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«Construir es destruir»
La entrevista

«Construir es destruir»

Juan navarro baldeweg | arquitecto y pintor ·

«El arte puede producir mensajes nuevos», asegura. Pero advierte: «El peligro es que sean mensajes para nadie»

Domingo, 3 de julio 2022, 00:24

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Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939) pasea por la Galería Marlborough de Madrid, donde estos días expone su colección 'Entonces y hoy'. Por los lucernarios de algunas salas se cuela una luz cruda, propia de un día de sol inclemente. Una luz que da un brillo especial a unas pinturas que en algunos casos ha hecho con sus manos, sin pincel, y en otros dejando que sean la ley de la gravedad y otros fenómenos físicos los que formen la composición. Navarro Baldeweg fue primero pintor y luego arquitecto y ganó el premio Nacional de Artes Plásticas un cuarto de siglo antes que el de Arquitectura. Pese a su brillante carrera, sus muchos concursos ganados y su prestigio docente en la Escuela, es de nuevo más pintor que arquitecto. Ambos trabajos, el íntimo y sin límites con el lienzo, y el más técnico, condicionado y necesitado de un equipo que lo realice, con los planos, están indisolublemente unidos en su cabeza. Se observa en su obra y se ratifica en las detalladas explicaciones que ofrece ante cada uno de sus cuadros, en cómo concreta su manejo del espacio, la luz y las sombras y el carácter tan físico de algunos trabajos.

- Primero estudió Grabado en la Escuela de Bellas Artes y luego hizo Arquitectura para ganarse la vida, ha dicho alguna vez. No eligió una carrera fácil.

- A mí me interesaba el arte en general desde que, estando en Santander, llegaron a mis manos los libros de la Escuela de Altamira. Allí vi que no había diferencia entre las artes. Y entonces tuve claro que iba a estudiar una carrera artística. Empecé con la pintura y de hecho la primera exposición la hice justo al empezar la carrera en la Escuela de Arquitectura. Luego, al acabar, trabajé en temas relacionados con el Urbanismo y otras cuestiones, me fui al MIT de Massachusets con una beca de la Fundación Juan March y allí tuve mucho contacto con todas las disciplinas artísticas porque convivíamos pintores, músicos, fotógrafos...

- ¿Qué hacía por allí?

- Trabajaba con coordenadas que son esenciales para traerlas a la superficie. A partir de entonces, he hablado de la luz y la creación de paisajes en la arquitectura a través de la luz cenital, por ejemplo. Trato de mostrar los vínculos que existen entre todo eso. Lo orgánico y las fuerzas que nos rodean es lo que caracteriza mi trabajo.

- ¿Estamos ante un pintor arquitecto o un arquitecto pintor?

- No es fácil contestar a eso. Lo gravitatorio y la luz, que son esenciales en la arquitectura, son cosas comunes a la pintura. El primer monumento de la Historia, una piedra sobre otra piedra, es algo puramente gravitatorio. Y eso también está en la pintura. Por eso es difícil saber qué viene antes. Hay obras que nacen de lo figurativo de ciertos paisajes. Como le decía, la penetración de un rayo de sol en un paisaje, algo tan claro en la pintura, se puede crear en la arquitectura mediante una cubierta que permita pasar la luz a ciertas horas.

Sueños y realidad

- ¿La pintura permite soñar y la arquitectura obliga a poner los pies en el suelo?

- La arquitectura tiene aspectos mucho más latosos y la pintura es mucho más libre. Al menos ahora, que no estamos obligados a pintar a los reyes. Pero es cierto que se mantiene la emoción de lo orgánico. En mi carrera de arquitecto ha influido la pintura, y al revés.

- ¿Y el mercado no condiciona la pintura?

- He disfrutado de libertad porque no he tenido que vivir de la pintura. Eso me ha permitido experimentar, hacer lo que me daba la gana. Y he ido cambiando mi manera de hacer en todos estos años.

- En cambio, en su faceta de arquitecto ha tenido que pelear con las administraciones, por concursos ganados que luego no se han desarrollado, pleitos durante las construcciones...

- Fueron cosas dolorosas que supusieron un gran desgaste. Pero no quiero hablar de esas desavenencias. Son asuntos del pasado. El arte es una cosa mágica, maravillosa, y por tanto más exigente que otras.

- Hay otro aspecto: en la pintura está usted solo. En la arquitectura requiere de muchos equipos, sobre todo en la fase de construcción. ¿Cómo ha llevado esa dependencia?

