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La imagen refleja la enorme destrucción provocada por el misil, desarrollado para hundir grandes buques de guerra. afp
El misil imparable capaz de hundir barcos de un solo golpe

El misil imparable capaz de hundir barcos de un solo golpe

El X-22 o KH-22 nació en la URSS para cambiar el curso de las batallas navales, es poderoso y tan veloz que pudo impactar contra el edificio de Dnipró a 5.000 kilómetros por hora

M. Pérez

Lunes, 16 de enero 2023, 00:01

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La onda expansiva del misil que ha causado la mayor matanza de civiles en Ucrania con un solo ataque pudo sentirse en la noche del sábado en la mayor parte de la ciudad de Dnipró. Así lo atestiguan algunos de los socorristas que participan en las labores de rescate. Se echaron a la calle nada más recibir el reflejo de la onda expansiva sin saber qué sucedía o a dónde correr. De marcar el camino se encargó el incendio y la intensa humareda que durante horas surgió de los escombros de la urbanización Peremoh. Pero desde el primer momento de violento vacío todos supieron que aquella no fue una bomba normal.

Y no lo es. El misil X-22, o KH-22 como también se le etiqueta, es un artefacto creado para hundir portaaviones y fragatas en batallas navales, no un edificio de hormigón y cemento tierra adentro. De ahí el armagedón de Dnipró. Peremoh se ha convertido en otro macabro símbolo de la barbarie de la invasión rusa, con una matanza incluso por encima de la explosión del misil que destruyó en junio el centro comercial de Kramatorsk y se cobró veinte vidas. Se cree que también allí fue un 'asesino de portaviones' el causante de una inexplicable deflagración que incluso volatilizó varios cuerpos debido a las altísimas temperaturas.

El KH-22, disparado posiblemente desde un bombardero, ha impactado esta vez en medio de un enorme edificio. Simplemente, los dos bloques centrales han desaparecido. A través suyo se puede ver el otro lado de la ciudad. Había 72 apartamentos de los que no queda un solo rastro. Según las autoridades, otros dos centenares de viviendas se encuentran dañadas y no es descartable que los laterales del complejo puedan venirse abajo. Al menos 1.100 residentes corren el riesgo de quedarse sin cobijo en medio de la tristeza de una ciudad asolada, oscura y congelada donde algunos niños caídos entre escombros han dejado de soñar.

Existe un círculo de demolición alrededor de Peremoh bastante extenso. Cientos de pisos han perdido las ventanas. Los marcos de las puertas han salido despedidos. Algunos tejados también han volado. La realidad se ha vuelto imperfecta. La intensidad de la explosión fue tal que 38 coches y furgonetas han quedado reducidas a metralla y bolas de metal. El alcalde, Boris Filatov, afirma que todo empeorará. Las temperaturas nocturnas «han descendido a dos grados bajo cero», lo que reduce significativamente las posibilidades de supervivencia en habitaciones sin ventanas, puertas ni electricidad. Llegar a la mañana a veces depende de una manta. El infierno no tiene llamas. Es un invierno detrás de una onda expansiva.

El deseo de conmocionar

Ellos no lo sabían, pero cuando Rusia disparó el misil KH-22 ya estaban sentenciados. Se trata de un proyectil antibuque de largo alcance diseñado por la antigua Unión Soviética con el fin de trasladar la guerra artillera al mar. La ojiva pesa casi mil kilos. Es fácil imaginar la devastación que puede causar una tonelada de explosivos , ya sea contra el casco de metal de un barco o un muro de ladrillos. A ella solo se escapa si el proyectil, por la causa que fuera, no ve a su víctima. En Dnipro una anciana sobrevivió entre las ruinas de su casa en el octavo piso. Las siete plantas inferiores se habían desplomado. Ella quedó milagrosamente atrapada en un alero colgante. Un joven de 18 años saltó de la cama con la explosión. Tal cual, salió a la carrera. Alcanzó la calle cuando todo se venía abajo a sus espaldas. Y está ese niño-milagro que trató de huir de la vivienda familiar para encontrarse con que las escaleras del inmueble habían desaparecido. Los rescatistas lo encontraron este domingo por la mañana acurrucado junto al ascensor. Sin embargo, frente al relato más épico aparece luego esa otra página oscura de las fauces de la guerra con los móviles sonando bajo metros cúbicos de escombros y hormigón por el que se escurre la sangre.

El hecho de que Rusia haya recurrido a este devastador misil para atacar una ciudad repleta de civiles y edificios que no oponen resistencia alguna a tan tremendo poder volatilizador puede explicarse, según los expertos, por dos motivos. Uno de ellos es la escasez de munición de mayor precisión, un hecho que afecta a las tropas invasoras desde hace meses debido a la imposibilidad de fabricar a suficiente velocidad armamento estratégico dotado de una tecnología avanzada. Según Ucrania, el Ejército ruso tira en parte del arsenal que le suministra Irán, cosa que el Gobierno de Teherán niega, y luego de todo lo que encuentra disponible en sus almacenes, lo que en ocasiones le lleva a usar munición impropia para determinados ataques. El X-22 destaca por el riesgo de desviarse sustancialmente del objetivo elegido. Lo que puede haber sucedido este fin de semana.

