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Monika Zgustova, en el jardín un hotel madrileño. Virginia Carrasco
Milena, mucho más que la amante de Kafka

Milena, mucho más que la amante de Kafka

Monika Zgustova recrea la vida de la traductora de Kafka al checo, una luchadora por la libertad que murió en el campo de Ravensbrück

Domingo, 17 de marzo 2024, 00:53

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Fue mucho más que la amante de Kafka. Culta, feminista, bisexual y morfinómana, Milena Jesenská tradujo al escritor del alemán al checo, pero además apoyó y dio cobijo a los refugiados alemanes y judíos que huían del nazismo, se codeó con los miembros de la élite intelectual que se congregaba en los cafés de Viena y se hizo respetar en el campo de concentración de Ravensbrück, donde sobrevivió al horror y la miseria.

La escritora Monika Zgustova acaba de publicar una novela sobre la vida fascinante de esta mujer adelantada a su tiempo que, como Stefan Zweig, fue testigo de la efervescente vida cultural de una era que se extinguía, la del periodo de entreguerras en que se produjo la desmembración de aquella Europa central que se quería más libre. 'Soy Milena de Praga' (Galaxia Gutenberg) es una recreación de la de la vida de esta periodista que hizo apología del divorcio y que se rebeló contra las normas que constreñían a las mujer.

Milena y Kafka mantuvieron un romance que apenas duró seis meses, cuando ya el escritor estaba siendo devorado por la tuberculosis. Ambos se intercambiaron cartas que han desaparecido. «Ese amor les marcó a los dos para bien, porque luego se hicieron muy amigos. Prueba de ello es que Kafka le entregó sus diarios para que los cuidara después de su muerte. Si a Max Brod le encomendó que quemara su obras, a Milena le mandó que se ocupara de sus diarios, que ella se los entregó a un amigo para que se publicaran».

Hija de un conservador de malos humos, cirujano maxilofacial y patriota centroeuropeo, la joven Milena no se sometió a los dictados de un padre autoritario y se acabó enamorando de Ernst Pollak, un judío de talento tan enorme como improductivo que la humilló con sucesivos engaños. Los esfuerzos de su progenitor por impedir esa boda llegaron al extremo de internar a su hija en un manicomio. De nada sirvió el celo paterno, porque la rebelde Milena siguió viendo a Pollak a escondidas del padre, de cuyo apellido prescindió. De esa época datan sus escarceos con la morfina. «Yo la llamo la última centroeuropea, perteneciente a una cultura con distintas lenguas, credos y tradiciones».

Conde comunista

Divorciada de Pollak y sin que llegase a fructificar la relación que mantuvo con Kafka, que murió en 1924, Milena regresó a Praga con un conde comunista y empezó a trabajar en periódicos y revistas. Se desenvolvía con naturalidad en los círculos intelectuales de la capital checa, y complementaba sus ingresos procedentes del periodismo con las traducciones, su auténtica vocación. Vertió al checo el relato de Kafka 'El fogonero', al que que sucederían la traducción de la novela 'El proceso' y las obras 'Las meditaciones' y 'La condena'. «Fue una mujer rompedora, contraria al conservadurismo que había vivido en casa. En su artículos se dirigía a las mujeres para que no malgastaran su vida con hombres y relaciones tóxicos».

Militante del partido comunista, abjuró de sus convicciones ante la decepción que le produjo conocer que lo presentaba como la el paraíso de los trabajadores no era tal. «Trabajaba para un periódico del partido y se dio cuenta de que los comunistas, incluso en la prensa, actuaban como un totalitarismo. Cuando su segundo marido, Jaromír Krejcar, volvió de la URSS, adonde viajó arquitecto, confirmó sus ideas de que el comunismo no funcionaba».

«Incluso en el campo de concentración fue una mujer libre. Se presentaba tarde a los llamamientos y no temía ni los castigos ni a los guardias»

 

 

Apresada por la Gestapo por ayudar a los refugiados judíos, fue confinada al campo de concentración de mujeres de Ravensbrück, donde conoció a la que fue su gran amor, Margarete Buber-Neumann, Greta, una mujer que conoció también las atrocidades del gulag. Pronto ambas se hicieron amigas, se reunían de noche en las letrinas de Ravensbrück para contarse sus confidencias y aflicciones. Milena, que desafió el miedo y el terror que inspiraban los carceleros, destilaba una alegría insólita en in escenario tan lúgubre. «Incluso en el campo de concentración fue una mujer libre. Se presentaba tarde a los llamamiento de la mañana, no tenía miedo a los castigos ni a los guardias. Pese a estar presca, con Greta fue realmente feliz, más dichosa que con sus dos maridos».

Plantó cara al infierno nazi, pero no sobrevivió a la carnicería de los cirujanos de Ravensbrück que la operaron de un riñón. Murió en 1944 a los 48 años, sin poder cumplir su vieja aspiración de escribir un libro sobre el horror de los campos.

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