestro hijo que os quiere». Era siempre la misma carta.
AE: A la primera gasolinera del padre se sumó otra.
AC: A partir de ahí, mi padre hizo otra gasolinera a ocho kilómetros con un hotel de carretera. Entonces yo, cuando terminé la carrera, empecé a trabajar allí.
AE: Fue todo un aprendizaje para Antonio.
AC: Dábamos 400 comidas, 400 cenas, había un comedor de turismo, otro para camioneros. Y bueno, aquello fue donde me aficioné a esto de la hostelería.
AE: Nos vamos a detener un momento en la relación de Catalán con su padre porque es lo que le sirvió de impulso para lanzarse a la aventura, aunque de forma distinta a lo que algunos puedan estar pensando.
AC: Yo tenía claro que no quería trabajar con mi padre, que quería ser independiente. Y bueno, un día decidí marcharme. Con gran bronca por parte de mi padre.
AE: Un padre con una visión muy de la época.
AC: Decía que los hombres habían nacido para trabajar y mantener a las mujeres.
AE: No habían pasado muchos años desde la Guerra Civil.
AC: Aquella época, la gente dice, era mucho más dura la de ahora, pero todo era más duro, más fuerte. Lo que pasa es que entonces lo que tenías claro cuando empiezas a estudiar es que si tú estudiabas una carrera, al día siguiente estabas trabajando.
AE: Con mucho trabajo.
AC: En Corella se trabajaba lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo por la mañana...
AE: Y costumbres ya superadas.
AC: Yo me acuerdo que todo el mundo salía: los hombres a un lado, las mujeres se quedaban en casa, iban a las tabernas, que había unas mesas largas, entonces compraban queso fresco, anchoas estas de Cuba,unas cajas redondas de madera, y rábanos, y merendaban en el grupo de amigos. Las cuadrillas de la época… y las mujeres siempre estaban en casa.
AE: Y empezó una historia que ahora sería casi imposible. Construir un hotel, el Ciudad de Pamplona, teniendo solo unos pocos miles de euros, pesetas entonces. Tirando primero de dinero de la familia…
AC: Mi suegro nos dio un millón de pesetas. A mi padre le dije: «Hombre, no vas a ser menos», y otro millón de pesetas. Y de la lista de bodas, otro millón. Entonces, yo, sinceramente, creía que era millonario. Con tres millones de pesetas de las de entonces, estamos hablando de 18.000 euros.
AE: Levantar el hotel costó 95 millones de pesetas. Antonio buscó socios, futbolistas navarros que estaban en el Barça y en la selección española. Luego, créditos hipotecarios y ayudas del Gobierno de Navarra.
AC: Y la verdad es que fue un éxito total.
AE: Todos estaban entregados al proyecto.
AC: Cuando abrimos el hotel mi mujer hacía camas, es decir, las mujeres de los socios poniendo, ayudando a todo el mundo… El tema era como sacamos el hotel adelante…
AE: Porque no había marcha atrás.
AC: Lo que a mí me motivaba, fundamentalmente porque mi fracaso era volver a casa. El día que dices a tu padre vete a hacer puñetas que yo me voy a ganar la vida solo…
AE: Con ese primer hotel, en 1978, ya rompió moldes respecto a lo que era tradicional.
AC: Nosotros las maletas las subíamos por educación, pusimos televisión incluso con mando a distancia.
AE: Encender la tele a distancia era asombroso en esos años.
AC: La gente se llevaba el mando a la casa pensando que iba a coger su televisor, le iba a dar y se iba a producir el milagro y no se producía el milagro.
AE: Así que Catalán ya tenía una carta preparada para que los clientes que se habían llevado el mando lo devolvieran al hotel.
AC: Había una carta muy amable diciéndoles que: «Por favor… seguramente se habrá equivocado, lo habrá confundido con la calculadora…» y nos devolvían los mandos.
AE: Después llegó Baqueira a través de su suegro. Ahora ese complejo de pistas de esquí y hoteles es conocido en toda España, sobre todo por las visitas de la familia real. Pero antes de que esas fotos inundaran las revistas, era un sitio más y no muy boyante. El padre de la primera mujer de Antonio Catalán, el que le había dado un millón de euros en su boda para empezar con el primer hotel, era accionista de Baqueira y ante los malos resultados que obtenían propuso al resto de socios que lo dirigiera Catalán
AC: Perdían dinero con el hotel, con lo de las pistas, con todo… y mi suegro dice: «Yo tengo un yerno muy espabilado y tal», entonces me propusieron coger el hotel y todo el tinglado que no fuera el tema de esquí. Y nada: «Le dije oye, venga, perfecto».