- En ese sentido, la arquitectura se puede equiparar con el cine. Cuesta mucho y mueve mucha gente. La pintura tal y como yo la he hecho es muy sencilla, pero en el fondo es más exigente. Piense que la 'pintura sin manos' que yo hago muchas veces, como se ve en esta exposición, puede que sea la más primitiva. Al final, la cuestión es que el arte puede producir mensajes nuevos. El peligro que sean mensajes para nadie.

- ¿Y entonces?

- Creamos la expectativa de que lo que hacemos sea válido para alguien. La realidad hay que descifrarla porque a veces te dice cosas que no puedes entender. Es algo que depende con frecuencia de tus prejuicios.

- La pintura que le da tanta libertad es desconocida por mucha gente que en cambio ha visto sus edificios, donde ha tenido más limitaciones. ¿Qué sensaciones le genera eso?

- Puede suceder que, en efecto, una obra arquitectónica sea mucho más conocida que una pintura, pero eso no significa que el origen y la razón de ser de esa obra se entiendan. A veces, el valor de las obras es algo que adquieren con el tiempo. O que desaparece, que también puede suceder. La arquitectura es la más frágil de todas las artes, porque intervienen muchas manos.

- Y porque con frecuencia la naturaleza y el tiempo destruyen edificios o son demolidos para dejar sitio a otros.

- Construir es destruir. No es algo nuevo. Lo hace la naturaleza continuamente. Pero habrá más reconversión, más reciclado de edificios porque es cada vez más fácil hacerlo. Si se hacen algunos cambios de tipo técnico se puede vivir mucho mejor en una casa antigua que en una moderna. La razón de ser, la estética, el origen de un edificio puede sobrevivir. Hay partes que siguen siendo válidas siglos después. Se ve muy bien en las ciudades italianas.

Razones para todo

- ¿Y qué se hace con esos añadidos a los edificios? ¿Es partidario de volver a la forma original o de respetar lo que se fue haciendo con el paso del tiempo?

- Depende de la calidad de lo que se haya añadido. Intervienen factores que deben vincularse a esos elementos que cambian. Siempre hay una razón para todo: la conservación o el cambio. Piense que en una casa se cambia el lavavajillas y eso no genera modificación esencial alguna. Pues lo mismo en los edificios. E igual sucede con las palabras: algunas son muy estáticas, otras se van modificando con el tiempo.

- ¿Y con lo dañado por causas naturales o guerras? ¿Se reconstruye idéntico o se levantan edificios nuevos en su lugar?

- Se puede vivir con unos valores muy actuales en un contexto más clásico y al revés. Luego están las conexiones con el mundo, y aquí entran en juego las circunstancias medioambientales.

- De algunos arquitectos se dice que tratan de hacer antes esculturas que edificios. ¿Qué le parece?

- Puede haber obras ejemplares en el sentido de que sean creadoras de lenguaje. Los fundamentos clásicos de la Arquitectura duraron muchos siglos. Estaba todo definido en sus aspectos básicos y apenas si cambiaban las proporciones. Luego llega un punto en que eso ya no sirve y empieza la transformación desde los niveles inferiores. Se puede ser nihilista en el sentido de aceptar lenguajes creados en otras circunstancias.

- Usted como profesor durante muchos años tiene que haberlo notado: ¿los jóvenes arquitectos de hoy van más por la vertiente artística o la práctica?

- Como le decía, un edificio no se justifica como arquitectura o como obra puramente artística salvo que sea ejemplar en la articulación de ciertos elementos. Pero eso ocurre muy pocas veces. No creo que una cosa así deba dejar de tener utilidad. Ahora bien, ya le comentaba antes que el problema a veces está en las palabras. Llevamos siglos llamando árbol a una entidad unida al suelo, el aire, la lluvia... algo que no tiene fin, un ser vivo que establece vínculos con todo lo que lo rodea. El problema ecológico sería más fácil de entender si tuviéramos otras palabras. Estamos muy estancos en conceptos. Debemos facilitar la conexión entre los factores que intervienen en nuestro mundo. Hay que relacionarnos y comunicarnos con nuevos lenguajes.

- Alguna vez ha dicho que la arquitectura no ordena el mundo pero lo hace visible. ¿Y la pintura?

- La arquitectura, si establece vínculos con su entorno, es más fácil de entender. Mi pintura también se relaciona con fuerzas externas e internas. Por eso tiene la sensación de complementariedad, de ese movimiento, de palpitación, de hacer que nos sintamos más transparentes.

- También ha escrito y hasta hizo la portada de un disco...

- Sí, uno de Radio Futura.

- ¿Le habría gustado haber hecho otras cosas? ¿Más portadas para discos, escenarios para el teatro o la ópera?

- Me ha gustado mucho lo que he hecho. No he tenido nunca dudas.

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