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El bar gallego que enseña la sostenibilidad del último 'Nobel de Arquitectura'

El bar gallego que enseña la sostenibilidad del último 'Nobel de Arquitectura'

ODS 11 | Ciudades y comunidades sostenibles ·

El último premio Pritzker mantiene una estrecha relación con Galicia, desde donde impulsa —a través de la Fundación RIA— la arquitectura sostenible

Raquel C. Pico

Martes, 9 de mayo 2023, 07:07

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Puede que ningún bar haya tenido tanto protagonismo a la hora de hablar del Premio Pritzker de arquitectura como el que ha logrado en las últimas semanas el Bar do Porto, en Corrubedo (A Coruña). Lo ha conseguido porque pertenece a David Chipperfield, el más reciente galardonado, y no solo porque esa curiosidad llame poderosamente la atención. El bar puede ser leído también en clave, por así decirlo, filosófica. Es un ejemplo perfecto de cómo se puede cambiar la relación con los espacios y el entorno para hacerlos más respetuosos. Es un resumen fácil de entender de qué es la arquitectura sostenible.

«No abrí el bar con grandes ideas de sostenibilidad en mente, simplemente era algo que parecía tener sentido a nivel local y que sería un proyecto agradable», reconoce, al otro lado del correo electrónico, el propio Chipperfield.

David Chipperfield.
David Chipperfield. Adrián Capelo - Fundación RIA

«El fuerte sentido de comunidad que existe en Galicia es algo que he admirado y disfrutado durante casi 30 años, así que me alegra contribuir a ello de alguna manera», explica. Y añade: «Pero ciertamente reconozco que un bar o una plaza pública forman parte de la infraestructura social de un lugar y debemos prestarle atención cuando tomamos decisiones sobre nuestro entorno construido». «Nuestro trabajo en Galicia, a través de la Fundación RIA, no ha hecho más que confirmarme que no podemos ver la sostenibilidad social y medioambiental de forma aislada», asegura.

El bar, apunta desde la sede en Santiago de Compostela del organismo el director de la Fundación RIA, Manuel Rodríguez, «condensa todas estas preocupaciones». «Es la recuperación de un edificio histórico, con arquitectura popular», señala. «No solo es la recuperación de un lugar, sino de una función social», apunta. Y eso es, al final, lo que podría ser la esencia de una arquitectura sostenible. Es una que piensa en los espacios y en las personas.

De hecho, el compromiso de Chipperfield con el entorno está claro. El propio dictamen del jurado del Pritzker lo destaca, como lo hace también sobre su trabajo en Galicia a través de la fundación. ¿Estamos cada vez más preocupados por la sostenibilidad? «Creo que la actitud está cambiando, indudablemente», apunta Chipperfield. «Somos más conscientes de nuestras responsabilidades, tanto como profesionales que prestan un servicio como en calidad de consumidores», indica. «Está claro que necesitamos encontrar un mejor equilibrio entre el entorno natural y el construido, y que este equilibrio resulta fundamental para promover la calidad de vida», señala.

«Debemos reconocer que, como arquitectos, formamos parte del sector de la construcción, que es responsable de casi el 40% de las emisiones de carbono», responde Chipperfield cuando se le pregunta qué papel tienen estos profesionales a la hora de salvar el planeta. Así, habla de la necesidad de «un marco normativo con una mayor coordinación que garantice una construcción más responsable» y de defender «la importancia de una buena planificación que medie entre los intereses del mercado y las preocupaciones fundamentales del medio ambiente y la sociedad».

«Debemos reconocer que, como arquitectos, formamos parte del sector de la construcción, que es responsable de casi el 40% de las emisiones de carbono»

David Chipperfield

arquitecto

Los arquitectos son quienes, «en un plano práctico», pueden coordinar el debate sobre estos temas, pero también quienes pueden «tomar decisiones más responsables en sus diseños». Esto incluye igualmente reutilizar las construcciones que ya existen.