AE: Pero con una norma clara.
AC: Simplemente lo que hice fue decir aquí no meten la mano en la caja.
AE: La suerte llegó porque Jaime Carvajal, presidente entonces del Banco Urquijo y amigo del rey Juan Carlos, le pidió una reserva para una de sus hijas que iba a esquiar. Y Catalán llamó rápido al director del hotel.
AC: Que las cuidas como si fueran tus hijas.
AE: Aquello hizo despuntar a Baqueira y le abrió la puerta para comprar otro hotel. El Calderón en Barcelona, que lo tenía el Banco Urquijo.
AC: Llamé a Jaime Carvajal, que quería verlo y tal, y me dijo: «Venga, sin ningún problema, ¿cuánto dinero tienes?» «100 millones». No tenía un duro, claro.
AE: Lo compró con una historia rocambolesca.
AC: Convencimos al director del Banco Popular de que nos diera un cheque sin fondos de 25 millones.
AE: La sociedad del hotel tenía en su balance 25 millones de pesetas y pidió en el Popular un cheque por esos 25 millones que en realidad no tenía ni serían suyos hasta que no comprara el hotel.
AC: Fui a Barcelona, compré el hotel y esa misma mañana ingresamos los 25 de la cuenta.
AE: Esa noche fue una de las peores para una persona: el director de la sucursal del Popular que dio el cheque.
AC: Y dice: «He estado toda la noche rezando, porque si no llega a ser esto así, ¡me echan del banco!»
AE: Y ya con dos hoteles, en Pamplona y Barcelona, empieza a crecer sin parar.
AC: Ya un día miramos para atrás. Coño, tenemos una cadena de hoteles. Entonces había que ponerle nombre y le pusimos NH, que quería decir Hotelera Navarra, puesto del revés. Fue mi primera sociedad.
AE: Antonio Catalán tiene a gala cuidar y preocuparse por sus empleados. A los del primer hotel los hizo socios del Ciudad de Pamplona.
AC: Cogí un 10% y los repartimos de una forma simbólica. Lo hicimos como una especie de créditos de 25.000, 50, 100.000 a todos los trabajadores del hotel. Los que se habían dejado la piel en el invento. Que después, cuando yo vendí la participación, había gente que cobró un millón de euros, un millón y pico.
AE: Ha defendido públicamente la subida del salario mínimo y sueldos dignos.
AC: Cuando vienes de abajo, una reflexión que tienes es si el reparto es equitativo. ¿Es justo el reparto?
AE: Cuenta que nunca ha tenido huelgas en sus empresas. Aunque las hubiera en el resto de la ciudad.
AC: Yo recuerdo que pasaban por Rambla Cataluña y se paraba la manifestación. ¡Catalán cabrón, cierra el Calderón!
AE: Ni protestas de las camareras de piso.
AC: Yo soy el rey de las Kellys.
AE: Sabe que en su negocio lo importante son las personas.
AC: Un buen hotel con un mal personal no funciona; un mal hotel con un buen personal hasta puede funcionar.
AE: Y ya no es solo cuestión de resultados…
AC: Todo el que tiene un problema médico automáticamente me llaman a mí y movemos los hilos en Pamplona, en la clínica de Navarra, la clínica de aquí de Madrid…
AE: Para Antonio, la clave es la cercanía personal.
AC: Cuando yo voy a ver un hotel, lo primero que hago es llamar al director y a la gobernanta. Y si no me acuerdo del nombre de la gobernanta: «Pepa», Le doy dos besos, «Pepa, Pepa, Pepa, que la veo cada día más joven y más guapa y todo». Entonces, hay una relación muy curiosa dentro de la gente. Nosotros no hemos tenido nunca una huelga.
AE: Eso le gusta…
AC: Yo te digo una cosa, en AC que me da más satisfacción es que la gente que está trabajando conmigo a mí me llama 'presi', no me llama de usted.
AE: Y eso lleva a la fantasía…
AC: Y yo te diría que si hubiera elecciones ganaría por mayoría absoluta con el 95-99%.
