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Ohad Munder, de 9 años, tras el reencuentro con su familia en el hospital. Reuters
«Mamá ha vuelto», madres, abuelas y niños ven la luz tras la pesadilla infernal en manos de Hamás

«Mamá ha vuelto», madres, abuelas y niños ven la luz tras la pesadilla infernal en manos de Hamás

Entre los 24 primeros liberados proliferan los dramas; varios exrehenes arrastran la tragedia por el asesinato de un marido, un hijo o el secuestro de otros familiares

M. Pérez

Sábado, 25 de noviembre 2023, 14:14

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«La abuela está aquí, sana y hermosa». Con estas palabras Adriana Adar ha sosegado este sábado a los miles de israelíes que se preguntaban por el estado de Yaffa, la mujer de 85 años que se convirtió en uno de los símbolos de la resistencia al terror yihadista durante el ataque de Hamás el pasado 7 de octubre tras ser fotografiada impasible y estoica cuando era trasladada por sus secuestradores en un carrito de golf. «Gracias a todos los que nos apoyaron. Es la primera gota en el mar, te estamos esperando Tamir Adar, esperando a todos! ¡Todos ellos!», ha escrito Adriana, en referencia a una de las nietas de Yaffa, también rehen de la milicia, pero que aún no ha sido liberada.

La octogenaria forma parte del primer grupo de cautivos entregados por Hamás a cambio de presos palestinos. Ella vivía en el kibbutz Nir Oz, uno de los más castigados por los islamistas. El vídeo de su captura fue uno de los primeros que circuló tras la masacre. Sorprendió por el espíritu férreo de Yaffa. Su rostro se mostraba inquebrantable, sin asomo de un rictus de miedo pese a haber sido testigo de la matanza llevada a cabo por sus captores. Incluso hubo un instante en que sonrió levemente. Tanto fue su gestualidad inesperada que al día siguiente una de sus hijas comentó que muchos vecinos y conocidos le habían preguntado si su madre padecía algún tipo de enfermedad mental que le impedía asumir la realidad.

Nada más lejos. «Está poniendo cara de valiente, haciéndose cargo de la situación y mostrando a sus captores un atisbo de la resolución inquebrantable que todos sabemos que tiene», señaló la hija en una entrevista en 'The Times of Israel'. Yaffa tiene ocho hijos y más de una decena de nietos y biznietos. No ha querido hablar en público. Los médicos dicen que se encuentra «en buen estado de salud» y que lo principal es el reencuentro con sus allegados; una familia que pensó en la imagen de su abuela «sedienta, sola, a oscuras», convencida en más de una ocasión de que fallecería durante su cautiverio ya que era imposible suministrarle los medicamentos que necesita.

Yaffa Adar, de camino al punto donde aguarda la Cruz Roja. AFP

Pero la abuela Adar tiene un pasado: fue superviviente del Holocausto. Y ha sobrevivido «al segundo», afirman algunos medios, que destacan cómo esta mujer encarna como nadie el «espíritu judío». «Yaffa Adar es una heroína de Israel. Ser mantenida durante tantos días en la madriguera de estos monstruos humanos y luego regresar con vida es una hazaña increíble», escribió en X Itan Dahan, un israelí cuta tía hizo frente durante horas a los intentos de los yihadistas de asaltar su refugio en el kibutz.

La felicidad y la tristeza se llaman Doron. Doron Katz-Asher y sus dos hijas, Raz, de cinco años, y Aviv, de tan solo dos, que este viernes regresaron a Israel tras un secuestro en condiciones infrahumanas. Ellas han salido indemnes de un infierno que, sin embargo, se tragó a la madre de Doron, Efrat Katz, permanece en paradero desconocida y medios israelíes no descartan que hubiera sido asesinada por los yihadistas en algún momento de su cautiverio. Las tres pudieron reunirse finalmente enun hospital israelí con Yoni Asher, marido y padre de las exrehenes, el único que se salvó del ataque de Hamás y que ha librado «la batalla de mi vida» llamando a todas las puertas, desde el Vaticano al Gobierno alemán, dado que ellas tienen nacionalidad germana, en busca de la liberación.

La familia Katz-Asher disfruta de los primeros momentos reunidos de nuevo. Reuters

Las tres mujeres habían viajado hasta un kibutz cercano a la Franja para visitar a la madre de Doron. Asher se quedó en su casa, a cientos de kilómetros, por sus compromisos laborales. Al amanecer del 7 de octubre, su esposa le llamó alarmada. Le comunicó que iban hacia la habitación de seguridad de la vivienda, ya que se escuchaban disparos en el exterior y varios terroristas intentaban asaltar el domicilio.

La comunicación se cortó. El marido pasó las siguientes horas rastreando el móvil de Doron. Supo que todo iba mal: la señal situaba el teléfono dentro de Gaza. Lo siguiente que encontró fue uno de los cientos de vídeos de los radicales donde se veía a su familia en la caja de una furgoneta. «Pude identificarlos de inmediato: mis dos hijas, mi esposa y mi suegra». Desde entonces, reconoció que había dejado de «tener vida», según contó en una de las frecuentes movilizaciones de las familias de los rehenes , aunque toda esa oscuridad parece borrada desde hace unas horas. «Están aquí. Ya habrá tiempo para digerir lo ocurrido», ha escrito en una red social.

