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Ilustración de Audrey Hepburn con Hubert de Givenchy. megan hess
Tres décadas sin Audrey Hepburn, la elegancia de la naturalidad

Tres décadas sin Audrey Hepburn, la elegancia de la naturalidad

PUNTADAS CON HILO ·

La ilustradora Megan Hess lanza un libro en el que desvela detalles de la relación de la leyenda del cine con la industria de la moda

Domingo, 22 de enero 2023, 00:15

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Audrey Hepburn afirmaba depender de Hubert de Givenchy como «algunas norteamericanas dependen de su psiquiatra». El modista francés ayudó a la actriz a consolidarse como una de las grandes musas de la moda de todos los tiempos y forjaron una amistad de por vida. Estableció una relación creativa con el modista que destaca por ser la primera de estas características: la relación estrella-diseñador que sigue vigente hoy en día, cuando se cumplen tres décadas de la muerte de la intérprete. Un vínculo del que desvela interesantes detalles la ilustradora de moda Megan Hess en el libro 'Audrey Hepburn. Elegancia natural' (Lunwerg).

Hess, con una pluma Montblanc personalizada, ilustra las distintas facetas de Hepburn con destreza, acompañando textos concisos que repasan el legado de esta leyenda del séptimo arte. Audrey mostró un nuevo estilo sofisticado a un público habituado a las rubias explosivas de Hollywood. Su físico, sus movimientos de bailarina y su forma de ser la convirtieron en la modelo de alta costura ideal, que contribuyó significativamente a su éxito como actriz. Su singular estilo fue ensalzado con la aguja de Givenchy.

La relación de la actriz con el modista que no fue idílica desde el comienzo. Hepburn acudió al estudio del diseñador parisino para preguntarle si podría diseñarle trajes a medida para la película 'Sabrina'. 'Vacaciones en Roma' aún no se había estrenado, por lo que Audrey seguía siendo relativamente desconocida. Givenchy esperaba encontrarse con Katherine Hepburn y, al parecer, se sintió decepcionado y rechazó su propuesta.

Ilustración de Audrey Hepburn en la película 'Vacaciones en Roma'. megan hess

Lejos de rendirse, Audrey invitó a Givenchy a cenar. Al terminar, contaba con un vestuario para 'Sabrina' que sería galardonado con un Oscar. Hepburn lo describió como el momento en el que la moda entró en su vida. «Givenchy es mucho más que un diseñador -aseguraba-, es un creador de personalidad». La revista Silver Screen aplaudió su aspecto refinado en la cinta y afirmó que estaba «cambiando el gusto de Hollywood». En una época en la que brillaban Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, la pasión de Audrey por la sencillez sofisticada no pasaba desapercibida. Su firme rechazo a llevar hombreras o a aumentar su busto con relleno fue revolucionario. Asimismo, siempre insistía en llevar calzado plano, lo que también resultaba muy innovador. Y el mundo de la moda empezó a tomar nota de ello.

Diseñadores, editores y fotógrafos se enamoraron de las formas refinadas de Audrey, de su inteligencia corporal, adquirida durante su pasado como bailarina, y de su buen ojo para las siluetas vanguardistas, por lo que muy pronto su imagen empezó a aparecer con regularidad en las revistas Vogue y Harper´s Bazaar. No fue hasta 'Desayuno con diamantes' cuando Hepburn se convirtió en icono, quedando grabada en la memoria colectiva con un 'petite robe noire' frente a la joyería Tiffany's. Y eso que a punto estuvo de obtener el papel Marilyn Monroe, ya que Truman Capote pensó que Audrey era demasiado refinada. Volvió a trabajar con Givenchy para dar vida al emblemático personaje, paradigma visual de la elegancia.

Portada del libro 'Audrey Hepburn. La elegancia natural', de Megan Hess.

La relación con Givenchy perduró más allá del final de la carrera cinematográfica de Hepburn. En 1957, el modista creó un perfume en honor a su amistad, L´Interdit. Hepburn se sintió incómoda ante un reconocimiento tan especial y le prohibió que lo vendiera. El diseñador dejó que ella lo disfrutara durante un año antes de ponerlo a la venta. Con el tiempo, acabó siendo su imagen pero nunca lo aceptó como regalo, lo compró en tiendas porque, pese a todo, nunca se consideró un icono.

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