Yolanda Díaz felicita a María Jesús Montero en medio de los aplausos de Pedro Sánchez y las bancadas de PSOE y Unidas Podemos. / EFE / ATLAS

El Congreso aprueba los terceros Presupuestos de Sánchez en un debate calentado por Vox

El Gobierno ve definitivamente encarrilada la legislatura al volver a aglutinar una mayoría holgada de 187 votos a favor y 160 en contra

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

No solo los Presupuestos. El PSOE y Unidas Podemos decidieron organizar la agenda política de la semana en el Congreso de forma que este jueves acabara con una traca final -que incluye la aprobación de los nuevos impuestos extraordinarios a la banca y las energéticas y la toma en consideración de la reforma de la sedición- llamada a revertir la sensación de que el suyo es un Gobierno inestable. Las polémicas lo sacuden -como volvió a evidenciarse en una jornada marcada por los ataques de Vox a la ministra de Igualdad, Irene Montero- pero en la Cámara baja el Ejecutivo de coalición sigue ganando votaciones con una mayoría holgada.

«Los insultos del hooliganismo de la derecha nos hacen reafirmarnos en la política útil. La política que hoy va a aprobar unos Presupuestos para proteger a la mayoría social con nuevos impuestos a quien más tiene, la que reivindica la convivencia como factor fundamental para el desarrollo de la democracia -presumió ya a primera hora de la mañana en sus redes sociales el propio Pedro Sánchez- frente al griterío de los que no ofrecen nada más salvo insulta». Superado el trámite, el jefe del Ejecutivo se reafirmó en sus palabras pero añadió: «Esta es la victoria del entendimiento, pero no frente a nadie, es la victoria de una mayoría amplia de ciudadanos que hoy tienen más herramientas par responder a desafíos que España tiene por delante».

Hasta 187 votos a favor -120 diputados del PSOE, 33 de Podemos, 13 de ERC, seis del PNV, cinco de Bildu, cuatro del PDeCAT, dos de CC, dos de Más País, uno de Compromís, otro de la exdiputada de Podemos María Pita y uno más del PRC- por 160 en contra -del PP, Cs, Vox, Junts per Catalunya, los exdiputados de Cs y de Navarra Suma, Foro Asturias, la CUP y Teruel Existe- y una abstención, la del BNGa lograron las Cuentas en buena parte de sus secciones (los Presupuestos no se aprueban en una sola votación). Aunque no puede decirse que el resultado sea una sorpresa. Son casi los mismos números que lograron los proyectos de presupuestos el año pasado y los del anterior.

Resultado de la votación

187

1

156

A favor

Abstención

En contra

R.C.

Fuente: Elaboración propia

Resultado de la votación

187

1

156

A favor

Abstención

En contra

R.C.

Fuente: Elaboración propia

Resultado de la votación

187

1

156

A favor

Abstención

En contra

R.C.

Fuente: Elaboración propia

A pesar de que los grupos han aprovechado la oportunidad que les ofrecía la ocasión para extremar sus exigencias a un Gobierno que aspiraba a obtener con este trámite el impulso final para agotar ya sin duda alguna la legislatura, en la Moncloa nunca tuvieron duda de el bloque de investidura se mantendría unido y de que lograrían incluso reforzarlo. Porque, aunque a lo largo de los últimos tres años ha sido una constante la advertencia por parte de muchas fuerzas parlamentarias de que algún día el miedo a que llegue un Ejecutivo del PP y Vox dejará de valer para contar con su apoyo, hasta ahora ha valido y porque Sánchez ha sido generoso. Lo suficiente para desactivar los recelos iniciales por el aumento de las partidas destinadas a Defensa, por los problemas de ejecución de las Cuentas anteriores e incluso por los reparos puestos a las previsiones gubernamentales por organismos nacionales e internacionales.

Esquerra, que era el único de los aliados habituales que aún no había ratificado su apoyo al empezar la jornada, no se salió del guion. Su portavoz, Gabriel Rufián, ya había avanzado que el 'sí' estaba «prácticamente hecho» después de haber alcanzado un acuerdo que incluye el traspaso de 900 millones de euros a la Generalitat por infraestructuras pendientes y, asunto no menor, de haber logrado, en una negociación paralela y tras meses de tira y afloja, que los socialistas accedieran a su demanda de sacar del Código Penal el delito de sedición para crear un nuevo tipo de desórdenes públicos. Está por ver en qué queda ahora su intención de rebajar también las penas de la malversación, el otro delito que afecta a sus cargos implicados en el 'procés', un paso que se ha topado con las reticencias de una parte del PSOE y de otros aliados parlamentarios.

