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Polonia elige entre la perpetuidad ultraconservadora o el giro europeísta

Polonia elige entre la perpetuidad ultraconservadora o el giro europeísta

Treinta millones de ciudadanos están llamados este domingo a las urnas para elegir su nueva Cámara de diputados y el Senado

Joana Serra

Sábado, 14 de octubre 2023, 11:46

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Los casi 30 millones de ciudadanos polacos con derecho a voto están convocados este domingo a las urnas para elegir su nueva cámara de diputados -el Sejm- y el senado, en unos comicios generales complementados por un referéndum y marcados por el rechazo del gubernamental partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) a la política migratoria de la Unión Europea (UE). El partido liderado por Jaroslaw Kaczynski, con su correligionario Mateusz Morawiecki al frente del gobierno, ejerce el poder en ese país socio del bloque comunitario de forma continuada desde 2015 y controla además la presidencia a través de Andrzej Duda. El único candidato opositor con opciones a terminar con este control monolítico es Donad Tusk, expresidente del Consejo Europeo y líder de la liberal Plataforma Cívica (PO). Tusk ya fue jefe del gobierno en Varsovia entre 2007 y 2014, el año en que pasó a Bruselas. Ahora pretende recuperar las riendas de su país, tras los ocho años consecutivos de dura confrontación entre el PiS y las instituciones comunitarias.

La campaña llegó a su fin el viernes tras semanas de virulentos ataques desde las filas del PiS hacia Tusk, al que califican de marioneta de Bruselas y Berlín o incluso de agente de Moscú. Achacan a su periodo en la jefatura del gobierno haber recortado las partidas del Ejército, acorde con lo que, para Kaczynski y Morawiecki, fue la línea de temor y consentimiento hacia Vladímir Putin marcada por la entonces canciller alemana, Angela Merkel. Para el PiS, en Tusk confluyen las dos sumisiones históricamente más malignas para los intereses de Polonia -hacia Rusia y hacia Alemania-. La guerra de agresión lanzada por Moscú sobre Ucrania reforzó para Varsovia todas las aprensiones contra Moscú y ratificó el «error», a sus ojos, de Tusk respecto a los recortes en Defensa.

El gobierno de Morawiecki ha emprendido una carrera contra reloj para rearmar al país, puntal del flanco este de la OTAN, mientras en paralelo se convertía en el máximo aliado de Kiev entre los países de la UE. La línea de la solidaridad incondicional hacia Ucrania de Polonia, el principal país de entrada al bloque comunitario de millones de refugiados ucranianos, se quebró de pronto hace unos meses, al decidir Varsovia prohibir las importaciones de grano del país vecino. A esa decisión siguió el anuncio de Morawiecki de interrumpir los suministros de armas a Kiev, aunque luego aclaró que la medida no afectaría los compromisos ya adquiridos. La explicación de este giro son las protestas del campo polaco contra el tránsito de unos cereales por su territorio que perjudican sus intereses. El grano ucraniano está fuertemente apoyado por la comunidad internacional, que pugnó por desbloquear sus exportaciones por el Mar Negro y propició la vía alternativa terrestre para acelerarlas. El resultado es que esos cereales transitan por territorio polaco -y a menudo, acaban en su mercado interior-, mientras los agricultores del país se quejan de competencia desleal. El voto del campo es fundamental para el PiS, mientras que el PO de Tusk tiene sus feudos en las grandes ciudades, incluida Varsovia.

El giro respecto a Ucrania ha desatado las protestas del presidente Volodímir Zelenski, que se siente defraudado por quienes consideraba sus mejores aliados. Pero al margen de este factor, lo que realmente ha marcado la campaña es el rechazo a la reubicación de peticionarios de asilo e inmigración irregular planteada por la UE. El gobierno de Varsovia llevaba meses anunciando que rechazaría lo que Kaczynski ha denominado de «plan suicida» para su país, que desde 2015 viene negándose a acoger migrantes de Oriente Medio o África. Posteriormente levantó un muro en los 180 kilómetros de frontera con Bielorrusa para frenar la «guerra híbrida» lanzada desde el régimen de Aleksandr Lukashenko, que lanzó a miles de migrantes en dirección al territorio polaco y de los países bálticos. La llegada de refugiados ucranianos –una mayoría de ellos, de paso hacia Alemania u otros países de la UE-- rehabilitó a Polonia, considerado un país anti-asilo. Pero también esa generosidad inicial ha ido flaqueando y ahora el PiS amenaza con recortes en las prestaciones que perciben.

Morawiecki pasó por la cumbre de la UE en Granada formando bloque con el ultranacionalista primer ministro húngaro Víktor Orbán y asegurando, probablemente junto con otros países del este, que no aceptarán el plan de la UE. El gobierno dominado por el PiS, al que apuntalan otras formaciones derechistas, ha incluido en la jornada electoral de mañana un referéndum con cuatro preguntas -dos de índole social y dos relativas a la migración-. La principal plantea el rechazo a la «reubicación forzosa» que pretende imponer «la burocracia europea» y que llevaría al país a «miles de migrantes irregulares de Oriente Medio y África».

El PiS llegó al final de la campaña con cinco puntos de ventaja sobre el PO de Tusk –un 35 % según los últimos sondeos frente al 30 %, respectivamente-. Durante semanas se dijo que podía contar con los apoyos de la llamada Confederación, un partido que aglutina a la ultraderecha radical, prorusos, los autodenominados libertarios y también mucho voto joven entre los descontentos con las ayudas sociales que el PiS reparte a familias y campesinos emprobrecidos. Desde la cúpula de este partido, al que se pronostica un 8 %, se ha asegurado que no se apoyará a ninguno de los dos principales aspirantes, ya que ellos van por libre.

Giro europeísta

Tusk es no solo la esperanza de un giro europeista en un país que acumula expedientes de Bruselas -contra su reforma judicial, presiones a los medios o acoso a los colectivos LGTBI-. Lo es asimismo para millones de polacas y también polacos, que desde 2021 llevan movilizándose contra la práctica prohibición del aborto impuesta bajo la gestión del PiS. Polonia, país donde más de un 90 % de la población es católica, era ya el país más restrictivo de la UE en materia de aborto. Hace dos años quedó suprimida además una de las pocas posibilidades que aún existían para acceder a él legalmente, en caso de diagnosticarse una malformación grave del feto. Tusk se ha comprometido a aliviar al menos esa ley y devolverla a cauces «europeos».

No está claro que el PiS logre armar una mayoría con sus socios actuales o con nuevos aliados post-electorales. Tusk, pese a representar las políticas liberales que en su momento no contemplaron ayudas a las familias luego impulsadas por el PiS, para lograr apoyos desde la izquierda. Quince días antes de los comicios logró una movilización multitudinaria con la llamada «Marcha del Millón de Corazones», que contó con el respaldo de la izquierdista Lewica, un partido que según los sondeos podría obtener un 10 % de los votos.

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