Borrar

Episodio 1

Podcast | 'La empresa de mi vida'

Episodio 1
Adolfo Domínguez: «Nos vestimos para que nos quieran»

El diseñador gallego nunca ha olvidado sus orígenes humildes ni las enseñanzas de sus padres. Vistió la Transición y supo interpretar como nadie en el vestir las ganas de libertad de la sociedad española

podcast background

Sábado, 20 de mayo 2023, 00:02

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

El diseñador y empresario Adolfo Domínguez cambió la forma de vestir en España: consiguió que no nos asustaran las arrugas y popularizó el lino y las formas fluidas. Esta historia, la primera de 'La empresa de mi vida', comienza en un pueblo de los montes gallegos con un pastor que lo arriesgó todo por la visión de su hijo. Un pequeño taller de sastrería y un niño que iba a la escuela con la lumbre en una lata de sardinas dieron origen a una empresa internacional que ha sabido sobrevivir a incendios, crisis y epidemias y que ha mantenido el vuelo. Esta es, en realidad, la historia de una saga.

Créditos

  • Una historia de Amparo Estrada

  • Edición Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo

  • Producción técnica Iñigo Martín Ciordia

  • Diseño sonoro y mezcla Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Ilustración Alex Sánchez

  • Coordinación general Andrea Morán

  • Producción ejecutiva José Ángel Esteban

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

Transcripción

Episodio 1

Adolfo Domínguez: «Nos vestimos para que nos quieran»

