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La diseñadora del vestido de las campanadas de Cristina Pedroche: «Mis diseños son para expandir un mensaje»

Paula Ulargui Escalona

Diseñadora

La diseñadora del vestido de las campanadas de Cristina Pedroche: «Mis diseños son para expandir un mensaje»

Con raíces riojanas, esta joven diseñadora crea moda sostenible para concienciar más que para vestir, y lo hace con plantas vivas

Estíbaliz Espinosa

Logroño

Jueves, 18 de enero 2024, 09:09

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Necesitamos reconectar con al naturaleza, sostiene Paula Ulargui, quien predica con el ejemplo a través de la moda. En la confección de sus prendas esta joven diseñadora con raíces riojanas (es hija de arquitecto logroñés y de artista y escritora calahorrana) no sólo emplea materiales naturales y orgánicos, sino que va más allá, integrando plantas vivas. Así se pudo ver en la colección masculina SS-2023 de Loewe; en la última Semana de la Moda de Sao Paulo de la mano del diseñador brasileño Tom Martins o en las recientes campanadas de Nochevieja de Antena 3 protagonizadas por Cristina Pedroche, donde la colaboración de Paula Ulargui no ha pasado desapercibida. Además de sostenibles, su propuestas son bellas y elegantes.

Diseñadora, naturalista, visionaria. ¿Con qué se queda?

– Con las tres. El diseño es mi canal de comunicación para llegar a la gente y hablarle de mi filosofía de consumo y de moda. Sin el diseño no podría ser naturalista. Y visionaria... no sé.

¿Ha conseguido recuperar la normalidad después de dar 'la campana' la pasada Nochevieja?

– Sí, además ese día me puse malísima nada más terminar, creo que me vino todo el cansancio encima, pero luego tuve una semana para bajar el ritmo y recuperarme para mi cumpleaños (cumplió 26 años el pasado sábado).

El vestido que diseñó para Cristina Pedroche (con gelatina, agar, glicerina y agua) ponía el foco en el agua, un bien vital y cada vez más escaso en nuestro país. ¿De quién partió la idea?

– Nació de Jossie (diseñador y estilista de Pedroche). Conocía mi proyecto y alguna vez comentó que le gustaría que yo hiciese el vestido de Nochevieja a Cristina, pero tenía que haber un proyecto con sentido detrás. Cuando me llamó me planteó esta problemática del agua, que estaba muy ligada al discurso en el que yo trabajaba con mis piezas, por lo que la conexión fue muy rápida y muy fácil.

¿Cree que las campanadas en Antena 3 han sido un buen escaparate para dar a conocer su trabajo; para hablar de moda sostenible y responsable?

– Es un traje que atrae mucho amor pero también mucha crítica, algo de lo que ya me avisaron. El balance ha sido positivo porque mensajes ha habido una barbaridad y, dentro de los malos, hay algunos que más que crítica los considero confusión. Son de gente que no lo entiende pero tiene un interés o curiosidad por entenderlo. Y eso es importantísimo y un poco lo que se buscaba, mover la conciencia de la gente hacia eso; a cuestionarte qué significa, cómo está hecho, qué puedo hacer yo al ver esto...

Según usted el reto de la sostenibilidad en el ámbito de la moda está en los materiales. ¿Cuándo entraron las plantas en sus prendas?

– Empecé a investigar con ellas durante mis estudios y fueron el eje de mi proyecto de fin de carrera, donde quería hablar de la necesidad de reconectar con la naturaleza. Recuerdo que asistí a una charla sobre el 'antropoceno' (nueva época geológica caracterizada por el impacto del hombre sobre la Tierra), que nace de una desconexión brutal con la naturaleza y de llegar a pensar que la naturaleza nos pertenece, en lugar de formar parte de ella. Haciendo crecer las plantas en los tejidos quería crear como una segunda piel que conectase al hombre con la naturaleza a través de la moda.

Imagino su lugar de trabajo más como un laboratorio o un invernadero que como un atelier. ¿Cómo es ese espacio y el proceso de investigación?

