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Marcello Gandini (1938-2024) junto al Lamborghini Miura F. P.
Marcello Gandini: el adiós a un creador de sueños

Marcello Gandini: el adiós a un creador de sueños

En este mes de marzo el lápiz de Marcello Gandini ha dejado de dibujar para siempre sobre el tablero de los sueños sobre ruedas VÍDEO: Así se diseña un coche en 1.400 días

Santiago de Garnica Cortezo

Viernes, 29 de marzo 2024, 22:04

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Director de orquesta era el padre de Marcello Gandini. Y él ha sido un verdadero director de orquesta, pero no con una batuta en la mano sino con un lápiz que le ha permitido plasmar su genio sobre el tablero de dibujo del que han nacido algunos de los dreams cars, esos coches de sueño exhibidos en los salones como piezas únicas, pero también automóviles de gran serie.

Nacer en Turín marca. La cuna de la FIAT y también de grandes carroceros, la ciudad italiana respira historia y sentimiento por el automóvil. A los 25 años, Gandini atraviesa la puerta de Carrozzeria Bertone, donde bajo la mano poderosa de Nuccio, Giorgetto Giugiaro dirige el trabajo.

Pero Giugiaro no quiere estar las órdenes de Nuccio Bertone, quiere dibujar su propio destino y dos años después, se va para crear Ital Design. Recoge la batuta el joven Marcello, que con tan solo 27 años asume la responsabilidad de dirigir el diseño de Bertone.

Y arranca su concierto con una obra magnífica, sublime: el Lamborghini Miura. Pero la sombra de la duda recorre el escenario pues Giugiaro había dejado los esbozos de este fantástico automóvil antes de partir. Pero para Nuccio no hay discusión: es «su carrozzeria» y el Miura lleva la firma «Bertone».

La línea cuña

Los diseñadores se atreven con propuestas increíbles. La línea «cuña», coches que perforan el viento está de moda. Colin Chapman y Maurice Phillipe hacen rodar su Lotus 56 en las 500 millas de Indianápolis de 1968. Sus formas hacen escuela y, trasladadas al Lotus 72 de 1970, nos hacen sentir que allí estaba la raíz de nuestros actuales F1.

Alfa Romeo Carabo de 1968, pura línea cuña f. p.

Pero volvamos a nuestro tema. La cuña, el signo distintivo de toda una época. París 1968: el público se agolpa en torno a un automóvil de 99 centímetros de altura. Es el Carabo, una realización de Gandini sobre un chasis de Alfa Romeo 33 Stradale. Su forma de cuña, la apertura de sus puertas como los brazos de un atleta que se levantan hacia el cielo anunciando la victoria. Son dos rasgos básicos que, seis años después, encontraremos en forma de fotografías pegadas en las habitaciones, en las carpetas de millones de adolescentes de todo el mundo: las del el Lamborghini Countach, un puro producto Gandini sin discusión.

Y si hablamos de cuña, el Stratos Zero, el prototipo de un Lancia que podía pasar bajo la barrera de entrada de la fábrica de la casa italiana sin necesidad de que el vigilante la levantase. Ese prototipo, con motor de Lancia Fulvia, creado por Gandini, que inspiraría una de los coches más emblemáticos de la historia de los rallyes: el Lancia Stratos.

El Stratos Zero daría origen al Stratos, el emblemático coche de rallyes de Lancia f. p.

Son monstruos mágicos del automóvil con rasgos de carácter que reflejan la personalidad de un hombre de carácter. Chrysler, propietaria de la firma de Santa Agatha, a quien Ferruccio Lamborghini ha vendido su criatura tras problemas económicos, modifica en Detroit el diseño original del Diablo. Marcello Gandini, enfurecido, retoma su diseño original para el Cizeta-Moroder, un superdeportivo movido por dos motores unidos de Ferrari V8.

Gandini versus marketing

Apuestas por salir de lo convencional, que le llevan a choques con departamentos de marketing. Por petición de Renault, para su proyecto 142 que se convertirá en el Renault 9 de 1980, Gandini les diseña una berlina que se inspirará, nada menos, que en su concept-car Ferrari Rainbow de 1976. Los responsables de la marca del rombo lo consideran demasiado vanguardista y le indican al italiano que su propuesta ha sido apartada de los llamados «test de producto». Gandini les responde que «si ustedes apartan mi propuesta es porque quieren un coche normal. Es lo que han elegido para ir al test de producto. Así, de entrada, evitan riesgos. Y después reducen su responsabilidad pidiendo al público decir sí. Para estar seguros que nadie pueda decir que el responsable ha cometido un error de gusto, de juicio. En otros tiempos las cosas no eran así: había personas con la valentía de asumir responsabilidades».

Lamborghini Countach, una leyenda f. p.

Si bien Gerard Opron, entonces responsable de estilo Renault, logrará imponer su criterio frente al de Gandini, a la hora del diseño definitivo de los 9/11, uno no deja de ver ciertos rasgos del italiano, sobre todo en la parte delantera (y nada en la posterior, por cierto). Y el diseño del salpicadero si es de Gandini, por cierto.

En esta mención a Renault, no se puede dejar de lado los Gandini del rombo: el Alpine A310 Pack GT, el bestial R5 Turbo de motor central, el Supercinco …

Los «Gandini» de calle

Hemos pasado de los prototipos de salón, de los «dreams car», a los coches de calle. La lista de estos no es corta, precisamente. El Citroën BX de 1982, es obra suya, aunque el diseño original siempre se vea alterado por presupuestos mezquinos, entre otros muchos condicionantes de la llamada «industrialización» de un modelo.

El BMW Serie 5 (E 12) del año 1972, nacida de su prototipo Garmisch, es un Gandini que marcará los siguientes años de la casa bávara, al igual que el Fiat,(nuestro SEAT, 132…

El Audi 50, de 1974, que se convertirá en un Volkswagen Polo es también otra creación del italiano. Como el Innocenti Mini de 1979, considerado por muchos expertos como la única creación válida, aceptable, sobre la base del genial Issigonis. O el precioso Fiat X1/9, de motor central, claramente inspirado en su prototipo Autobianchi Runabout, de 1969.

El Citroën BX también lleva el sello Gandini f. p.

Marcello Gandini ha dejado de dibujar, su lápiz se ha detenido para siempre. Pero el mundo ya no es igual. Sus Lamborghini Miura, Marzal, Espada, Jarama, Urraco, Bravo, Countach, Jalpa, Diablo…, su Alfa Carabo, los Lancia Stratos y Sibilo, Maserati Khamsin, Ferrari GT4, el Bugatti EB 110…, tantas creaciones que hacen eterno a este italiano genial.

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El padre que quería que se convirtiera en pianista clásico finalmente superó su decepción por la elección de profesión de Marcello cuando lo llevaron a dar su primer paseo en un Miura. «Sólo entonces», dijo su hijo, «comprendió que yo sabía hacer sonar otras notas: las de los motores».

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