PODCAST | ADOLFO DOMÍNGUEZ, el tejedor de palabras
AMPARO ESTRADA: Esta es la historia de un niño de un pequeño pueblo gallego
ADOLFO DOMINGUEZ: Y ponían brasas y nosotros poníamos los pies sobre la lata para sobrevivir, porque estábamos a cero grados
AE: Que levanta una empresa que logra reconocimiento internacional.
AD: Y un éxito, un éxito absoluto.
AE: De un universitario detenido en la dictadura franquista por repartir panfletos.
AD: Por propaganda ilegal me detuvieron.
AE: Que revoluciona la forma de vestir en España.
AD: Me encantaba el lino y lo volví a poner.
AE: De un artista apasionado por la ciencia.
AD: Los que creemos en la ciencia… es absolutamente emocional. Todo esto ya es mecánica cuántica…
AE: Es también la historia de un tejedor de palabras.
AD: Yo escribo para entender.
AE: Y, por supuesto, de un empresario.
AD: Una empresa, como una familia con una vida es un fenómeno contraentrópico…
AE: Y un padre.
ADRIANA DOMÍNGUEZ GONZÁLEZ: Mi padre es una persona de la que se aprende mucho, pero de lo que se aprende es de vivir con él, de haberle visto toda una vida y del ejemplo.
AE: El padre de Adriana. De Valeria y de Tiziana. Y de una marca.
ADG: Mi padre como empresario creo que ha sido una persona muy visionaria. Creo que ha tenido la inteligencia de saber reinventar la marca cada 10-15 años, porque es una marca que lleva 45 años viva.
SONIDO RIO / AVES RAPACES
AE: Estamos en los montes gallegos. Hemos llegado a esta casa, a través de una pista rodeada de vegetación. Es una casa blanca, construida hace 40 años, de una sola planta y cubierta por una enredadera.
AD: Aquí oímos a los jabalís que se acercan y entran no cada noche, pero casi. La zorra que se acerca a intentar cazar a las gallinas; que caza muchísimas, el águila que hace «cri, cri, cri, cri…», ese chillido a mediodía. Pero nada más. Aquí no se oye nada.
AE: Dos grandes perros vienen a saludar alegremente. En este rincón se respira paz. Y silencio. No se oye nada más que la propia naturaleza.
AD: La cruza un riachuelo. En verano seca. Antes no secaba, pero en los últimos ya 15 o 20 años seca en verano. Pero en invierno baja, caudaloso.
AE: El centro de la casa es un espacio lleno de luz. Acristalado en el techo y en los frentes. Hemos llegado un día luminoso y el sol lo llena todo. Hay pocos muebles en la casa. Una mesa larga de madera está llena de mimosas cortadas del jardín.
AD: En la ciudad, las estaciones las ves por el cambio de los escaparates. Aquí por las flores, por ejemplo: ¿cuáles son las flores que tocan? Son las mimosas, que son las primeras en enero y las flores del invierno: las camelias. Y luego serán otras.
AE: Este es el refugio del diseñador, modisto, empresario y escritor Adolfo Domínguez.
AD: Antes me movía muchísimo, pero siempre viajaba para volver. Y esta es mi casa.
AE: Y en esta casa vamos a escuchar su historia…
AD: Hay un relato, hay un cuento... La clave, para mi, de Adolfo Domínguez es que nosotros no sólo somos funcionales. Tenemos valor simbólico y el ser humano es humano cuando nos contamos cuentos. ¿Y por qué? Porque los cuentos, cuando te los crees y los humanos nos creemos todos, hasta los más inverosímiles, son un pegamento impresionante.
AE: Adolfo Domínguez fue pionero de la nueva industria textil y abrió el camino a otras empresas que vinieron detrás aunque, en su momento, ninguna tuvo tanto impacto en la sociedad como la suya.
AD: Las empresas tenemos… algunas logran hacer cuento, historia. No es cuento, es historia. Y si tiene verdad, retumba de una manera espectacular. Y eso es lo que nos hace, digamos, marca popular o marca diferente.
AE: De esa diferencia, de ese estilo, de su huella y de su historia vamos a hablar.
CABECERA
AE: Hola, ¿qué tal? Soy Amparo Estrada y esto es 'LA EMPRESA DE MI VIDA', un podcast sobre empresarios y empresarias que han revolucionado su sector.
AE: Vamos a contar historias de marcas y de vidas, de innovadores que fabrican productos con personalidad, originalidad y propósito.
AE: En este episodio, Adolfo Domínguez. Un referente en el sector de la moda desde mediados de los años setenta que preconiza la libertad en el vestir y en la empresa. La suya es una empresa que tiene más de 340 tiendas en más de veinte países, desde París a Tokio, pasando por Australia. Pero antes de llegar a Japón o a Méjico, antes de conquistar pasarelas internacionales y de crear un estilo seguido por millones de personas, el diseñador, modisto y escritor gallego fue un niño como tantos otros. O tal vez no.
