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Tierras raras: un as en la manga de China en su partida con Occidente
El mundo, explicado

Tierras raras: un as en la manga de China en su partida con Occidente

Las necesitamos para la transición energética y la digitalización, pero China controla casi toda la producción mundial y empieza a restringir sus exportaciones

Miércoles, 15 de noviembre 2023, 11:12

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Antes de declarar la guerra es imprescindible hacer un análisis certero de las fuerzas. Que se lo pregunten a Vladímir Putin, que iba a tomar Kiev en una semana y lleva ya 630 días empantanado en Ucrania. Algo similar le sucede a Occidente con China. En la década de 1980 inició un proceso de desindustrialización atraído por la mano de obra barata en Asia primero, y por los incentivos del comercio globalizado después. El objetivo ha sido siempre maximizar los beneficios empresariales, sin pensar en las relaciones de dependencia que se estaban labrando en el ámbito político con países de ideologías antagónicas que tenían potencial más que suficiente para convertirse en lo que ahora llamamos 'rivales sistémicos'.

Quizá se pensó que las potencias tradicionales podrían ir modificando las reglas para que les beneficiasen siempre, como han hecho hasta ahora. Pero lo que ha sucedido es que las potencias emergentes, con China en cabeza, nos están ganando a nuestro juego. Y, como sucede siempre, el imperio en declive saca las garras y acaba haciendo lo que dijo que nunca haría. Así, Estados Unidos y Europa, incapaces ya de fabricar algo tan sencillo como una mascarilla quirúrgica, acaban adoptando medidas proteccionistas y subvencionando sus industrias a la vez que abren una guerra comercial con el gigante asiático, acusándole de hacer eso mismo.

Es posible que no hayan calculado bien sus fuerzas, como Putin. Y la última muestra de ello es la introducción en China de restricciones a la exportación de tierras raras, elementos clave para el desarrollo tecnológíco. Por eso, hoy nos centramos en analizar su relevancia.

Estos son los tres temas que abordaremos hoy:

  • China pone la tecnología occidental en su diana.

  • Joe Biden y Xi Jinping tratan de limar asperezas.

  • Un congresista con cuernos.

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  1. Guerra comercial

    China pone la tecnología occidental en su diana

La noticia ha pasado desapercibida, pero tiene mucha más relevancia de la que aparenta: China empezará a exigir permisos para la exportación de algunos materiales derivados del grafito que son clave para la transición energética y la revolución digital. Son restricciones que se suman a otras que se han ido aprobando a lo largo del año y que van poniendo barreras a la venta en el exterior de los minerales más relevantes del siglo XXI: las tierras raras.

De la mina al laboratorio Reuters / AFP
Imagen principal - De la mina al laboratorio
Imagen secundaria 1 - De la mina al laboratorio
Imagen secundaria 2 - De la mina al laboratorio

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, aseguró que estos 17 elementos poco conocidos de la tabla periódica «pronto serán más importantes que el petróleo y el gas». El problema es que, como sucede también con esos hidrocarburos, apenas los producimos nosotros. El 98% de los que utiliza Europa se procesan en China -que tiene las mayores reservas del planeta- y el 60% del litio -material principal de las baterías- a nivel mundial llega también del gigante asiático.

Incluso si Occidente se pone las pilas para incrementar su producción -algo que la UE no se ha propuesto hacer hasta el pasado mes de abril-, llevará años y muchos miles de millones de euros lograr cierta autosuficiencia. Mientras tanto, si China decidiese cortar el grifo, nuestras empresas de alta tecnología tendrían que dedicarse a otra cosa. Al menos por un tiempo. No es que fuésemos a regresar a la Edad Media, pero en manos del Partido Comunista están, en gran medida, nuestra digitalización y la necesaria transición ecológica.

A pesar de ello, Europa se suma a la guerra arancelaria de Estados Unidos y ahora amenaza con investigar a las marcas chinas de vehículos eléctricos porque sospecha que reciben subvenciones del estado chino. Aparentemente, no considera que el gran desembolso de los fondos Next Generation sea equivalente. Y lo mismo se puede decir de los subsidios con los que los países de la UE riegan constantemente sectores como el agroalimentario. Eso por no mencionar la desidia y falta de previsión de los fabricantes de automóviles europeos, que ahora le ven las orejas al lobo. Cuando no puede competir, Occidente cambia las reglas de juego.