AE: Antonio Catalán levantó la primera cadena de hoteles urbanos en España, los NH, la vendió y levantó otra: AC Hoteles. En la actualidad, la cadena cuenta con más de 11.000 habitaciones repartidas en 100 hoteles y tiene cerca de 4.000 empleados. Además, es socio del líder mundial, el grupo Marriott. Es una empresa muy personal… pero no familiar.
AC: Ninguno de mis hijos trabaja aquí en la compañía.
AE: Ni quiere que lo hagan.
AC: Yo soy anti empresa familiar.
AE: Ve riesgos.
AC: Al final hay un tema que es claro, o sea, si mi hijo piensa como yo, uno de los dos está equivocado.
AE: Y conoce lo que ocurre.
AC: ¿Qué veo yo en las empresas familiares de íntimos amigos míos? Que hay cinco de la familia y nadie toma ninguna decisión.
AE: También quiere evitar conflictos familiares.
AC: Con lo cual intento que no pase, como en todas las familias bien españolas. Resulta que tú y yo somos hermanos y resulta que mi mujer ha cogido la vajilla que compró mamá que vale cien euros y al final tú no te hablas con mi mujer… al final lío familiar por nada.
AE: Por eso anda a la búsqueda de un profesional externo para AC, de un Pablo Isla, que fue elegido mejor consejero delegado del mundo y llevó a Zara al máximo nivel. Aunque hay una razón más profunda.
AC: Carlos era el que estaba previsto.
AE: Carlos Catalán era su mano derecha, vicepresidente de la compañía. Y su hijo.
AC: Era el vicepresidente de la compañía y una vez desaparecido Carlos, pues el planteamiento es: esto hay que profesionalizarlo. Ya son cinco hijos, más los nietos.
AE: Su hijo Carlos, Charly como le llamaba, enfermó de cáncer en 2020.
AC: En plena pandemia, yo le llamo: «Oye Charly, vente a comer». Era lunes. Había estado jugando al golf el domingo. «Es que no me encuentro muy bien…»
AE: Fue al hospital a hacerse un chequeo.
AC: Bajamos a las seis a la clínica y de repente veo que vienen todos los médicos por el pasillo y nada… llegamos en corrillo ahí al lado del ascensor y me dicen que… Digo: «¿Qué, le habéis encontrado, qué tiene?», porque era un chequeo…
AE: El resultado de las pruebas fue un golpe durísimo, descorazonador.
AC: Cáncer de hígado. Me dice: «Antonio, no hay nada que hacer. Tiene un cáncer en las biliares».
AE: Y ya solo había un padre que a toda costa quería proteger a su hijo de la angustia y del dolor.
AC: Cogí a todos: «No os pido más que una cosa. Yo ya sé que mi hijo no va a salir y yo lo único que os pido es que nadie sepa que Carlos no va a salir»
AE: Una situación muy difícil. Que le llevó a tomar una decisión muy difícil.
AC: ¿Qué vas a contarle?, «¿Qué te vas a morir?»
AE: Antonio no quería que Carlos estuviera pensando cada día que se iba a morir. Cuidarle y protegerle hasta de los pensamientos más sombríos.
AC: Y así estuvimos seis meses, que la única que sabía que no salía era mi mujer. Ni su madre, ni sus hermanos, ni Carlos.
AE: No se arrepiente.
AC: Y me dices: «¿Te arrepientes?» No. Para nada. De hecho, mi nuera a las dos o tres semanas de fallecer me escribió un whatsapp, que normalmente nunca me escribe, me llama, y pone: «Te tengo que agradecer muchas cosas, pero nunca terminaré de agradecerte que nos hayas estado seis meses engañando».
AE: La pandemia le robó las últimas semanas con su hijo.
AC: Falleció el 10 de noviembre y yo estuve todo el mes de octubre en la UCI con el covid.
AE: Antonio Catalán salió del hospital con 13 kilos menos. Lo peor llegó en unos días.
AC: Cuando llegué allí arriba estaba agonizando y nos quedamos ahí tres horas hasta que falleció y yo me quedé solo con él en la habitación.