AE: Esta historia comienza en Puebla de Trives, un pequeño pueblo de la provincia de Orense. Con un niño, en 1950, que tuvo la suerte de poder estudiar.
AD: Todos los niños que íbamos llevábamos un poquito de leche, como se lleva en los pueblos con una arandela...
AE: En la escuela la maestra les daba un trocito de pan al empezar la clase.
AD: Lo partía, lo repartía en trocitos para cada uno y así empezábamos. En esa guardería nos sentábamos en troncos que ellos usaban para picar la leña.
AE: Adolfo y sus hermanos jamás faltaban a la escuela. Sus padres no admitían excusas.
AD: Yo creo que soy lector porque lo tengo asociado al olor del pan y el calor en el medio del invierno.
AE: Pero el recuerdo que llena su infancia es la sastrería que levantaron sus padres. Una casa de pueblo donde lo tenían todo. La tienda ocupaba la planta baja, en la primera planta estaba el taller de costura y en la segunda, la vivienda.
AD: Mis padres a mí me enseñaron todo… o muchas cosas. Me enseñaron el oficio, la costura.
AE: Y en ese negocio todos echaban una mano. Su madre se ocupaba de la tienda, su padre del taller de costura…. Y los hijos ayudaban.
AD: Al volver del colegio, lo normal es que te pases una hora en el taller. Empezamos por descoser o deshilvanar una chaqueta. Una hora diaria. No más. Pero una hora en la tienda, en el taller o en la huerta con mi abuela.
AE: Trabajar y jugar, todo era uno.
AD: Uno de los juegos era al escondite en la tienda, detrás en las estanterías. Subíamos por ellas como gatos y detrás de los rollos nos escondíamos.
AE: Adolfo no solo aprendió a coser. Aprendió a comerciar, a comprar y a vender.
AD: El cliente es sagrado. No es pesado. Y sólo si le seduces, él te da el dinero y entonces hace clic la caja registradora.
AE: En esos años de mediados del siglo XX en un pueblo del interior de Galicia hasta encender la luz era una aventura.
AE: Cada día, antes de anochecer había que correr hasta la presa para abrir la compuerta. El agua entonces caía sobre la turbina que daba electricidad a las casas del pueblo, apenas cuatro bombillas. 15 minutos corriendo de ida y otros 15 de vuelta.
AD: Me daban unos unos céntimos por ir y nos peleábamos por esos céntimos. La liquidez hoy es abundante, entonces era escasísima.
AE: Aquel niño, estudioso y aplicado, dio el salto que entonces, en el campo sobre todo, era muy habitual: ir al seminario para estudiar. De eso hablaremos más tarde porque ahora vamos a saltar una década.
AE: Adolfo Domínguez es un joven de 17 años, estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela.
SONIDO REVUELTAS MAYO 68
AE: Los universitarios organizan manifestaciones y asambleas reclamando más libertad y en contra de la dictadura. Adolfo es detenido por repartir panfletos políticos. Pasa un mes en el calabozo. Al salir y recobrar la libertad decide irse a París.
AD: A finales de mayo yo llegué a París, salí de la estación y encontré: Nada. Ni coches, ni tráfico, nadie. O sea, una cosa increíble, todo desmontado. No había un adoquín puesto en las calles.
AE: Descubrió otro mundo. Era 1968, el año de las revoluciones estudiantiles francesas. Pero también el año de la guerra de Vietnam, los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy. En España sigue la dictadura franquista, pero en París hay otra vida.
AD: Yo me pasé aquel verano de museo en museo sobrecogido. Yo no conocía ni Madrid ni Barcelona. Solo era un estudiante que había estudiado aquí, en el Seminario, el bachillerato.
AE: Solo había ido un año a Santiago de Compostela.
AD: Y de repente París. La 'ville lumière' que dicen ellos, la Ciudad Luz. Y la verdad es que quedé deslumbrado.
AE: En París pasó un verano entero explorando a fondo hasta el último museo. Admirando a los impresionistas y las vanguardias.
AD: Y te vas al Louvre y te vas al museo Rodin, que es una belleza de museo pequeñito. Te vas a todo lo que hay, todo lo que hay en París. Iba a la 'Cinematheque' por nada.
AE: Para Adolfo no hay vuelta atrás, toma la decisión de matricularse en Arte en Vincennes, una universidad construida en apenas tres meses en medio de un bosque al norte de París.
