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Modelo de ataúd para el compostaje humano de la empresa estadounidense Recompose. Recompose
Compost humano: así quieren los rituales funerarios ser más verdes

Compost humano: así quieren los rituales funerarios ser más verdes

ODS 11 | Ciudades y comunidades sostenibles ·

El compostaje humano emerge en Estados Unidos. Aunque todavía es ilegal en Europa, esto no implica que no se puedan encontrar alternativas sostenibles y ecológicas para gestionar la muerte

Raquel C. Pico

Martes, 18 de abril 2023, 07:44

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Pocas cosas existen en este mundo sobre las que tengamos una absoluta certeza: una de ellas es la muerte. Todos estamos llamados a morir. Es ley de vida. Sobre lo que no hay una convicción tan clara es con lo que pasará con cada cual después de su fallecimiento. A los rituales sociales y religiosos se suman ahora cuestiones como la de qué impacto tendrán estos en la naturaleza.

En la búsqueda por reducir la huella ambiental de la vida, también se piensa ahora en la que genera la muerte. En Estados Unidos, varias empresas han empezado ya a ofrecer un proceso de compostaje humano. Recompose es una de ellas y emplea un proceso llamado «reducción natural orgánica» para convertir los restos humanos en un material similar al propio suelo y que, prometen en su web, se puede usar para regenerar la tierra.

El proceso no solo es una manera de reintegrar al propio ser humano en el ciclo de la vida, como recuerdan en Return Home, otra empresa estadounidense que ofrece un servicio de compost, sino que además también reduce la propia huella que genera el entierro. Según los cálculos de Recompose, cada persona que opta por el compostaje frente a la cremación o el entierro tradicional ahorra en emisiones una tonelada de dióxido de carbono y consume una octava parte de la energía que hubiese gastado en esos procesos. Por supuesto, el compostaje humano no implica echar a nadie en una compostera: estas compañías han diseñado tecnologías y procedimientos para hacerlo de forma respetuosa y segura.

Lo que ha ocurrido durante la pandemia —con un trágico pico de mortalidad— ha aumentado el interés por el procedimiento, según explican desde esa industria a The Guardian. Incluso hay quienes dejan expresos sus deseos de cruzar las fronteras interestatales en EE. UU. tras su muerte para poder ser compostados allí donde sí es ya legal. Es, calculan, la próxima gran innovación en el cuidado tras la muerte, una industria que, en ese país, está ya creando un entramado de empresas emergentes que buscan la disrupción del modelo tradicional. El compostado no es la única propuesta: también hay quienes trabajan, por ejemplo, para lograr convertirnos, en la muerte, en árboles.

La idea del compostado humano no sería posible —tal y como están ahora mismo las cosas— en Europa. «Hay una serie de normativas que establecen una serie de protocolos», resume al otro lado del teléfono Luis Nouel, director general de Limbo Europe, una empresa de productos funerarios. En Estados Unidos tampoco era factible hasta no hace mucho. Solo lo consiguieron tras hacer 'lobby' político y, aun así, solo en seis estados.

Con todo, que el compostaje humano no sea posible en España no supone que no se pueda hacer un funeral verde. Nada más lejos de la realidad. La propia industria es muy consciente sobre la importancia de reducir el impacto de su actividad —en un reciente congreso profesional, explican, la sostenibilidad era uno de los temas protagonistas— y ya se ofrecen muchas alternativas mucho más respetuosas con el medio ambiente. «Se puede ofrecer un servicio que cubra la mayor parte de los elementos [con alternativas verdes]», asegura Víctor Humanes, desde los féretros —cambiando el tratamiento de la madera para eliminar los barnices, por ejemplo— hasta el impacto que tienen los procesos de cremación. Por añadir una muestra, en Limbo Europe ya comercializan un saco orgánico para cumplir la normativa en traslados y repatriaciones y evitar el zinc.