Los 24 rehenes liberados han pasado su primera noche bajo el control de los médicos y con los suyos. Contentos, pero todavía sobrecogidos por el trauma. Diez de ellos son tailandeses, uno filipino y otros trece israelíes. Entre éstos figuran cuatro niños y media docena de mujeres septuagenarias y octogenarias.

Algunas de sus historias son milagrosas.

Margalit Moses, de 78 años, diabética, paciente de cáncer y afectada por episodios de fibromialgia, podrá cumplir su sueño de viajar a Mozambique tras vencer al cautiverio. «Mamá ha vuelto», ha escrito en una red social su hijo Yair, junto a una foto rodeada de sus hijos y nietos en la habitación del hospital.

Margalit Moses saluda en el momento de ser entregada por los milicianos a la Cruz Roja. Reuters

Un comando se llevó a Margalit de su casa en Nir Oz junto a su exmarido, que vive en una vivienda próxima y todvía permanece retenido por Hamás. Aficionada a los viajes, días antes había sido fotografiada en una reunión de amigos. Feliz, sonriente. Durante 25 años fue profesora y más tarde se convirtió en tesorera de una empresa en la comunidad agrícola donde reside. Es una de las rehenes más veteranas cuya captura fue grabada por los propios terroristas en vídeo. Sus allegados afirman que es «ama la vida como pocas personas». No dudan de que pronto regresa al campo para continuar 'espiando' las aves, ya que es una consumada ornitóloga.

Danielle Alony, de 44 años, y su hija Emilia, de 5, constituyen otro de los relatos agridulces que hoy leen y escuchan atentamente los israelíes mientras las armas siguen calladas y la tregua prosigue en Gaza. Ellas forman parte del contingente de liberados, pero una hermana de Danielle, su marido, y sus dos hijas gemelas siguen secuestradas. Lo que es peor: nadie sabe si el clan permanece junto o el padre, David, ha sido trasladado con otro grupo de prisioneros.

La pequeña Emilia se abraza a su abuela. Reuters

Danielle y su hija se encontraban de visita en casa de sus allegados cuando tuvo lugar la ofensiva. Las dos horas siguientes fueron un prolongado episodio de horror para la familia Alony, narrado mensaje a mensaje por Sharon a sus padres y otra hermana, que se habían comunicado con ellos alertados por las noticias de que en la zona se habían producido varios ataques con misiles. Sharon contó que unos asaltantes habían entrado en la casa de su vecino y, posteriormente, en la suya, aunque el clan había tenido tiempo de guarecerse en la habitación de seguridad. No obstante, los yihadistas prendieron fuego a l vivienda, lo que les obligó a salir al exterior cuando el humo inundó el cuarto. En su último mensaje, Sharon les decía a sus padres que era posible que murieran.

Este sábado, Danielle y Emilia se encuentran ya con sus allegados en Israel, contentos, pero pendientes del destino de sus cuatro familiares. Cabe la posibilidad de que, al menos Sharon y las gemelas, Yuli y Emma, sean entregadas a la Cruz Roja en los tres canjes que quedan hasta el fin de la tregua.

Dos de los diez rehenes tailandeses aguardan indicaciones de sus captores. AFP

No todos los liberados han dejado el infierno atrás. El caso más cruel puede ser el de Hanna Peri, una veterana de 79 años que regentaba una tienda de comestibles cerca de la Franja. De sus tres hijos, uno permanece cautivo y otro fue asesinado por Hamás. O el de Hannah Katzir, madre de tres hijos y abuela de seis nietos cuyo marido, Rami, también fue acribillado por los milicianos antes de llevársela a ella al otro lado de la Franja. Hija de una familia que sufrió el Holocausto, Katzir seguía trabajando a los 71 años en la lavandería de su kibutz. Su hijo, Elad, se empeñó desde joven en cultivar las tierras más próximas a la Franja. La Yihad Islámica publicó un vídeo de ella donde decía: «Estoy en un lugar que no es mío. Extraño mi hogar, mis hijos, mi marido Rami y a mi amada familia». Su inclusión en la lista de rehenes liberados ha sido toda una sorpresa en Israel ya que la propia Yihad anunció hace días su muerte, que atribuía a los bombardeos de la aviación sobre Gaza.

Un cubo de Rubik y un balón de fútbol. Los objetos sencillos son, a veces, los que mejor permiten reconectar con la realidad anterior a una tragedia. A Ohad Munder le aguardan ambos, su principal afición, ahora que ha salido de los túneles de Hamás junto con su madre, Keren, de 54 años, y Ruti, su abuelo, de 78. La libertad le permitirá también recuperar su cumpleaños robado; hizo nueve años recientemente en medio de su secuestro.

La bestia se encontró con esta familia durante lo que debía ser una feliz reunión para celebrar el Simjat Torá Shabat en casa de los abuelos en el kibutz Nir Oz. A las diez de la mañana, una hermana llamó a Keren. «No puedo hablar», dijo ésta, y colgó. Una hora más tarde, la señal de su móvil circulaba por Gaza. Además de los tres secuestros, días más tarde las fuerzas de seguridad descubrieron el cadáver del único hermano de Keren, Roi. asesinado por milicianos. Nadie pudo acudir a su entierro. «El mundo entero necesita ayudarnos a recuperar la fe en la raza humana», ha escrito en las redes una de sus familiares.

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