AD: Venía, por ejemplo, muy a menudo Jean Paul Sartre. Yo lo vi 50 veces como poco.
AE: Y no venía solo…
AD: Venía rodeado de su corte de adolescentes maoístas y él de vez en cuando se levantaba y daba un pequeño discurso, una historia… Yo nunca me acerqué porque yo había intentado leer 'La náusea' y no me gustaba.
AE: Porque Adolfo tenía otro escritor francés preferido
AD: Y en aquel momento o eras de los Rolling o de los Beatles. O eras de Camus o de Sartre. Yo era claramente de Camus.
AE: De París dió el salto a Inglaterra. Y descubrió otro mundo que le marcó, que le cambiaría la vida.
AD: Un vaquero que tenías... ¿me vendes este vaquero? Te lo cambio por este, pues es que la vida es así.
AD: Todo el mundo compraba y vendía, te vendía y compraba. Cambie Los Iluminados de París, que además se habían juntado todos en Vincenne, por otra clase de iluminados.
AE: Se impregnó de libertad.
AD: Leía en inglés la historia de Inglaterra de Hume.
AE: Y de comercio.
AD: Entonces me di cuenta de que el comercio es lo que los hizo grandes.
AE: Después de aquellos cinco años fuera de España vuelve a casa. Y con solo 24 años levanta su primera fábrica. Fue una apuesta. La empresa 'Adolfo Domínguez' no existiría si su padre no hubiera aceptado el reto.
AD: Lo que yo pretendía era volver a París pero le digo: «Si abrimos una nave industrial, la fábrica, yo me quedo». Pensando que era un imposible…
AE: Pero el salto se dio desde la pequeña sastrería que es origen de todo. Porque esto, en realidad, es una historia familiar.
ADRIANA DOMÍNGUEZ GONZÁLEZ: Creo que esta es la historia de una saga. Aunque mi padre es la persona más visible de toda esta saga, creo que lo que es interesante de ver es cómo nos apoyamos en los hombros de los anteriores.
AE: Una saga que no comienza con el diseñador.
AD: ¿Quién fue el que empezó? Mi padre y mi madre. No tengo la menor duda.
ADG: Salieron de un lugar de la emigración, del campo más profundo gallego y salieron con mucho esfuerzo, mucha inventiva y mucho coraje también. Todos los atributos que luego yo encuentro a mi padre.
AE: Es Adriana, la hija mayor de Adolfo Domínguez y continuadora de la saga familiar en la empresa.
ADG: Creo que he aprendido mucho de él: el amor por el conocimiento y la curiosidad.
AE: Un aprendizaje transmitido de generación en generación. El padre de Adolfo Domínguez nació en Brasil, hijo de emigrantes gallegos, fue pastor, vendedor de paños, sastre y empresario. Y muy echado para adelante.
AD: Él compró la moto, le llegó la moto, nadie le había enseñado a andar sobre una moto. Se las arregló para encenderla, pero no sabía frenar y acabó a 60 kilómetros en Ponferrada, cuando se le acabó la gasolina. Vino al día siguiente de vuelta con una caja de pimientos morrones, que era lo clásico de Ponferrada.
AE: Padre e hijo levantaron la primera nave.
AD: Pero yo realmente cuando le dije a mi padre: «Bueno, si ponemos una fábrica…» Porque era un salto. Y dio el salto…
AE: Aunque desgraciadamente la aventura juntos no duró mucho.
AD: Y se endeudó, con una cifra enorme para el tiempo. Y salimos de ello. Pero se murió antes a los dos años. Que dolor.
AE: Adolfo Domínguez se quedó al frente con 26 años y con un propósito inculcado: ser empresario.
AD: Mi padre se pasó toda la vida convenciéndome: «Estudiar sí, pero luego empresario, a continuar lo que haga». Y yo ni puto caso. Como me encantaba tanto leer…
AE: Pero al final las enseñanzas calaron. No ha sido fácil.
ADG: Yo he visto a mi padre atravesar muchas aventuras distintas empresariales y muchas de ellas con oleaje y tempestad muy fuerte.
SONIDO DE INCENDIO Y SIRENAS
AE: El diseñador ha tenido que resurgir muchas veces: un incendio arrasó en 1991 la fábrica entera de San Ciprián de Viñas, en Ourense. Ese día, cuando los bomberos apagaron el incendio, intentaron salvar lo que se podía de la nave, vestidos, telas, trajes, todo se lanzaba por las ventanas y se colocaba como se podía en el exterior. Domínguez volvió a levantar la fábrica y la empresa.
AE: Años después, la crisis económica y financiera de 2008 llevó a la compañía a pérdidas. Pero el diseñador jamás se planteó abandonar.
AD: Para nada. Que va, que va, que va. Para nada.
AE: Y luego, cuando parecía que ya estaba todo encarrilado, llegó la pandemia.
