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Quinta noche de disturbios en Francia con más de 700 detenidos

Quinta noche de disturbios en Francia con más de 700 detenidos

La Policía francesa asegura que «la situación está bajo control» en Marsella, pero en Haÿ-les-Roses, a las afueras de París, la casa del alcalde ha sido atacada y su mujer ha resultado herida

Beatriz Juez

París

Sábado, 1 de julio 2023

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Ya son cinco las noches de disturbios consecutivas en Francia en protesta por la muerte el martes de Nahel Merzouk, el adolescente de 17 años cuyo asesinato a manos de la policía ha provocado una fuerte ola de violencia en todo el país. De momento, se han contabilizado 486 detenidos, 194 de ellos en París.

El ministro del Interior del país, Gerald Darmanin, ha subrayado que esta noche ha sido «más tranquila gracias a la decidida actuación de la policía». Aún así, medio millar de personas han sido detenidas en las últimas horas. Al menos 56 detenciones se han producido en Marsella, 21 en Lyon y 194 en París, la capital francesa, donde la mayor tensión se está viviendo en los Campos Elíseos, que han tenido que ser cerrados por la Policía para evitar altercados, según explica el diario parisino Le Figaro.

La jefatura de Policía de Bocas del Ródano ha subrayado que «la situación está bajo control» en Marsella y que «los grupos potencialmente violentos han sido dispersados sistemáticamente por la policía y los gendarmes». En París se instalaron 375 controles preventivos en los que se decomisó, entre otros objetos, una honda con rodamientos, un puño americano o cócteles molotov.

No ha sido calmada, sin embargo, para todos. La casa del alcalde de Haÿ-les-Roses, en las afueras de París, ha sido atacada después de que un hombre empotrara un coche incendiado contra la vivienda en una alucinaje. La esposa y los hijos del alcalde estaban dentro. La mujer ha resultado herida.

Hora antes, el presidente francés Emmanuel Macron decidía aplazar su visita de Estado a Alemania y el Gobierno anunciaba el envío de refuerzos de la policía y la gendarmería a Marsella y Lyon para tratar de restablecer el orden público. «Teniendo en cuenta la situación interior, el presidente de la República ha indicado (al presidente federal alemán Frank-Walter Steinmeier) que deseaba poder permanecer en Francia estos próximos días», explicaron fuentes del Palacio del Elíseo. La visita de Estado, la de mayor rango protocolar, ha sido aplazada «a una fecha posterior», sin precisar cuándo ésta tendrá lugar.

Steinmeier, que sigue de cerca «con mucha atención» lo que ocurre en Francia, confió en que «la violencia en las calles termine lo antes posible y que se pueda restablecer la paz social», según un comunicado de Berlín. De haber tenido lugar el desplazamiento, Macron hubiera sido el primer presidente francés en realizar una visita de Estado a Alemania en 23 años. El último presidente francés que la hizo fue el conservador Jacques Chirac en el 2000.

El viaje de Macron a Alemania, que debía haber empezado hoy hasta el martes, tendría que haber servido para relanzar el motor franco-alemán, tras las tensiones de los últimos meses entre Berlín y París, que habían llevado a suspender el consejo de ministros franco-alemán del pasado octubre. Oficialmente fue por problemas de agenda de los ministros, aunque en realidad se debió a sus divergencias de fondo en materia de defensa y de política energética.

Francia es escenario desde el martes de una oleada de violencia. La noche del viernes, 1.311 personas fueron detenidas en disturbios, saqueos y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Desde que comenzaron las protestas el martes, el número de detenidos asciende a 2.367 en todo el país. El 30% de los detenidos son menores, según el ministerio de Justicia. La edad media de los detenidos es de 17 años, aunque hay también niños de 12 y 13 años entre los alborotadores.

Solo la noche del viernes hubo 2.560 incendios en la vía pública, 1.350 vehículos quemados y 234 incendios o degradaciones en edificios, según las autoridades francesas. Al menos 10 centros comerciales, 200 grandes supermercados, 250 estancos de tabaco, 250 agencias bancarias, así como numerosas tiendas de ropa y de deportes y restaurantes de comida rápido han sido destrozados, saqueados o incluso totalmente quemados desde el martes en Francia.

El Gobierno francés movilizó ayer 45.000 policías y gendarmes en toda Francia, de los que 7.000 en región parisina, para tratar restablecer del orden, después de que las imágenes de violencia y saqueos dieran la vuelta al mundo, a un año de los Juegos Olímpicos de París 2025. El viernes el despliegue policial fue idéntico, pero no impidió el caos. Desde una comisaría y rodeado de policías, el ministro del Interior, Gérald Darmanin anunció el envío de refuerzos a Marsella, Lyon y Grenoble, después de que así se lo pidieran sus alcaldes para tratar de restablecer el orden en estas ciudades.

Las fuerzas del orden se vieron desbordadas el viernes en Marsella y Lyon ante tanta violencia y saqueos. «El balance de la noche (del viernes) se resume en una sola palabra: apocalíptico. Hemos tenido escenas de guerrilla en el centro de Marsella, los barrios del norte también se han visto afectados por saqueos e incendios de vehículos y contenedores de basura», explicó ayer en declaraciones a BFMTV Rudy Manna, secretario departamental del sindicato Alliance Police en Bocas del Ródano.

