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Lorenzo Silva, auto de 'Púa'. Carlos Ruiz
«Todos llevamos dentro un bicho rabioso»
Lorenzo Silva, escritor

«Todos llevamos dentro un bicho rabioso»

«Las guerras sucias se pierden siempre», dice el autor de 'Púa', un descenso a las cloacas del Estado en busca de la raíz del mal. «Hablo más de los peones de la guerra sucia que de los cerebros», precisa el prolífico narrador

Miguel Lorenci

Martes, 9 de mayo 2023, 16:38

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«Las guerras sucias se pierden siempre». Eso es lo que nos enseña la historia, según Lorenzo Silva (Madrid, 1966), autor de 'Púa' (Destino), una novela en la que el escritor y exabogado desciende a las cloacas del Estado en busca de la raíz del mal. Se pregunta qué les pasa a quienes cruzan esa delgada línea que separa a una persona 'normal' de un asesino, secuestrador, terrorista y torturador y que actúan por una causa presuntamente justa. Un línea «que todos podemos cruzar en cualquier momento».

Traspasar esa finísima línea que nos lleva al lado oscuro «es fácil», asegura el escritor. «Con el estímulo suficiente, todos somos una mala persona. Todos llevamos dentro un bicho rabioso, una maldad que podemos controlar más o menos. La mayoría no lo soltamos jamás, o muy comedidamente, pero se puede desatar en un instante», afirma.

En 'Púa' habla Silva de «un conflicto moral», de sociedades y de personas. De alguien que se declara una «mala persona» en la primera línea de la novela, que ha traspasado conscientemente la frontera de la legalidad y de la humanidad, que miente, asesina, secuestra y tortura. Que señala a otros para que los maten y «que tiene sus precedentes psicológicos».

«Tiene conciencia. No es un psicópata», dice Silva del protagonista de la novela en la que cuenta como este personaje sin nombre se sumerge en lo más oscuro y siniestro del las alcantarillas del poder. «No es un psicópata ni un canalla, insisto. Vemos el viaje de una psicología individual», dice. «Quería saber qué sucede con las personas cuando dan ese paso, de modo que hablo más de los peones de la guerra sucia que de los cerebros», aclara Silva.

«Me cuesta encontrar una guerra sucia que no se convierta en derrota», dice el antiguo abogado y hoy prolífico autor, padre de los picoletos Bevilacqua y Chamorro. «A largo plazo las guerras sucias acaban mal, inexorablemente» insiste Silva. «La historia nos enseña que las sociedades que recurren a la guerra sucia son menos exitosas», señala poniendo como ejemplos a los GAL, la guerra de Argelia alimentada por los servicios secretos franceses, las implacables acciones de la inteligencia israelí contra Hezbolá y Hamás, de la del Reino Unido contra el IRA o la librada la Edad Media por el control de Jerusalén que acabó con la civilización de los nizaríes, al secta de los asesinos que se infiltraron entre su enemigos como hoy hacen los espías.

«En el GAL hubo dos cosas decepcionantes: los ejecutores fueron unos chapuzas desastrosos que mataron y torturaron a quienes no debían, y desacreditaron, además, la democracia ante cientos de miles de ciudadanos vascos», apunta Silva. No teme que le acusen de blanquear la guerra sucia de aquellos infaustos Grupos Antiterroristas de Liberación «porque esta novela no va sobre eso».

Chacos

«No tengo miedo a meterme en ningún charco; lo hice con la guerra de Irak, con la guerra de África, con la lucha contra ETA y con el independentismo catalán. No blanqueo el GAL, que fue el banderín moral del terrorismo vasco, muy contraproducente, y que contribuyó poco a acabar con ETA, con la que se acabó gracias al cumplimiento de la ley y a la democracia. Me ocupo de unas personas que se implican en la guerra sucia y trato de decir que son seres humanos con todas sus contradicciones», arguye.

Esta vez su protagonista se llama Púa, -una alusión a su inteligencia y sus altas capacidades operativas- y actúa por resentimiento en un tiempo indeterminado y en un país que jamás se nombra. Se infiltra en 'La Compañía' para asesinar a los malos, a los terroristas que acabaron con la vida de su hermano, en una dura ficción que no tendrá continuidad.

«Con Bevilacqua, que es un buen tipo, podría hacer quince novelas o más; con Púa no. Esto no sera una saga», advierte el escritor «No hay fechas ni lugares, lo que me da una enorme libertad literaria concretas; no hay móviles porque los de ETA y los de Al Queda, por ejemplo no los usaban», explica.

Silva ha 'cocido esta novela durante años, hablando con todo tipo de personas implicadas en operaciones terroristas y contraterroristas, policías o soldados enfrentados a al disyuntiva de matar o morir. Gente que conoce bien las cloacas del Estado, esas alcantarillas a las que todas las sociedades democráticas participan

«La guerra sucia es una cosa muy habitual, pero son un mal innecesario». «Habrá quien diga lo contrario, puesto que hasta un Nobel de la Paz, Barack Obama, ha ordenado ejecuciones extrajudiciales y autorizado acciones en las que la muerte de niños y mujeres son daños colaterales», denuncia. «No he hablado con torturadores y asesinos que se jactaron de ello, como la mayoría terroristas tampoco cuentan con orgullo sus asesinatos. El asesino que se jacta de sus actos tiene una textura moral débil y no eso lo que me interesaba abordar», señala.

A lo largo de veintisite años Lorenzo Silva ha escrito 84 libros y ha publicado buena parte de ellos en Destino, sello que celebra su idilio con un escritor en el que confía ciegamente. Tanto, que la primera edición de 'Púa' es de 60.000 ejemplares. Desde que fuera finalista del premio Nadal en 1997 con 'La flaqueza del bolchevique' se han convertido en une referente de la editorial. «Algo que antes solo ocurrió con Miguel Delibes», destaca el editor Emili Rosales.

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