AD: Volvió a ponernos al pie de los caballos. Fue muy duro porque estuvimos yo creo que seis meses cerrados, enteros. Y pagando impuestos y salarios.
AE: Lo peor fue otro incendio: el de la casa familiar. Por suerte, los que estaban dentro pudieron escapar a tiempo.
ADG: Nuestra casa se incendió cuando yo tenía cinco años y desapareció con todas nuestras cosas. Todo. No había nada.
AE: Este otro incendio arrasó con algunas de sus pertenencias más preciadas
AD: En el incendio me ardió una biblioteca inmensa y la que yo hice de pequeño. Solo quedó una pasta de un libro, 100 años de soledad.
AE: Curiosamente, mientras la casa ardía, él se encontraba lejos, en Italia, absorbido por un incendio que pasaba en un libro.
AD: Estaba leyendo el incendio de 'El nombre de la rosa'. Además fue tarde, me enganchó y leí hasta que acabó el incendio, ¿me entiendes? Y en ese momento ardió mi casa. Es impresionante.
AE: Y de todo aprendió .
AD: Tuve dos incendios y me quedó algo de los dos incendios... Osea que las dificultades te enseñan algo.
AE: Cada día cuando te levantas y abres el armario haces una elección. Eliges. Eliges según el ánimo que tienes, a quien vas a ver, dónde vas a estar…
AD: Nos vestimos según el animo que tengamos. Eso es lo primero. Pero también nos vestimos para distinguirnos. Como individuo y como tribu.
AE: Adolfo Domínguez cambió la forma de vestir en España.
AD: Inventamos muchas cosas: el abrigo, la trenca que es la que uso aún hoy, ese mismo modelo que sigue vendiéndose tal cual…
AE: En un mundo de trajes estructurados, de poliéster, de pieles, el diseñador abrió paso a tejidos naturales, como el lino o la alpaca, a los jerseys de cuello alto para hombre, a las siluetas no encorsetadas, libres.
AD: El lino es parte de mi infancia. Mi abuela, tenía un campo de lino. Ella cultivaba el lino cuando yo era pequeño.
AE: Su éxito tuvo mucho que ver con la autenticidad y con los nuevos tiempos de la Transición.
ADRIANA DOMINGUEZ GONZÁLEZ: Aparte de proponer unas colecciones y unos modelos, lo que hizo fue reinventar la forma de vestir que se llevaba en España. Había una ética nueva, una forma nueva de estar en sociedad y la gente buscaba una forma de vestir que reflejase este cambio.
AE: Cuando Adolfo Domínguez comenzó a llenar los percheros de toda España de camisas y trajes de lino hubo cierta extrañeza, un tejido que se arrugaba…
AD: Que una época ya habituada al poliéster, que es una fibra sintética y muy regular… Ostras, para aceptar las gatas, ¿me entiendes? Y las gatas son connaturales en el lino.
AE: Y sin embargo, pasó a ser uno de los más apreciados.
AD: Y tuve la persistencia. Eso sí que fue mi persistencia personal. Me encantaba el lino y lo volví a poner.
AE: 'La arruga es bella' se convirtió en el eslogan más famoso del mundo de la moda pero comenzó siendo simplemente la explicación de la etiqueta de la ropa.
AD: Fue una frase que hice yo en las etiquetas para el que comprara, dice: «La arruga es bella»... ese es el comienzo. Y luego se me ocurrió ponerla en la publicidad que hicimos cuando abrimos la primera tienda.
AE: El éxito de Adolfo Domínguez traspasa fronteras. A veces de las formas más insospechadas.
AD: Somos conocidos aún en el exterior por haber vestido a Corrupción en Miami…
AE: En aquella serie policiaca, entre flamencos rosas y coches deportivos, Adolfo consiguió cambiar la tradicional gabardina de detective por el traje de lino con camiseta.
AD: Luego se hizo general. Porque fue muy influyente.
AE: Y artistas internacionales llenan sus guardarropas con sus diseños.
AD: Vemos que se acerca un Rolls-Royce, sale el conductor blanco y hermoso y alto; me acuerdo de él y sale Prince, que yo ya conocía…
AE: Estas cosas no se olvidan
AD: Pequeñito, menudito, delgadito. Sale, no saluda a nadie, yo estaba la tienda; abre, recorre la tienda… Simpatiquísimo. Y lo que le gusta lo deja caer. Detrás, el asistente recogiendo lo que él tiraba.
AE: No era el único famoso que acudía a sus tiendas. La empresa fue la primera firma de moda en salir a Bolsa. Es familiar pero también cotizada. Eso la ha sometido a la disciplina y vigilancia de los mercados.
