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Ciudad de Mitrovica, en Kosovo, en el marco de las tensiones con Serbia. EP
Serbia pone a su Ejército en alerta máxima por la tensión en Kosovo

Serbia pone a su Ejército en alerta máxima por la tensión en Kosovo

La minoría proBelgrado de Mitrovica corta las carreteras con barricadas al considerar que el Gobierno de Pristina pisotea sus derechos

anje ribera

Martes, 27 de diciembre 2022, 20:45

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Una guerra mal cerrada nunca deja de estar latente. La contienda de la antigua Yugoslavia constituye el mejor ejemplo de ello, sobre todo porque se han incumplido muchos de los acuerdos que permitieron alcanzar la frágil paz tras la mediación de la Unión Europea. Los rescoldos se reavivan de forma continua entre Serbia y su antigua provincia autónoma de Kosovo, que se independizó unilateralmente en 2008.

Este estatus fue aceptado por la mayoría de la comunidad internacional -no por España-, pero ello no sirvió para neutralizar el conflicto. Desde 2013 las protestas han sido constantes en la ciudad de Mitrovica, dividida por cuestiones étnicas y por un presunto incumplimiento por parte del Gobierno de Pristina del acuerdo para crear una comunidad de municipios serbios que operaría con cierto autogobierno.

Las manifestaciones y las barricadas han devenido este mes en enfrentamientos con disparos y explosiones, y en la decisión del presidente serbio, Aleksandar Vucic, de poner el lunes en máximo nivel de alerta para el combate a sus tropas desplegadas en la frontera. Para entonces se llevaban ya semanas de tensión por la llamada 'crisis de las matrículas'. Este conflicto hace referencia a las medidas relacionadas con el tipo de identificación de los vehículos de los serbiokosovares, a cuyos propietarios se conminó a cambiar sus antiguas placas de Belgrado por otras emitidas por Pristina.

Fuerzas de paz

Sin embargo, el conflicto entró realmente en ebullición tras la detención de un expolicía serbio por presuntas agresiones a agentes en activo durante una protesta anterior. Mientras, las fuerzas de paz de la OTAN (Kfor) son testigos mudos e inoperantes del devenir de una región de mayoría albanesa en la que también viven alrededor de 50.000 ciudadanos serbios -el 5% de los 1,8 millones de habitantes de Kosovo- que consideran a Belgrado su capital y que se niegan a reconocer el nuevo 'statu quo'.

El fuego se alimentó con nueva leña anteayer, cuando las autoridades del joven país balcánico impidieron la entrada del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Serbia y se confirmó la decisión del partido Srpska Lista (Lista Serbia) de no participar en las próximas elecciones municipales. «La situación allí es complicada y compleja», coinciden todos los analistas de la región. Belgrado cree que Kosovo pisotea los derechos de la minoría serbia en su afán de afianzar su soberanía en todo el territorio. Pristina, por su parte, estima que los vecinos solo buscan el caos y la desestabilización con el fin último de provocar choques armados. Encuadra en este apartado la decisión de los serbokosovares de negarse a pagar al operador de energía de Kosovo por la electricidad que consumen.

Entretanto, las protestas son continuas pese a intentos de diálogo y la mediación de la UE y otros organismos internacionales. La última gota que cayó sobre un vaso ya colmado fue la presentación de la solicitud por parte de Kosovo para formar parte de la Unión Europea. Desde 2008 Bruselas mantiene en Kosovo la misión Eulex, integrada por alrededor de 200 policías especiales.

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