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Un hombre observa un panel con las imágenes de los rehenes durante una manifestación a favor de la paz en Gaza. EFE
Negociadores de una paz casi imposible

Negociadores de una paz casi imposible

Qatar, Egipto y Turquía son los tres países con capacidad de mediación en la crisis y su esfuerzo actual se centra en liberar a los rehenes y aliviar las difíciles condiciones de vida de los gazatíes

Mikel Ayestaran

Domingo, 22 de octubre 2023, 23:24

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Israel clama venganza tras la carnicería de Hamás del 7 de octubre que acabó con 1.400 israelíes muertos y 212 secuestrados. El Ejército castiga desde entonces la Franja con los bombardeos más duros que se recuerdan, ya ha matado a casi 4.000 palestinos, la mayoría mujeres y niños, y provocado más de un millón de desplazados. Las armas hablan a un volumen atronador que apenas deja espacio para la mediación, pero países como Egipto, Turquía y, sobre todo, Qatar, mueven sus hilos para lograr algún avance. El alto el fuego parece lejano porque Israel está decidido a derrocar el gobierno de Hamás, o al menos, impulsar un proceso que conduzca a su reemplazo y los esfuerzos se centran en la liberación de los rehenes.

El viernes Hamás liberó a Judith y Natali Raanan, madre e hija de nacionalidad estadounidense. Los islamistas dieron este paso por «razones humanitarias» y gracias a la «mediación de Qatar», según su propio comunicado. El pequeño país del Golfo tiene hilo directo con Hamás ya que sus líderes políticos se encuentran en Doha y en los últimos años han financiado la Franja al hacerse cargo del pago del sueldo de los funcionarios. «El papel de Qatar es tan difícil como importante porque Estados Unidos necesita tener contacto con Hamás y este es el camino directo», apunta Marc Owen Jones, profesor de Estudios de Oriente Medio en la Universidad Hamad bin Khalifa de Doha.

Owen no ve cercano un alto el fuego y alerta de que «el mayor peligro para la negociación son los sectores radicales en EE UU e Israel que no quieren ni escuchar la palabra 'mediación'. Estos sectores apuestan por la guerra. Un alto el fuego, aunque sea temporal, sólo llegará cuando Israel de por satisfecha su venganza».

Erdogan, debilitado

Otro de los países con hilo directo con Hamás es Turquía. Ismael Haniye estaba en Estambul la mañana del 7 de octubre y su oficina difundió un vídeo del líder político en el momento de la oración. Haniye rezaba mientras el brazo armado de la milicia masacraba civiles israelíes en los kibutz . «El Gobierno le invitó a abandonar el país lo antes posible y así lo hizo», recuerda la periodista turca Isin Elicin, una de las voces con más experiencia del país en el conflicto entre israelíes y palestinos.

Haniye partió rumbo a Doha y Recep Tayyip Erdogan comenzó a trabajar en el nuevo escenario que se dibujaba en Gaza. «El problema es que todo esto le ha sorprendido a Erdogan en un momento de debilidad. Turquía estaba tratando de normalizar relaciones con Israel, se había reabierto la embajada y se esperaba incluso una visita de Netanyahu», apunta Elicin. Pese a las movilizaciones masivas de apoyo a Palestina en las calles de Estambul, Turquía ha enfriado los lazos con Hamás y Erdogan ha moderado su retórica. El presidente busca mantener el difícil equilibrio entre no poner en peligro su reciente deshielo con Israel con el apoyo a la causa palestina y este camino le postula como mediador.

La periodista turca destaca el papel que puede desempeñar el actual ministro de Exteriores, Hakan Fidan, «un gran conocedor de todos los entresijos porque antes era el responsable de los servicios de Inteligencia». Los esfuerzos del jefe de la diplomacia turca, que ha viajado a El Cairo y Beirut, se han centrado en los rehenes y en paliar la crisis humanitaria. En declaraciones a los medios comentó un plan de paz que consistiría en establecer un sistema de garantías y dijo que Turquía podía ejercer el papel de garante del bando palestino. Ankara también ha movido ficha a nivel regional estableciendo contacto con Irán y Líbano para prevenir la expansión del conflicto a otros puntos.

Paul Levin, director de la facultad de Estudios Turcos de la Universidad de Estocolmo, piensa que Erdogan mantiene un tono más moderado que en anteriores operaciones de Israel en Gaza y destaca el peso que puede tener Turquía en una futura mediación ya que «es un país que ha normalizado sus relaciones con Israel al tiempo que tiene contacto directo con Hamás».

El futuro egipcio

A diferencia de Turquía y Qatar, Egipto mantiene la distancia con Hamás y los Hermanos Musulmanes han sufrido una enorme represión a manos de Abdelfatah Al Sisi. El presidente intentó, sin éxito, promover un alto el fuego temporal durante la cumbre celebrada este fin de semana en El Cairo, donde tomaron parte líderes de 34 países y organizaciones internacionales.

La situación geográfica y el paso de Rafah convierten a los egipcios en actor clave. Sus autoridades buscan la estabilidad y seguridad en su frontera con Gaza y cada vez lo tienen más complicado. «Preocupan los planes de los sectores extremistas israelíes que quieren vaciar la Franja de palestinos y echarles al Sinaí, un plan que Egipto rechaza. Los palestinos tienen derecho a vivir en su tierra», considera el analista egipcio Mustafa Kamel Al Sayyid, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de El Cairo.

Este plan de reducir la presencia de palestinos en Gaza «ha empezado con la orden del ejército de evacuar el norte de la Franja y el siguiente paso será en el sur porque allí no hay manera de meter a tanta gente», opina Al Sayyid.

En todas las crisis anteriores siempre ha sido Egipto quien ha logrado silenciar las armas y establecer paréntesis temporales de calma entre los dos bandos. «Esta no es otra ronda regular de violencia, es una guerra total. Por lo tanto, el papel de Egipto en la mediación es diferente», considera Ofir Winter, investigador principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv. Winter destaca que Egipto enfrenta riesgos potenciales, como un gran número de residentes de Gaza que podrían pedir salir de la Franja a través del cruce fronterizo de Rafah. Por otro, puede «ganar una mayor influencia sobre el futuro de Gaza, lo que serviría a sus intereses políticos, económicos y de seguridad».

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