ADG: Posiblemente eso sea algo bueno para las empresas familiares, porque implica una gobernanza. Creo que es responsable para las empresas familiares dotarse de mecanismos que hagan que ningún desencuentro o diferencia de visión entre unos y otros penalice la empresa. Esto se dice más fácil que se hace pero bueno, en nuestra empresa, desde luego, ha funcionado bien.
SONIDO TRAFICO DE MADRID
AE: De los montes gallegos nos hemos venido a la llamada milla de oro de Madrid. Aquí en la calle Serrano tiene sus oficinas Adriana Domínguez, la hija de Adolfo, que desempeña los poderes ejecutivos en la empresa desde 2017. Desde mayo de 2020 es la presidenta. Con ella, los resultados positivos han vuelto.
ADRIANA DOMÍNGUEZ GONZÁLEZ: A la empresa le hemos dado la vuelta dos veces en los últimos cinco años y medio y bueno, ahora ya se ve la luz.
AE: Es un trabajo complejo.
ADG: Darle la vuelta a una empresa en pérdidas no es lo mismo que gestionar una empresa a la que le va bien. No es lo mismo. Darle la vuelta a una empresa y que te caiga un COVID encima en cuanto has levantado cabeza no es un ejercicio fácil.
AE: Todos los cambios exigen una transformación.
ADG: Una sucesión tiene sus complejidades y yo creo que para mi padre una complejidad está en dar un paso atrás, que yo creo que es cambiar de forma de vida. Seguro que otra adaptación para él ha sido poder confiar, porque al final uno tiene una visión del mundo y de cómo las cosas tienen que ser. Entonces hay un punto en el que tiene que mandar uno, porque si no, no manda a nadie.
AE: Cuando preguntas a Adolfo Domínguez cuál ha sido su principal éxito empresarial no lo duda: el relevo, el paso a la siguiente generación.
AD: Le doy una importancia inmensa.
AE: Es la permanencia y es el futuro
ADG: Levantar un proyecto del tipo que sea, es como el despegue de un avión, cuesta casi toda la gasolina o lo que fuera. Se consume en ese acto de levantar algo del suelo y muchas empresas no lo consiguen. Entonces él decía: «Yo creo que para una empresa que ha levantado el vuelo, yo creo que es más inteligente que otras generaciones quieran llevar eso que ya vuela, más lejos, llevarlo mucho más lejos, hacer un vuelo transoceánico».
AE: Un vuelo con el ejemplo de su padre siempre presente.
ADG: Yo cosas que he aprendido de él, de verle, es la valentía. Mi padre es muy valiente. La visión, la capacidad de visionar futuros que no están aquí.
AE: Adriana fue actriz antes que empresaria. Es miembro vitalicio del Actor's Studio, una escuela de interpretación tan exigente que rechazó hasta en cinco ocasiones al mismo Dustin Hoffman. Todo suma.
ADG: Ser actriz no era ni algo premeditado. Es de estas cosas que se me cruzaron un poco en el camino… Yo no volvería atrás, pero sí que es verdad que me doy cuenta de que me ha forjado mucho el carácter. Yo tenía un profesor que nos decía: «Actuar es escuchar».
AE: Escuchar es el inicio de la acción
ADG: Y eso a mí me ha ayudado a escuchar en la empresa, a hacer las preguntas oportunas y realmente estar en un estado de altísima percepción para ver cómo esta empresa podía reinventarse. Entonces a mí la escucha me parece fundamental. Y se dice muy fácil, pero la gente no escucha muy bien.
AE: En esta escucha de los otros también se incluye escuchar al planeta. Por eso, la marca defiende que se compre menos.
ADG: ¿Y si nos planteamos cómo consumimos como sociedad? Es que igual no hay que consumir treinta camisetas, igual hay que comprar cuatro o cinco y que tengan una calidad que esté pensada para que te dure el tiempo que te tengan que durar ¿no?
AD: Yo el mensaje ecologista lo lancé desde el año… desde que empecé literalmente. ¿Qué pasa? No calaba. No retumbaba. Pero en mi vida sí retumbo.
AE: Y a 'la arruga es bella' se ha añadido 'sé más viejo'
ADG: Nosotros queríamos hablar de la importancia del sentido común y de la sabiduría que viene con los años.
AE: Cómo nos vestimos es mucho más que la mera apariencia, emitimos señales a los demás sobre cómo estamos, qué queremos y quiénes somos.
AE: El ADN es la memoria de la vida. Y los humanos añadimos otra memoria: unos cuantos libros de ciencia, de historia, de literatura, unos cuadros de pintura, unas horas de música, unas cuantas ciudades…
AE: La pasión por la moda ha convivido en Adolfo Domínguez con la pasión por la literatura.
AD: Yo en mi casa no tenía libros, que era también muy normal. Teníamos poquísimo dinero.