También existen opciones de menos impacto en otras áreas. «Hemos desarrollado una corona de plantas vivas», apunta Nouel. Con ella se evita usar flores cortadas —muy contaminantes y con una vida útil limitada— y se añade un recuerdo positivo para los seres queridos del fallecido. Cuando termina la ceremonia, las plantas se convierten en un elemento emocional más para la familia y amigos, porque se las pueden llevar a casa. «Funciona muy bien», dice.

«Las cenizas en si no son sustrato vegetal del que pueda crecer un árbol»

Louis Nouel

director general de Limbo Europe

Incluso, fundirse con la naturaleza tras la muerte es más o menos factible. No es posible enterrarse directamente sobre la tierra, pero sí se puede optar por otras vías que implican un paso intermedio. «Una vez que entregas las cenizas de un ser querido a su familia, puede hacer lo que quiera con ellas», apunta Nouel. Y si las empresas del sector que organizan esparcimientos deben usar zonas acotadas, para las personas las cosas son un tanto distintas —básicamente, porque la situación es más bien «alegal»—y nada impide enterrarlas y dejar que luego crezca a su lado un árbol. Por existir, ya existen cementerios que ofrecen la posibilidad de hacerlo ya en ese entorno y convertir así al ser querido en parte de un bosque. No son habituales en España, pero alguno hay, apunta Humanes, eso sí, privados.

En el mercado ya hay urnas funerarias que son «productos biodegradables», como las que son de sal, para lanzar al mar y que se funden con las aguas del océano «en 5 minutos», como explica Nouel; o algunas de tierra o hechas con huesos de aceituna triturados, que son así sustrato para el bosque. «Las cenizas en si no son sustrato vegetal del que pueda crecer un árbol», apunta el directivo, «pero pueden ayudar». También existen urnas de bioplásticos —«parecen plásticos, pero no lo son», asegura Humanes— y de materiales como la arena, que se integran con los lechos de los ríos.

Un cambio de mentalidad

«El servicio funerario, en general, cambia mucho en función de la costumbre», explica Humanes. Es decir, los rituales de la muerte están muy conectados con las propias tradiciones y culturas. Ellos mismos lo ven, por ejemplo, en las diferencias entre lo que es habitual cuando gestionan el funeral de clientes extranjeros: las familias que vienen del norte de Europa prefieren procesos mucho más extendidos en el tiempo que las españolas.

Y esto, que es una curiosidad, puede ayudar a entender también cómo cambia la cuestión de lo verde: tendría que integrarse en las tradiciones y los rituales que nos parecen habituales y cercanos. Así mismo cabe recordar, como nos dice Humanes, que «el proceso de duelo es un momento bastante duro». Quizás, no es un instante en el que nos paremos a pensar en otras cosas.

Aun así, la demanda de servicios y alternativas verdes va en aumento. «Sí, sí que notamos un mayor interés», apunta Nouel. Y, al mismo tiempo, si la funeraria ya las ofrece, raro es quien se niega a aceptarlas, «pero dentro del mismo precio que están dispuestos a gastarse», añade Humanes. Como ocurre con otros productos, cuesta aquí también abrir algo más la billetera.

¿Llegarán prácticas como el compostaje humano a España? Por ahora, es hacer cábalas y teorías. Humanes no hace pronósticos, aunque sí recuerda que en España, al principio, la cremación parecía algo ajeno y ahora la media española ya ronda el 45%. «No veo por qué no», plantea Nouel. La costumbre lo haría complicado y, mientras nadie lo pida, difícilmente la industria lo importará, pero a medida que se haga normal «eventualmente» podría aparecer.

Además, los cambios generacionales también se notan en cómo nos enfrentamos a la muerte y eso abre un potencial cambio frente a cómo nos sentimos ante la idea de ser compostados. Return Home, una de esas empresas estadounidenses de compostaje humano, tiene cientos de miles de seguidores en TikTok. Lo que hoy nos parece más llamativo o extraño puede que no lo sea tanto dentro de, digamos, 50 años.

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