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Visitantes al nuevo museo observan un panel histórico sobre la represión nazi. EFE
Se inaugura un museo donde hubo un campo de concentración nazi que luego fue porqueriza

Se inaugura un museo donde hubo un campo de concentración nazi que luego fue porqueriza

Cerca de Praga, en la República Checa, ocurrió un episodio del exterminio romaní. Después de la guerra, los comunistas instalaron una macrogranja de cerdos, ahora demolida para honrar la memoria de los caídos

Lunes, 29 de abril 2024, 19:15

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Donde los nazis hacinaron a más de 1.300 romaníes y luego los comunistas instalaron una granja de cerdos, se alza desde este jueves un museo en memoria de aquellos que murieron allí o fueron enviados a Auschwitz. Está en Leti, República Checa, y su apertura tiene también una historia de obstáculos e injusticias.

Aquel lugar a noventa kilómetros de Praga se convirtió en un campo de concentración en agosto de 1942, bajo la ocupación alemana de lo que era en esa época Checoslovaquia.

En plena Segunda Guerra Mundial, los nazis avanzaban en sus planes de exterminio racista. Durante más de un año, hasta agosto de 1943, llevaron allí a los ciudadanos de origen y cultura romaní. Fueron 1.308 hombres, mujeres y niños gitanos, y allí mismo 335 murieron. El resto fue trasladado al campo de exterminio en territorio polaco, según los historiadores citados por los medios locales.

Acabada la guerra, convertido el país en un satélite de la Unión Soviética, esa tierra yerma no tuvo uso hasta que el Gobierno comunista decidió instalar una macrogranja de cerdos en los años setenta. La explotación porcina se levantó muy cerca del cementerio donde estaban los cadáveres de las víctimas. Era una manera de callar el clamor gitano por el reconocimiento de los asesinatos y afrentas a su pueblo, que comenzaba a oírse.

Las asociaciones romaníes perseveraron, a pesar de la censura, y al fin en 1995 lograron que se levantara un monumento en aquel camposanto improvisado a unos 300 metros de la instalación de marranos. Pero pasaron décadas hasta que el Gobierno de la República Checa se implicó en la lucha del Museo de la Cultura Romaní y compró en 2018 la propiedad con una docena de naves con 13.000 cerdos, por unos 18 millones de euros.

Deuda social

Tres años después vino la demolición del complejo pecuario y comenzó la construcción de un espacio expositivo de 100.000 metros cuadrados, que muestra la historia romaní checa desde antes de la guerra hasta la misma apertura del lugar. Estará abierto al público el 12 de mayo. Se podrá ver una exposición permanente con testimonios de supervivientes en formato audiovisual y una instalación llamada 'El sendero de la memoria'.

La cuestión política influyó tanto en la demora como en la apertura oficial del museo, a la que asistió el presidente checo Petr Pavel. «Con este monumento estamos saldando una deuda social de décadas con el holocausto romaní», dijo. «Aún hoy es necesario recordar lo que pasó aquí. Es una advertencia de hasta dónde puede llegar la gente».

Le acompañaba el primer ministro Petr Fiala, que añadió: «Por fin podemos conmemorar con dignidad a las víctimas romaníes de una ideología monstruosa». Un museo de la memoria como desagravio a los asesinatos nazis y la mofa con porqueriza de los comunistas.

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