AE: Los cómics, que compartían todos los niños del pueblo, fueron las primeras lecturas.
AD: Me enganché a la lectura con Capitán Trueno, El Jabato, el Cosaco Verde, Superman.
AE: Y en el seminario, donde le mandaron para estudiar, encontró muchos más libros.
AD: Yo debía tener diez u once años y me hicieron bibliotecario y era jefe de la biblioteca. Y eso era porque leía, claro…
AE: Cualquier momento era bueno para leer 'Los tres mosqueteros', 'La isla del tesoro', 'El libro de la selva'…
AD: ¡Lo leí todo! No hacía otra cosa, me los llevaba hasta para dormir con linternita mientras me daban las pilas.
AE: De lector dio el salto a escritor. Ha publicado una novela, Juan Griego, ambientada en la Argentina de los años 70. Sorprende por la forma y por el fondo.
AD: Yo escribo para entender.
AE: Las cartas de sus tíos desde Buenos Aires que eran oídas por un Adolfo niño en Puebla de Trives impulsaron su curiosidad por todo lo que ocurría en Argentina.
AD: Antes, en Trives, recibíamos carta. No teníamos televisión, no teníamos nada, una radio pero los niños no escuchábamos la radio. Yo oía hablar de Buenos Aires por la carta que nos enviaban tres tíos. Yo tardé un año en aceptar que Madrid era la capital de España. Para mí era Buenos Aires.
AE: Lleva 36 años trabajando en el libro.
AD: Físicamente me puse a escribir con treinta y cuatro, treinta y cinco años. Desde entonces lleva conmigo en la cartera.
AE: Un texto en verso libre que sigue reescribiendo en busca de la perfección.
AD: Buscar la palabra sin tregua, la palabra inevitable. La palabra inevitable es la que pone música en el texto.
AE: Apasionado de la física y de las matemáticas, escribir llena su tiempo. Y escuchar podcasts.
AD: Hoy, que tengo 72 años, escribo entre cuatro y cinco horas. no conocía otra manera que el libro, pero el podcast hoy me interesa muchísimo y hay podcast extraordinarios en todos los temas.
AE: Casi cincuenta años después, Adolfo Domínguez sigue vinculado a la empresa de la que es el principal accionista.
AD: Soy el primer accionista de la compañía y sin mí no se hace nada. Tiene que ser conmigo hasta que me muera. Y después ya serán mis hijas.
AE: No entiende las críticas a los empresarios de éxito.
AD: El invento del dinero fue una historia colectiva. El invento del mercado es lo más natural del mundo y el enriquecerse a través de cosas que otro te paga voluntariamente nunca es pecado, ni nunca hay que sentir culpa.
AE: Rechaza esa visión negativa del dinero
AD: Como dice Hume y como dice Adam Smith, «La riqueza se derrama aunque el empresario no quiera y la única manera de crear riqueza es haciendo ricos», o sea, no hay otra manera. El Estado distribuye lo que saca por impuestos.
AE: No comprende que se acepte que un futbolista gane muchísimo dinero pero que se ataque a un empresario por hacerlo.
AD: Capaces de remover esa sensación de culpabilidad al que gana dinero comerciando porque si es Messi no hay reproche, aunque haga fraude fiscal. Pero si es un comerciante, aún hoy, aún hoy lo estamos viendo. Que no hemos cambiado nada.
AE: Esta es la historia de una saga que empezó con la valentía e inteligencia de un pastor que creyó en su hijo.
AD: Mi padre era muy inteligente. Mucho más que yo. Murió con 500 teléfonos de memoria en la cabeza. No usaba agenda. Le encantaba hacer ejercicios de memoria porque se escacharrado el de risa. Aprendió a leer y escribir después de la guerra. Que tuvo una guerra de los 16 a los 19 años, también voluntario. A los 16 le cogió la Guardia Civil en el monte porque era pastor y aprendió a leer después de la guerra.
AE: Y que continúa en las nuevas generaciones
ADG: Hay una energía, hay una ambición, hay una ética de la excelencia, de la autoexigencia. Mucha gente habla de las empresas familiares pero yo veo más bien lo que son las familias empresarias.
AE: Y en la que Adolfo Domínguez encontró su lugar.
AD: Porque lo que importa de las empresas es que sobrevivan de la mano de quien sea. Y si es de la familia mejor.
CARLOS G. FERNÁNDEZ: 'La empresa de mi vida' es un podcast escrito y narrado por Amparo Estrada. La edición es de Carlos G. Fernández y Luis Gómez Cerezo. Iñigo Martin Ciordia hace la producción técnica y Rodrigo Ortiz de Zárate la mezcla final. La coordinación general es de Andrea Morán. José Ángel Esteban es el productor ejecutivo.