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Max Verstappen, pensativo y concentrado, subido en su Red Bull EP
Verstappen se hace humano: ¿hay Mundial?
Fórmula 1 | GP Mónaco

Verstappen se hace humano: ¿hay Mundial?

La de Mónaco es la tercera carrera que no gana el líder indiscutido del campeonato, que tampoco logró la pole: ¿un espejismo o realmente hay otros candidatos?

David Sánchez de Castro

Lunes, 27 de mayo 2024, 14:53

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Max Verstappen se aburrió soberanamente en Mónaco. Lo dijo por la radio, cuando pidió que le llevaran una almohada, e insistió después, cuando en el corralito con los periodistas le propuso a George Russell, de Mercedes, irse a correr por el circuito a pie para hacer ejercicio, porque apenas había sufrido físicamente y quería mantener la forma. No fue el único, ya que incluso Charles Leclerc, el flamante ganador, tampoco tuvo mucha preocupación más allá de llevar el coche a meta, que no es poco y mucho menos en su caso.

Pero más allá de lo anodino de la carrera, tanto para él como para otros («ha sido muy aburrido», sentenciaba Fernando Alonso, 11º), en el caso de Verstappen y de Red Bull en general no ha sido un buen fin de semana. Por un lado, Sergio Pérez confirmó en la clasificación que está ocupando un asiento en un coche ganador que otros bien merecen por encima de él, y luego el domingo participó de manera activa en el serio accidente que tuvo con Kevin Magnussen: el danés se pasó de optimista sin duda, pero él también debería haber estado atento de que venía otro coche por su derecha.

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Sin el mexicano, todas las opciones pasaban por un Max Verstappen que por primera vez esta temporada no salía desde la pole. Y en un circuito donde ganar desde más atrás del 3º de la parrilla es casi una quimera, supuso prácticamente despedirse de sus opciones ya antes de salir. No fue su fin de semana, y en Red Bull son conscientes de ello. No es que hayan saltado las alarmas, porque aún tienen ventaja sobre sus rivales, pero visto cómo había comenzado el campeonato, llegar a la novena prueba del Mundial con 'sólo' 31 puntos de ventaja no es lo que esperaba Verstappen.

Y es que los demás equipos se han puesto las pilas. Tanto McLaren como Ferrari han recortado notablemente la diferencia técnica que tenían con Red Bull, que siendo aún el referente ya tiene que empezar a considerar que no siempre le va a salir la moneda de cara. En Imola, Verstappen se impuso por solo 7 décimas con un Norris que le apretó hasta el final, y en Mónaco ni siquiera una estrategia creativa (si es que la hubo) benefició a sus intereses. El neerlandés es consciente de que en cualquier momento bien Leclerc, Sainz, Norris o Piastri le pueden poner en serio peligro su condición de líder del campeonato, algo que de momento tiene garantizado al menos hasta dentro de dos carreras pero ya sin mucho más margen. Porque el Gilles Villeneuve de Canadá, un circuito sinuoso y con muros (él aún no ha 'catado' el famoso de los campeones) a los laterales no le dejan mucho margen al relax.

Ferrari, en alza: la reivindicación de Sainz

Las campanas de la Iglesia de San Blas, a la entrada de Maranello, repicaron en señal de victoria. Es una de las tradiciones más clásicas de la Fórmula 1: si gana Ferrari, tocan las campanas de la localidad natal del Cavallino. Fue en honor a un Charles Leclerc que llevaba desde Austria 2022 sin subirse a lo más alto del cajón, y además lo logró en el Mónaco donde había nacido y crecido. Bien merecía la alegría que se llevó, con todos los responsables de Ferrari congratulándose de que su 'Predestinato' rompiese su particular maldición local.

Menos cariñoso se mostró Sainz con los que aún son sus jefes, como es natural. Fred Vasseur es el responsable de echarle para poner ahí a Lewis Hamilton en 2025, una decisión comprensible si se mira el palmarés de ambos, pero no por ello se va a aceptar de buen gusto. Sainz no lo disimula tampoco: cuando John Elkann, el presidente de Ferrari, fue a abrazarle nada más llegar a la escalinata del Automobile Club de Mónaco, Sainz apenas le dio la mano como si fuera un mecánico más, y enseguida se zafó de su abrazo para hacerse un selfie con los mecánicos. No tiene por qué guardar las formas ya con el hombre que, con un año de tiempo, ha decidido firmar su despido.

El 20º podio de Sainz con Ferrari, cuarto en 2024 con tres terceros puestos y una victoria, es una línea más en su argumentario para convencer a un equipo para ficharle. La rumorología le vincula a Williams, que es como comprar un viejo caserón porque tiene historia pero tener que vivir entre goteras porque está destruido. Con el foco en Audi para 2026, el madrileño sigue haciendo llamadas y encaje de bolillos para intentar encontrar un lugar de paso en 2025. Sin estridencias ni elevar la voz más de lo necesario, pero con firmeza a base de resultados, Sainz sigue demostrando que prescindir de él en la parrilla del próximo año sería una notable pérdida, y no solo para la afición española.

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