Algunas de las 17 tierras raras existentes. Reuters

Y China lo critica, con razón. Porque el país, que se dice socialista y ondea la enseña comunista, va de cara: un tercio de su economía es de propiedad estatal y funciona con planes a mucho más largo plazo que los trimestrales que mueven a las empresas. Pekín reivindica que en el mundo puedan convivir diferentes sistemas políticos y económicos. Y no le tiembla el pulso a la hora de amenazar: si no es por las buenas, será por las malas. Si toca utilizar el poder fabril y de consumo como arma, lo hará.

Los efectos de este clima de tensión geopolítica quedan en evidencia en la última encuesta que ha hecho el Banco Central Europeo: más del 40% de las multinacionales europeas están considerando trasladar todas o parte de sus operaciones en China -ya sean manufactureras o de servicio- a países 'amigos'. Eso no quiere decir que la vayan a recuperar sus países de origen, como quieren hacer creer quienes pecan de un optimismo excesivo, sino que las llevarán a India, Vietnam, Indonesia o México. Occidente es cada vez menos competitiva. Se define a la perfección en la etiqueta del iPhone: 'Designed in California; made in China'. Habrá que ver hasta cuándo mantendremos la ventaja en el diseño.

  1. Reunión al más alto nivel

    Joe Biden y Xi Jinping tratan de limar asperezas

Los dos hombres que pueden enderezar esta situación se ven hoy las caras en San Francisco. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo chino, Xi Jinping, protagonizan una de esas reuniones en las que sí que se puede arreglar el mundo. Al menos, parte. Pero estrecharán sus manos en un momento difícil: un 58% de los estadounidenses consideran que el auge de China es una amenaza para su país y que su gobierno le está prestando la suficiente atención.

Según una encuesta publicada ayer por Kafura, ese porcentaje es el más elevado desde 1990, reflejo de una desconfianza creciente. Curiosamente, lo que más preocupa no es el incremento en el presupuesto de Defensa chino sino su poderío económico y el hecho de que el sistema político que lo guía sea autoritario. El 32% de los encuestados en Estados Unidos ya consideran a China como una potencia superior a la suya -lo es si se tiene en cuenta el PIB medido a paridad de poder adquisitivo-, mientras que otro 33% iguala las fuerzas de ambas. Sin duda, es un salto de gigante para un país que hace medio siglo apenas tenía qué comer.

Los dos hombres más poderosos del mundo volverán a estrecharse hoy las manos. Reuters

Es de esperar que Biden y Xi conversen también sobre los dos grandes conflictos bélicos abiertos actualmente, y en los cuales mantienen posturas muy diferentes: mientras Estados Unidos apoya incondicionalmente a Ucrania e Israel, China ofrece un apoyo más velado a Rusia y Palestina. No obstante, los analistas más cercanos a la Casa Blanca avanzan que las cuestiones sobre la mesa de la reunión son más económicas. Al fin y al cabo, les une una relación comercial de nada menos que 700.000 millones de dólares.

Biden y Xi no se van a llevar bien nunca. Pero que logren mantener una relación pacífica y cordial es de vital importancia para el mundo. Porque, ahora que muchos ven más cerca el fantasma de una Tercera Guerra Mundial, todavía más consideran que, si se produce, esa contienda enfrentará a las dos superpotencias. Por eso, uno de los objetivos de hoy, como reconoció ayer el propio Biden, es lograr que se reabran los canales de comunicación militar que se cerraron tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, una isla que podría ser la chispa iniciadora de esa hipotética guerra.

  1. El ridículo de la política

    Un congresista con cuernos

Mientras tanto, el esperpento político que se ha instaurado en Estados Unidos desde que Donald Trump alcanzó la presidencia continúa su escalada en el termómetro de la ridiculez: Jacob Chansley, aquel tipo que participó en el asalto al Capitolio sin camisa y con cuernos y una piel de zorro en la cabeza, ha decidido presentarse como candidato para ocupar el escaño que va a dejar vacante en el congreso una republicana. Lo intentará con el Partido Libertario en Arizona y, teniendo en cuenta el circo en el que se ha convertido la superpotencia americana, no sería descartable que lo consiga.

Jacob Chansley en busca de gloria. Reuters

Habrá que ver si su candidatura es aceptada, porque Chansley se declaró culpable de un delito de obstrucción a la justicia en relación con el ataque de enero de 2021. Y sería más que irónico que alguien que atacó uno de los principales símbolos de la democracia estadounidense pueda presentarse como candidato a formar parte de su engranaje. No es de extrañar que, con este tipo de historias, Estados Unidos se esté convirtiendo en el hazmerreír de gran parte del mundo. Lo preocupante es que sirva de guía para movimientos populistas de la otra parte.

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