AE: Muchos años antes, en junio de 1997, diecinueve años después de crear la cadena NH, Antonio Catalán se estaba peleando en la mesa del Consejo de Administración de la empresa con sus socios financieros. Se planteaba una fusión pero desde el otro lado de la mesa presionaban a Catalán para que rebajara su porcentaje de participación del 35% al 20%, lo que suponía en la práctica que dejaba de controlar la compañía.
AC: Entonces les digo: «Yo entiendo que los lunes no estoy muy fino porque he dormido demasiado. Pero vamos a ver, yo soy el primer accionista, aquí mando yo».
AE: Así que contraatacó: o se quedaba de presidente, que para eso era el primer accionista, o se iba.
AC: «Si no queréis esto, os vendo a la compañía».
AE: Ante este ultimátum, el consejo no quiso que Catalán vendiera y se fuera. Pero él ya había tomado la decisión.
AC: Entonces, yo me fui peregrinando con cara de buen niño uno por uno a los consejeros: «Llevo toda la vida trabajando. Yo quiero tener una cadenita más pequeña, de hoteles de lujo».
AE: Y les convenció.
AC: Cuando yo vendo NH yo cobro 16.000 millones de pesetas, 11 millones de euros, que entonces era un capital importante. Y la mitad me pagaron en edificios y la mitad en dinero. Y al día siguiente yo empecé la fiesta.
AE: Al cabo de un mes había comprado dos hoteles. Y en uno de los que se había quedado, el Santo Mauro, es donde estamos hablando con él.
AC: Y aquí planteamos la nueva estrategia AC.
AE: Para empezar había que buscar un nombre para la nueva cadena hotelera…
AC: Empezamos a ver marcas yo con Carlota, la penalista que es la que le ponía nombre a todo. No había manera… de decir: «Oye, pues pon AC, que son tus iniciales y además coincide con los nombres de los niños Carlota, Alejandra, Alicia».
AE: Había más hijos, más nombres….
AC: Pero teníamos Carlos, Ignacio… Ignacio no sabíamos dónde meterlo. Entonces Carlota dice: «Papi, pon AC, que son las iniciales de las niñas, que son las que vamos a mandar».
AE: Así se quedó: AC. Otra vez empezaba todo a crecer…Pero llegó la crisis de 2008.
AC: Nunca pensé que podría haber una crisis como la de 2009. Yo llevaba desde el 78, había pasado mil crisis pero duraban un año, año y medio.
AE: La crisis económica iba a durar años y años. Cuando empezó, AC estaba abriendo un hotel cada tres semanas.
AC: La crisis del 2010 cuando dicen que Zapatero no la vio, ¡que coño! Aquí no la vio nadie, la vimos todos, pero la dimensión del tiempo no la vio nadie, pero nadie. O sea que en aquel momento yo las pasé canutas.
AE: Tuvo que vender su casa, el barco…un montón de cosas.
AC: Yo creo que lo importante es cuando las cosas van mal, la capacidad de reaccionar.
AE: En aquella situación las posibilidades pasaban solamente por sobrevivir. Pero en el mundo de los negocios, sobrevivir sin crecer es morir. Y entonces llegó Marriott Internacional, el líder mundial del sector.
AC: Hay gente que dice: «Joder, que visión tuvistes». Visión ninguna.
AE: Marriott quería comprar AC Hoteles.
AC: Aparecen unos señores que te quieren comprar la compañía.
AE: Aunque Catalán tenía otros planes.
AC: Y vender… «No, yo haría una sociedad con vosotros».
AE: Y les vendió el 50% de su marca AC Hoteles en 2010 con el compromiso de venderles el otro 50% diez años después por un múltiplo de los beneficios que hubiera ese año. Pero en 2020 llegó el coronavirus y el confinamiento y no hubo beneficios. Marriott podría haberse quedado con todo sin pagar más.
AE: Para entonces Antonio Catalán ya era amigo íntimo del presidente de Marriott, Arne Sorenson. Una amistad a prueba de idiomas porque ni Catalán habla inglés ni Sorenson hablaba español.
AC: Me dice: «¿Tú qué quieres hacer?» Yo le digo: «Yo tengo claro que en su momento os vendí la gestora, no los hoteles, con lo cual la gestora es vuestra, será vuestra y nos pagáis y se hará».
AE: Una amistad que sirvió para renegociar el acuerdo y que Catalán siguiera en el grupo. Es el único socio internacional de Marriott.