Vídeo. Sánchez destaca la amplia mayoría que ha apoyado los nuevos Presupuestos. / EP

Plataforma electoral

En todo caso, tanto los republicanos como Bildu -que entre sus logros suma el traspaso a Navarra de las competencias de tráfico (que dejarán de estar desempeñadas por la Guardia Civil), la financiación con 300.000 euros de las excavaciones de la mano de Irulegi o la conversión del Fuerte de San Cristóbal «en lugar de memoria»- se afanaron en poner todo el énfasis en el impacto social de las medidas arrancadas al Ejecutivo. En el caso de los independentistas vascos, la prolongación del límite a la subida de los alquileres y de la mejora de las pensiones más bajas. Aunque Arnaldo Otegi, coordinador de la formación, no se resistió a presumir de que el «Gobierno de progreso en el Estado» pueda seguir adelante con el sostén de quienes quieren «marcharse» de España.

No es nada nuevo porque hace ya tiempo que, sin renunciar en absoluto a al objetivo de la independencia, ambas fuerzas intentan desempeñar en el Congreso un papel similar al que durante años ejercieron CiU desde Cataluña y el PNV, aún hoy, desde el País Vasco: el de garantes de la gobernabilidad y, al mismo tiempo, 'conseguidores' de ventajas para los ciudadanos de sus territorios. Pero también porque, a meses de los comicios municipales y autonómicos, cualquier debate se ha convertido en una suerte de plataforma electoral.

El pleno que hoy dio luz verde a los Presupuestos demostró, de hecho, de manera más clara que nunca que a partir de ahora todo estará enfocado en situarse de cara al nuevo ciclo político. Y más que en la defensa que cada grupo hizo de sus aportaciones, se percibió en lo caldeado del ambiente y en cómo unos y otros utilizaron las palabras que la víspera había vertido la diputada de Vox Carla Toscano contra la ministra de Igualdad -a la que tildó de «liberadora de pederastas» y acusó de tener como único mérito «haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias»- , al calor de la rebaja de penas para agresores sexuales conocidas tras la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la conocida como ley del 'solo sí es sí'.

El asunto trufó el debate presupuestario y se coló prácticamente en todos los discursos para aglutinar aún más al bloque de investidura, envalentonar a Vox y evidenciar la incomodidad de un PP, al que Podemos, ERC, Bildu e incluso el PSOE metieron en el mismo saco que la ultraderecha, pese a las críticas de sus representantes a la actitud del partido de Santiago Abascal. La portavoz popular de Economía, Elvira Rodríguez, empezó no en vano su intervención con un mensaje a derecha e izquierda. Ante los primeros, que llegaron a presumir de su «superioridad moral», reivindicó el respeto y la educación («porque educación no es tibieza sino fortaleza», dijo) y ante los segundos reclamó coherencia. «Ustedes -advirtió al portavoz de los morados, Pablo Echenique- no pueden dar lecciones de nada porque no tratan a todas las mujeres igual».

1. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, pasa por delante del escaño de la ministra de Irene Montero. 2. El diputado de Vox Víctor Manuel Sánchez del Real, durante su intervención en el debate. 3. Iñigo Errejón, portavoz de Más País, espera su turno de palabra. / AGENCIAS

Echenique, que había hablado poco antes, utilizó las palabras de Toscano, condenadas ya por el grueso de los grupos parlamentarios para disparar en todas las direcciones, incluso a sus socios de Gobierno, a los que aprovechó para recriminar que la semana pasada no salieran en defensa de Montero cuando empezaron a conocerse las primeras revisiones de sentencias que, en aplicación de la citada ley, atenuaron condenas previas. Podemos y partidos como ERC y Bildu hablaron entonces de una «cacería» orquestada por todos los poderes del Estado en su contra. Los socialistas, en cambio, rechazaron las acusaciones de machismo a la judicatura y reconocieron que habría que estudiar posibles grietas con efectos indeseados en la norma.