Desde Galicia para el mundo

Pero ¿por qué trabajar desde Galicia? Como explica Rodríguez, la Fundación RIA —que el arquitecto ha impulsado desde la comunidad, en la que vive parte del año y en la que también tiene una de las direcciones de su estudio de arquitectura— tiene en Galicia un laboratorio. Es decir, está analizando qué se ha hecho en la comunidad, cuáles son sus tradiciones o qué ocurre con sus espacios para extraer lecciones que tienen un eco mucho más global y que ayudan a resolver los retos a los que se enfrentan muchas más regiones que la gallega.

«Somos conscientes de que muchos de los retos a los que se enfrenta este rincón de España son compartidos por comunidades y regiones de toda Europa, pero creo que en Galicia la presencia de la naturaleza y su importancia económica y cultural son más explícitas de lo que podríamos encontrar en otros lugares», explica el propio Chipperfield.

El director de la Fundación RIA también destaca: «De todos los debates globales, en Galicia encontramos los mismos problemas». Pero a eso se suma la tradición. «El extracto tradicional sigue estando presente», añade, lo que es muy atractivo a la hora de buscar «esas respuestas» que los retos del siglo XXI imponen. Por ejemplo, en la comunidad se han mantenido técnicas constructivas que ahora, que se empieza a apreciar lo que los saberes tradicionales aportan para cuidar el medioambiente y mejorar la sostenibilidad, es un extra.

Imagen de una de las intervenciones puntuales propuestas en Palmeira.
Imagen de una de las intervenciones puntuales propuestas en Palmeira. Fundación RIA

Con todo, Galicia no es una Arcadia y fue esa realidad menos positiva la que dio el chispazo inicial. «Aquí vemos una demostración muy vívida del impacto que tienen la industria y el entorno construido en la erosión de la calidad medioambiental y el deterioro de la comunidad», apunta el arquitecto, «y también vemos mucho potencial para construir un futuro sostenible, centrado en la calidad de vida y en una economía circular». «Estoy muy ilusionado con el ejemplo que Galicia puede dar en este sentido», indica.

Rodríguez recuerda que a Chipperfield le ha llamado la atención en los 30 años que lleva ligado a Galicia los procesos de degradación en los espacios, tanto a nivel natural como tradicional, y cómo se estaban perdiendo valores conectados con el entorno por la fractura de la transmisión generacional. De esa preocupación, indica, viene el germen de la Fundación RIA actual.

«Tras haber desarrollado una fuerte conexión personal con Galicia a lo largo de dos décadas, en 2015 fui invitado a realizar un estudio arquitectónico sobre edificios abandonados en los cascos urbanos de la Ría de Arousa», recuerda Chipperfield. «En seguida quedó de manifiesto que el estado del entorno construido es una muestra de los retos a los que se enfrentan las comunidades, por lo que emprendimos una investigación más profunda que se extendía más allá de los límites convencionales de la práctica arquitectónica», asegura. Para establecer soluciones duraderas, señala, es importante tener una «comprensión más profunda de la ecología y la economía «la participación colectiva de las comunidades locales, las empresas, las industrias y los gobiernos».

Desde que la fundación empezó a trabajar en 2017 han abordado «cuestiones como la movilidad, los procesos de contratación, la gestión del suelo y la gobernanza», explica el arquitecto. Rodríguez muestra en las oficinas santiaguesas del organismo planos, fotos y mapas sobre algunas de las cosas que han hecho, como estudiar cómo debería cambiar una carretera de la ría de Arousa para ser más vivible para los habitantes de las localidades que atraviesa o escuchar en el Barbanza Ecosocial Lab a los residentes de más edad de la comarca para aprender del pasado cómo hacer mejor el futuro. También están trabajando en la recuperación de núcleos rurales con un proyecto de aldeas modelo, comprendiendo qué se necesita en esos enclaves.

Al final, la idea es trabajar desde la recuperación de la identidad local y la regeneración urbana, la gestión territorial o la cultura de la arquitectura y el diseño para crear procesos más respetuosos con el entorno, indica, señalando las líneas maestras, el director de la Fundación.

Una casa para la arquitectura sostenible

En un futuro próximo, la Fundación RIA se mudará a una nueva sede más amplia. Será también en Santiago y desde la que, prometen, se lanzará un programa de actividades muy conectado con las cuestiones clave de esta arquitectura sostenible.

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