El primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y el presidente ruso, Vladímir Putin, durante la cumbre de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) en Ereván, Armenia. / REUTERS

La guerra agrieta el bloque de los países satélite de Rusia

Putin arroja su pluma contra la mesa en la última cumbre del grupo al negarse Armenia a firmar la declaración final

RAFAEL M. MAÑUECO Moscú

El motivo formal del desencuentro protagonizado el miércoles en Ereván (Armenia) por el presidente ruso, Vladímir Putin, y el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, ha vuelto a ser la situación en el enclave de Nagorno Karabaj y los persistentes choques armados con fuerzas de Azerbaiyán. Para Pashinián es la gota que ha colmado el vaso. Pero en el trasfondo está también la guerra en Ucrania, que está resquebrajando la cohesión entre los miembros de la llamada Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (ODKB en sus siglas en ruso), una especie de OTAN encabezada por Rusia, creada en 1992 y a la que también pertenecen Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán.

Tras la cumbre del bloque celebrada el miércoles en la capital armenia, Pashinián se negó a firmar la declaración final delante de Putin, quien en ese momento arrojó contrariado su pluma a la mesa y tampoco firmó el documento ni el proyecto de ayuda a Armenia para superar el conflicto de Nagorno Karabaj. Ambos textos deberán ser ahora reelaborados. El dirigente armenio afirmó que «en este momento creo que el proyecto de declaración (...) presentado para su firma no está suficientemente trabajado, y de esta forma, con el debido respeto, no estoy listo para firmar». Dio las gracias a los presentes y se levantó de la mesa ante la mirada atónita del primer mandatario ruso.

El jefe del Gobierno armenio motivó su rechazo en la «falta de evaluación política» por parte de la ODKB con respecto a la «agresión» de Azerbaiyán, que no forma parte del grupo aunque cuenta con el total apoyo de Turquía, contra la integridad territorial de Armenia. Según sus palabras, «durante los últimos dos años, Armenia, país miembro de la ODKB, ha sido objeto de agresión por parte de Azerbaiyán al menos en tres ocasiones».

«Es deprimente que la pertenencia de Armenia a la ODKB no disuada a Azerbaiyán de llevar a cabo acciones agresivas», añadió Pashinián, que también se quejó de que sus aliados, con Rusia a la cabeza, no hayan sido capaces todavía de emitir una declaración valorativa tras los ataques en general de las tropas azerbaiyanas. «Estos hechos causan un gran daño a la imagen de la ODKB, tanto dentro de nuestro país como en el exterior», recalcó el primer ministro armenio, que ha tenido que contemplar en los últimos días manifestaciones de protesta en Ereván pidiendo la salida del país del bloque por su inoperancia a la hora de evitar conflictos y detener los ataques de las tropas de Bakú.

Armenia y Azerbaiyán libraron una guerra en el otoño de 2020 por el control de Nagorno Karabaj, territorio bajo soberanía azerbaiyana, pero habitado desde siempre por armenios. La contienda la ganó Azerbaiyán y Moscú intervino para que las partes firmaran un acuerdo de paz, que no gustó en Ereván. Quedaron en el aire muchas cuestiones irresueltas como la liberación de todos los prisioneros y el nuevo trazado fronterizo, asunto este que ha venido provocando enfrentamientos armados esporádicos; el último, el pasado 13 de septiembre, la agresión más violenta tras el final de la guerra en 2020, con la muerte de más de 200 militares por ambas partes. Se puso entonces fin a las hostilidades con una nueva mediación de Rusia, que sigue teniendo un contingente de tropas «de mantenimiento de la paz» de casi 2.000 efectivos desplegados en un sector de Nagorno Karabaj, el único que no controla Azerbaiyán.

Reputación maltrecha

El incidente en Ereván con el rechazo a la firma de Pashinián no es el único que aqueja a la organización. Kirguistán canceló sin dar explicaciones las maniobras militares 'Hermandad Indestructible' de la ODKB que deberían haberse llevado a cabo en su territorio el pasado octubre. El presidente kirguís, Sadir Zhapárov, tampoco acudió a la reunión organizada por Putin en San Petersburgo el 7 de octubre, el día de su cumpleaños. Según los analistas, la razón de tal comportamiento fue debida a la inacción de Moscú ante los enfrentamientos armados en la frontera entre fuerzas de Kirguistán y Tayikistán, país que a su vez no oculta su desagrado por el acercamiento de Rusia al régimen afgano de los talibanes. El único país del área que sí recibió asistencia por parte del Ejército ruso y de forma bastante rápida fue Kazajistán durante la revuelta que estalló allí a comienzos de enero.

En declaraciones a la BBC, el politólogo Anatoli Nesmiyán cree que Rusia no está ya en condiciones de mantener su influencia en Transcaucasia y Asia Central. A su juicio, «todo esto recuerda mucho la situación antes de la desintegración de la URSS», cuando Moscú iba perdiendo el control sobre las repúblicas que después se independizarían enterrando así la Unión Soviética. Nesmiyán estima que el actual desfallecimiento de Rusia por invadir Ucrania «la está haciendo perder oportunidades de participar en decisiones en sus antiguas áreas de interés».

Y es que la reputación internacional de Rusia después de atacar a Ucrania es tal que muchos miembros de la ODKB empiezan a distanciarse de Moscú. Salvo el dictador bielorruso, Alexánder Lukashenko, ninguno de los líderes de los países miembros del bloque apoya la invasión de Ucrania. En Ereván, el recién reelegido presidente kazajo, Kasim-Zhomart Tokáyev, dijo durante la cumbre que «en cuanto a Ucrania, creo que ha llegado el momento para la búsqueda colectiva de una fórmula para la paz. Cualquier guerra termina con negociaciones. Se deben aprovechar todas las oportunidades para lograr al menos una tregua». «No debemos permitir que los pueblos hermanos de Rusia y Ucrania se separen durante decenas o cientos de años con agravios mutuos sin resolver», subrayó.