Para evitar que esto vuelva a repetirse, Darmanin anunció el despliegue en Marsella del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN), de cinco unidades de fuerzas móviles suplementarias y de 200 agentes antidisturbios «con el objetivo de restablecer completamente el orden público». A Lyon, enviaron una unidad antidisturbios, la llamada CRS 8, especializada en violencias urbanas, además de unidades de fuerzas móviles,

«Es la República la que va a ganar, no los alborotadores», aseguró Darmanin. El ministro del Interior advirtió a los violentos: «La próxima persona que toque a un policía o un gendarme que sepa que será encontrado y, espero, será condenado con firmeza», dijo ante las cámaras Darmanin, quien sueña con ser primer ministro.

Marsella y Lyon no decretaron el toque de queda, a diferencia de otras ciudades francesas que apostaron por ello, como, por ejemplo, Clamart. Desde el ayuntamiento de Marsella pidieron a los comerciantes y dueños de restaurantes que cerraran sus puertas, recomendaron a los habitantes que evitaran el centro y les pidieron a los vecinos que no sacaran la basura ni escombros para evitar que sea utilizada por los violentos para hacer hogueras o como arma arrojadiza. También se suspendió el transporte público en Marsella a partir de la 18.00 horas para evitar que los violentos puedan desplazarse con facilidad.

Ante el temor de que los saqueos y los destrozos se extiendan al centro de París, muchos comerciantes de la capital cubrieron ayer por tarde los escaparates con tablones para evitar la rotura de las vitrinas y evitar que sus comercios sean saqueados por hordas de violentos. Al cierre de esta edición, había llamamientos en las redes sociales a descender a los Campos Elíseos, la gran avenida de París.

Tras la muerte de Nahel, la confianza de los franceses hacia la Policía se mantiene. Según un sondeo de Ifop para el diario Le Figaro, el 57% de los franceses tiene confianza o simpatía en la policía. En cambio, el 32% de los encuestados siente miedo u hostilidad hacia las fuerzas del orden y el 11% no se pronuncia.

Ante los disturbios de los últimos días en el país, siete de cada diez franceses (69%) se muestran a favor de que el gobierno decrete el estado de emergencia en el país, mientras el 31% se opone a ello. Sin embargo, el Gobierno francés todavía no lo ha hecho, a pesar de que desde que comenzaron los disturbios la derecha y la extrema derecha les exigen que lo haga para restaurar el orden en el país. El 69% de los franceses condena la violencia que Francia ha vivido en los últimos días; el 28% lo comprende, pero no lo aprueba: y el 3% lo aplaude, según el sondeo de Ifop.

En medio del caos, hoy ha sido enterrado Nahel, en la intimidad en el cementerio de Mont-Valérien en Nanterre, la ciudad de la periferia de París en la que vivía solo con su madre. Siguiendo el rito musulmán, las exequias comenzaron en la funeraria de la localidad. Después, los restos mortales del adolescente fueron traslados a la mezquita de Ibn Badis, donde se pronunció la salat janaza, la oración fúnebre musulmana.

A la salida de la mezquita, el ataúd fue transportado en un coche fúnebre, que tuvo grandes dificultades para avanzar dado el gentío que había en la calle. La tensión fue palpable en todo el recorrido. «Justicia para Nahel» y «Allahu akbar» (Allah es el más grande), gritaban los presentes, varios centenares de personas que abarrotaban las inmediaciones desde tiempo antes de la despedida. Las autoridades municipales instalaron un cordón de seguridad para evitar que las concentraciones se desbordaran y también hubo un servicio específico a las puertas de la mezquita con el fin de que la ceremonia se desarrollase en la intimidad familiar.

De hecho, los abogados habían pedido a la prensa que no acudiera al entierro para proporcionar a los allegados «la intimidad y el respeto que necesitan durante este periodo difícil».

Nahel murió el pasado martes de un tiro a bocajarro cuando intentaba huir de un control policial en un coche amarillo que conducía sin carné por las calles de Nanterre. El agente que le disparó, un brigadier de 38 años, se encuentra en prisión preventiva y ha sido acusado formalmente de homicidio voluntario, después de que un vídeo grabado por un testigo cuestionara su primera versión dada por el policía. El policía explicó que apretó el gatillo porque temió por su vida y la de su compañero cuando Nahel aceleró el vehículo.

El tercer pasajero del coche que conducía la víctima explicó ayer al canal BFMTV su versión de lo ocurrido. Dos policías pararon el automóvil y uno de ellos pidió a Nahel que bajara la ventanilla. «Para el motor o te disparo», afirma el testigo, cuya identidad no se ha hecho pública, que le dijo el agentes, antes de que los dos le golpearan tres veces con la culata de su arma.

«No te muevas o te pego un tiro en la cabeza», dijo el primer patrullero. «Dispárale», incitó el otro. El amigo explicó que fue al recibir el tercer golpe de la culeta cuando Nahel levantó el pie del freno y el coche, que era automático, avanzó. El segundo agente disparó y entonces el joven, herido en el brazo y el pecho, pisó el acelerador. «Lo vi agonizar. Temblaba», recordó el testigo, que huyó después de que el vehículo chocara contra un poste. Aseguró que temía que los policías también le asesinaran a él.

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