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Pedro Sánchez, entre el nuevo líder de los socialistas gallegos, Valentín González Formoso y la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Vigo, Carmela Silvae Efe

Sánchez clama contra «el ruido» por la amnistía y buscará su reelección «debajo de las piedras»

Con el escollo del 'no' de Puigdemont a renegar del 'procés', Yolanda Díaz le avisa ahora de que la amnistía exige «un pacto histórico sin unilateralidad»

Domingo, 17 de septiembre 2023, 13:04

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Hace casi dos meses de las generales del 23-J y el país está a ocho días de la sesión de investidura en la que Alberto Núñez Feijóo pedirá, baldíamente salvo campanazo, la confianza del Congreso. Pero si alguien no avisado se hubiera asomado a este domingo otoñal, con mítines del líder del PP y de Pedro Sánchez en Santiago de Compostela y en el municipio coruñés de Oroso, habría pensado que España inauguraba una nueva campaña electoral. Una hipótesis nada descartable ante la imposibilidad de Feijóo de forjar la mayoría que necesita para alzarse con la presidencia y la envergadura de las condiciones -para empezar, la ley de amnistía- esgrimidas por Carles Puigdemont para la reelección de Sánchez, con amenaza de reincidir en el 'procés' como gran escollo jurídico y político de las negociaciones. A ambos candidatos les separaban apenas 21 kilómetros físicos pero un abismo estratégico.

Sánchez camina sobre un finísimo alambre para intentar retener la Moncloa, el más espinoso de un liderazgo marcado tantas veces por el funambulismo; y tanto él como su entorno en el Gobierno y en el PSOE emiten señales ambiguas ante el blindaje de los contactos con Junts, con la constatación de que la negativa de Puigdemont a renegar del 'procés' constituye la piedra en el zapato para exonerar a los encausados por la intentona separatista de 2017. Yolanda Díaz, que dio el paso de romper el aislamiento del expresident catalán reuniéndose con él en Bruselas y cuyo protagonismo no reconoce el ala socialista del Gobierno, recogió cable en una entrevista en La Vanguardia. Díaz avisa ahora al secesionismo de que la aún hipotética ley orgánica de amnistía debe ser la culminación de «un pacto histórico» de carácter «político» que incluya a «los empresarios, los sindicatos y la sociedad civil» y en el que «no cabe», por tanto, «unilateralidad alguna»

En la Fiesta de la Rosa del PSdeG que congregó este domingo a 3.000 militantes en Oroso según el recuento de los socialistas, Sánchez desplegó pedagogía de partido ante los suyos dada la contestación -externa pero también interna- que está suscitando el eventual borrón y cuenta nueva del 'procés'. Lo hizo por la vía de referirse indirectamente a la polémica y revestirla como el enésimo intento del PP y Vox de impedir la continuidad del «Gobierno progresista».

Un Ejecutivo que el secretario general del PSOE volvió a dar por hecho -«¡Claro que lo va a haber!»- y no para una legislatura de circunstancias, sino ambicionando que dure los próximos cuatro años. Sánchez incidió en que, frente a «la derrota» de las derechas el 23-J, a él sí pueden darle «los números», aunque se abstuvo de mencionar que ello pende de las exigencias de Puigdemont y, sobre todo, de una amnistía transformada en palabra tabú para los dirigentes del PSOE.

Lo que sí hizo el presidente fue recurrir a la paráfrasis al pedir a los suyos que se abstraigan del «ruido» del PP y Vox, cuya única pretensión es desmontar las conquistas de su Gobierno -modelo de respeto a la Constitución y un «ejemplo» para el mundo, enfatizó- y su apuesta por «la concordia entre los pueblos de España y la convivencia entre ciudadanos». La agitación del miedo a la derecha que le dio réditos el 23-J retrotrajo a Sánchez a un mensaje de campaña que le sirve tanto para intentar limar asperezas en su militancia si pacta con Junts como para preparar el terreno si hay repetición electoral.

Señalado porque hace apenas dos meses él mismo aseguraba que su Gobierno nunca cedería a la amnistía, Sánchez trató este domingo de darle la vuelta recuperando el compromiso que, precisamente, contrajo ante las generales: que buscaría «votos hasta de debajo de las piedras» para reeditar su Ejecutivo. España «no se rompe» y «no se hunde», se revolvió, en un discurso ácido contra Feijóo. De hacer algo, remató, el país «bosteza ante la descomunal pérdida de tiempo» de la fallida investidura de su rival.

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