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Alberto Núñez Feijóo, durante su discurso Pablo Cobos

El desprecio de Sánchez revienta la investidura de Feijóo contra la amnistía

El cisma entre el PP y el PSOE toca fondo en un pleno en el que el presidente del Gobierno en funciones renuncia a intervenir para tratar de desmontar el relato del candidato

Martes, 26 de septiembre 2023

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Nunca conviene, y menos en estos tiempos de cisma absoluto en el bipartidismo, minusvalorar la capacidad de la política española para darse sorpresas a sí misma. El guion del pleno de investidura de Alberto Núñez Feijóo que comenzaba este martes, con el marchamo de las grandes ocasiones por un hecho insólito -el ganador de las elecciones afronta una investidura de pronóstico fallido con la posibilidad tangible de que pueda conquistarla su rival-, parecía escrito sin excesivo margen para la perturbación, toda vez que el líder del PP sigue varado en la insuficiente suma de 172 escaños para alcanzar la Moncloa.

Pero el día en que el líder del PP se afanó en desnudar, con una hora y 42 minutos de discurso en su bautismo en la tribuna del Congreso, que Pedro Sánchez está dispuesto a «pagar el precio» a los independentistas que él no abonará para convertirse en jefe del Gobierno, el presidente en funciones dio uno de sus golpes de efecto para desviar el foco de donde quería fijarlo su oponente. En un gesto sin precedentes en una investidura, el mismo Sánchez que sí debatió con Ramón Tamames en la moción de censura de Vox dejó pasar el caliz y ninguneó a Feijóo delegando, además, en uno de los cargos socialistas más hostiles contra la derecha, el exalcalde de Valladolid Oscar Puente. Y el pleno reventó, entre gritos airados -«cobarde», en alusión al presidente; «macarra», hacia Puente»- de la bancada popular.

Si el acre desarrollo del ciclo electoral, la corta mayoría de los populares el 23-J y la posibilidad de que actual Ejecutivo de coalición se mantenga en el poder promulgando la amnistía para los encausados por el 'procés' separatista ya estaban tensando al límite las cuadernas de la convivencia política, el desprecio del secretario general del PSOE al jefe de filas del PP sitúa la ruptura entre los dos partidos que pueden gobernar el país en un punto de muy difícil retorno.

Plantón de Díaz

Alineada con Sánchez y pese a criticar en las redes sociales que «el espectáculo es un lujo que solo se pueden permitir los privilegiados», Yolanda Díaz también plantó a su paisano como ya había hecho en la ronda de contactos con la que éste quiso arropar su frustrante investidura. «No voy a participar del club de la comedia», se revolvió Feijóo ante un Sánchez con una sonrisa perenne pintada en el rostro y en medio del regocijo de los diputados del PSOE.

El grupo parlamentario socialista jugó la baza del despiste, sin aclarar si su líder subiría o no a la tribuna, hasta que la presidenta del Congreso, Francina Armengol, reanudó el pleno a las tres y media de la tarde, tras una sesión de mediodía en la que Feijóo dedicó los 40 folios de su discurso a una operación de montaje y desmontaje: sabedor de que, salvo fuga de diputados del todo imprevista en sus rivales, su investidura es para perderla, el líder del PP intentó mantenerse entero combinando el desglose de su improbable programa de Gobierno - el «viaje a ninguna parte», zahirió la portavoz de Sumar, Marta Lois- deconstruyendo al tiempo la credibilidad de la alternativa de Sánchez. Un Sánchez del que, dijo, no tiene detrás la mayoría social y política para gobernar que él sí tendría, en cambio y armado con sus 137 escaños, si estuviera dispuesto a transigir con la ley de amnistía y el referéndum de autodeterminación que exigen Junts y ERC para reelegir al presidente en funciones.

El candidato apenas tardó un par de minutos, una vez saludados los presentes y declararse honrado de comparecer, en citar la amnistía por las letras que el Gobierno evita pronunciar como si fueran infecciosas. Pero, en realidad, el 'leitmotiv' del pleno antes de que el silencio de Sánchez lo desbaratara lo había fijado a kilómetros de distancia, en el pleno de política general en Cataluña, el president Aragonès al encarecer la investidura de Sánchez relamando fijar esta legislatura las condiciones del referéndum.

Feijóo cogió la bandera del chantaje» del independentismo, como hizo el domingo en la calle ante miles de personas movilizadas por su partido en Madrid, para proponer un nuevo delito de «deslealtad institucional» que haga las veces del de sedición derogado por el Gobierno y pintar al secretario general del PSOE como un político capaz de todo por el poder. De darle «el Instituto Anatómico Forense a una banda de traficantes de órganos», atizaría más tarde Santiago Abascal.

La lista más votada

Mientras Moncloa relativizaba las exigencias de Aragonés y los socialistas definían a Feijóo como «el vacío», Sánchez callaba. Y optó por seguir haciéndolo por la vía de ceder su voz a Oscar Puente, un movimiento que trastocó el devenir de la tarde provocando escándalo en las filas de los populares, que interpretaron el mutis como una falta de respeto institucional y dedujeron que su rival tenía miedo a sufrir «otra humillación» como la del debate televisivo perdido en la pasada campaña electoral del 23-J.

Desviada la atención del elefante en la habitación parlamentaria -el borrado del 'procés'-, el presidente eligió a Puente con toda intención: él encabezó la lista más votada el 28-M en Valladolid, con los mismos concejales que el PP, y perdió la Alcaldía por el pacto de los populares con Vox; el de «los perdedores». Una renovada agitación del miedo a las derechas para el que Sánchez no podía recurrir esta vez a Patxi López, su portavoz en el Congreso. Porque el exlehendakari lo fue -recordó un Feijóo visiblemente contrariado- gracias al PP.

Lo que ocurrió después opacó el antes -el candidato se presentó como el presidente que sería «más sensible» a la España de las Autonomías, tentó a Junts y al PNV al ironizar con que Sánchez les acabará «engañando» y marcó cuidadosas y calculadas distancias con Abascal-; y también condicionó la sesión vespertina, en la que Feijóo pasó la factura de su enfado a los tres diputados que intervinieron por Sumar.

«Sánchez no habla porque no quiere responder», zanjó en su diálogo final con los independentistas, que le contestaban a él pero avisando a Sánchez. La amnistía debe ser la antesala del referéndum, incidió el republicano Gabriel Rufian. «Junts no está en ningún bloque español ni estará, salga o no salga la investidura», advirtió Míriam Nogueras.

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