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Carlos Sainz celebra su cuarto título en el Dakar. AFP
Carlos Sainz y un legado eterno para el deporte y la vida
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Carlos Sainz y un legado eterno para el deporte y la vida

El nuevo éxito del Matador le confirma como uno de los deportistas cuya Edad de Oro sobrepasa las generaciones

David Sánchez de Castro

Madrid

Viernes, 19 de enero 2024, 13:16

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Carlos Sainz Cenamor es padre, piloto, deportista, empresario, vinicultor y, sobre todo, leyenda. Pocas personas pueden ostentar esa manida y manoseada calificación con más orgullo que el Matador, posiblemente uno de los mejores de todos los tiempos. Si el éxito profesional va acompañado de los reconocimientos externos, el de Sainz está fuera de toda discusión.

Hijo de un empresario y cónsul honorario como fue Antonio Sainz Rebollo, fallecido unos meses antes del cuarto trofeo 'Touareg' de su vástago, Carlos Sainz lleva compitiendo literalmente toda su vida. A los 16 años ya sabía lo que era levantar un trofeo como campeón, en este caso de squash, un deporte al que el pádel se lo ha comido aunque comparten muchas similitudes. Poco después, con su buen amigo Antonio Boto decidió montarse en un Renault 5 TS para disputar el rally Shalymar de Madrid, porque era el automovilismo lo que le volvía loco.

Metódico como pocos, Boto, luego Juanjo Lacalle (su mano derecha aún hoy en día, y padrino de Carlos, el otro piloto de la familia), luego el mediático Luis Moya o el más reciente Lucas Cruz con el que se acaba de coronar de nuevo en las arenas de Arabia… Muchos copilotos han cantado las órdenes a Sainz de las curvas que tenía que tomar, pero siempre con una sobre el resto: Reyes.

Y es que su esposa, a la que conoció con 18 años, cuando ambos eran unos niños que soñaban con esa España que salía de los años grises para llenarse de los colores que él acabaría pintando en los periódicos deportivos, ha sido quien le ha apoyado incondicionalmente. Con ella tiene dos hijas y un hijo que son, sin duda, el mayor éxito de su vida juntos.

Por Reyes dejó el Mundial de rallies, que le ha otorgado el título de mejor piloto de la historia más allá de sus dos títulos, en 2004, y pese a ella también se enroló en el Dakar. Porque Sainz no entiende estar en casa, y eso que tiene mil y un asuntos que atender (y atiende) como son sus empresas: la que le lleva su propia imagen y la de su hijo, sus kartings, los gimnasios (que ya ha vendido) o sus bodegas con unos vinos que, según los entendidos, pueden competir contra los mejores.

Y es que esa es la clave de su vida: competir. Sainz nunca hace nada por hacerlo, no prueba: él va a ser el mejor. Un ansia por intentar superarse, por no rendirse ni ante la edad. Por demostrar que superados los 60, cuando ya muchos se dedican a acunar a sus nietos, él puede demostrar que sigue en plena forma. Me jugaría una buena cena con nuestros lectores a que muy pocos de ellos pueden mantener su ritmo y estado de forma físicos, sean de la edad que sean.

El método Sainz

Carlos Sainz, hijo en este caso, ya hace mucho que asumió su propia carrera. Es bastante irónico cómo ambos tienen que quitarse el segundo apéndice de su nomenclatura, sénior o júnior, cuando se dirigen a ellos. Cualquiera sabe diferenciarlos de un vistazo, pero comparten mucho.

Y, además del genético, comparten un parentesco metodológico. Contaba uno de los más íntimos del clan Sainz en un corrillo con periodistas en una cita en uno de sus karts que Carlos padre, cuando el hijo empezaba, le obligaba a quedarse con los mecánicos para entender qué estaban haciendo. No es suficiente con ganar, Carlos el de los rallies quería que que Carlos el de los circuitos supiera de técnica tanto como de conducción. Si en una curva se había salido porque la suspensión no estaba correctamente ajustada, quería que así lo supiese explicar.

Y esa es una de las claves por las que ambos tienen una forma de trabajar que, a veces, no es cómoda para sus mecánicos. Sainz, el que acaba de ganar su cuarto Dakar, es el responsable de que los éxitos deportivos de todas las marcas con las que ha trabajado tengan su firma. Solo hay que hablar con gente de Toyota, Ford, Subaru o los más recientes Volkswagen, Peugeot, Mini y ahora Audi. Tanto en los rallies como en los raids, Sainz es el preparador perfecto.

Y es este método el que, posiblemente, deje como mayor legado. Porque sus estadísticas van a quedar ahí, inmutables, en la página de la wikipedia mucho más allá de su final. Pero su forma de entender el automovilismo, el deporte y la vida trascenderán por siempre.

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