Sin embargo, la otra posibilidad es el deseo de conmocionar al enemigo con una masacre atroz. Dnipró, no hay que olvidarlo, ha sido el colofón a dos jornadas de asaltos artilleros en Donetsk de cuya intensidad se tienen pocos antecedentes. Coincide además con la conquista de la localidad estratégica de Soledar y el nombramiento de Valeri Guerásimov como jefe del comando conjunto que dirige la invasión. Los ataques parecen demostrar que la llegada del máximo responsable del Estado Mayor ruso a la planificación del frente no variará el programa de bombardeos constantes contra sus rivales en una suerte de asesina gota malaya.

Buques de guerra rusos abandonan San Petesburgo para participar en unas maniobras navales.
Buques de guerra rusos abandonan San Petesburgo para participar en unas maniobras navales. afp

La empresa aeroespacial MKB Raduga, situada en las afueras de Moscú, ha sido la encargada de desarrollar el KH-22, cuya letal inspiración se retrotrae hasta la Segunda Guerra Mundial. Al término de éste y otros conflictos que agitaron el mundo, los estrategas soviéticos se dieron cuenta de las ventajas de evolucionar en las batallas navales tradicionales hacia un teatro de operaciones más acorde al uso de proyectiles de largo alcance y aviones adaptados como cazabombarderos y antibuques.

En realidad, puede afirmarse que de aquellos lodos vinieron estos barros. La actual invasión de Ucrania no deja de ser una traslación de aquellos principios bélicos de la guerra 'a distancia'. Las estrategias de Infantería, la lucha cuerpo a cuerpo y las columnas de carros blindados, presentes en los primeros meses de ocupación y el cerco a Kiev, se han reconvertido en un duelo de artillería donde los dos bandos se cruzan obuses. Moscú cumple así uno de los preceptos de la guerra híbrida adelantados por el jefe del Estado Mayor en su 'doctrina Guerásimov': sembrar el terror entre los civiles (matanzas como la de Dnipó son un ejemplo de esta pervesión) y crear las condiciones para el descontento popular que devenga en una rebelión contra el Gobierno enemigo. Un objetivo que Rusia intenta destruyendo las infraestructuras energéticas para que la población ucraniana se desanime o encolerice frente a Kiev sufriendo la penuria del frío y la congelación este invierno.

Batallas navales

El KH-22 se fabricó pensando en los portaaviones de Estados Unidos y sus buques de escolta. Si causa un socavón de doce metros de profundidad en el suelo, como demostraron los primeros ensayos, no tiene mucho problema en mandar un barco a pique. ¿Y qué no puede hacer entonces contra un edificio de cemento y ladrillo?

Sin embargo, asusta porque es prácticamente imparable. El Estado Mayor ucraniano reconoció este fin de semana que sus defensas antiaéreas no están preparadas para interceptar este tipo de cohetes, al menos, hasta que Estados Unidos y sus socios de la OTAN les abastezcan de los misiles Patriot PAC-3 o SAMP-T. El envío de una remesa de baterías Patriot ha sido ya aprobado por la Casa Blanca.

Para explicar esa facilidad de escape, hay que prestar atención al mecanismo funcional del 'asesino de portaaviones'. Pura maldad. La ojiva alcanza entre 12.000 y 27.000 metros de altitud según las condiciones en que se dispare. Una vez alcanzado el techo, cae por su propio peso trazando un arco elíptico en un descenso vertiginoso. Cuando toca su objetivo se suma a la detonación de casi mil kilos de explosivos la energía de la caída. En el caso de la tragedia de Dnipró, puede calcularse que el misil impactó contra el edificio a algo más de 5.000 kilómetros por hora.

Esta masacre resulta sorprendente porque el Kremlin selecciona minuciosamente dónde emplear sus KH-22. De hecho, desde el inicio de la invasión solo los ha utilizado en 120 ocasiones y, por lo general, para destruir grandes instalaciones energéticas. El portavoz de las Fuerzas Aéreas ucranianas, Yuriy Ihnat, opina que lo ocurrido en el complejo residencial es un «acto de terrorismo contra civiles» al utilizarse una munición tan destructiva «en una ciudad densamente poblada». Ihnat ha pedido a la comunidad internacional que condene la decisión de Rusia de utilizar el KH-22 y urgido a los aliados occidentales aenviar a Kiev lo antes posible baterías antiaéreas capaces de frenar esta amenaza. Moscú, mientras tanto, ya tiene en marcha el KH-32, una evolución del 'asesino de portaaviones'que asciende a 40 kilómetros de altitud. El impersonal desprecio por la vida siempre puede llegar más lejos.

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