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Camila Sodi y Carolina Yuste son Cata y Desi en 'Sin huellas'. Daniel Escale
Crítica de 'Sin huellas': un wéstern reivindicativo con un punto de humor

Crítica de 'Sin huellas': un wéstern reivindicativo con un punto de humor

Carolina Yuste y Camila Sodi protagonizan esta fallida ficción acerca de dos empleadas del hogar a las que les tienden una trampa en la costa alicantina

Iker Cortés

Madrid

Jueves, 16 de marzo 2023, 00:49

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No mentían Carlos de Pando y Sara Antuña, creadores y guionistas de la ficción que este viernes se estrena en Prime Video, cuando decían que 'Sin huellas' era un wéstern moderno. Todo en esta serie de ocho episodios, protagonizada por Carolina Yuste (Badajoz, 31 años) y Camila Sodi (Ciudad de México, 36 años), remite a la estética y al código formal que empleaban los clásicos del oeste americano. Ahí están los planos largos, a veces casi contemplativos, rodados en 'scope' para recuperar los encuadres de las cintas de vaqueros; los duelos, aunque sea vehículo de cuatro ruedas mediante; la juguetona música de J. J. Luna, o los parajes desérticos, el viento y los desfiladeros alicantinos.

Pero la nueva propuesta de Zeta Studios no solo apunta al wéstern en lo formal, sino también en el contenido. Al fin y al cabo, las protagonistas de 'Sin huellas' no dejan de ser dos amigas enfrentadas a fuerzas mucho más poderosas que ellas. Desi (Yuste) y Cata (Sodi) son dos treintañeras que comparten piso y trabajan como empleadas del hogar. Desi es gitana, deslenguada y fiestera; Cata es inmigrante y, sin duda, más responsable, quiza porque está intentando reunierse nuevamente con su hija, que se ha quedado a cargo de la abuela en México. Ambas necesitan dinero para pagar la mensualidad del piso en el que viven, así que cuando la empresa para la que trabajan las despide declarándose insolvente -«¿cómo van a ser insolventes con ese cochazo?», se cachondea Desi al ver partir al mandamás de la compañía en mitad de una concentración de kellys furiosas-, se ven con el agua al cuello.

Esa noche las dos ahogan sus penas en el alcohol hasta que una inesperada llamada les encarga la limpieza de la mansión de una poderosa familia de Alicante. Lo que inicialmente parece un trabajo rutinario pronto se torna en una pesadilla cuando debajo de una de las camas hallan el cadáver de una mujer y una bolsa repleta de dinero. La alarma de la vivienda se dispara y se ven obligadas a huir.

Es un punto de partida atractivo y sugerente desde el que se desarrolla un wéstern urbano en el que caben el thriller, la denuncia social y, en mayor medida, la comedia. Todos los géneros valen para resolver el misterio, mientras las protagonistas despistan a la Policía y tratan dar respuesta a las preguntas en el aire que deja el hallazgo: ¿Quién ha cometido el asesinato? ¿Por qué? Y, sobre todo, ¿por qué les han tendido esta emboscada a ellas? De esta forma, la ficción permite exponer realidades duras que tocan temas como la lucha de clases o la xenofobia. «Les quieren meter en un marrón porque son unas mujeres absolutamente invisibles para la sociedad y son perfectas para comérselo», explicaba Carolina Yuste durante el rodaje.

Desi halla un cadáver. Daniel Escale

A la ganadora del Goya a la mejor actriz de reparto por su papel en 'Carmen y Lola', esa historia que se cuenta por detrás de desigualdad, racismo y explotación laboral, era lo que más le interesaba de esta ficción que arranca siempre con un pequeño aperitivo, ya sea en forma de flashback, para ahondar en el pasado de los personajes, o centrando el foco en torno al punto álgido del episodio con objeto de enganchar al espectador.

Para Sodi el de 'Sin huellas' es su primer rodaje a este lado del charco. «Tenía ganas de mudarme a España -decía entonces- y esta propuesta salió de la nada, una de esas cosas mágicas del universo. Un casting para una serie que se empezaba a rodar en dos meses en Alicante. Era una señal clarísima».

Y aunque el punto de partida pudiera parecer similar al de 'Sky rojo', la serie de Netflix que se estrenó en marzo de 2021 y que abordaba la espectacular huida de tres prostitutas de un club de alterne, no son las protagonistas de 'Sin huellas' dos superheroínas. «Son dos mujeres normales, no esta cosa del imaginario masculino proyectado en cómo son dos mujeres», resumía Yuste.

Acción trepidante

Con secuencias de acción que van de lo trepidante -esa persecución entre un coche y un cuatro por cuatro por las calles de Alicante es magistral- a la comedia no siempre voluntaria, detrás de los ocho capítulos hay ocho manos, las de Paco Caballero, Samantha López, Koldo Serra y Gemma Ferraté, si bien fue el director de 'Perdiendo el este' el que marcó el tono visual de la ficción. Es, sin lugar a dudas, lo mejor de la propuesta, con algunos planos secuencia ejecutados con buen pulso y ritmo -esa fiesta de cumpleaños en la que irrumpen Cata y Desi es deliciosa- y unos entornos casi vírgenes a los ojos del espectador.

En cambio, el guion a veces hace aguas. Es una historia donde el humor vertebra buena parte de lo que sucede y en eso no falla, con momentos incluso hilarantes y en los que es inevitable suspender la incredulidad; otra cosa es que la actitud de las protagonistas cambie sin ton ni son -esa disyuntiva entre llamar o no a Irene (Silvia Alonso), la agente de policía de la que Desi está enamorada, para pedir ayuda- o que algunos personajes tomen decisiones arbitrarias para dar más emoción a la historia.

No ayuda que las interpretaciones de Yuste y Sodi sean más bien justitas o que en un plano Sodi cojee, en otro corra y en el siguiente vuelva a cojear. Son errores de bulto que hacen difícil disfrutar de la ficción y que le llevan a uno a preguntarse si no hubiese sido mejor dirigir a los actores en lugar de escoger el mejor tiro de cámara posible o abusar del plano secuencia.

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