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FOTO: El Gobierno, PSOE y Unidas Podemos aplauden a Sánchez tras su Intervención. / J. R. Ladra | VÍDEO: Las frases más importantes en el debate entre Pedro Sánchez y Cuca Gamarra. / V. C.

Sánchez amansa a Podemos y va de frente contra Feijóo con un volantazo a la izquierda

El señalamiento a bancos y eléctricas no logra disipar los recelos de Esquerra, distanciada por la crisis del espionaje

Martes, 12 de julio 2022

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Pedro Sánchez buscaba demostrar, con su intervención en el primer debate sobre el estado de la nación celebrado desde 2015, que el suyo no es un Gobierno agotado, que la derrota de su partido en las elecciones andaluzas del 19 de junio no ha mermado su capacidad de iniciativa y que pese a los recelos que expresan sus principales aliados políticos su margen de maniobra para pilotar el país en un momento crítico y agotar la legislatura sigue siendo amplio. Lo hizo profundizando en el giro a la izquierda anticipado hace apenas 20 días con la aprobación del decreto anticrisis, que se vota este jueves en el Congreso, y anunciando nuevas medidas para amortiguar el impacto de la inflación; entre ellas, un impuesto excepcional a la banca, la gratuidad de los trenes de cercanía y 100 euros adicionales al mes para los becados de 16 años, la antítesis de la polémica decisión tomada por la popular Isabel Díaz Ayuso en Madrid. De momento, el golpe de efecto sirvió para atenuar las suspicacias de Podemos –más que las de Yolanda Díaz– y para confrontar con el PP. Esquerra, en cambio, se le resiste.

En la Moncloa llevaban semanas preparando esta cita con el objetivo de contraponer dos modelos de gestión de las crisis: el progresista, sustentado en políticas expansivas del gasto, y el «neoliberal», de los recortes, que desplegó el PP durante la crisis financiera. Sánchez obvió la distinta naturaleza de una y otra situación y el diferente papel desempeñado por la Unión Europea en cada caso. También evitó recordar aquel «voy a seguir ese camino cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste» que pronunció su antecesor, el expresidente socialista José Luis Rodriguez Zapatero, en otro debate de la nación, el de 2010, tras congelar las pensiones y reducir el sueldo de los funcionarios.

El jefe del Ejecutivo creó otro lema, opuesto: «Iremos a por todas por defender la mayoría social», proclamó, tras admitir los «riesgos» que afronta España ante un escenario de elevada inflación de evolución, reconoció también, «incierta». Quien sí le recordó, en cambio, la senda iniciada por Zapatero y le reprochó que siga sin atender las propuestas de rebaja fiscal que propone su partido para proteger el bolsillo de los ciudadanos fue la portavoz del PP, Cuca Gamarra, bajo la mirada del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, sentado en un escaño como senador sin voz este martes.

Que también el PP iba al choque se evidenció desde el primer momento, cuando, al abrir su intervención, Gamarra pidió un minuto de silencio no pactado en memoria de Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA a esa misma hora tal hace 25 años. Toda la Cámara lo secundó pese a que el Gobierno y sus aliados eran conscientes de lo que los populares buscaban: afear el acuerdo sellado con Bildu sobre la Ley de Memoria Democrática. Luego, sin embargo, Sánchez les acusaría de haber utilizado con fines «espurios» el «mayor atentado de la historia de España».

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Los populares –que también mantienen abierta con el Ejecutivo la pugna sobre la renovación del CGPJ– no han aclarado aún si apoyarán o se abstendrán este jueves en el decreto anticrisis. Y aunque fue clara al reivindicar lacondición de «alternativa» de su formación, Gamarra tampoco quiso fijar una posición respecto el resto de anuncios de Sánchez, incluido el impuesto a las grandes eléctricas y a las entidades financieras. «Esperaremos a conocer la letra pequeña. La sensación que he tenido es que ni todos sus ministros conocían esos impuestos de los que hablan», ironizó, metiendo el dedo en el ojo a los partidos del Gobierno.

Socio desinformado

El PSOE y Unidas Podemos llegaron al debate sin haber celebrado la reunión de la comisión de seguimiento del pacto de coalición solicitada la semana pasada por Yolanda Díaz para dirimir sus discrepancias sobre el gasto en Defensa y Sánchez evitó adelantar a sus socios sus anuncios para evitar flitraciones, a pesar de que el lunes mantuvo un encuentro con la vicepresidenta segunda, según el entorno de esta.

Él y Díaz habían exhibido hasta ahora una sintonía que, a menudo, ha molestado a los morados, más partidarios de evidenciar conflictos. Pero desde que la también ministra de Trabajo ha entrado en campaña con el lanzamiento de Sumar, su «proceso de escucha», se ha producido un punto de inflexión. este martes, se visualizó en un gesto muy gráfico: mientras el resto de ministros aplaudían a Sánchez, ella se afanaba en tomar notas en un bloc.

El jefe del Ejecutivo dedicó parte de su discurso a defender ante Podemos el incremento del gasto militar en el contexto de la guerra de Ucrania y aunque no lograra convencer a sus socios por completo, estos eludieron poner aún más énfasis en el asunto y se entregaron al elogio. «Llevábamos meses diciendo que hacía falta recuperar el ritmo de las medidas valientes y usted ha hecho eso aquí», aplaudió Pablo Echenique, paradójicamente más entusiasta que la vicepresidenta segunda. Díaz advirtió fuera del hemiciclo de que falta un impuesto para todas las grandes corporaciones e impulsar ya la reforma fiscal.

Sánchez tampoco logró encandilar a otro aliado fundamental –Esquerra–, distanciado desde que estalló el caso Pegasus, pese a la perspectiva de su reunión, este viernes, con el presidente de la Generalitat. Gabriel Rufián se mostró contundente y pintó un panorama desolador de pobreza y desigualdad. «¿Quiere ir a por todas? Le instamos a trabajar desde ya en un nuevo sistema fiscal –exigió a Sánchez– basado en la justicia».

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