AC: Y me dice: «¿Tú vas a montar otra sociedad?» Digo: «Mañana. Esto tenlo claro». Y dice: «No, no, un momento, pon precio a tu cabeza». Y fueron 150 millones
AE: Les unió la pasión por los hoteles pero también por la ruta jacobea. Antonio empezó a hacer el Camino de Santiago en bicicleta en 1990 por una promesa tras un accidente que sufrió una de sus hijas.
AC: Mi hija la penalista cuando tenía dos años, vivíamos en Barcelona en un chalecito y no llegaba a abrir la puerta. Y un día llega, sale y…
AE: La niña fue operada tras el atropello y se recuperó. Hoy es una prestigiosa abogada penalista, que le gasta bromas a Antonio, su hermano, que ha sido torero.
AC: Cuando estamos en el barco en verano o estamos en la piscina, le dice a Toñete: «¿Qué pagarías tú por esta cicatriz, no esa mierda que llevas en la pierna?»
AE: La primera vez, Antonio hizo la ruta jacobea solo con dos de sus hijos y un amigo. Desde entonces se ha institucionalizado y cada año se juntan casi ochenta personas, incluido Miguel Indurain.
AC: Yo creo que habrán pasado mil ejecutivos, políticos, todo tipo; periodistas, un poco de todo, ¿no? Cuando hacemos la operación con Marriott, invitamos a Arnie, que era el presidente mundial. Entonces, Arnie se vuelve loco con la ruta, porque para un americano esto de la ruta… Y es que fue apasionante, cada día había un vídeo que salía en toda la red del mundo Marriott, con lo cual a mí me conocen. Soy el único socio que tiene Marriott hoy por hoy. Arnie era mi íntimo amigo.
AE: Ahora, con 50 más 25, como le gusta contar su edad, Antonio Catalán sigue pensando en nuevos proyectos. Quiere hacer el Zara de los hoteles.
AC: Lo que estoy viendo es que aquí hay dos segmentos cada vez más claros: un segmento de lujo, y un segmento de precio.
AE: Hoteles baratos pero con calidad.
AC: Si hacemos este proyecto, yo no quiero ser Primark, quiero ser Armani.
AE: Porque Armani haga lo que haga, desde Alta Costura hasta su marca más desenfadada, mantiene esa elegancia contenida que le caracteriza.
AC: Tú coges cualquier prenda de Armani y todas tienen un punto.
AE: Y ya sabe qué hoteles de los que tiene cambiarían de marca.
AC: Yo creo que somos capaces de hacer un proyecto imaginativo. Un low cost pero bien hecho.
AE: Después de todo lo logrado, Catalán sigue queriendo más.
AC: Yo tengo la bicicleta que quiero tener, el coche que quiero tener y la casa que quiero tener, lo que me motiva, pero todos los días es más hoteles, más personal, más gente, más, más.
AE: Y en ello está.
AC: Yo creo que tendremos unos mil hoteles en dos o tres años. Habrá mil AC por el mundo.
AE: Lo que nunca le ha faltado a Antonio Catalán es ambición.
AC: En la vida la palabra ambición, que suena como rara, la verdad es imprescindible. O tienes ambición o estás siempre en el sitio.
AE: Aunque la ambición no es suficiente.
AC: Están los creadores de las cosas, los empresarios así espabilados, que como no tenían nada que perder tenían todo por delante para poder arriesgar. Y la verdad es que yo te digo que si este país tuviera empresarios como en el sector, no lo digo por mí, sino por mis colegas, este país sería el número uno del mundo. Tú ves gente que ha empezado con una mano delante y otra detrás y hoy tiene hoteles en medio mundo, igual que nosotros.
AE: Ambición de hacer.
AC: La ambición es hacer las cosas mejor, que seamos los números uno, no necesitamos ser los más grandes, necesitamos ser los mejores.
AE: Y de dejar un legado.
AC: Yo me acuerdo que siempre Carlos decía: «Tus nietos dirán: Mira: ¿Esto?, mi abuelo».
CARLOS G. FERNÁNDEZ: 'La empresa de mi vida' es un podcast escrito y narrado por Amparo Estrada. La edición es de Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo. Iñigo Martin Ciordia hace la producción técnica y Rodrigo Ortiz de Zárate la mezcla final. La coordinación general es de Andrea Morán. José Ángel Esteban es el productor ejecutivo.