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Nancy Pelosi y su marido, Paul, en una imagen de 2019. ANGELA WEISS / AFP
Un desequilibrado golpea con un martillo al marido de Nancy Pelosi

Un desequilibrado golpea con un martillo al marido de Nancy Pelosi

Fanático de las teorías de la conspiración, la Policía sospecha que el agresor irrumpió en la casa familiar en busca de la líder demócrata

mercedes gallego

Corresponsal. Nueva York

Viernes, 28 de octubre 2022, 15:57

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Desde que la líder demócrata Nancy Pelosi se enfrentó a Donald Trump y decidió manejarlo como «berrinches» de sus nietos, la portavoz del Congreso se convirtió en objeto constante de sus burlas y críticas. El odio permeó hasta sus seguidores y se multiplicaron las amenazas. Los insurrectos del 6 de enero la buscaban puerta a puerta cuando asaltaron el Congreso. También David Depape, el hombre de 42 años, vecino de Berkely, que irrumpió en la madrugada de este viernes en su casa de San Francisco y acabó golpeando con un martillo a su marido, Paul Pelosi, de 82 años, que se encontraba solo en la casa.

«¿Dónde está Nancy, dónde está Nancy?», gritaba, según fuentes de la familia a la prensa. El jefe de Policía, Bill Scott, fue parco al confirmar lo que vieron sus agentes, despachados rápidamente tras recibir una llamada a los servicios de emergencia, que presumiblemente habría efectuado el esposo de Pelosi. En ese momento los tres oficiales se convirtieron horrorizados en testigos directos del crimen. Al llegar, la víctima y su atacante forcejeaban por el control de un martillo, el mismo con el que Depape le agredió «violentamente» tras arrancárselo de las manos, aunque no está claro si lo llevaba consigo al entrar en la casa o era el arma improvisada con la que el anciano de 82 años intentaba defenderse de su agresor. Paul Pelosi fue trasladado rápidamente a un hospital, donde se le realizó una operación de emergencia, de la que se recupera favorablemente.

La cadena CNN contó que el intruso pretendía maniatarle y esperar allí hasta que regresara su esposa, lo cual hubiera llevado algún tiempo, porque ni siquiera estaba en al ciudad. La portavoz del Congreso y líder demócrata, segunda en línea de sucesión a la Casa Blanca, después de la vicepresidenta, Kamala Harris, había empezado la semana en Croacia, donde atendió la Cumbre Parlamentaria de la Plataforma Internacional de Crimea. De allí voló a Washington para reunirse con el presidente israelí Isaac Herzog. Aún así, el miércoles estaba en su distrito de San Francisco para celebrar el 50 aniversario del área recreativa del Golden Gate.

Esa podía ser la última imagen de ella que vio Depape, sin saber que para cuando irrumpió en su casa pasadas las dos de la madrugada la portavoz ya estaba de vuelta en Washington. Su huella digital le presenta como un hombre confundido y enojado por las más variopintas teorías de la conspiración, desde la vacuna del Covid-19 -un invento de los alienígenas para inocular a toda la población mundial, según él- al juicio del policía Dereck Chauvin, que mató a George Floyd, «un linchamiento moderno», denunciaba en las redes.

En el batiburrillo conspiratorio de QAnon hablaba del 'Great Reset', la teoría que atribuye a las élites la puesta en circulación del coronavirus como herramienta para impulsar un nuevo orden mundial con el que oprimir a las masas; del anticristo y de las mordidas de los políticos para esclavizarnos, pero ninguna específicamente sobre Pelosi, que se sepa. Con todo, la Policía del Capitolio estudia el vídeo de la agresión, que podría servir para presentar cargos federales, si se demuestra que tenía un origen político.

Condena republicana

El propio líder de la oposición republicana, Mitch McConnell, se apresuró a condenarlo y agradeció la rápida intervención de la Policía, un tema peliagudo porque refleja la ausencia de seguridad que tienen los políticos para sus familiares en unos tiempos de fanáticos en los que la sociedad está más dividida que nunca. Los demócratas sacan a relucir también la falta de asistencia psiquiátrica en un país sin sanidad pública, pero sobre todo el clima divisorio de dialéctica amenazante que termina por influir a las masas.

Apenas el verano pasado, durante un mitin en el que el líder republicano acariciaba el momento de «arrebatarle el mazo» en las próximas elecciones del día 8, Kevin McCarthy decía resistir la tentación de «pegarle con él en la cabeza».

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