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El filósofo Henry David Thoreau, autor de 'Walden' y 'La dispersión de las semillas', en 1856.. Pepitas Ed.
Se publican los ensayos inéditos de Thoreau 170 años después de 'Walden'

Se publican los ensayos inéditos de Thoreau 170 años después de 'Walden'

Contemporáneo con Charles Darwin, sus escritos científicos se reúnen en 'La dispersión de las semillas', por primera vez en español

Lunes, 18 de marzo 2024, 00:51

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Para los urbanitas que huyen del ritmo de vida de la ciudad y buscan en el campo la paz, el ensayo 'Walden' es una especie de biblia y su autor, Henry David Thoreau, un profeta. Cuando han pasado 170 años de la primera edición de esta crónica sobre vivir en una cabaña rodeada de naturaleza, salen por primera vez en español los ensayos posteriores a su libro más famoso. Publicado por la editorial Pepitas con el título 'La dispersión de las semillas y otros escritos tardíos de historia natural', el volumen de más de 300 páginas recoge la «investigación puramente científica» que Thoreau (Estados Unidos, 1817-1862) escribió los últimos ocho años de su vida, que dedicó a la botánica en Concord (cerca de Boston, Massachusetts).

Contemporáneo de Charles Darwin, algunos de los escritos de este poeta y filósofo fueron publicados de forma póstuma (murió aún joven de tuberculosis complicada por la gripe), extraídos de un diario de miles de páginas. Pero siguieron marginados sus detallados estudios recogidos en ' La dispersión de las semillas' y 'Otros escritos tardíos de historia natural', que ahora ven la luz. Como Darwin, Thoreau no se limitaba a repetir lo que daban por cierto en su época, cuando la ciencia estaba en pañales. Él iba a contracorriente.

Sostenía, por ejemplo, que «es la naturaleza la que planta nuestros árboles forestales y otra vegetación. Cuando en esta región brota un bosque de forma natural, allí donde no había crecido antes ninguno de su misma índole, no dudo en afirmar que esa foresta ha surgido de semillas». Lo que ahora parece obvio, muestra cómo fueron los orígenes de las investigaciones que se desgranaban en ciertas publicaciones y que poco a poco iban permeando en la sociedad. «Es una argumentación en contra del concepto entonces prevalente de que algunas plantas brotaban de forma espontánea (...), un lugar común equivocado de la época», indica Robert Richardson, en la introducción de esta edición ilustrada.

Contemplación

Ahora bien, lo más relevante de los escritos de Thoreau que ahora se publican es lo que se lee entrelíneas: su forma de observar, sus meditaciones que desembocaban en un pensamiento crítico, la manera de concluir después de la reflexión ante la evidencia. En nuestra era de millones de imágenes por segundo, en la que los números (likes, seguidores, megas...) guían la importancia de los contenidos, se aprecia lo que Thoreau enseña: que es posible crear un espacio para la cavilación y la inteligencia pausada, para la meditación y el caminar. Sus observaciones y su larga escritura en una vida corta, representan una silenciosa conferencia magistral sobre el valor del tiempo. Como dice Richardson: «en el manuscrito surge una potente metáfora de la muerte y del renacimiento».

Sus frases abren la imaginación del lector para calcular cuántas horas dedicó Thoreau a la contemplación necesaria para detallar las relaciones entre los elementos de la naturaleza. No son vistazos fortuitos lo que describe, sino momentos extraídos de años vividos y kilómetros andados.

Cuántas horas de mirada atenta hay en esta frase, por ejemplo: «mientras estaba sentado en el interior de otro pinar, vi a un arrendajo volar hacia un roble blanco situado a treinta metros en un pasto, y tras recoger una bellota del suelo, voló hasta el árbol con ella; se colocó la bellota bajo la pata en una rama y la empezó a martillear con el pico, con un movimiento rápido pero extraño, como de balancín o tambaleo; tenía que levantar la cabeza a mucha altura para ganar el impulso necesario».

Lenguaje poético

Los ensayos, además, son ricos en citas de pensadores y científicos, desde Plinio hasta Darwin, lo que revela que los desarrollos de sus ideas no son discusiones al azar o neófitas. Como en las tesis académicas actuales, el autor demuestra que conoce lo que le antecede y lo que aportan sus propias teorías. Como cuando relaciona el tamaño de las semillas con su posibilidad de expandir la especie o aborda la reproducción de cerezos, plátanos occidentales, saúcos, enebros, manzanos, perales, nenúfares, entre otras plantas, y la simbiosis que establecen con animales, desde aves hasta mamíferos como ratones o vacas.

En 'La dispersión de las semillas' hay también un lenguaje poético que permea cada página de esta obra: «No, el sauce no es árbol para suicidios. Nunca desespera. ¿Es que no queda humedad en la naturaleza que pueda él transmutar en savia? Es el emblema de la juventud, de la alegría y de la vida eterna. ¿Dónde está el invierno de su descontento?», pregunta Thoreau en esta ambiciosa y magistral mirada al nacimiento de la vida.

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