– La verdad es que va cambiando mucho y eso es lo bonito. Dependiendo del proyecto puede parece un estudio totalmente limpio donde sólo hay bocetos, ideas y trabajamos sobre patrones, tejidos y material normal de moda. Pero cuando de las ideas pasas a los experimentos se transforma en un laboratorio, en una cocina donde cocinamos biomateriales y, de repente, hay un cultivo enorme con mil tropecientas plantas y huele a humedad...

Trabajar con prendas efímeras no parece muy comercial.

– Es que la idea no es llevar a la calle mis prendas. Mi reto no es industrializar este proyecto, sería como ir en contra del manifiesto; si acaso es el de expandir el mensaje que transmite. Es como un arte, y las piezas que hace el artista no las hace para vestir en la calle sino para vestir un momento o un evento que realmente genere un impacto. Es más una alta costura y un arte ligado a la moda.

¿La colaboración con Loewe fue su primer gran espaldarazo en el mundo de la moda?

– Sin duda, aparte de que fue como mi primer sueño. Durante la carrera, cuando imaginaba una marca capaz de apostar por hacer una cosa loca como ésta, esa firma era Loewe. Así que cuando me llamaron no podía creérmelo. Y algo parecido me pasó con el traje de Cristina Pedroche, porque un año, estando con mi abuela, mi madre y mi tía, les comenté que algún día vestiría a Pedroche y se hizo realidad al año siguiente.

Este último año también ha colaborado con el diseñador brasileño Tom Martins en su desfile de la Semana de la Moda de Sao Paulo. ¿Cree que sostenibilidad y consumo responsable son más difíciles de alcanzar en el mundo de la moda que en otros sectores?

– Creo que tenemos un trabajo enorme que hacer a nivel de sociedad en todas las industrias y en todos los sectores. Son varias las industrias con un impacto importante y hay que ir transformándolo, pero siempre digo que tiene que ir de la mano de todos nosotros, ya que sin la concienciación del consumidor no va a haber iniciativa que llegue a puerto. Tenemos que ser todos nosotros quien nos planteemos qué consumo queremos, porque hasta ahora hemos funcionado muy bien a nivel económico y de crecimiento mundial, pero creo que ahora mismo tenemos que repensar nuevos negocios igualmente competitivos pero sin generar estos impactos.

¿Y confía en ello?

– Sí. Una de mis primeras frustraciones como diseñadora fue pensar que yo no tenía ningún poder, pero luego te das cuenta de que el diseñador está tan actualizado que es capaz de influir en una industria; sus piezas o su manera de vestir puede influir más que una gran corporativa. En ese sentido está infravalorado, y lo mismo ocurre en la mentalidad de los jóvenes, que creen que no tienen ningún poder pero es totalmente equivocado.

El arte y la creación es algo que ha mamado desde niña en casa, con un padre arquitecto y una madre artista. ¿Pero cuándo se despierta en usted ese acercamiento a la naturaleza?

– Eso fue a raíz de pasar por dos colegios británicos donde nos inculcaban el valor de cuidar la naturaleza desde pequeños, e incluso en uno de ellos llegué a tener clases de horticultura. ¿Cómo es posible que, como sociedad, se nos haya olvidado lo que es crecer nuestro propio alimento, lo que nos mantiene con vida?

¿Hasta dónde se imagina llegar con sus investigaciones, por imposible que ahora le parezca?

– Ya fue mucho lo de hacer crecer setas en mis prendas, terreno en el que todavía queda mucho por recorrer. Además, a nivel estético la seta es más bruta que las plantas porque hay que inocular y tiene que crecer, expandirse y reproducirse dentro del tejido, deformándolo. Todas mis propuestas están muy vinculadas a la estética, un importante foco de interés porque es lo que hace que la gente se interese por un proyecto que no va a llegar a la calle.

Aunque de padres riojanos y nacida en Pamplona, siempre ha vivido en Madrid. ¿Qué relación mantiene con La Rioja?

– Toda mi familia es de La Rioja, de hecho descendemos del empresario Saturnino Ulargui que da nombre a una calle de Logroño. Yo le tengo un cariño enorme a La Rioja, que visito como mínimo una o dos veces al año y a donde llevo a mis amigos de viaje, sobre todo a los viñedos. De niña, las Navidades, veranos y grandes fiestas como San Bernabé y San Mateo no me las perdía nunca, y espero no perdérmelas. Logroño es parte de mi infancia.

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